El poder de nuestra intuición

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–  Jenny Moix Queraltó

Cuando intuimos parece como si nuestro cerebro nos regalara una idea que no sabemos de dónde ha salido.  La intuición es una especie de trabajo subterráneo, procesamos la información inconscientemente.  Este es uno de los aspectos que más lo diferencian del pensamiento lógico-racional, para el cual tenemos que “hincar los codos”.  Al intuir, nuestras neuronas se ocupan ellas solas del tema.

A diferencia del pensamiento deliberativo, la intuición solemos relacionarla con las emociones. Y es que cuando intuimos, notamos que sentimos esa idea y no que la pensamos.

Según señala Robin M. Hogarth, las intuiciones las podemos clasificar en dos grandes bloques. Un tipo serían los juicios intuitivos retrospectivos que son de naturaleza diagnóstica.  Y, en la segunda categoría se encontrarían las inferencias prospectivas, es decir, las predicciones.

Un viejo pescador que adivina el tiempo que hará durante el día con sólo echar un vistazo al cielo constituiría un claro ejemplo de la segunda categoría.  Si a ese pescador y también a un experto meteorólogo les pidiéramos que nos enseñaran su técnica de predicción, ¿quién nos la explicaría con más claridad?  Sin duda alguna, el científico.  Él sabe muy bien en qué se basa y los pasos deductivos que ha realizado para llegar a la conclusión.  El cerebro del pescador se basaría en la gran recopilación de datos que ha ido almacenando, a lo largo de sus salidas a la mar, para deducir de forma automática las intenciones de las nubes.

No caigamos en la trampa de pensar que la ciencia sólo se basa en el método científico, analítico y lógico;  la intuición es el la mayor responsable de su avance.  El mismo Albert Einstein (1879-1955) fue un defensor de la intuición cuando decía que “la única cosa realmente valiosa es la intuición”.  En una entrevista realizada en 1930 intuía que su teoría de la relatividad era cierta y que por eso no se extrañó cuando otros científicos la confirmaron empíricamente.

En muchos libros de autoayuda se presenta la intuición como una herramienta infalible, casi mágica.  En ellos se suelen citar muchos ejemplos de emprendedores que han conseguido grandes éxitos siguiendo sus corazonadas.  Huelga decir que en estos manuales no se dice ni una palabra de individuos que siguieron su sexto sentido y fracasaron estrepitosamente.

El cerebro va conectando datos, pero a veces lo hace con datos que están relacionados y en otras asocia los que sólo coinciden en el tiempo, pero que no tienen ningún tipo de relación causa-efecto.  Cuando el pescador o el médico aciertan es porque sus neuronas han establecido una relación correcta.  Pero no siempre tiene por qué ser así.

Aunque parezca increíble, al conocer a una persona la primera impresión sólo tarda unos segundos en formarse.  Y no tenemos por qué acertar;  de hecho, es frecuente cometer errores imperdonables.  Cuando un desconocido de entrada nos cae bien o mal suele deberse a que un rasgo físico, su forma de moverse, su forma de vestir… lo tenemos asociado a otra persona. Obviamente, no nos damos cuenta de que nuestra intuición se basa en una asociación inconsciente.  Así, si nuestro cerebro conecta datos que se dan juntos por simple azar, todas las predicciones basadas en estas conexiones pueden ser nefastas.

Tiemblo cuando oigo expresiones del tipo “de un vistazo capto cómo son las personas”… Quizá les parece que sus predicciones siempre se cumplen pero… ¿no se encargarán ellos de que así sea?  Imaginemos una camarera que alardea de que siempre sabe quién le va a dar propina, y que no pierde el tiempo con los clientes que presume que no le van a dar ni un dólar.  Realmente si ella trata mejor a los consumidores que asocia con la propina, ¿no es esperable que sean esos, con más probabilidad que los otros, los que finalmente dejen las monedas?  Ni más ni menos que una profecía autocumplida.  Como todos en el fondo compartimos más de lo que nos pensamos, ya estamos comprobando en nuestro caso qué intuiciones damos por sentadas cuando en realidad son incorrectas.

Si intentamos diseccionar el proceso de la intuición vemos claramente tres fases.  En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia;  seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia.  Por tanto, si queremos mejorar nuestra intuición debemos optimizar estas tres fases.

