El bistec empanizado de Radentzky

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Cristino Álvarez

Es muy probable que si preguntamos a alguien de qué le suena el apellido Radentzky, mencionará la popular marcha de Johann Strauss (1804-1867) con la que se cierra el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena (1).

Pero por algo se la dedicó, en 1848, el patriarca de los Strauss.  Johann Josep Wenzel Graf Radetzky von Radetz (1766-1858) fue un Mariscal del Imperio Austriaco (1804-1867) que participó en las guerras contra Napoleón y, siendo octogenario y al mando de 70,000 soldados austriacos, venció en 1849 a la numerosa (85,000) tropa italiana en la batalla de Novara, localidad cercana a Milán, en el transcurso del conflicto que llevó a la unificación de Italia con la coronación del rey Víctor Manuel II en 1861.

No lo mencionamos en este texto por sus glorias militares, sino porque los historiadores le atribuyen la introducción en Viena de uno de los platos simbólicos de la cocina vienesa: el Wienerschnitzel (2), derivado de la antiquísima Cotoletta alla milanesa, que el viejo mariscal había llevado a la capital del Imperio austriaco tras su victoria sobre las tropas italianas. La citada Cotoletta, en Viena, perdió grosor eliminándose el hueso, y pasó de freírse en mantequilla a hacerlo en manteca de cerdo.

Un Wienerschnitzel al estilo clásico es un filete de ternera fino y grande, envuelto en pan rallado (antes ha de pasar por harina y huevo, siempre por orden alfabético), que se fríe hasta que la capa exterior queda dorada y crujiente.  Lo tradicional es presentarlo decorado con una rodaja de limón, pero el acompañamiento varía según la costumbre del país o el capricho del cocinero.

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(1)  Véase  http://youtu.be/P9A0cWAm70Q

(2)  Existen variantes del Wienershnitzel en todo el mundo.  En la mayoría de los países de América Latina se denomina milanesa y acostumbra a acompañarse con productos típicos del país. En Cuba se denomina bistec empanizado y suele servirse con arroz, plátanos maduros fritos o congrí.  El nombre más utilizado en España es el de escalope, y se ofrece con ensalada o patatas fritas.  En general, los filetes de carne que se adquieren en los supermercados, ya preparados en bandejas, suelen tener un grosor mayor que el necesario para el Wienerschnitzel tradicional, por lo que es preferible solicitar de un carnicero el corte adecuado.

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Cosas que nunca te he dicho

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-  Pablo Poó Gallardo

¿Sabes?  Cuando te has llevado toda la vida viviendo día a día, es muy difícil asimilar lo que te deparará el futuro cuando llegas a viejo.  Al fin y al cabo has pasado la mayor parte de tu vida siendo joven, y cuesta aclimatarse a este nuevo estatus.

Siempre me imaginé contigo; cómo imaginarme con otro, ¿verdad?  ¿Te das cuenta de que eres el único hombre que ha pasado por mi vida?  Yo era guapa, muy guapa si me apuras, no tienes más que mirar el cuadro que rescataste hace unos años del trastero para ponerlo en el salón y que nadie olvidara cómo había sido tu mujer, y podría haber estado con el hombre que hubiera querido, pero te elegí a ti.

Tienes que reconocer que no tenías nada del otro mundo, es más, eras hasta un poquito feo, reconócelo, pero tu dedicación al final valió la pena y cedí sin grandes esfuerzos. Qué años aquellos, los primeros, compartiendo casa con tus padres y tus hermanos, y aquella cama pequeña.  Y te insistí, mira si te insistí:  “Dos sueldos es mejor que uno, no se me van a caer los anillos por trabajar en lo primero que salga, es más, ¡pero si no llevo ni anillos!”.

Pero no había manera, la verdad es que a terco no te gana nadie, y mira que soy testaruda, como mi padre, vendrá de familia, imagino, aunque esas cosas no sé si se heredan.  Querías darme una vida tan idílica que hasta te pusiste a estudiar de noche y trabajar de día mientras íbamos ahorrando como podíamos.

