Sorolla y los Estados Unidos

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–  Natividad Pulido

La historia de amor entre el pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) y los Estados Unidos, como suele ocurrir en las pasiones más arrebatadas, fue breve pero intensa. Un flechazo en toda regla.  Llegó por primera vez en 1909, acompañado por su esposa Clotilde y sus dos hijos mayores, para inaugurar tres exposiciones en Nueva York, Búfalo y Boston.  Las colas se sucedian a diario frente a la Hispanic Society of America, ubicada en la Audubon Terrace de Manhattan, para ver su trabajo.  En un solo día visitaron la muestra 30,000 personas.

El Metropolitan Museum adquirió tres obras, entre ellas el impresionante “Retrato de Clotilde con vestido negro” realizado en 1906.  Entre las tres sedes vendió un total de 195 cuadros, además de pintar numerosos retratos.  Los encargos se le acumulaban. Todos querían ser retratados por él.  Magnates como Ralph Elmer Clarkson, damas de la alta sociedad (Frances Tracy Morgan, Mary Lillian Duke, Juliana Arnour Ferguson), pintores (Louis Comfort Tifffany), directores de museos (Charles M. Kurtz, que falleció cinco días después de pintar su retrato)… hacían cola en su agenda. Ni el Presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft (1857-1930), pudo resistirse a sus encantos.  Le invitó a la Casa Blanca, donde posó para el pintor español, que cobró por el retrato 3,000 dolares.

La sorollomanía invadió la Gran Manzana.  “He oído decir a muchos artistas que ni siquiera Sargent podría igualar a Sorolla” escribió un célebre crítico de arte. Enloquecieron con sus paisajes mediterráneos y sus jardines andaluces.  Se enamoraron perdidamente de sus escenas marítimas de niños jugando en la playa. Incluso cuadros, de tema social como “¡Otra Margarita!” (1892) y “¡Triste herencia!” (1899), obras maestras premiadas en Europa, fueron adquiridas por coleccionistas norteamericanos.

Prueba de su inmenso éxito fue que comenzaron a falsificar sus obras.  Y cuando falsifican el trabajo de un pintor es señal inequívoca de que se ha consagrado.  Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y gran especialista de su obra afirma que “Hoy hay registradas más de mil falsificaciones del pintor”.

Archer Milton Huntington (1870-1955), fundador en 1904 de la Hispanic Society or America (1)  [institución creada para promover la cultura española] fue su mayor mecenas y quien le introdujo en los Estados Unidos, tras quedar deslumbrado por su obra expuesta en las Grafton Galleries de Londres en 1908.   La Hispanic Society of America atesoró 159 obras de Sorolla. El principal encargo fueron catorce enormes paneles para decorar la Biblioteca de la institución bajo el título “Visión de España”.

El segundo gran mecenas fue Thomas Fortune Ryan (1851-1928), millonario hombre de negocios, que adquirió hasta 26 obras de Sorolla y le hizo importantes encargos, como el lienzo “Cristóbal Colón saliendo del puerto de Palos” (1910), del que realizó nueve estudios preliminares.

En 1911 Joaquín Sorolla, que se autorretrató dos años antes, paleta en mano, luciendo orgulloso un sombrero que había comprado en los Estados Unidos, y en el que figura en la parte inferior del cuadro firmada por el autor de forma destacada la dedicatoria “A mi Clotilde su Joaquín” (véase imagen supra), regresa a este país acompañado por su esposa para exponer en Chicago y San Luis. Durante este segundo viaje realizó, durante su estancia en Nueva York, quince gouaches con vistas de la ciudad tomadas desde  su habitación del Hotel Savoy donde se hospedaba (véase supra, gouache “Central Park, 1911″).  Los pintó todos sobre los cartones que se usaban   en la lavandería de los hoteles para doblar las camisas de etiqueta.  Curiosa anécdota.

(1)  Véase  http://www.hispanicsociety.org

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Para más información sobre Joaquìn Sorolla véase la página web del Museo Sorolla ubicado en Madrid  ( http://www.museosorolla.mcu.es )

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Centenario de la Academia De La Salle (1915-2015)

Estado

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–  Alberto Sala Mestres

La Academia De La Salle se inauguró en La Habana el 3 de febrero de 1915, en un edificio ubicado en la calle Aguiar número 108 1/2 entre Teniente Rey y Amargura. Había transcurrido una década desde la llegada, en 1905, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (De La Salle) a Cuba.