Einstein afirmaba que intuyó la teoría de la relatividad, pero su cerebro no le regaló esta magnifica intuición de forma gratuita.  Antes, él tuvo que dedicarse a estudiar noche y día sobre el tema.  No paraba de alimentar su cerebro con datos.  Su genialidad brotaba de muchos lugares diferentes; uno de ellos era su mirada.  Observaba el mundo sin dejar que las teorías anteriores le obligaran a verlo de una determinada manera.  Intentemos emular a Einstein, observando mucho y sin prejuicios.  Así nuestro cerebro tendrá el material que necesita para intuir.

Una vez hemos recogido información, debemos limitarnos simplemente a darle tiempo a nuestro inconsciente para que trabaje por nosotros.  Ap Dijksterhuis y su equipo de la Universidad de Amsterdam lo confirmaron experimentalmente.  A los sujetos se les ofrecía una compleja información acerca de cuatro apartamentos.  De cada uno de los cuatro se les daban 12 datos (localización, número de habitaciones, precio, etc.).  Su misión era escoger el mejor.  A un grupo de participantes se les dio poco tiempo para pensar y, como es esperable, erraron más que los sujetos a los que se había dejado más tiempo.

Siguiendo con el experimento, lo más sorprendente es que había un tercer grupo a los que, después de darles la información, los distrajeron.  Transcurrido el rato de distracción se les preguntó su preferencia.  Este tercer grupo fue el que mostró decisiones más acertadas.  Ellos no habían pensado de forma consciente, puesto que se estaban distrayendo, pero su cerebro no había parado de combinar las ventajas e inconvenientes de los apartamentos, llevándoles a la decisión más acertada.

Nuestra conciencia es como una enorme pantalla blanca.  Nuestro inconsciente después de un duro trabajo proyecta sus conclusiones en esa macropantalla.  Y es entonces cuando vemos la deducción de sus cábalas,  Pero si tenemos la pantalla ocupada ¡no podemos ver nada!  Una forma de poder despejarla consiste en meditar.  De hecho, muchas personas que meditan habitualmente explican que la mayoría de sus ideas originales les han venido mientras lo hacían.  Es también habitual que pensamientos brillantes surjan justo cuando estamos relajados en la cama, antes de dormirnos.  En ese momento nuestra pantalla se encuentra más limpia.

Es posible que cuando el inconsciente llegue a su deducción nos encuentre durmiendo. ¿Qué hace entonces?  No se espera a que nos despertemos; deja su mensaje dentro del sueño de manera más o menos simbólica.  Son muchos los científicos o  literatos que han desenterrado sus descubrimientos de los sueños.  En concreto, muchos literatos afirman que han construido el argumento de sus novelas en los brazos de Morfeo.

Y no olvidemos que las intuiciones se sienten más que se piensan.  Debemos escuchar nuestro cuerpo, detenernos y notar cómo nos sentimos. Las hermosas palabras de Jean Shinoda envuelven esta idea:  “Saber cómo elegir el camino del corazón es aprender a seguir la intuición. La lógica puede decirte adónde podría conducirte un camino, pero no puede juzgar si tu corazón estará en él”.

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Una mujer en el Vaticano

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–  Nere Basabe

Si hay una institución en el mundo en la que no se aplican cuotas ni listas paritarias, esa es la Iglesia Católica, cuya comunidad la forman, sin embargo, al menos un 50 por ciento de mujeres. Relegadas desde hace más de 2,000 años, parece que también al Vaticano empiezan a llegar finalmente tímidos vientos de cambio.

Un ejemplo de ello es Sor Nicoletta (Nicla) Spezatti (n. 1948) Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (uno de los órganos de gobierno del Vaticano) y actual número tres en la jerarquía de la curia romana.

El Papa Francisco, al inicio de su papado, anunció que “Una Iglesia sin mujeres es como el Colegio Apostólico sin María” (1).  Para realizar esa revolución silenciosa uno de los principales báculos en los que se apoya es precisamente esa monja italiana (2), profesora de Universidad, especialista en cine y medios de comunicación (3), y una decidida militante en pro de las mujeres en la Iglesia, que siempre acude a sus audiencias con el Papa con la cabeza descubierta.

Sor Nicla está convencida de que la perspectiva femenina no sólo es necesaria y consustancial al catolicismo sino que, desde dentro, puede ayudar al cambio atajando frontalmente problemas como la pederastia, o la cuestión de los privilegios y su relación con la pobreza.  Una perspectiva, la femenina, que proviene de los propios márgenes de la Iglesia, con una mayor capacidad para la compasión y la empatía para ponerse en el lugar del otro y acompañarlo.

