La cuna de Pinocho

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 Julio Ocampo

“Érase una vez…  ¡Un rey!  dirán enseguida mis pequeños lectores.  No, chicos, os habéis equivocado.  Érase una vez un trozo de madera”.  Así comienzan Las aventuras de Pinocho (1), un libro imperecedero publicado en 1883 y escrito por Carlo Lorenzini (1826-1890), quien eligiera como apellido artístico Collodi en honor a un pequeño pueblo ubicado en el corazón de la Toscana italiana.

La pequeña ciudad de Collodi (2), ubicada a  68  kilómetros (42 millas) de Florencia y no demasiado lejos de Siena y Pisa, es una joya medieval capaz de hacernos replantear si el desarrollo siempre reporta progreso.  Ahí radica la esencia de Collodi, atrapado en el tiempo en una región cosida por hilos sumamente finos.  Sus costuras atestiguan un pasado campanilista (con un apego ciego a las costumbres locales), que ocasionó grandes convulsiones en una tierra tan disputada como hermosa, donde permanecen la belleza de los viñedos de Chianti, el duomo florentino de Filippo Brunelleschi, la torre inclinada de Pisa, o la energía festiva del Palio de Siena.

La leyenda cuenta que fue Totila, rey de los ostrogodos, quien fundó Collodi en el siglo V después de Cristo.  La localidad se levanta sobre una colina que servía de lugar de refugio a los habitantes de la zona.  Por su posición estratégica se la disputaron los condados de Florencia y de Lucca entre 1329 y 1442.  Tras numerosos asedios y saqueos, terminó por convertirse en avanzadilla de la República de Lucca.

Actualmente Collodi presume de la naturaleza casi ingobernable que la rodea.  Se presenta al viajero como una sucesión de casas organizadas en cascada sobre una colina.  En lo más alto se encuentra la antigua roca, una fortificación medieval protegida por un campanile (3) y la Iglesia Pieve di San Bartolomeo (con algunos cuadros atribuidos a la escuela de Rafael). 

En la parte inferior de Collodi nos sorprende la majestuosa Villa Garzoni, un hermoso recinto barroco construido sobre un castillo de la Edad Media.  Angiolina Orzali, la madre del autor de Pinocho, trabajó durante años para la familia Garzoni.  Retrocedemos mentalmente en el tiempo para imaginarnos al joven Carlo recorriendo estos excelsos jardines creados en el siglo XVII.  Su trazado atesora un misterioso encanto que evoca el arte, el agua, las flores, la escultura, el teatro, el éxtasis sin tormento, el dolce far niente; un panorama capaz de despertar la inspiración de cualquier escritor en potencia.

“Las mentiras, hijo mío, se conocen enseguida, porque las hay de dos clases:  las mentiras que tienen las piernas cortas, y las que tienen la nariz larga.  Las tuyas, por lo visto, son de las que tienen la nariz larga”.  Habla el Hada mientras a Pïnocho le crece la nariz.  Compilados los capítulos como novela en 1883 (Carlo Collodi había ido publicando el texto por entregas en una revista infantil durante dos años), el éxito de Pinocho fue fulgurante.

El libro se tradujo a más de cien idiomas y se convirtió en una metáfora del hombre común (novela de aprendizaje y picaresca, cuento de hadas y comedia del arte).  Walt Disney le dedicó, en 1940, su segunda película de dibujos animados (4).  Pero esa sencilla historia de un trozo de madera que quería ser niño, admite sin embargo una segunda lectura más profunda.

Las aventuras de Pinocho podrían representar el viaje iniciático del hombre en busca de un cambio que sólo consigue a través del error perpetuo y el dolor.  El muñeco de madera se convierte al final de la obra en niño, tras recibir castigos e improperios por su recurrente mal comportamiento, y por dejarse llevar por los impulsos más bajos (el egoísmo, la avaricia y la insatisfacción).

Su autor, Carlo Collodi, era un defensor de la cultura masónica y son frecuentes en su obra las referencias a la numerología, la alquimia y el esoterismo.  Así lo explica Pino Corati en su famoso libro Pinocchio, mio Fratelllo (Ed. Edimai, 1998). Desde ese punto de vista, el cuento de hadas no es para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos.

(1)   Véase imagen de Pinocho supra.  El Diccionario de la Real Academia (ed. 2014) indica que el significado de pinocho es pino nuevo.  En italiano pinocchio tiene la misma definición, y en inglés se utiliza el término italiano pero refiriéndose únicamente al personaje del cuento infantil.

(2)  Véase supra, imagen de la ciudad de Collodi  (Pescia, Italia).