La joven República, que había alcanzado la independencia en 1902, comenzaba a desarrollar una industria y comercio nacionales que necesitaba de la participación de personas preparadas en esa faceta de la economía, y así la Academia De La Salle se especializó, desde sus inicios, en la formación de jóvenes con una calificada formación en temas comerciales, que se impartían en un segundo ciclo de cuatro años a continuación de la educación primaria.  La Comunidad estaba formada, en sus inicios, por seis Hermanos De La Salle y su primer Director fue el Hno. José Crisóstomo (Víctor Renaud fsc).

El creciente número de alumnos de la Academia determinó su traslado a un edificio de mayores dimensiones, denominado La Quinta Toca, situado en la Avenida de Carlos III (ver imagen supra), donde se inició el curso 1922-1923.  En esa época había 300 alumnos matriculados y su primer Director fue el Hno. Ángel Pedro (Emilio Juan B. Wick fsc.). Los jardines originales, en dos niveles, fueron cubiertos de cemento para utilizarlos como amplios patios en los alrededores del edificio principal, y entre las innovaciones se contaba con un eficiente comedor para los alumnos que permanecían entre el horario de la mañana y el de la tarde, y un servicio de autobuses escolares propio para el traslado de los alumnos desde sus respectivos domicilios, con diferentes rutas que recorrían la ciudad.

Una vez más, debido al aumento del número de alumnos y la necesaria modernización de los locales para responder a un sistema de enseñanza más actualizada, la Academia De La Salle se trasladó en el curso 1953-1954 a un nuevo edificio, construido siguiendo criterios de eficacia y amplitud, ubicado en la calle Bellavista entre Tulipán y Lombillo, (ver imagen en color supra), en un sector de la ciudad de reciente urbanización denominado Centro Cívico.  En la entrada principal se colocó la vieja verja, un artístico cerramiento de hierro forjado que se encontraba en la fachada del edificio anterior, y que permanece en su sitio, inalterable a pesar de los años transcurridos desde su fundición original.   El 20 de mayo de 1956, el Ayuntamiento de La Habana otorgó a la calle Panorama (paralela a la calle Bellavista) el nombre de San Juan Bautista De La Salle, que es la única calle dedicada en Cuba al Santo Fundador. .

Esa última etapa de la Academia De La Salle fue la más fecunda en cuanto a iniciativas, proyectos y realizaciones en el ámbito de la educación.  Con horarios diferentes a las enseñanzas de educación primaria y el ciclo de cuatro años siguientes especializado en formación de técnicas comerciales, se estableció a partir de 1953 en los edificios de la Academia el Centro de Altos Estudios Comerciales (CAEC), de nivel superior y vocación investigadora, al que se añadió posteriormente la rama especializada del Instituto Superior de Estudios de Crédito (ISEC).

Ambas instituciones de educación superior fueron el antecedente de la Universidad Social Católica San Juan Bautista, que obtuvo su reconocimiento oficial como Universidad privada por el Ministerio de Educación el 13 de marzo de 1957, comenzando su actividad académica en el curso 1957-1958, siendo reconocida como primera Universidad De La Salle en América Latina por el Superior General Hno. Nicet Joseph en su visita a Cuba realizada en el otoño de 1958.

Durante varios años las aulas de la Academia De La Salle acogieron a dos generaciones diferentes de lasallistas: en horario diurno a los estudiantes de primaria y estudios comerciales; y en horario nocturno a los jóvenes universitarios.

El 1 de mayo de 1961 se nacionalizó la totalidad de la educación privada en Cuba, con inclusión de todos los Colegios y Universidad De La Salle.  En ese momento había 600 alumnos matriculados en la Academia De La Salle y la Comunidad estaba formada por 20 Hermanos.  Su último Director fue el Hno. Pablo (Enrique Pizarro fsc) que actualmente, con 96 años de edad, reside en México en el Internado Infantil Guadalupano, que atiende a niños y jóvenes en situación de alto riesgo social, del que fue nombrado Director en 1985 y donde ha permanecido 25 años, los últimos once como Hermano retirado.

El deterioro creciente de los edificios de la Academia De La Salle hace pensar que no podrán ser utilizados en el futuro.  No obstante, su céntrica ubicación delimitada por cuatro calles, y el amplio espacio edificable, deberían tenerse en cuenta para futuros proyectos educativos cuando las circunstancias lo permitan.