Hay veces que en el baño, dejas mal cerrado el grifo, y yo me quedo mirando como gota a gota, se termina casi llenando el lavabo.  Siempre lo cierras antes y me miras con las gafas empañadas por el vapor del agua de la bañera y la camisa remangada para no mojarla:  ¿Por qué no me has avisado?  Yo sonrío.  La verdad es que no te aviso porque me entretiene.  A lo que he llegado…

Poco a poco, como ese lavabo, fuimos ahorrando lo suficiente como para poder comprarnos un piso, en el barrio de tus padres, por supuesto.  Creo que nunca superaste una dependencia que, dada tu valía no entendía para nada.  Pero eras feliz cerca de ellos; además, hay que reconocer que con Juan ya en camino nos venía bien su ayuda.

¡Qué cara pusiste al saber que era niño!  Tú no te viste, como es lógico pero, de haberlo hecho, te habrías reído tanto como yo me reí, a pesar de la vergüenza que te dio que lo hiciera delante de aquel médico tan serio que te recomendó Miguel Vázquez, tu jefe de entonces, porque era Miguel Vázquez, ¿no?  Te quejarás de la memoria que tengo, es prácticamente el último vestigio de mí que me queda, por eso la mimo tanto, sin ella ya… mejor ni pensarlo.

La verdad es que los niños de ahora tienen de todo, ¿te imaginas haber tenido entonces las cosas que tiene ahora tu nieta Alba?  Nosotros nos aviábamos con menos, muchísimo menos, todo prestado, pero muy bien empleado.  Y si no hubiera sido porque tu madre me enseñó a coser, no sé qué ropitas le habríamos puesto, porque tu sueldo de conserje nos daba para lo justo, sin ninguna clase de excesos, pero eramos felices.

Y qué nervios en el hospital.  De haber tenido móviles, como ahora, te hubiera dado tiempo a llegar, pero estabas trabajando; que conste que no te lo reprocho, a fin de cuentas sólo te perdiste el primero, aprendiste la lección, y eso que juré no volver a pasar por aquello.  Qué dolor, ¡por Dios!  Pero salen, digo si salen.  Salen al final tan rápido como se olvida todo por lo que has pasado y, cuando quieres darte cuenta, estás otra vez embarazada. ¡Otra vez!  Aunque en aquella época era lo normal, más aún teniendo en cuenta que tus promesas prematrimoniales incluían muchos niños, cinco decías ¡cinco!, y se te llenaba la boca con un número que para ti significaba la realización completa de tu plan vital.

Yo tampoco quería tener tantos, la verdad.  Me había criado siendo hija única y, aunque tengo que reconocer que en alguna ocasión eché de menos el apoyo de un hermano, las amigas que conocí en el internado de las monjas suplieron con bastante éxito el rol fraternal.  ¿Dónde estarán ahora mismo?  Espero que ninguna haya terminado como yo. No las he vuelto a ver desde hace … me marea la cifra, toda una vida, dejémoslo ahí.  Tú lo llenabas todo y poco a poco nos fuimos dejando.  A saber.  Aunque ahora estoy recordando que Angélica vino a ver a Juan al hospital.  A Juan y a María, a partir de ahí ya le perdimos la pista.

María, tu segunda hija. María, como tu madre, con lo que me gustaba a mí el nombre de Elena; o Carmen, como yo.  Realmente se lo debíamos, se lo merecía.  Hasta que te ascendieron no habíamos podido seguir adelante únicamente con tu sueldo sin la ayuda de tus padres.  Pero yo siempre confié en ti, y supe que llegarías hasta donde quisieras, que es hasta dónde has llegado, aunque ahora te haya tocado sacrificar tu jubilación junto a este estorbo en el que siento que me he convertido.

No encuentro la manera ni de agradecerte lo que estás haciendo por mí, ni de pedirte perdón por todo esto;  es más, aunque intentara decírtelo, no me entenderías, porque no me entiendes cuando hablo, lo sé.  Nadie lo hace ya, y yo lo noto:  simulan, fingen que me entienden y se dedican a  contestarme con afirmaciones, con negaciones o con un “tú de eso no te preocupes”.  Antes me importaba.  Intentaba por todos los medios repetir lo que había dicho, más despacio, pero esta maldita saliva que ya no me deja ni respirar se interponía en mi camino.

Ya he desistido, por eso os miro tanto, por eso abro tanto los ojos cuando habláis entre vosotros o cuando lo hacéis conmigo sin esperar más respuesta por mi parte que no sea un sonido, un movimiento de cabeza o una triste sonrisa; porque mi sonrisa ya no es lo que era, ¿verdad?  ¡Lo siento de verdad!  La impotencia me concome por dentro, esa es mi angustia diaria, porque no paro de pensar, ni un solo momento paro de pensar, pero esta prisión de incomunicación me está matando más lentamente que esta terrible enfermedad.