(3)  Un campanile (nombre italiano) es un campanario con forma cuadrada o redonda, localizado junto a una Iglesia o Palacio (entonces se denomina torre cívica), y que alberga una o más campanas.  En Italia existen, entre otros, dos campaniles muy conocidos, el del Duomo de Pisa (torre inclinada) y el de la Plaza de San Marcos (Venecia).

(4)  El tema musical de la película Pinocchio (1940) “When you wish upon a star” recibió dos Oscars en 1941 como Mejor Banda Sonora y Mejor Canción Original. Con posterioridad, se ha convertido en la melodía representativa de la Walt Disney Company. Véase  http://www.youtube.com/watch?v=W4AtLjd_YZU   

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Los Cervantes de Philadelphia

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–  Alberto Sala Mestres

Sólo unos pocos documentos autógrafos se conservan de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).  Curiosamente, firmaba Serbantes (1) pero los editores de sus libros nunca respetaron la ortografía de su primer apellido, que usó en solitario en sus primeros años para añadirle posteriormente Saavedra, segundo apellido que con el paso de los años abandona al estampar su firma.

No sabemos dónde ni cuándo aprendió a escribir Cervantes, pero “sí es seguro que, en Madrid, fue discípulo del maestro López de Hoyos (1511-1583)”, señala Andrés Amorós, Catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense (Madrid).  A su vez, Elisa Ruiz, Catedrática emérita de Paleografía en la misma Universidad, indica que “la caligrafía de Cervantes es pausada, cuidada y elegante, aunque es cierto que, como suele ocurrir, en sus cartas a partir de la quinta línea el cansancio se apodera de él y cambia el trazado de la escritura”.  Al analizar su escritura concluye que el escritor optaba por el tipo de letra predominante en aquella época entre los maestros, la bastarda, frente a la redondilla de hoy en día..

Los expertos han analizado con precisión científica el conjunto de autógrafos de Miguel de Cervantes, eliminando errores y atribuciones falsas determinando que hasta el momento, sólo son doce los auténticos documentos autógrafos de Cervantes.  Nueve se encuentran en España y tres en los Estados Unidos.

En España, el Archivo Nacional de Simancas (Valladolid) conserva seis; la Biblioteca Nacional (Madrid), uno; el Archivo Histórico Nacional (Madrid), uno; y el Archivo Municipal de Carmona (Sevilla), uno.  En los Estados Unidos, existen tres en el Rosenbach Museum and Library (Philadelphia) (2). 

¿Como llegaron los manuscritos de Cervantes a Philadelphia? Todo indica que fueron sustraídos del Archivo Nacional de Simancas a mediados del siglo XIX; y aparecen después en París.

José Manuel Lucía, Catedrático de la Universidad Complutense (Madrid) y Presidente de la Asociación de Cervantistas, señala al abordar el tema que  “… Tres notas que acompañan a uno de los autógrafos permiten rastrear el periplo de estos documentos desde el Archivo de Simancas hasta su ubicación actual.  La primera de las notas, manuscrita y fechada en París en 1849, la firma E. Drouyn de Lhuyz dando cuenta de su posesión.  En 1864, J. M. Guardia publica Le voyage au Parnasse (una nueva traducción al francés de la obra cervantina), y además de dar a conocer el texto y una particular biografía de su autor, incluye un facsímil de uno de los autógrafos sustraídos en Simancas, señalando que Feuillet de Conches posee tres autógrafos de Cervantes”.

Con el tiempo, los sucesivos fallecimientos y las herencias -indica el Profesor Lucía- los autógrafos cayeron en manos de varios libreros, hasta que a principios del siglo XX el hispanista A.S.W. Rosenbach los compró:  uno de ellos al librero londinense Maggs y los otros dos al anticuario parisino Meyer.  Desde 1934 se exhiben en el Rosenbach Museum and Library (Philadelphia).

En la carta manuscrita de Cervantes, con fecha 17 de febrero de 1582, que se conserva en el Archivo Nacional de Simancas (Valladolid) -donde la archivera Concepción Álvarez de Terán la descubrió en 1954-  podemos encontrar detalles poco conocidos.  El texto nos revela que Cervantes quería irse a América, y así expresa por escrito al Rey su deseo de ocupar una vacante en Ultramar.  La carta se la dirige Cervantes (que entonces tenía 34 años) al Secretario del Consejo de Indias, del que no obtuvo la respuesta esperada.

Cabe preguntarse entonces si, en el caso de que Miguel de Cervantes hubiera emigrado a América, ¿habría escrito El Quijote?   Nunca lo sabremos.

(1)  Véase supra imagen de la firma autógrafa de Miguel de Cervantes.

(2)  Véase supra imagen del Rosenbach Museum and Library, 2008-2010 Delancey Place, Philadelphia.