En el transcurso de su centenario (de los cuales 46 años activos en el período 1915-1961) ejercieron su magisterio en la Academia De La Salle un total de 96 Hermanos de las Escuelas Cristianas, junto a un numeroso grupo de profesores seglares.  Los antiguos alumnos les reiteran que  siempre serán fieles al credo aprendido.

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La vida es más que una lista de tareas

 Gabriel García de Oro

Vivimos inmersos en la sociedad del rendimiento y la hiperactividad.  ¿Resultado? Ansiedad.  Debemos distinguir entre lo importante, lo urgente y lo eliminable.

Empecemos por un cuento.  El de La Cenicienta.  Pero no nos fijaremos ni en el zapato de cristal, ni en la calabaza que se convierte en carruaje, ni en el príncipe azul. Vamos a poner nuestra atención en la cantidad de tareas que debe hacer Cenicienta antes de ir al baile.  Fregar, limpiar, planchar, ordenar, cocinar y volver a fregar, limpiar, ordenar… Lógicamente, cuando llega la hora de ir al baile, que es lo que realmente le hace ilusión y lo que de verdad cambiará su vida, está tan cansada que necesita la mágica ayuda del Hada Madrina para conseguirlo.  Sin ella, Cenicienta se hubiera quedado en casa, cansada y pensando con ansiedad en todo lo que aún le queda por hacer y en todo aquello para lo que no tendrá tiempo.

Pues bien, nosotros no somos muy diferentes a ella.  Antes de poder asistir a nuestros bailes, es decir, a aquello que realmente nos hace ilusión, nos motiva y quién sabe si también puede cambiar nuestras vidas, nos vemos inmersos en un sinfín de quehaceres: la casa perfectamente ordenada, la lavadora tendida, el niño apuntado a cuatro actividades extraescolares;  hay que ser, por supuesto, tremendamente productivos en nuestros trabajos, excelentes e imaginativos amantes con una vida social rica, activa y variada… y tener actualizado Facebook.  ¡Ah!, y sería bueno comer cinco piezas de fruta al día,  y correr diez kilómetros (6 millas aprox.), y no tener ojeras y… Hacer, hacer y hacer.  Al final de nuestro cuento, lo que sucede es que el baile siempre queda relegado a mañana, a “cuando acabe esto…”.  Y así pasan los días.

Como mínimo, Cenicienta tiene una excusa, o dos.  Las malvadas hermanastras la obligan y la maltratan.  Una fuerza externa la presiona, somete y explota.  Pero hoy las hermanastras somos nosotros mismos.  Byung-Chul Han, en su célebre libro La sociedad del cansancio (1), nos advierte de que vivimos en una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones y laboratorios genéticos.  Es decir, en la sociedad del rendimiento, del multitasking (multitarea).  Y una de las características de esta sociedad es que el individuo se autoexplota con la coartada de la obligación.  Tenemos a las hermanastras dentro, diciéndonos todo aquello que debemos hacer en una continua y excéntrica carrera en espiral.  Porque hoy el único pecado es no hacer nada.  Hasta los momentos de ocio, o los períodos de vacaciones, se han convertido en un conjunto inagotable de tareas que nos dejan más cansados que cuando empezamos.

Además, como señala el filósofo surcoreano (residente en Alemania), al no haber un explotador externo al que podamos enfrentarnos y oponernos con un rotundo ¡no!, la lucha resulta más complicada.  Sin embargo, también es verdad que basta con querer para vencer a las dos hermanastras que nos tiranizan y desatar la magia del Hada Madrina que todos llevamos dentro.

Admitamos pues que nos rodea el afán de productividad, que quien más quien menos se deja seducir por esas insoportables apps que nos alertan de todo aquello que nos queda por hacer.  O por las libretas preparadas para que podamos hacer listas que cumplir.  O por libros que nos explican cómo hacerlo todo, cómo llegar a todas partes y que el tiempo nos cunda más.  Pero llega el momento de abandonar esa locura, porque en el fondo, y paradójicamente, no hay nada menos productivo que el afán de productividad.

