El signo – & –

–   Álex Grijelmo

En el siglo I antes de Cristo (hace más de 2,000 años) nació el signo & y lo inventó un romano a quien se considera el primer taquígrafo de la historia:  el secretario de  Marco Tulio Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.).   Se llamaba Tirón, y tenía la condición de esclavo.   Esclavo pero notario (porque tomaba notas para para reflejar fielmente algo, de ahí viene nuestra palabra).

Tirón se dedicaba sobre todo a dar fe de los discursos del senador romano, y a tal efecto creó un sistema de unas mil fórmulas que resumían en rasgos simples los grupos de letras y las locuciones más usuales en latín.  En uno de esos abreviamientos, Tirón redujo la palabra   ” et ”  ( ” y ” )  juntando en un solo trazo la  e  y la  t  para no levantar el puño de la mesa.

El signo correspondiente, ” & “, lo compuso a partir de una  e  redonda  (similar a la del símbolo del euro) prolongada en una    inclinada.  Para los escribas, un gran avance; sobre todo cuando usaban la letra gótica.

Cicerón le quedó muy agradecido por la eficacia de su taquigrafía y le dio la condición de liberto (sin que dejara de seguir a su servicio).  A partir de entonces, el notario se llamó Marco Tulio Tirón tras adoptar el nombre de pila de su jefe.

El signo  ” & ” (1) se extendió luego a otros idiomas en los cuales resumía dos o tres letras en un solo rasgo, como sucede en el idioma inglés o alemán  (en los que ” y ” se escribe  ” and ”  y  ” und  “.

Por su parte,  el Diccionario académico español de 1791 acogió el signo ” & ” para sustituir a “etcétera”  (con una  c  añadida:  &c  a fin de significar  et  y  cétera).  La  c  se caerá después, en la edición de 1884, y el símbolo ” & ” se mantendrá solitario hasta 1984.  Todo lo cual no impedía que el signo apenas se emplease en español, porque carecía de sentido sustituir  y  por  &,  o escribir &c  en vez de  etc., al tratarse de rasgos más difíciles de trazar.  Sin embargo todavía alcanza a aparecer  ” & ”  en la Ortografía de 1999, para morir por fin en la de 2010 (2).

Los diccionarios ingleses incluyen desde 1830 el símbolo ” & ” con el nombre “ampersand”.  En las cantinelas de los estudiantes de entonces se cerraba el abecedario con un “and, per se, and”  ( “y por sí mismo, &”).  Se trataba de una letra que sólo servía per se, es decir, que no se podía contar con ella para formar ninguna otra palabra: siempre iba sola.  Y ese recitado que terminaba en “and, per se, and” derivó en el nombre “ampersand”.

(1)  Se le conoce también como signo tironiano.

(2)  Véase a este respecto el Diccionario panhispánico de dudas, Apéndice, Símbolos o signos no alfabebizables, RAE, 2005.

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El largo viaje de una mariposa

–  Eduardo Punset

He podido contemplar hace unos meses la llegada de millones de Mariposas Monarca (Danaus plexippus) para invernar lejos de la nieve de sus paisajes originarios en Canadá, a 5,000 kilómetros (3,107 millas) de donde me encuentro ahora, en las montañas del Valle de Bravo, en el oeste del Estado de México.

Pienso, al mismo tiempo, en el asombro que nos produce que no se hayan descubierto todavía ciertos misterios de los humanos.  Uno de ellos es la conciencia.  El progreso efectuado en el conocimiento de las conexiones neurológicas no nos ha permitido todavía saber cómo el ser humano se forma la conciencia de sí mismo.

Me inquieta en mayor medida todavía que no hayamos descubierto el secreto del proceso migratorio de organismos como el de la Mariposa Monarca (ver imagen).  Cada año, al iniciarse el invierno, huyen de las praderas nevadas del norte y siguen rumbos, elegidos por sus antepasados, hacia lugares donde el invierno es mucho más soleado y caluroso. Inundan las carreteras bajando de la montaña en busca de sol y agua.  Los conductores, movidos por empatía, disminuyen la velocidad por debajo de los 15 kilómetros (9 millas) por hora para no estrellarlas sobre el pavimento.

Su color rosa/naranja, ribeteado por contornos negros para ahuyentar a los depredadores, llega a ocultar los rayos del sol en las franjas iluminadas de la carretera; en las sombreados no hay ni una Mariposa Monarca.  La mayor parte se extinguirá después de poner los huevos en la flor por ellas elegida.  Pero las recién nacidas descubrirán por sí mismas el camino de regreso, con la única ayuda de sus genes.