¿Qué hora es ya?  Deben de ser las ocho y media.  Desde aquí no veo el reloj, pero ya ha empezado ese programa de deportes que ves todos los días.  Y, después, la cena.  ¿Qué vamos a cenar hoy?  Hoy me apetecería una tortilla, que hace tiempo que no me la haces.  Y una pera, me gustan las peras, siempre, desde pequeña, han sido mi fruta preferida, aunque ahora me da miedo comerlas porque no es la primera vez que me atraganto con el jugo, y te pones nervioso y de mal humor.  ¿Hacemos un trato?  Te cambio la pera por un cigarro.  Me hace muchísima gracia verte encendiéndome el cigarro, tú, que siempre has renegado del tabaco; tú, que siempre venías a atosigarme con que tu mujer iba morir de cáncer.  Es irónica la vida. ¿verdad?  En este invierno perpetuo en el que vivimos, el cigarro es mi único placer cotidiano.

De todas maneras, tengo que reconocer que has aprendido a cocinar muy rápido, porque antes no pisabas la cocina; pero tranquilo, llegabas muy tarde de trabajar todos los días y a mí ha sido siempre algo que se me ha dado bien.  ¡Cómo disfrutabas con mis comidas de fin de semana!  ¿Recuerdas las Navidades del año pasado?  Fue la última vez que tuve fuerzas para preparar la cena de Nochebuena, con tu ayuda, claro, pero todavía podía hacerla yo.  Me alegraba mucho a la vez que me agobiaba verte tomando nota de todo:  por fin te involucrabas en una de mis grandes pasiones, pero tomabas nota porque no sabías si al año siguiente tendrías que hacerlo todo tú, conmigo de convidado de piedra, como este año.  Pero, al menos, siguen viniendo todos, los cinco.

No sé que pasará cuando faltemos;  toda la vida hemos intentado inculcarles el valor de permanecer unidos, ¿verdad?  Pero tienen caracteres muy fuertes y conforme han ido creciendo he ido notando en ellos un independentismo frente al resto de hermanos que no me ha gustado nada.  Aquí vienen y comen juntos, aunque algunos no se hablan entre ellos, lo sé.  Te escucho cuando te vas a la cocina a hablar por teléfono.  Cuando no puedes hablar, aprendes a escuchar.

Pero vienen a casa y fingen que no hay ningún problema, por mí.  Demasiados fingimientos para una persona tan adulta como yo;  a veces siento que me tratáis como a un niño pequeño, pero yo, a diferencia de ellos, me doy cuenta de todo.  Sé, por ejemplo, que Jesús no está bien con Laura.  Jesús, nuestro pequeño y el primero que se nos casó. No voy a hacer de madre dramática y decirle que se veía venir.  Hemos vivido más que nuestros hijos y hemos cometido los mismos errores que ellos, hasta más incluso, y sabemos las respuestas;  pero ellos quieren vivir a su manera y pocas veces nos han hecho caso.  Ya lo decía tu madre:  Nadie escarmienta en cabeza ajena.  Y no se debería haber casado.  Al menos con Laura, no.

Nunca pensé que reunirías el suficiente valor para decírselo;  yo no pude, pero veíamos que ese matrimonio no tenía buenos cimientos.  Una madre, y un padre, no te molestes, saben desde el principio cuándo una pareja es adecuada para un hijo; para eso los hemos criado y yo, incluso, hasta los he llevado dentro.  La tranquilidad que te aporta saber que está en buena compañía no la sentimos con Laura, pero ahora, ¿Qué hacen? Sin darse apenas cuenta se han visto rodeados por tres hijos, y cuando hay hijos de por medio vives más por ellos que por ti mismo, eso bien lo sabemos nosotros, que hemos pasado mucho.  Siempre juntos y sin dudar un momento, por eso estamos aquí, cuarenta y tres años después de nuestra boda, viviendo este improvisado epílogo que nos ha cogido por sorpresa.

Pero no pienso en la muerte, ¿sabes?  Hay veces, no te lo voy a negar, que me gustaría terminar con todo, dormir, descansar y no despertar.  Sé que no te gusta oírlo, que vas a estar ahí siempre, no sabes cuánto me gustaría estar ahí para ti también.