Byung-Chul Han asegura que el multitasking nos conduce a un estado de atención superficial y debemos tener en cuenta que los logros de la humanidad se deben a una atención profunda y contemplativa.  Así, también nuestros logros dependen de saber poner el foco y la atención en aquellas cosas importantes, en los bailes que merecen la pena.  Y para ello vamos a atacar al enemigo con sus propias armas y confeccionar una lista, pero inteligente, que nos sirva a nosotros y no que acabemos nosotros sirviéndola a ella.

¿Cómo?

El baile en primer lugar.  Hay que darle vuelta a la lista.  No dejar el baile para “cuando acabe todo esto”.  Ocuparnos primero de lo fundamental, de nosotros mismos. Empezar el día dedicándonos a aquello que sabemos que nos hará bien.  Imaginemos que una persona tiene que escribir un artículo y antes de empezar, sin embargo, lee los e-mails pendientes, atiende a las alertas de las redes sociales y contesta a un par de whatsapps. ¿Resultado?  Cansancio antes de empezar.  Cenicienta bien puede ir al baile y dejar esas otras cosas que requieren menos brillantez para después.

Bien, ¿y qué hacemos con todo lo demás?  Porque está claro que hay cosas que no podemos simplemente dejarlas de lado.  ¿Cómo hacer entonces?  Ayudará dividir el registro de tareas en tres grandes grupos.

Cosas que afrontar.  Lo que tengamos que hacer, hagámoslo.  Una vez hayamos ido al baile, no dejemos que esas otras cosas que volverán a aparecer tarde o temprano revoloteen por nuestra cabeza.  Por ejemplo, una llamada incómoda que vamos postergando. ¡Son tres minutos!  Pero si seguimos retrasándola, en lugar de 180 segundos llegará a durar seis meses en nuestra cabeza.

Cosas que organizar.  No hace falta que carguemos con todo.  Podemos delegar, pedir ayuda, repartir tareas, conseguir que ciertas cosas se realicen sin que recaigan en nosotros.

Cosas que no hacer.  Seguro que en esta lista hay muchos elementos que realmente no son necesarios.  Que se pueden eliminar directamente y, de esta manera, liberar espacio. Cada uno debe decidir cuáles.  Pero es importante que nos demos cuenta de que en este punto radica la primera gran victoria personal para olvidarnos de la vorágine de la hiperactividad sin sentido.  Renunciar a todo aquello que ni nos aporta, ni es estrictamente necesario.  Saber qué es lo que no hay que realizar es tan importante como ponerse manos a la obra con aquello que sí lo es.

Una vez que hemos conseguido dejar de correr en esa espiral del día a día fruto de esta sociedad de la multitarea, es el momento de empezar a bailar.  Y lo más importante es descubrir cuál es nuestra música.  Qué nos hace felices. Qué es lo que realmente nos importa.  Sir Ken Robinson lo llama “el elemento”, y nos asegura que “descubrir el elemento es recuperar capacidades sorprendentes en nuestro interior, y desarrollarlo dará un giro radical no sólo al entorno laboral, sino también a las relaciones y, en definitiva, a la vida”.  La buena noticia es que todos estamos invitados a un baile en el que seremos los protagonistas.

Algunos lo conocen y ya solamente deberán mantener a raya a las dos hermanastras.   Otros, por el contrario, aún no lo han  descubierto y deberán mirar en su interior, porque allí está, esperando a que lo saquen a bailar.  Si la respuesta a las tres preguntas que figuran a continuación es afirmativa, es que ya lo hemos encontrado.

–  ¿Tenemos ganas de bailar?  Si no nos da pereza, si siempre que pensamos en ello nos crece un hormigueo, si cuando estamos desarrollando esa actividad, aunque no sea todas las veces que quisiéramos, lo afrontamos con ganas y dedicaciòn. Si la contestación es sí, atentos porque puede ser que este sea nuestro “elemento”. El baile que nos está esperando.

–  ¿Se detiene el tiempo?  A pesar de las advertencias del Hada Madrina, Cenicienta está tan encantada en el baile que pierde la percepción del tiempo.  Le dan las doce de la noche sin que se dé cuenta.  Sólo las campanadas del reloj la pueden sacar del estado de flow el que ha caído, el verdadero hechizo cotidiano, y que se caracteriza porque enfocamos nuestra energía y sentimos una implicación total en la tarea, tal como lo definió Mihály Csíkszentmihályi en 1975.  Si aquí la respuesta es que , seguro que ese es el baile que andamos buscando.