¿Cómo es posible que, a pesar de toda nuestra ciencia acumulada, seamos incapaces todavía de saber el secreto que permite regresar al hogar a unas mariposas ignorantes de su destino? Un lugar que, no está de más recordarlo, dejaron atrás sus progenitores a 5,000 kilómetros (3,107 millas) de distancia nada menos.

Me dicen que estamos a punto de desentrañar el secreto de la increíble resistencia de las telas de araña.  ¡Pero vamos a ver!  ¿Ninguno de mis amigos científicos será capaz de descubrir el secreto de las Mariposas Monarca para orientarse y evitarme con ello la desorientación y el sentimiento de pérdida que experimento en cuanto me cambian de barrio, no digamos ya de ciudad?  Si, gracias a la tecnología, hemos aprendido a volar con aviones, ¿tan difícil será orientarse en el espacio como la Mariposa Monarca?

La verdad es que difícilmente se puede vivir un instante más conmovedor que el de estar rodeado por  millones de estas mariposas en pleno bosque.  De ellas se pueden aprender otros muchos secretos transcendentales que estamos muy lejos de comprender. Mientras a nosotros nos ha dado por echar cemento en todos los paisajes, ellas son un factor de equilibrio ecológico: por el camino se alimentan de la planta llamada Lengua de vaca o Algodoncillo (Asclepias curassavica) pero al mismo tiempo la poliniza.  ¡Qué envidia!  ¿Qué le damos nosotros a las vacas o a  los cerdos que cruelmente  nos comemos?

Otra cosa que me han enseñado las Mariposas Monarca en las montañas de México es que, para protegerse de los maleantes, les basta con absorber el alcaloide que sacan del Algodoncillo, fabricando un producto venenoso que ahuyenta, si no  mata, a las otras especies que se empeñen en comérselas, a pesar del mal olor desprendido por el alcaloide.  Nosotros en cambio, para protegernos de los maleantes estamos obligados a crear Cuerpos de Policía y Alianzas Militares.  ¡Qué envidia me dan las Mariposas Monarca!  ¿No podrían mis amigos científicos asimilar para nosotros algunas de sus innovaciones?  Por si fuera poco, viven doce veces más que el resto de las mariposas.

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El poder de nuestra intuición

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–  Jenny Moix Queraltó

Cuando intuimos parece como si nuestro cerebro nos regalara una idea que no sabemos de dónde ha salido.  La intuición es una especie de trabajo subterráneo, procesamos la información inconscientemente.  Este es uno de los aspectos que más lo diferencian del pensamiento lógico-racional, para el cual tenemos que “hincar los codos”.  Al intuir, nuestras neuronas se ocupan ellas solas del tema.

A diferencia del pensamiento deliberativo, la intuición solemos relacionarla con las emociones. Y es que cuando intuimos, notamos que sentimos esa idea y no que la pensamos.

Según señala Robin M. Hogarth, las intuiciones las podemos clasificar en dos grandes bloques. Un tipo serían los juicios intuitivos retrospectivos que son de naturaleza diagnóstica.  Y, en la segunda categoría se encontrarían las inferencias prospectivas, es decir, las predicciones.

Un viejo pescador que adivina el tiempo que hará durante el día con sólo echar un vistazo al cielo constituiría un claro ejemplo de la segunda categoría.  Si a ese pescador y también a un experto meteorólogo les pidiéramos que nos enseñaran su técnica de predicción, ¿quién nos la explicaría con más claridad?  Sin duda alguna, el científico.  Él sabe muy bien en qué se basa y los pasos deductivos que ha realizado para llegar a la conclusión.  El cerebro del pescador se basaría en la gran recopilación de datos que ha ido almacenando, a lo largo de sus salidas a la mar, para deducir de forma automática las intenciones de las nubes.

No caigamos en la trampa de pensar que la ciencia sólo se basa en el método científico, analítico y lógico;  la intuición es el la mayor responsable de su avance.  El mismo Albert Einstein (1879-1955) fue un defensor de la intuición cuando decía que “la única cosa realmente valiosa es la intuición”.  En una entrevista realizada en 1930 intuía que su teoría de la relatividad era cierta y que por eso no se extrañó cuando otros científicos la confirmaron empíricamente.