Me duele la espalda.  Paso las horas en este sofá y no quiero molestarte cada vez que me apetece cambiar de postura, por eso lo intento yo sola aunque no te guste, sin embargo ahora mismo cambiaría con gusto.  Pero estás tan embobado viendo el resumen del partido de ayer de tu equipo que no te quiero molestar.

-  ¿Qué me miras?  Llevas un rato que no me quitas el ojo de encima.  ¿Quieres algo?  Anda, acerca la boca, que te limpio…..

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 Nota:   Los lectores pueden seguir a este escritor en  Twitter  en la dirección @PabloPGallardo

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Argerich y Barenboim, la madura edad de los prodigios

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-  Rubén Amón

Debieron sentirse niños otra vez Martha Argerich (junio 1941) y Daniel Barenboim (noviembre 1942) recientemente en Berlín.  Niños como cuando tenían cinco años y jugaban debajo del piano.  Y encima.  Cuando jugaban en el teclado, más o menos ajenos al diagnóstico de prodigios con que fueron identificados a cuenta de su talentazo.

Argentinos los dos.  De Buenos Aires ambos.  Amigos desde la infancia.  Jugaban al piano como jugaron en Berlin.  Lástima que la lengua española no se parezca a la francesa (jouer), la inglesa (play) y la alemana (spielen) cuando se trata de confundir el verbo interpretar con jugar.  Hicieron las dos cosas Argerich y Barenboim, pero evocaron sólo una.  Evocaron la edad de los prodigios, su niñez bonaerense.

“¿Qué queda del niño prodigio?”, pregunté hace tiempo a Barenboim.  Y Barenboim respondió que del prodigio quedaba el niño.  Quedaba la ingenuidad ante la música, la capacidad de asombro.  Quedaba la curiosidad, la pureza, la oportunidad de asomarse a una partitura como si fuera la primera vez.

Ya decía Pablo Picasso (1881-1973) que tuvo que cumplir 80 años para pintar como un niño.  Menos años tienen Barenboim (71) y Argerich (73), pero el concierto a cuatro manos (1) celebrado en la Philarmonie berlinesa se atuvo no tanto a una regresión psicoanalítica como a una ceremonia de la ingenuidad y de la fascinación.

La ternura de Barenboim arropando a Martha.  Mirándola de reojo.  Llevándola de la mano por el escenario para saludar a los espectadores.  Rescatándola de la timidez y de la misantropía.  Protegiéndola como un macho alfa de los flashes y de los ultras que jaleaban a la pareja en la definición estricta y ortodoxa de un concierto “histórico”.

Tanto se ha pervertido el adjetivo “histórico” que se antoja hueco para definir la dimensión artística y creativa del concierto berlinés.  Más aún cuando los niños prodigio cedieron el asiento a los prodigios septuagenarios, virtuosos y sublimes ambos, desgranando la versión pianística de La consagración de la primavera.

Sacaba el uno lo mejor del otro.  Parecían Kasparov y Karpov jugando a la vez con las piezas blancas y las negras.  Que son los colores del piano.  Y el pretexto de un homenaje a Stravinsky que derivó de la profundidad al tumulto, en una versión que evocaba el calor y el color de una orquesta sinfónica incandescente.

Sobrevinieron los clamores y propinas (Rachmaninov primero, Milhaud después) y se reprodujo el paseo de Daniel y Martha sobre el escenario, como dos niños de Buenos Aires con el pelo cárdeno y la sabiduría en las entradas.  Tan sabios, que los pianos estaban como podían no estarlo.  Se habían inmaterializado.

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(1)   Para ver vídeo hacer clic en (azul):      Véase en Internet  

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La brisa del cielo

 

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Juan Manuel de Prada

Durante los últimos meses, he estado indagando en la obra y en la vida de Santa Teresa de Jesús (1).  Ha sido, en verdad, una experiencia vital muy purificadora que, además del reencuentro con una escritura candeal y transparente, me ha permitido asomarme a los paisajes agostados de mi vida espiritual, tan invadidos de abrojos y malas hierbas.

Andaba yo convaleciente de muchos dolores, escarmentado después de haber probado cálices amargos que hicieron que mi fe temblase como un junco; y leyendo a Teresa aprendí -recordé tal vez- que lo primero que debe hacer quien desea acercarse a Dios es renegar de los bullicios y pompas del mundo, cerrar los ojos y oídos a sus vanidades y seducciones para adentrarse en el castillo de su propia alma y atravesar muchas moradas, hasta llegar a la más íntima, allá donde por fin podemos entablar coloquio amoroso con quien sabemos que nos ama.