–  ¿Se activará la magia?  La magia no es otra cosa que la pasión.  Y la pasión es el motor de la grandeza, la autorrealización y la maestría.  Si descubrimos aquello que nos apasiona, seremos capaces de focalizar nuestra energía en ello y descubrir que Platón (427 a.C-347 a.C) estaba en lo cierto cuando afirmaba que “todas las cosas serán producidas en superior cantidad y calidad y con mayor facilidad, cuando cada hombre trabaje en una sola ocupación, de acuerdo con sus dones naturales, y en el momento adecuado, sin inmiscuirse en nada más”.

(1)  Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio (Editorial Herder, Barcelona (2012), 80 páginas.

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El azúcar endulza al mundo

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–  Elena Sevillano

Las primeras referencias históricas sobre el azúcar se remontan a casi 5,000 años unidas a la caña (ver imagen supra), y localizan su origen en Nueva Guinea.  Llegó a Asia vía la India y se extendió posteriormente a China.  En Persia, los soldados del rey Darío (550 a.C.-486 a.C.) hablaban de “esa caña que da miel sin necesidad de abejas”. A España llegaría siglos más tarde, gracias a los árabes, y Cristóbal Colón introdujo su cultivo en América en el transcurso de su cuarto viaje (1502-1504).  El cultivo y la extracción del azúcar de remolacha no se desarrollaron hasta la época de Napoleón Bonaparte (1769-1821).

Sacarosa es el nombre técnico de lo que llamamos azúcar de mesa, el que se compra para endulzar el café o hacer un postre.  Se extrae industrialmente de la caña y de la remolacha, por su alta concentración sacárica (sobre un 20% la primera; entre un 15% y un 18% la segunda).  La molécula es la misma en ambos casos, y también está presente en los plátanos o en la miel.  En bruto no es apta para el consumo, ya que es una especie de masa oscura, con un fuerte olor a melaza.  En el refinado se le extraen las impurezas y las moléculas de sacarosa quedan translúcidas.

Las variedades candy (de blanco o moreno) son de lenta disolución y son apreciadas por los amantes del té.  Se trata de cristales grandes que se dejan crecer en la tacha u olla industrial.  Existen muchos otros tipos, sobre todo morenos:  húmedos y secos, dorados y oscuros, de grano fino o grueso…  Están los terrones, que se moldean con vapor de agua;  y el glasé, que se muele muy fino y se utiliza en repostería.  Los líquidos se obtienen disolviendo azúcar blanco en agua desmineralizada, filtrándola y purificándola.

El azúcar no caduca.  Sus cualidades físico-químicas permanecen inalterables a lo largo de los años.  Pero, sobre todo el azúcar moreno corre el riesgo de contaminarse de olores, y solidificarse o apelmazarse porque su humedad se dispersa.  Es recomendable mantenerlo alejado de focos de olores y vapores, en un ambiente fresco y seco, conservándolo en un envase lo más hermético posible.  Hay quien, a modo de truco, introduce una miga de pan en el recipiente donde se almacena para que ésta absorba el exceso de humedad.

La comunidad científica establece que la ingesta media para un adulto sano es de unos 200 gramos (7 onzas aprox.) de hidratos de carbono, con un mínimo de 50 gramos para evitar la aparición de acetona (cuando el .organismo se ve obligado a fabricar glucosa de las grasas).  El azúcar es un hidrato de carbono, pero simple, de absorción rápida. Debería suponer menos de un 10% de la ingesta calórica total diaria, según datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud.

Brasil es el principal productor de azúcar del mundo desde hace al menos una década. Le siguen India, la Europa de los Veintiocho, China y Tailandia, según los últimos datos oficiales.  Los Estados Unidos son actualmente el mayor consumidor de azúcar del mundo, tras la Unión Europea, señala la International Sugar Organization (véanse más datos en  http://www.isosugar.org ).

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La llave de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén

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–  David Alandete

Con peculiar orgullo Adeeb Joudeh asegura que “esta llave se la dio a mi familia Saladino (1138-1193) en persona”.  Haciendo honor a tan añejo linaje, la llave forjada en el año 1149 es grave, larga y negra de tan oxidada.  Se abren con ella las dos formidables puertas de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén que, según la tradición cristiana, alberga entre otras reliquias parte de la roca del Gólgota, el lugar donde Jesucristo fue crucificado.