Con este fin, Spezzati reunió recientemente en Roma a 900 Madres Superioras del mundo entero,  De esa reunión surgió una comisión paritaria con el fin de reflexionar sobre el diaconado femenino y, la creación de la D.VA (4), la primera asociación femenina inscrita en el Vaticano.

En la Santa Sede trabajan actualmente 750 mujeres, entre monjas y seglares, y cada vez son más las que ocupan cargos de importancia, como la actual Directora de los Museos Vaticanos, Barba Jatta (n. 1962), o Flaminia Giovanelli (n. 1948), la Subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Hay un cambio posible.  Las palabras de San Pablo exhortando a “que las mujeres guarden silencio  en la asamblea” (1.Corintios 14:34), podrían pasar pronto a la historia.

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(1)   ACI Prensa (Vaticano), 23 de julio de 2013.

(2)  Pertenece a la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo (ASC) [Sorores Adoratrices Pretiossimi Sanguinis], instituto religioso de derecho pontificio y centralizado fundado en 1834, donde ha desempeñado distintos cargos directivos.

(3)  En su tesis doctoral en la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milán) analizó los fenómenos religiosos en la cultura de la comunicación mediática.

(4) D.VA, simplemente “Donne in Vaticano”, es la sigla de la recién creada Asociación exclusivamente femenina, abierta a las mujeres empleadas de la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede y sus instituciones relacionadas, seculares y religiosas, en servicio o ya jubiladas.  Su Estatuto ha sido aprobado por las autoridades competentes y por el Acto Constitutivo, firmado el 1 de septiembre de 2016, en el Gobernatorio del Estado de la Ciudad del Vaticano.  La Presidenta de la Asociación es actualmente Tracey McClure, periodista británica adscrita a Radio Vaticano.

Mesa y mantel

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–  Manuel Vicent

En un restaurante puedes rechazar un plato, exigir que el filete esté más o menos hecho, dejar a medias la sopa sin dar explicaciones a nadie.  En un restaurante de lujo uno puede permitirse cualquier veleidad gastronómica y algunos ejecutivos recién ascendidos a una mesa de cinco tenedores la exhiben sólo para afirmar su personalidad.

Los hay que en principio nunca dan por bueno el primer vino que les ofrece el sumiller; otros, más resabiados, necesitan tener sistemáticamente un altercado previo con el camarero para excitar los jugos gástricos o vaciar la propia frustración.  El camarero cargará con la culpa que en todo caso corresponde al cocinero.  Esos melindres clientes culinarios se suelen dar en tipos que pasaron hambre en su niñez, o estuvieron en su juventud condenados a engullir infinitos pinchos de mortadela.

Pero hay casos en que no se permiten estos caprichos y el respeto es obligado, por ejemplo cuando un amigo te invita a cenar a casa.  Si su mujer ha preparado un plato con una receta propia y resulta que es una bazofia, no puedes devolverla a la cocina. Deberás poner buena cara, tragártela entera y ponderar la excelente mano de la cocinera entre los besos y sonrisas de la despedida.  Otra cosa distinta es el comentario malvado que uno puede hacer ya en el coche de vuelta con el estómago destrozado.

Tampoco está permitida ninguna clase de rebeldía en los restaurantes famosos de la alta cocina.  Allí el camarero es un oficiante litúrgico que impone mucho respeto; en medio de un plato enorme el manjar se te ofrece como una diminuta instalación imposible de descifrar, y el cocinero se aparece a los postres con mitra faraónica para recibir el aplauso.  En la alta cocina los cocineros son teólogos, y entre ellos se engendran disputas encarnizadas como en las antiguas sectas.

El único plato que admite una discusión libre sin reservas en el momento de zampárselo es la paella.  Después del silencio de rigor que produce la primera cucharada está permitido criticar, discutir, burlarse, comparar, alabar o zaherir al cocinero.  La paella es un guiso abierto y democrático que te permite ser natural a la hora de comer como hereje. El arroz llegó de China como medicina para formar emplastos o cataplasmas.  A eso debe su prestigio.

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Cuadernos de Pozos Dulces supera los 3,000 “amigos” en Facebook

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Desde sus inicios, en 1994, Cuadernos de Pozos Dulces ha intentado actualizar la distribución de los artículos publicados entre sus lectores de diferentes países.

La edición impresa (1994-2012) abarcó 32 números con 231 artículos de 102 autores diferentes, y se envió por correo, mejorándose con el paso de los años la calidad de impresión y diseño.