En muchos libros de autoayuda se presenta la intuición como una herramienta infalible, casi mágica.  En ellos se suelen citar muchos ejemplos de emprendedores que han conseguido grandes éxitos siguiendo sus corazonadas.  Huelga decir que en estos manuales no se dice ni una palabra de individuos que siguieron su sexto sentido y fracasaron estrepitosamente.

El cerebro va conectando datos, pero a veces lo hace con datos que están relacionados y en otras asocia los que sólo coinciden en el tiempo, pero que no tienen ningún tipo de relación causa-efecto.  Cuando el pescador o el médico aciertan es porque sus neuronas han establecido una relación correcta.  Pero no siempre tiene por qué ser así.

Aunque parezca increíble, al conocer a una persona la primera impresión sólo tarda unos segundos en formarse.  Y no tenemos por qué acertar;  de hecho, es frecuente cometer errores imperdonables.  Cuando un desconocido de entrada nos cae bien o mal suele deberse a que un rasgo físico, su forma de moverse, su forma de vestir… lo tenemos asociado a otra persona. Obviamente, no nos damos cuenta de que nuestra intuición se basa en una asociación inconsciente.  Así, si nuestro cerebro conecta datos que se dan juntos por simple azar, todas las predicciones basadas en estas conexiones pueden ser nefastas.

Tiemblo cuando oigo expresiones del tipo “de un vistazo capto cómo son las personas”… Quizá les parece que sus predicciones siempre se cumplen pero… ¿no se encargarán ellos de que así sea?  Imaginemos una camarera que alardea de que siempre sabe quién le va a dar propina, y que no pierde el tiempo con los clientes que presume que no le van a dar ni un dólar.  Realmente si ella trata mejor a los consumidores que asocia con la propina, ¿no es esperable que sean esos, con más probabilidad que los otros, los que finalmente dejen las monedas?  Ni más ni menos que una profecía autocumplida.  Como todos en el fondo compartimos más de lo que nos pensamos, ya estamos comprobando en nuestro caso qué intuiciones damos por sentadas cuando en realidad son incorrectas.

Si intentamos diseccionar el proceso de la intuición vemos claramente tres fases.  En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia;  seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia.  Por tanto, si queremos mejorar nuestra intuición debemos optimizar estas tres fases.

Einstein afirmaba que intuyó la teoría de la relatividad, pero su cerebro no le regaló esta magnifica intuición de forma gratuita.  Antes, él tuvo que dedicarse a estudiar noche y día sobre el tema.  No paraba de alimentar su cerebro con datos.  Su genialidad brotaba de muchos lugares diferentes; uno de ellos era su mirada.  Observaba el mundo sin dejar que las teorías anteriores le obligaran a verlo de una determinada manera.  Intentemos emular a Einstein, observando mucho y sin prejuicios.  Así nuestro cerebro tendrá el material que necesita para intuir.

Una vez hemos recogido información, debemos limitarnos simplemente a darle tiempo a nuestro inconsciente para que trabaje por nosotros.  Ap Dijksterhuis y su equipo de la Universidad de Amsterdam lo confirmaron experimentalmente.  A los sujetos se les ofrecía una compleja información acerca de cuatro apartamentos.  De cada uno de los cuatro se les daban 12 datos (localización, número de habitaciones, precio, etc.).  Su misión era escoger el mejor.  A un grupo de participantes se les dio poco tiempo para pensar y, como es esperable, erraron más que los sujetos a los que se había dejado más tiempo.

Siguiendo con el experimento, lo más sorprendente es que había un tercer grupo a los que, después de darles la información, los distrajeron.  Transcurrido el rato de distracción se les preguntó su preferencia.  Este tercer grupo fue el que mostró decisiones más acertadas.  Ellos no habían pensado de forma consciente, puesto que se estaban distrayendo, pero su cerebro no había parado de combinar las ventajas e inconvenientes de los apartamentos, llevándoles a la decisión más acertada.

Nuestra conciencia es como una enorme pantalla blanca.  Nuestro inconsciente después de un duro trabajo proyecta sus conclusiones en esa macropantalla.  Y es entonces cuando vemos la deducción de sus cábalas,  Pero si tenemos la pantalla ocupada ¡no podemos ver nada!  Una forma de poder despejarla consiste en meditar.  De hecho, muchas personas que meditan habitualmente explican que la mayoría de sus ideas originales les han venido mientras lo hacían.  Es también habitual que pensamientos brillantes surjan justo cuando estamos relajados en la cama, antes de dormirnos.  En ese momento nuestra pantalla se encuentra más limpia.