Razones tenía Saladino para entregar a familias musulmanas la llave y el control de las puertas.  Entre ellas, la de evitar que el templo volviera a manos de los cruzados.  En la actualidad, los descendientes de aquellos musulmanes mantienen la tradición, con la complicada misión de evitar enfrentamientos inútiles entre las diversas denominaciones cristianas que custodian el recinto.

Una pequeña escalera de madera reposa desde principios del siglo XIX bajo el alféizar de una de las ventanas ubicadas en el primer piso.  Como es una zona de administración común todos deben ponerse de acuerdo para quitarla, algo que no ha sucedido hasta el día de hoy.

Los Joudeh, depositarios de la llave desde el siglo XII, velan por la tradición y el orden junto a otra familia musulmana, los Nuseibeh, encargados de custodiar las puertas en sí mismas,  Cada día repiten el mismo ceremonial.  A las cuatro de la mañana el guardián de las puertas -o quien él designe- las golpea con los nudillos.  En la situada a la derecha se abre un ventanuco (ver imagen supra), por el que un monje hace pasar una escalera de madera de mano con ocho travesaños. La utiliza entonces el depositario de la llave para poder abrir un elevado cerrojo ubicado en la puerta izquierda. Desde dentro se empuja la citada puerta y el custodio abre entonces la que se halla a la derecha.  Se cierran de forma inversa al anochecer.  Una veintena de monjes pernocta en el interior.

Los Nuseibeh y los Joudeh han tenido en el transcurso de los años sus más y sus menos.  Los Nuseibeh sostienen que la custodia de las puertas fue suya desde los tiempos de Omar, el segundo califa, que tomó Jerusalén en el siglo VII.  Por su parte, los Joudeh afirman que poseen la llave desde los días en que el sultán Saladino devolvió a manos musulmanas Jerusalén.  Las dos familias poseen documentación histórica que valida sus enfrentadas tesis.

Ambas partes han llegado a un acuerdo que delimita sus funciones, y que ha sido refrendado por los líderes religiosos que comparten el recinto.  Se resume en una simple división de un mismo objeto:  las puertas en cuestión las custodian la familia Nuseibeh, pero la llave que las abre la posee la familia Joudeh.  Esta forma de gestionar el acceso a través de las citadas puertas se denomina statu quo.

La curiosa forma de administrar la puertas de entrada de la Basílica del Santo Sepulcro se compiló en los años del Imperio otomano, la asumió Gran Bretaña cuanto tomó posesión de estas tierras, y las han respetado posteriormente Jordania e Israel.

Por la solemne carga de estas ceremonias las dos familias no reciben retribución alguna. “Es una cuestión de honor. Somos custodios de la entrada al Santo Sepulcro. Es pago suficiente”, afirma Adeeb Joudeh depositario de la legendaria llave de las puertas.  Es cierto, pero también deben de trabajar para alimentar a sus familias. Por eso él y Wajeen Nuseibeh pagan a su vez a Omar Sumrin, de 40 años, que duerme en la lonja del histórico edificio y que, cuando ellos no pueden hacerse cargo del ritual, asume la prosaica labor de abrir y cerrar las puertas sin tanta solemnidad, a pesar de que su nombre no aparece en ninguno de los documentos que detallan el complejo statu quo ratificado por ambas familias.

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La Basílica del Santo Sepulcro (véase imagen supra) fue construida por el Emperador Constantino (272-337) en el año 326, ubicada en el lugar donde según la tradición se encuentra el Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado, y la tumba de José de Arimatea en la que se fue enterrado y donde resucitó.  Eusebio de Cesarea (265-340), conocido como “padre de la historia de la Iglesia”, describe con detalle la veracidad de estos hallazgos.  Para realizar una visita virtual de la Basílica del Santo Sepulcro véase en Internet  http://www.santosepulcro.custodia.org/default.asp?id=4330 

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El Quijote cabalga bajo tierra

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–  Pablo Gómez

El forense Francisco Etxeberría, que ha estado al frente de los trabajos de búsqueda del cuerpo de Miguel de Cervantes (1547-1616) en la cripta del Convento de las Trinitarias (Madrid), ha declarado recientemente que “no tenemos la certeza absoluta, matemática, de estar ante los restos de Cervantes;  estamos convencidos de que entre estos fragmentos tenemos algo de Cervantes”.  Resumía así las conclusiones del proyecto realizado por un equipo de especialistas que ha durado un año.