En 2012 comenzó la edición digital en Internet, con la página actual de WordPress [ https://www.pozosdulces.wordpress.com ], que muchos lectores reciben directamente en su e-mail personal, y a la que también se puede acceder libremente a través de Google y otros sistemas de búsqueda en Internet.

El paso siguiente, complementario del anterior, fue añadir en agosto de 2015 la publicación a Facebook, la red social que registra el mayor número de visitas a nivel mundial.

Nuestra página permite acceder a los contenidos de Cuadernos de Pozos Dulces a cualquier usuario de Facebook.  Ese sistema interactúa a través de los denominados “amigos” que, en el caso de Cuadernos de Pozos Dulces supera actualmente las 3,000 personas. El número de “amigos” determina el índice de popularidad de cada página en la red social. En un porcentaje alto, el perfil de nuestros usuarios en Facebook se identifica con estudiantes universitarios que residen en América Latina.

Agradecemos a todos nuestros lectores en WordPress y Facebook su cordial acogida.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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¿Orden o desorden?

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–  Fernando Trías de Bes

Recuerdo vagamente la escena de una película de los años sesenta.  Creo que se trababa de El guateque (1), donde en una casa de diseño totalmente minimalista, y una sala de estar con solo un sofá y dos sillas, la propietaria de la casa, de pronto, exclamaba indignada “¡Oh, que desastre de desorden!”.  Y, a continuación, situaba las dos sillas frente al sofá bien alineadas, una junto a la otra y perfectamente perpendiculares al sofá.  “Por fin todo ordenado”, exclamaba aliviada, acto seguido.

Se me quedó grabada esa secuencia porque ya por entonces mi madre me regañada por mi caos.  Recuerdo que llamaba a mi habitación “la leonera” (2).  Ella era muy ordenada; yo tenía las cosas siempre desperdigadas por mi cuarto.  Todo lo contrario que mi hermano, que dejaba todo en su sitio.  En su sitio…, ¡ese es el quid de la cuestión!

¿Qué significa exactamente esa expresión?  Porque para mí todo estaba donde debía.  Lo que pasaba es que no coincidía con el lugar que mi madre deseaba para cada cosa.  A pesar de estar distribuidas de forma arbitraria por la habitación, yo sabía exacta y precisamente donde se hallaba cada objeto y no tardaba más de medio segundo en encontrarlo.  Cuando, alguna vez, claudicaba, obedecía y lo situaba todo en cajones, estanterías, etcétera, no era capaz luego de encontrar nada.  Absolutamente nada.

¿Qué es el orden?  ¿Guarda relación el desbarajuste material con una vida ordenada o desordenada?  ¿Tiene relación con la personalidad?  Para muchas personas, una habitación ordenada es aquella donde hay pocas cosas a la vista y, si se mira dentro de los cajones, los distintos objetos están guardados por grupos o categorías.  El orden, tal y como lo entendemos, está vinculado a la estética griega y romana:  proporciones, distancias, geometrías y clasificación de las cosas.

Ahora bien, ¿por qué agrupar por tipos lo consideramos orden y, por ejemplo, por colores no? Imaginemos una persona que guarda los lápices rojos con los libros y la ropa del mismo color. Según estándares sociales, eso es desorden y, sin embargo, existe un criterio determinado de agrupación.  No podríamos tacharle de desordenado, sino de peculiar.  Ahora bien, si alguien mezcla criterios (en unos casos agrupa por colores y en otros por categorías), podríamos considerarlo variable.  El desordenado, atendiendo a este criterio, sería por tanto aquel con una carencia absoluta de razones respecto a la ubicación de las cosas.  Les llamamos caóticos. Pero incluso eso nos lo discutirían.  No en vano, el caos está considerado en ciencia una determinada forma de orden físico. 

Otra posibilidad es considerar orden el que las cosas estén en el lugar para el cual fueron pensadas.  Por ejemplo, si los cojines van en la cama, el hecho de que estén en el suelo es desorden.  Este código es, por lo menos, más lógico.  Pero obligaría a definir de antemano dónde van a ser depositados los objetos que adquirimos o guardamos.

Hay quienes confunden orden y limpieza.  Es verdad que las casas con pocas cosas y pocos muebles suelen  estar más limpias;  y que, por lo general, las abigarradas lo están menos.  Pero es debido a que limpiar lleva más trabajo cuando hay más objetos que apartar.  Pero esa es otra cuestión, así que no podemos tampoco vincular desorden a suciedad.