Es posible que cuando el inconsciente llegue a su deducción nos encuentre durmiendo. ¿Qué hace entonces?  No se espera a que nos despertemos; deja su mensaje dentro del sueño de manera más o menos simbólica.  Son muchos los científicos o  literatos que han desenterrado sus descubrimientos de los sueños.  En concreto, muchos literatos afirman que han construido el argumento de sus novelas en los brazos de Morfeo.

Y no olvidemos que las intuiciones se sienten más que se piensan.  Debemos escuchar nuestro cuerpo, detenernos y notar cómo nos sentimos. Las hermosas palabras de Jean Shinoda envuelven esta idea:  “Saber cómo elegir el camino del corazón es aprender a seguir la intuición. La lógica puede decirte adónde podría conducirte un camino, pero no puede juzgar si tu corazón estará en él”.

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Una mujer en el Vaticano

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–  Nere Basabe

Si hay una institución en el mundo en la que no se aplican cuotas ni listas paritarias, esa es la Iglesia Católica, cuya comunidad la forman, sin embargo, al menos un 50 por ciento de mujeres. Relegadas desde hace más de 2,000 años, parece que también al Vaticano empiezan a llegar finalmente tímidos vientos de cambio.

Un ejemplo de ello es Sor Nicoletta (Nicla) Spezatti (n. 1948) Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (uno de los órganos de gobierno del Vaticano) y actual número tres en la jerarquía de la curia romana.

El Papa Francisco, al inicio de su papado, anunció que “Una Iglesia sin mujeres es como el Colegio Apostólico sin María” (1).  Para realizar esa revolución silenciosa uno de los principales báculos en los que se apoya es precisamente esa monja italiana (2), profesora de Universidad, especialista en cine y medios de comunicación (3), y una decidida militante en pro de las mujeres en la Iglesia, que siempre acude a sus audiencias con el Papa con la cabeza descubierta.

Sor Nicla está convencida de que la perspectiva femenina no sólo es necesaria y consustancial al catolicismo sino que, desde dentro, puede ayudar al cambio atajando frontalmente problemas como la pederastia, o la cuestión de los privilegios y su relación con la pobreza.  Una perspectiva, la femenina, que proviene de los propios márgenes de la Iglesia, con una mayor capacidad para la compasión y la empatía para ponerse en el lugar del otro y acompañarlo.

Con este fin, Spezzati reunió recientemente en Roma a 900 Madres Superioras del mundo entero,  De esa reunión surgió una comisión paritaria con el fin de reflexionar sobre el diaconado femenino y, la creación de la D.VA (4), la primera asociación femenina inscrita en el Vaticano.

En la Santa Sede trabajan actualmente 750 mujeres, entre monjas y seglares, y cada vez son más las que ocupan cargos de importancia, como la actual Directora de los Museos Vaticanos, Barba Jatta (n. 1962), o Flaminia Giovanelli (n. 1948), la Subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Hay un cambio posible.  Las palabras de San Pablo exhortando a “que las mujeres guarden silencio  en la asamblea” (1.Corintios 14:34), podrían pasar pronto a la historia.

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(1)   ACI Prensa (Vaticano), 23 de julio de 2013.

(2)  Pertenece a la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo (ASC) [Sorores Adoratrices Pretiossimi Sanguinis], instituto religioso de derecho pontificio y centralizado fundado en 1834, donde ha desempeñado distintos cargos directivos.

(3)  En su tesis doctoral en la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milán) analizó los fenómenos religiosos en la cultura de la comunicación mediática.

(4) D.VA, simplemente “Donne in Vaticano”, es la sigla de la recién creada Asociación exclusivamente femenina, abierta a las mujeres empleadas de la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede y sus instituciones relacionadas, seculares y religiosas, en servicio o ya jubiladas.  Su Estatuto ha sido aprobado por las autoridades competentes y por el Acto Constitutivo, firmado el 1 de septiembre de 2016, en el Gobernatorio del Estado de la Ciudad del Vaticano.  La Presidenta de la Asociación es actualmente Tracey McClure, periodista británica adscrita a Radio Vaticano.