Y todo ello no como un ejercicio de ensimismamiento (al estilo fatuo y zen de nuestra época), que no es, a la postre, sino endiosamiento propio, sino con un espíritu de donación.

Una de las cosas que más sorprende y cautiva de la personalidad de Teresa es su humor incombustible, que la lleva a reírse de sí misma y a tomarse a chirigota todas las potestades y autoridades terrenas; y también su sentido profundo de la obediencia, que en alguien que sufrió tantas persecuciones adquiere ribetes heroicos y que, además, nunca arañó su alegría, ni mermó su independencia de criterio.

Pero, después de zambullirme durante varios meses en el castillo interior de Santa Teresa, aún me restaba por disfrutar de un regalo imprevisto.  Un amigo muy querido, Antonio Torres, me propuso hacer una visita al Monasterio de la Encarnación, en Ávila, donde Teresa permaneció durante casi tres décadas, desde su ingreso en la vida religiosa (1535) como carmelita descalza, hasta que empezó su reforma; y al que todavía volvería después como Priora, algunos años más tarde.

El Monasterio de la Encarnación es hoy lugar de peregrinaje para todos los seguidores de Santa Teresa; y uno de esos raros lugares donde se cuela una brisa del cielo que nos lava por dentro y nos deja como nuevos.

Mi amigo había conseguido una cita con la Priora del Monasterio, que nos aguardaba en el locutorio, detrás de una doble reja; en apenas unos minutos, a la Priora se le habían sumado quince o veinte hermanas, más de la mitad del convento; y entre ellas algunas novicias con la toga blanca, y hasta una postulante muy hermosa de poco más de veinte años, que acababa de ingresar en la Encarnación apenas una semana antes.  Iban, todas ellas, vestidas con el hábito de sayal de su fundadora, invariable -como las palabras divinas- después de cinco siglos.

Empezamos a hablar de Santa Teresa, sobre la que sabían hasta la más mínima y escondida anécdota; y entonces me di cuenta de que para ellas no era tan solo la fundadora de la Orden, ni la santa a la que se encomendaban cada día, ni su lectura más frecuente, sino también su respiración y su sangre, su sueño y su desvelo, su llanto y su risa:  era la amiga que habitaba cada célula de su cuerpo, el huésped que dormía en las cámaras más secretas de su alma, inundándolas de alborozo.

Santa Teresa estaba viva en ellas, hablaba a través de sus labios, volvía a hacerse presente ante mí en sus ademanes, en sus sonrisas, en su bendita ausencia de respetos humanos.  Y, estaban llenas de Teresa, estaban llenas de Dios.

Estuve con ellas más de hora y media; y me pareció que no hubiese pasado ni siquiera un minuto.  No fue una experiencia beatífica ni una ensoñación mistíca lo que anuló mi noción del tiempo;  fue simplemente, la conciencia de estar lavado de ruidos, de tráfagos y premuras, de pasiones necias e inquietudes torpes, de toda esa chatarra de palabras gastadas, rutinas sórdidas, entretenimientos inanes y ocupaciones mazorrales que abarrota nuestros días.

Tuve la conciencia lustral de que la vida que había llevado hasta entonces era una vida vicaria, malgastada en afanes fatuos, en pecados fétidos o inodoros, en mil pamplinas y banalidades que de repente se me mostraban gangrenadas y purulentas, como tumuraciones con la que me daba asco seguir viviendo, y descubrí que estaba lleno de una alegría eterna y recién nacida.

Ellas quizás no se enterasen (o quizá se enterasen desde el primer momento, antes que yo mismo), pero me llenaron los aposentos del alma de ese aire matinal que respiran los resucitados.  No sé si tendré el valor de seguir respirándolo, pero cada vez que deje de hacerlo -volviendo a llenar mis días con las vanidades del mundo- sabré que estoy un poco más muerto.  Porque no se respira impunemente la brisa del cielo.