A quienes les cuesta tirar y desprenderse de objetos (nada que ver con el síndrome de Diógenes) suelen ser más desordenados.  Pero la manía de tirarlo todo también puede alcanzar dimensiones patológicas.  Tengo un conocido que llevaba sus cosas más preciadas en el maletero de su coche para que su esposa no las tirase sin que él pudiera darse cuenta.

Está comprobado empíricamente mediante algunos experimentos llevados a cabo en la Universidad de Minnesota que las personas más ordenadas tienden más a la justicia y el orden social, pero son menos imaginativas y más metódicas.  Las desordenadas, en cambio, son más rebeldes y mucho más creativas.  La explicación es que las personas creativas realizan conexiones y precisan de estímulos para que eso suceda.  Si todo está espartano y ordenado, no encuentran qué conectar porque todo responde ya a una regla; está, digámoslo así, “solucionado”, resuelto.

Una vida desordenada es aquella donde los pensamientos y valores no responden a las acciones y los actos.  Eso tiene poco que ver con situar objetos de una determinada forma, aunque es cierto que las personas ordenadas son más sensibles a las normas sociales compartidas.  El orden es un reflejo de aceptación de cánones organizativos que se trasladan también a lo cotidiano.

Por cierto, olvídense de educar en el orden.  Está en los genes.  Les dejo esta discusión sobre la mesa.  Pero les predigo el resultado:  los desordenados no convencerán a los ordenados de que lo suyo es orden.  Aceptarán que es “el suyo particular”, pero no “orden” a secas.  Y eso es así porque, para las personas ordenadas, el orden también ha de serlo.

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(1)  El guateque The party, Blake Edwards (1968).

(2)  Leonera:  habitación o lugar muy desordenado (RAE, coloq.).

Meditación navideña

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–  Juan del Castillo Velasco, fsc.

Hay palabras que el sólo pronunciarlas llenan el corazón, alertan el espíritu, evocan tantas y tan vivas imágenes…  Una de esas palabras es:  Navidad.  Al pronunciarla, la paz inunda el alma, la alegría irrumpe en el corazón, el pensamiento, se eleva…, provoca una feliz explosión.  Brota la sonrisa y se iluminan los ojos…

Al cristiano, ¿qué le dice o le debe decir, Navidad?  Veamos sobre este tema qué nos dice, en sus meditaciones, San Juan Bautista De la Salle.  Nos recuerda el edicto del Emperador Augusto, la partida de Nazareth de José y de María que a Jesús lleva en su seno rumbo a Belén.  No encuentran alojamiento ni entre los suyos… “los suyos no los recibieron”…

Y reflexiona nuestro Santo:  “Ved cómo se procede en el mundo.  No se considera en él más que lo aparente de las personas… Si en Belén hubieran mirado a la Santísima Virgen como la Madre del Mesías, y la que daría a luz en breve al Dios hecho hombre, ¿quién se hubiera atrevido a negarle la hospitalidad en su casa?…, mas como vieron en Ella a una mujer corriente y la esposa de un artesano, no hubo en parte alguna cobijo para María” (y por ende para Jesús).

Y nos lanza el Señor De La Salle esta pregunta:  “¿Cuánto tiempo hace que Jesús se presenta a vosotros, y llama a la puerta de vuestro corazón para establecer su morada, sin que hayáis querido recibirle?”.  Y concluye el Santo:  “¿Por qué? Porque no se presenta sino en figura de pobre, de esclavo, de varón de dolores”.

¿Coincide esta respuesta con nuestra conducta normal?  ¿No aceptamos a Jesús al verlo tan pobre, tomando “la condición de siervo”, o en la.desnudez total de la cruz?…  Y al Jesús total con el que nos tropezamos todos los días en todas partes, ¿lo aceptamos?  “Lo que hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicisteis…  Tuve hambre…, tuve sed…, estaba desnudo…”.

Si los cristianos tuviéramos los ojos limpios y abiertos, iluminados por la fe y el amor, y encontráramos a Jesús en tantos hermanos nuestros, desechados por los hombres y por nosotros, pero tan amados por Dios  -Dios es amor-,  el mundo creería en Jesús, el mundo se convertiría a Jesús…  Pero a los cristianos se nos olvida encontrar a Jesús, y recibirlo.

¡Que en esta Navidad  -y todos los días pueden y deben ser Navidad-, Jesús tenga cabida en el corazón de cada uno de nosotros!

¡Viva Jesús en nuestros corazones!   ¡Por siempre!