Mesa y mantel

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–  Manuel Vicent

En un restaurante puedes rechazar un plato, exigir que el filete esté más o menos hecho, dejar a medias la sopa sin dar explicaciones a nadie.  En un restaurante de lujo uno puede permitirse cualquier veleidad gastronómica y algunos ejecutivos recién ascendidos a una mesa de cinco tenedores la exhiben sólo para afirmar su personalidad.

Los hay que en principio nunca dan por bueno el primer vino que les ofrece el sumiller; otros, más resabiados, necesitan tener sistemáticamente un altercado previo con el camarero para excitar los jugos gástricos o vaciar la propia frustración.  El camarero cargará con la culpa que en todo caso corresponde al cocinero.  Esos melindres clientes culinarios se suelen dar en tipos que pasaron hambre en su niñez, o estuvieron en su juventud condenados a engullir infinitos pinchos de mortadela.

Pero hay casos en que no se permiten estos caprichos y el respeto es obligado, por ejemplo cuando un amigo te invita a cenar a casa.  Si su mujer ha preparado un plato con una receta propia y resulta que es una bazofia, no puedes devolverla a la cocina. Deberás poner buena cara, tragártela entera y ponderar la excelente mano de la cocinera entre los besos y sonrisas de la despedida.  Otra cosa distinta es el comentario malvado que uno puede hacer ya en el coche de vuelta con el estómago destrozado.

Tampoco está permitida ninguna clase de rebeldía en los restaurantes famosos de la alta cocina.  Allí el camarero es un oficiante litúrgico que impone mucho respeto; en medio de un plato enorme el manjar se te ofrece como una diminuta instalación imposible de descifrar, y el cocinero se aparece a los postres con mitra faraónica para recibir el aplauso.  En la alta cocina los cocineros son teólogos, y entre ellos se engendran disputas encarnizadas como en las antiguas sectas.

El único plato que admite una discusión libre sin reservas en el momento de zampárselo es la paella.  Después del silencio de rigor que produce la primera cucharada está permitido criticar, discutir, burlarse, comparar, alabar o zaherir al cocinero.  La paella es un guiso abierto y democrático que te permite ser natural a la hora de comer como hereje. El arroz llegó de China como medicina para formar emplastos o cataplasmas.  A eso debe su prestigio.

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Cuadernos de Pozos Dulces supera los 3,000 “amigos” en Facebook

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Desde sus inicios, en 1994, Cuadernos de Pozos Dulces ha intentado actualizar la distribución de los artículos publicados entre sus lectores de diferentes países.

La edición impresa (1994-2012) abarcó 32 números con 231 artículos de 102 autores diferentes, y se envió por correo, mejorándose con el paso de los años la calidad de impresión y diseño.

En 2012 comenzó la edición digital en Internet, con la página actual de WordPress [ https://www.pozosdulces.wordpress.com ], que muchos lectores reciben directamente en su e-mail personal, y a la que también se puede acceder libremente a través de Google y otros sistemas de búsqueda en Internet.

El paso siguiente, complementario del anterior, fue añadir en agosto de 2015 la publicación a Facebook, la red social que registra el mayor número de visitas a nivel mundial.

Nuestra página permite acceder a los contenidos de Cuadernos de Pozos Dulces a cualquier usuario de Facebook.  Ese sistema interactúa a través de los denominados “amigos” que, en el caso de Cuadernos de Pozos Dulces supera actualmente las 3,000 personas. El número de “amigos” determina el índice de popularidad de cada página en la red social. En un porcentaje alto, el perfil de nuestros usuarios en Facebook se identifica con estudiantes universitarios que residen en América Latina.

Agradecemos a todos nuestros lectores en WordPress y Facebook su cordial acogida.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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¿Orden o desorden?

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–  Fernando Trías de Bes

Recuerdo vagamente la escena de una película de los años sesenta.  Creo que se trababa de El guateque (1), donde en una casa de diseño totalmente minimalista, y una sala de estar con solo un sofá y dos sillas, la propietaria de la casa, de pronto, exclamaba indignada “¡Oh, que desastre de desorden!”.  Y, a continuación, situaba las dos sillas frente al sofá bien alineadas, una junto a la otra y perfectamente perpendiculares al sofá.  “Por fin todo ordenado”, exclamaba aliviada, acto seguido.

Se me quedó grabada esa secuencia porque ya por entonces mi madre me regañada por mi caos.  Recuerdo que llamaba a mi habitación “la leonera” (2).  Ella era muy ordenada; yo tenía las cosas siempre desperdigadas por mi cuarto.  Todo lo contrario que mi hermano, que dejaba todo en su sitio.  En su sitio…, ¡ese es el quid de la cuestión!