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(1)  En el año 2015 se celebrará el V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús (1515-1582).  Para una información detallada sobre este tema véase en Internet  http://www.stj500.com

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En la versión impresa de Cuadernos de Pozos Dulces (1994-2012) se publicó un artículo del escritor Juan Manuel de Prada, y en este mismo blog figura su artículo Navidad laica (2013).  Para una información más amplia sobre el autor véase en Internet http://www.juanmanueldeprada.com

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Moctezuma y su penacho centenario

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-  Sonia Corona

Abandonó México hace 495 años y es poco probable que vuelva.  El penacho del Emperador azteca Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), decorado con plumas de quetzal e incrustaciones de oro, plata y cobre, no puede ser trasladado  -desde Austria hasta México-  al menos hasta que exista la tecnología adecuada para lograr, durante el largo viaje, un impacto cero de vibraciones en ese valioso objeto.  Así lo han dictaminado los investigadores de ambos países tras dos años de concienzudos estudios sobre el tema.

El citado penacho fue un regalo de bienvenida de Moctezuma al conquistador extremeño Hernán Cortés (1485-1547) a su llegada a México en 1519.

La polémica en torno a la pertenencia del preciado adorno se inició en 1991, cuando el Gobierno mexicano exigió al de Austria la devolución del penacho que había pertenecido a Moctezuma, y que se encontraba en el Museo de Etnología de Viena, sin obtener respuesta alguna.

En 2011 la diplomacia mexicana matizó su petición y ofreció un intercambio del atavío con la carroza dorada del Emperador Maximiliano I de México (1) que se exhibe en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en la capital del país.

Recientemente el documental Penacho de Moctezuma, plumaria del México antiguo, estrenado en la televisión pública de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desvela las investigaciones que confirman el frágil estado del adorno.

La ciencia ha desplazado a la diplomacia:  aunque México y Austria llegasen a un acuerdo no sería viable un traslado aéreo, marítimo o terrestre sin dañar al objeto.  Una de las expertas consultadas, María Olvido Moreno, Conservadora de la UNAM, afirma categóricamente que “las vibraciones provocarían que las barbas de las plumas se desprenderían de su cañón; también provocarían que el filo de los discos de oro al moverse cortaran las plumas”.

El penacho de Moctezuma ha marcado la historia del antiguo México.  Fue parte de una serie de objetos que el Emperador azteca ofreció a Hernán Cortés en 1519 a su llegada a Tenochtitlán (antiguo nombre de la ciudad de México).  Moctezuma fascinado por la apariencia de los españoles (a los que consideraba como semi dioses) entregó objetos de gran valor, entre ellos el codiciado penacho que Cortés envió a España como un regalo al Rey Carlos I (1500-1558), sucesor en 1516 del Rey Fernando el Católico.

No existe una versión fidedigna de como llegó el penacho de Moctezuma a Austria, pero ya figuraba en el inventario realizado en 1596 del Castillo de Ambras, perteneciente al Archiduque Fernando II del Tirol.

Con los años el cuidado del tocado ha sido extremo, pero no siempre fue así.  La Conservadora de la UNAM, María OIvido Moreno, señala que los análisis realizados han permitido identificar que, en una restauración realizada en 1878, se le añadieron pequeñas plumas en la parte inferior, reemplazándose algunas piezas metálicas de oro por otras de latón y se hizo un control de plagas a las plumas.  La técnica de restauración no fue la ideal, pero la investigadora mexicana reconoce su valor ya que “si no se hubiera hecho, hoy no tendríamos el penacho”, afirma.

El reciente estudio y restauración (2010-2012) del penacho de Moctezuma aportó información inédita sobre la pieza que, a pesar de su tamaño (1.20 metros de alto por 1.78 de largo / alrededor de 3 pies 11.25 pulgadas por 5 pies 10 pulgadas), tenía una estructura suficiente para colocarse sobre la cabeza de una persona.  El tocado conserva actualmente todas sus plumas azules, rojas y marrones (carmelitas), así como 1,544 piezas metálicas (85% de oro).  El conjunto de plumas ha sufrido el paso del tiempo, e incluso la rapiña de algunas de sus piezas metálicas. Sin embargo, los investigadores han detectado que su mayor debilidad está en la estructura: en las 27 varillas que sostienen la estructura existen 29 fracturas.

La conclusión del reciente análisis y la evaluación realizada es contundente:  el penacho de Moctezuma no tiene, por el momento, fecha de retorno a México.