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Parar el reloj y vivir intensamente

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–  Fernando Trías de Bes

Llevar una vida rutinaria no exime de experimentar aventuras.  El tiempo es el que es.  En nuestra mano está decidir cómo queremos disfrutarlo.

El protagonista de la película Una cuestión de tiempo  [About Time, Richard Curtis, 2013] pertenece a una familia cuyos miembros tienen un don especial: pueden viajar a lugares y momentos donde han estado antes.  Esta peculiaridad les permite deshacer decisiones y corregir errores para mejorar sus vidas.  Hacia el final de la película, el personaje se da cuenta de que su vida ha estado bien tal y como ha sido, y que no desea volver atrás.

Tal vez sea éste el máximo anhelo de cualquiera de nosotros.  Llegar al final de nuestras vidas y poder decirnos a nosotros mismos: “Ha estado bien así, si volviera a vivir no cambiaría nada”. La pregunta es si alcanzar tal nivel de satisfacción no depende tanto del número y variedad de vivencias como de la intensidad con las que se han afrontado.

La magnífica película Up, de Walt Disney-Pixar [Peter Docter / Bob Peterson, 2009], refleja muy bien este sentimiento cuando el personaje principal, un anciano viudo que no pudo brindar a su fallecida esposa ninguna de las aventuras que soñaron de niños, descubre que su mujer ha rellenado el álbum de fotos de todos los viajes que iban a realizar con las fotografías de sus vidas en casa y en una nota ha dejado escrito:  “Gracias por la aventura”.  Lo que ha vivido con su marido, poco o mucho, ella lo apreció como un gran acontecimiento.  Es una secuencia preciosa que nos enseña que lo importante es el sentido que queramos otorgar a nuestras vivencias y no tanto lo que en sí acontece.  Se puede llevar una vida rutinaria y vivirla intensamente.

Sin embargo, es muy difícil hacer valer esta actitud.  La oferta de posibilidades, alternativas, destinos turísticos, las innumerables posibles relaciones personales y caminos que abren las redes sociales ejercen una enorme presión sobre el individuo de hoy.  Las relaciones de la sociedad líquida, que postuló el sociólogo Zygmunt Bauman, prueban que el ser humano opta cada vez más por no solidificar las relaciones, no materializarlas ni mantenerlas en pos de una posibilidad eternamente cambiante.

Desde mi punto de vista, hemos ido pasando de una sociedad líquida a otra multidimensional o poliédrica.  Cuando realizamos una actividad, perseguimos hacer otra al mismo tiempo.  Es habitual que los fabricantes de cintas de correr instalen en ellas televisiones para seguir el partido de fútbol o las noticias mientras se practica deporte; vemos televisión en casa mientras chateamos o navegamos con nuestro móvil / cellular. Incluso las propias cadenas de televisión rotulan en pantalla durante los debates y entrevistas lo que los televidentes tuitean sobre lo que se está diciendo.  Parece como si vivir únicamente una realidad fuera insuficiente.

Es ya habitual ver a parejas en un restaurante que combinan la conversación entre sí con otras a través del móvil o terceras personas. No se trata de una crítica tipo “cualquier tiempo pasado fue mejor”.  Lo que quiere explicar este ejemplo es que cuando se instala en el ser humano una insuficiencia constante sobre el presente, se ancla al mismo tiempo una creencia deficitaria de la vida y, por tanto, la probable conclusión de que la existencia no haya sido plena.  Un deseo perentorio por multiplicar el presente desemboca en una insatisfacción del pasado.

Olvidamos que presente significa regalo.  Los regalos se disfrutan, se saborean y aprecian. Vivir intensamente obliga a parar el reloj, a no pensar en otra cosa más que en lo que se está experimentando.  El tiempo es el que es.  Lo único que está en nuestra mano es decidir cómo queremos disfrutarlo.  Tiempo de calidad, no cantidad de tiempo.

Fijémonos en los niños: cuando son pequeños y juegan con algo lo hacen sólo con eso. De acuerdo, la aparición de un nuevo estímulo los puede hacer abandonar lo que tienen entre manos y dirigirse a otro asunto con suma facilidad.  Pero es debido a la curiosidad. Su percepción del tiempo es inexistente.  Su presente es absoluto y a él se entregan con los cinco sentidos.