¿Qué significa exactamente esa expresión?  Porque para mí todo estaba donde debía.  Lo que pasaba es que no coincidía con el lugar que mi madre deseaba para cada cosa.  A pesar de estar distribuidas de forma arbitraria por la habitación, yo sabía exacta y precisamente donde se hallaba cada objeto y no tardaba más de medio segundo en encontrarlo.  Cuando, alguna vez, claudicaba, obedecía y lo situaba todo en cajones, estanterías, etcétera, no era capaz luego de encontrar nada.  Absolutamente nada.

¿Qué es el orden?  ¿Guarda relación el desbarajuste material con una vida ordenada o desordenada?  ¿Tiene relación con la personalidad?  Para muchas personas, una habitación ordenada es aquella donde hay pocas cosas a la vista y, si se mira dentro de los cajones, los distintos objetos están guardados por grupos o categorías.  El orden, tal y como lo entendemos, está vinculado a la estética griega y romana:  proporciones, distancias, geometrías y clasificación de las cosas.

Ahora bien, ¿por qué agrupar por tipos lo consideramos orden y, por ejemplo, por colores no? Imaginemos una persona que guarda los lápices rojos con los libros y la ropa del mismo color. Según estándares sociales, eso es desorden y, sin embargo, existe un criterio determinado de agrupación.  No podríamos tacharle de desordenado, sino de peculiar.  Ahora bien, si alguien mezcla criterios (en unos casos agrupa por colores y en otros por categorías), podríamos considerarlo variable.  El desordenado, atendiendo a este criterio, sería por tanto aquel con una carencia absoluta de razones respecto a la ubicación de las cosas.  Les llamamos caóticos. Pero incluso eso nos lo discutirían.  No en vano, el caos está considerado en ciencia una determinada forma de orden físico. 

Otra posibilidad es considerar orden el que las cosas estén en el lugar para el cual fueron pensadas.  Por ejemplo, si los cojines van en la cama, el hecho de que estén en el suelo es desorden.  Este código es, por lo menos, más lógico.  Pero obligaría a definir de antemano dónde van a ser depositados los objetos que adquirimos o guardamos.

Hay quienes confunden orden y limpieza.  Es verdad que las casas con pocas cosas y pocos muebles suelen  estar más limpias;  y que, por lo general, las abigarradas lo están menos.  Pero es debido a que limpiar lleva más trabajo cuando hay más objetos que apartar.  Pero esa es otra cuestión, así que no podemos tampoco vincular desorden a suciedad.

A quienes les cuesta tirar y desprenderse de objetos (nada que ver con el síndrome de Diógenes) suelen ser más desordenados.  Pero la manía de tirarlo todo también puede alcanzar dimensiones patológicas.  Tengo un conocido que llevaba sus cosas más preciadas en el maletero de su coche para que su esposa no las tirase sin que él pudiera darse cuenta.

Está comprobado empíricamente mediante algunos experimentos llevados a cabo en la Universidad de Minnesota que las personas más ordenadas tienden más a la justicia y el orden social, pero son menos imaginativas y más metódicas.  Las desordenadas, en cambio, son más rebeldes y mucho más creativas.  La explicación es que las personas creativas realizan conexiones y precisan de estímulos para que eso suceda.  Si todo está espartano y ordenado, no encuentran qué conectar porque todo responde ya a una regla; está, digámoslo así, “solucionado”, resuelto.

Una vida desordenada es aquella donde los pensamientos y valores no responden a las acciones y los actos.  Eso tiene poco que ver con situar objetos de una determinada forma, aunque es cierto que las personas ordenadas son más sensibles a las normas sociales compartidas.  El orden es un reflejo de aceptación de cánones organizativos que se trasladan también a lo cotidiano.

Por cierto, olvídense de educar en el orden.  Está en los genes.  Les dejo esta discusión sobre la mesa.  Pero les predigo el resultado:  los desordenados no convencerán a los ordenados de que lo suyo es orden.  Aceptarán que es “el suyo particular”, pero no “orden” a secas.  Y eso es así porque, para las personas ordenadas, el orden también ha de serlo.

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(1)  El guateque The party, Blake Edwards (1968).

(2)  Leonera:  habitación o lugar muy desordenado (RAE, coloq.).