No hay por tanto, una verdad científica que cierre el misterio abierto hace cuatro siglos, puesto que no existe casi margen para un examen de ADN, ni tampoco se ha podido individualizar ningún resto perteneciente al padre de El Quijote, pero los investigadores que han rastreado palmo a palmo (utilizando un sofisticado georradar) el convento madrileño de las Trinitarias son concluyentes a la hora de afirmar que han terminado su trabajo con éxito.

El hallazgo histórico se produjo a sólo unos metros del nicho en el que fue encontrada una tabla de madera con las iniciales “M.C.”.  Concretamente, en el suelo de la cripta subterránea, en una reducción de huesos cifrada por los científicos como la número 32. Este conjunto, cerrado e independiente del resto, estaba situado en la esquina sureste de este espacio de menos de 60 metros cuadrados (196 pies) y a una cota de 135 centímetros (53 pulgadas) por debajo del enlosado.

En este punto, el equipo de investigadores pudo documentar la presencia de huesos compatibles con el osario que fue trasladado hasta allí desde la Iglesia primitiva.  Entre las personas que recibieron sepultura en el templo original se encontraba Miguel de Cervantes.  El análisis osteológico de este enterramiento revela, según las conclusiones “que han aparecido cuatro cráneos que son de sexo masculino y algunos indicadores que sugieren la presencia de individuos de edad avanzada que podrían ser compatibles con la identidad de Cervantes”.

El osario primitivo -del que además de Cervantes también formaba parte su viuda Catalina Salazar- fue trasladado a la cripta en una fecha anterior a 1730, año en el que la finalización de las obras de ampliación posibilitaron que este espacio fuera dedicado de forma íntegra a acoger enterramientos. Este grupo funerario lo integraban 17 cuerpos, seis infantiles y 11 adultos. Datos que concuerdan casi al 100% con lo encontrado en esta fosa 32, en donde se han podido constatar la presencia de 10 adultos y 5 niños.

De la decena de adultos, cuatro son restos masculinos y dos femeninos, mientras que de los cuatro restantes no se ha podido determinar su sexo, aunque de dos de estos últimos existan indicios razonables que apuntan a que son hombres. Este conjunto de huesos se encuentra sobre el suelo geológico del templo, lo que implica que por debajo no hay más restos y por lo tanto se trata de los enterramientos más antiguos.

Aunque, tal y como sostuvo el forense Etxeberría, no se ha constatado entre estos restos lesiones compatibles con el perfil morfológico de Cervantes  -la conservación de apenas seis dientes, su lesión en el brazo izquierdo y los impactos recibidos en el esternón durante la batalla de Lepanto (1571)-  sí hay signos que refuerzan su teoría. Entre éstos, apunta el informe, el hecho de que los restos se encuentren en un estado de conservación “deficiente, muy frágiles, la mayor parte del hueso esponjoso ha desparecido” o que presentasen signos artrósicos, con calcificación de cartílagos y desgaste en las piezas dentales, lo que subraya la edad avanzada de estos individuos.

Junto a ellos, también han sido hallados otros materiales arqueológicos y tejidos, que los especialistas del Museo del Traje (Madrid) han datado como propios del siglo XVII y que, por tanto, son compatibles con la época en la que Miguel de Cervantes (1) fue enterrado.

(1  Véase en la imagen supra la placa que figura en el lugar donde vivió y falleció Miguel de Cervantes en Madrid, ubicada en la esquina de la denominada en su época calle Francos (actualmente Cervantes) y la calle del León, muy cerca del Convento de las Trinitarias.

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Nota:  El experto Jorge Alcalde señala que los resultados de la investigación sobre los huesos inhumados en el Convento de las Trinitarias en Madrid dejan algunas cosas más claras y otras algo confusas.  Es cierto, indica, que parece haber unanimidad entre los expertos en apostar por que los restos hallados son los de Miguel de Cervantes; pero también lo es que esa unanimidad no podrá nunca estar basada en la certeza genética. Sostiene el experto que la ciencia, en este caso, no podrá decir la última palabra o, al menos, una palabra más alta y clara de la que ya han dictado los legajos, la historiografía, la documentalística y la sabiduría popular.  A todos los efectos, apunta, Cervantes ha sido encontrado, pero no podremos ponerle el sello de “irrefutable” a la tesis. Nunca. Aclara Jorge Alcalde que el problema es que no contamos con información genética suficiente para “individualizar” los restos, como dicen los expertos; incluso asumiendo que se pudieran diferenciar los 17 cuerpos enterrados en la misma área y determinar que uno de ellos es el de Cervantes, no existe otro ADN de otro individuo de su familia que permita establecer comparación.  Y concluye afirmando que en genética forense, si no hay con qué comparar, una muestra no sirve de nada.