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(1) El Emperador Maximiliano (1832-1867) fue un personaje singular en la historia de México a finales del siglo XIX.  A Maximiliano de Austria, hermano del emperador Francisco José, le fue ofrecida en 1863 la corona, para sí y sus descendientes, al adoptarse en México como forma de gobierno la monarquía moderada y hereditaria, con un príncipe católico, bajo la fuerte presión ejercida por Napoléon III. Su reinado, bajo el título de Emperador de México, duró apenas cuatro años. Maximiliano fue fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867, y sus restos reposan en la Cripta Imperial de Viena (Kaisergruft).

(2)  Para más información sobre este tema, véase en Internet http://www.youtube.com/watch?v=sE0osIv78po

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Robert T. Hill: Descripción geográfica de Cuba en 1898

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-  José Manuel Santé

Resumir en pocas palabras la geografía y la geología de un país no es una tarea fácil, y se requiere amplios conocimientos en ambas materias para ofrecer una síntesis que sea de interés para los lectores.

Robert Thomas Hill (1858-1941) fue una figura importante en el desarrollo de la Geología en los Estados Unidos, donde realizó importantes estudios sobre el subsuelo de Texas. Entre los notables trabajos geológicos realizados en esa zona, descubrió y nombró la serie Comanche del Cretácico inferior (una división de la escala temporal geológica ubicada hace 105-120 millones de años).

Su labor de investigación se amplió a la región de las Antillas publicando a finales del siglo XIX  “Cuba and Porto Rico, with Other Islands of the West Indies:  Their Topography, Climate, Flora, Products, Industries, Cities, People and Political Conditions” (New York, Century, 1898, 430 páginas).  Al referirse a Cuba, realizó una detallada descripción de su geografía y geología que conserva todo su interés a pesar del tiempo transcurrido, y cuyo texto (1) reproducimos a continuación.

“Cuba, la mayor y más occidental de las cuatro Antillas mayores, es la más fértil y diversificada de las islas tropicales; su desarrollo económico ha justificado plenamente el título de Perla de las Antillas, aunque su Capital no pueda ya considerarse como “la llave del Nuevo Mundo” como reza en su escudo.

No posee sino una pequeña proporción de las áreas rocosas e incultivables que se encuentran en Nueva Inglaterra;  no se encuentran en ella extensiones de lava volcánica desnudas de vegetación como en la América Central, ni zonas áridas como las que ocupan tanta extensión en México, ni dilatadas regiones arenosas y estériles como las de la Florida y otros Estados meridionales de los Estados Unidos.  Su proporción de terrenos cenagosos es menor que el promedio de los Estados costeros del sur de Norteamérica.

La isla está cubierta de suelos valiosos, los cuales bajo constante humedad brindan en abundancia las formas de vegetación útil de los climas subtropicales.  La configuración y las formaciones geológicas son variadas;  hay igualmente variedad de recursos económicos, tanto agrícolas como minerales, convenientes a un litoral extenso con numerosas bahías que ofrecen excelente anclaje.”

(1)  Este texto en español aparece traducido del inglés en el libro “Geografía de Cuba” del Profesor Leví Marrero (1911-1995), Editorial Selecta, La Habana, 1957.

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Cuadernos de Pozos Dulces cumple dos años en Internet

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Cuadernos de Pozos Dulces celebra su segundo aniversario en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com

En estos dos años se han publicado  43  artículos (un promedio de un artículo cada quince días aproximadamente para no agobiar a los lectores) de  33  autores diferentes. Durante ese período los lectores han escrito libremente  122  comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 125 personas reciben directamente en su propio e-mail todos los artículos que se publican mediante una suscripción gratuita (ahora y siempre) y segura.  Para suscribirse sólo hay que seguir las sencillas instrucciones que figuran, en el margen derecho de la publicación, debajo de la lista de los artículos publicados.

Además, 71 personas se conectan directamente a través del enlace permanente de Cuadernos con Facebook.

Se han recibido en estos dos años más de 6,000 visitas de los lectores.  Los principales países donde residen son:  los Estados Unidos, España, México, Puerto Rico y el Reino Unido.  A pesar de las dificultades, varias decenas de personas han leído la publicación en Cuba.   Estos datos consolidan a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Confiamos en poder seguir ofreciendo, con la ayuda de todos, una publicación de marcado perfil lasallista que despierte el interés general de los ya numerosos lectores.

A su vez, nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente al e-mail  pozosdulces@post.com

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Anécdota estadística:  La cifra de 6,000 visitas / lectores multiplica por diez el número de alumnos matriculados (600) que tenía la Academia De La Salle en el año 1960.

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