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*  Juan del Castillo Velasco (Hermano Amadeo Gabriel, 1920-1999) perteneció al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (De La Salle), desempeñando la docencia en Cuba (1944-1957), la República Dominicana (1957-1962), y en México desde 1963, donde fue Visitador del Distrito México Sur en el período 1966-1972.   En la última etapa de su vida ejerció como Director de Primaria Vespertina en el Colegio Simón Bolívar, México D.F.

Ser generosos siempre sale a cuenta

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–  Gerver Torres

Regalar tiempo o dinero, sabiduría o afecto no sólo beneficia a quien lo recibe.  También favorece a quien lo da, porque ser desprendidos hace que nos sintamos más alegres, mejores personas e incluso más sanos.

La mayoría de nosotros, cuando oye hablar de generosidad, piensa inmediatamente en dinero que se regala a otros o se dona a causas sociales diversas.  Sin duda, esta es tal vez la forma más universal y simple de desarrollar tal cualidad.  De acuerdo con las encuestas anuales de Gallup (1), alrededor del 29 % de la población mundial practica ese tipo de altruismo.

Este es el porcentaje de las respuestas afirmativas a la pregunta de si se ha donado dinero para alguna causa social.  Y se ha mantenido estable durante los últimos 10 años. Aunque varía mucho dependiendo de los países, existen cifras tal altas como las de Myanmar [Asia] (90%), y tan bajas como las referentes a Georgia [Europa oriental] (4 %). Un dato interesante es que entre los países con alta proporción de donaciones figuran algunos de los más pobres del mundo como Haití (44%) y Laos (63%), lo cual sugiere que esta práctica no está determinada únicamente por la capacidad económica.

Pero existen otras formas de ser dadivosos.  Una de ellas es el voluntariado: entregar parte de nuestro tiempo a causas de interés social.  Las mismas encuestas mencionadas anteriormente señalan que el 20% de la población mundial hace algún tipo de voluntariado. Los números reflejan por tanto que la gente es más desprendida con su dinero que con su tiempo.

Pero la formas de demostrar generosidad son muy variadas.  También existe una de tipo relacional y emocional que incluye la hospitalidad hacia los otros, la disponibilidad para ejercer de tutores, la capacidad de reconocer los logros y méritos de los demás o la de abrirse afectivamente para compartir penas y sufrimientos. Hay miles de formas de ser generosos sin tener que relacionarlo con nuestra disponibilidad económica.

Tendemos a identificar ser dadivosos como un acto de desprendimiento que significa un costo de algún tipo, normalmente de tiempo o de dinero, pero estudios de diversa índole demuestran que ser espléndidos también reporta grandes beneficios a quien lo practica. Una de estas investigaciones se recoge en un libro de reciente publicación, The Paradox of Generosity (2), escrito por los sociólogos estadounidenses Christian Smith y Hilary Davidson, de la Universidad de Notre Dame (3).  En esa publicación, documentan amplios análisis que realizaron sobre una muestra de 2,000 habitantes en su país, centrándose en los efectos de quien practica la generosidad y no de quien la recibe.

Una de las conclusiones es que los norteamericanos que son más hospitalarios y desprendidos afectivamente tienden a ser mas saludables, a tener una mayor sensación de crecimiento personal, a ser más alegres y felices.  De la misma manera, estudios de neurociencia que examinan el comportamiento de nuestros cerebros, cuando damos y recibimos, sugieren que la alegría de dar es mayor que la de recibir.

No se trata de restarle bondad para equipararla a un acto interesado pero sí conviene saber, especialmente cuando existen dudas para ejercerla, que posiblemente cuesta menos de lo que creemos, porque al tener esta actitud obtenemos beneficios de los que tal vez no seamos conscientes.  Al ser más espléndidos, no sólo estaremos contribuyendo a construir un mundo mejor, que ya es razón suficiente, sino además esta acción impactará de forma positiva en nuestro propio bienestar.

Por ello tiene todo el sentido asumir el propósito de convertirnos en personas más generosas. No hay que esperar a tener más dinero o más tiempo para hacerlo, porque al final nos beneficia a nosotros mismos.

Y, además, considerarlo así no implica cargo de conciencia porque, como dijo el escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009)  “la generosidad es el único egoísmo legítimo”

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(1)  Para más información sobre Gallup, Inc. véase en Internet  http://gallup.com

(2)  The Paradox of Generosity, Oxford University Press, New York 2014, 280 págs.

(3)  Véase en Internet  https://generosityresearch.nd.edu