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Nunca regale un reloj a un chino

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–  Pablo M. Díez

En esta sociedad contagiada por las prisas y el estrés, el tiempo es algo tan precioso que nadie quiere perder ni un minuto de su vida.  Pero eso no significa que se valore igual en todo el planeta dividido -además de por sus husos horarios- por unas costumbres tan distintas que no dejan de sorprender ni a los más experimentados viajeros:  diplomáticos, políticos, empresarios, aventureros, periodistas y demás gente de mundo.

Por no conocer las tradiciones orientales, la Ministra de Transportes británica, la baronesa Susan Kramer, quedó en evidencia recientemente en Taiwán y ha visto como el Alcalde de Taipéi, Ko Wen-je, le rechazaba delante de los periodistas el regalo que le había traído expresamente desde el Reino Unido.  Se trataba de un reloj muy valioso y especialmente dedicado por la Cámara de los Lores, pero ni tan aristocrático detalle ha convencido al regidor de Taipéi.

Cuando uno de los periodistas presentes le preguntó qué iba a hacer con el obsequio no dudó en afirmar, delante de la Ministra visitante, que no pensaba ponérselo ni loco. “Se lo daré a un chatarrero, porque para mí es absolutamente inútil” afirmó Ko Wen-je según informaron las agencias de noticias presentes en el acto.

El motivo no es que le disgustara la marca del obsequio (en la imagen supra figura una imagen de un reloj de la marca suiza Omega, ya que el Editor desconoce el fabricante del citado en este artículo) sino que en China y Taiwán está prohibido “regalar un reloj” porque, en el idioma mandarín, la expresión se pronuncia de un modo similar a “despedir a un muerto” en su funeral sòng zhöng.  Por lo tanto, se considera que hacer tal regalo trae mala suerte al obsequiado, que tiene las horas contadas.  Aunque la isla de Taiwán permanece separada de China desde el final de la guerra en 1949, a ambos lados del Estrecho de Formosa comparten esta superstición.

“Lo siento.  No te acostarás sin saber algo nuevo.  No tenía ni idea de que un regalo como éste se pudiera ver de otra forma que no fuera positiva”, confesó azorada Lady Gramer tras enterarse de tan singular hábito oriental.  Intentando arreglar su metedura de pata, señaló que “en el Reino Unido un reloj es algo muy apreciado porque no hay nada tan importante como el tiempo”.  Pero ni aun así logró convencer al Alcalde Ko quien, a su vez, le entregó una réplica del rascacielos Taipéi 101, que en su día llegó a ser el rascacielos más alto del mundo gracias a sus 509 metros de altura (1,670 pies), y que actualmente ha sido rebasado por la Torre Burj Khalifa de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, (828 metros de altura / 2,716 pies).

Aunque la respuesta del citado Alcalde fue totalmente espontánea, algunos medios y políticos taiwaneses le han criticado por su falta de tacto.  “Debería tomar alguna lección de diplomacia”, reconocio Ko Wen-je, quien también se disculpó ante la Ministra de Transportes británica porque, según admitió, “lo que dije fue inapropiado desde la perspectiva del protocolo y la etiqueta”.

No es la primera vez que el Alcalde de Taipéi enciende la polémica con sus palabras. Elegido en los comicios locales celebrados en noviembre de 2014, este candidato independiente de 55 años, que en realidad es un prestigioso cirujano, destaca por su naturalidad que a veces es demasiado brusca pero encaja con sus votantes.

De hecho, Wen-je no hizo más que expresar en público una creencia muy extendida entre los taiwaneses y los chinos, tan supersticiosos que evitan siempre que pueden el número cuatro porque, en mandarín, se pronuncia de forma parecida a la palabra “muerte” (si).  Pero esa es otra historia.

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