En el ámbito profesional las consecuencias sobre este concepto, a partir de nuestras decisiones, son trascendentales porque no podemos cambiar cada dos meses de ocupación. Publiqué hace ya muchos años un libro titulado El vendedor de tiempo (1).  El protagonista envasaba minutos en frasquitos y los ponía a la venta.  La gente se volvía loca y se echaba a la calle a comprar.  En realidad, el tiempo que adquirían era suyo pues era el mismo que iban a vivir, pero el desembolso con dinero propio les daba libertad para emplearlo en otras cosas.  Las decisiones profesionales son ventas de espacio que nos pertenece y con el que negociamos, pero no en frasquitos, sino en grandes contenedores.  Nos comprometemos cada vez que firmamos un contrato, asumimos un encargo, proyecto, función o tarea.

Por eso hemos de ser exigentes.  Las transacciones de tiempo propio, personal o profesional, son el principal causante de llegar al final de nuestras vidas y pensar que deberíamos haber vivido de otro modo.  Para evitarlo, es bueno preguntarse a menudo a sí mismo:  “Qué haría yo si no tuviese miedo?  ¿Qué haría yo si supiera decir no?”.

(1)  Fernando Trías de Bes, El vendedor de tiempo:  una sátira sobre el sistema económico, Ed. Empresa Activa, Barcelona, 2005, 144 págs.

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Carmen Herrera, una artista cubana de éxito a los 101 años

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–  Daniela Sánchez

Trabó amistad con Jean Genet y Barnett Newman.  Frecuentó los círculos artísticos de Josef Albers, Jean Arp, Willem de Kooning o Mark Rothko.  Conoció algunos de los grandes tótems de la creación del siglo XX en un apasionante periplo vital que la llevó desde La Habana, donde nació el 31 de mayo de 1915, a París y Nueva York, sin dejar de pintar bajo el influjo de las vanguardias.  Pero sólo cuando cumplió 89 años vendió su primera obra de manera profesional. Hoy, con 101 años cumplidos, Carmen Herrera es una artista reconocida.  Sus cuadros cuelgan en algunos de los más importantes museos y el nuevo Whitney Museum of American Art (99 Gansevoort Street, New York 10014) ofrecerá en sus salas, desde el 16 septiembre de 2016 al 2 enero de 2017, una retrospectiva con medio centenar de sus obras (1).

El éxito sobrevenido, sin embargo, no parece perturbar demasiado a esta creadora cubana, que sigue levantándose temprano para trabajar en su loft de Manhattan en una rutina que solo rompe, sobre las 11 de la mañana, para tomarse un whisky o una copita de champán según ha comentado recientemente.

En todo caso, Herrera reconoce que el éxito ayuda a no perder el ímpetu para seguir pintando una producción que atraviesa la “historia de la abstracción, la arquitectura, el minimalismo estadounidense y latinoamericano y el concretismo cubano”, explica el experto Nicholas Logsdail.

“Lo primero que hago cuando me levanto es dar gracias a Dios porque tengo un día más para vivir y pintar”, explica la pintora.  Trabaja hasta la hora de comer con su asistente ecuatoriano Manuel para ejecutar sus lienzos más grandes.  Muchas veces también le acompaña su viejo amigo, el artista puertorriqueño Tony Bechara.  Fue él, como Presidente de la Junta del neoyorquino Museo del Barrio, quien organizó la primera individual de Herrera en 1998.

Cinco años después, The New York Times definió su obra como “el último grito de la pintura”. Sus cuadros y su personalidad llamaron tanto la atención que la cineasta Alison Klayman le dedicó una película documental “The 100 Years Show” (2) estrenada en 2015.

Herrera pudo vivir desahogadamente en su juventud gracias a una pensión del Gobierno cubano por ser hija de un héroe nacional.  Su padre, Antonio, luchó en la Guerra de Independencia (1895-1898) contra su propio progenitor, que era Coronel del ejército español.  Más tarde, Antonio Herrera formó parte en La Habana de los fundadores del periódico El Mundo (1901-1969).  La madre de la artista, Carmela, fue periodista y pionera del movimiento feminista en la Isla caribeña.  Su tío fue el Cardenal español Ángel Herrera Oria (1886-1968).

Su condición de mujer retrasó su reconocimiento como artista, afirma Carmen Herrera, y añade que “Ser mujer y cubana no era ventajoso en tiempos pasados; además yo era una mujer muy agresiva.  Todo hay que medirlo por las normas de su época.  Una tenía que acostumbrarse a eso, no sólo en el arte, sino en todas las disciplinas”.  Comenta también que “ahora han cambiado las cosas drásticamente, para mejor; el cambio es lo único constante en la vida y el que no se dobla un poco se lo lleva la corriente”.

La pintora experimentó un cambio en su vida cuando, en 1939, conoció en La Habana a su gran amor Jesse Loewenthal, con quien estuvo casada 61 años hasta su fallecimiento en el año 2000.  No tuvieron hijos. La joven pareja se marchó en 1948 a París donde residieron cinco años, un período fundamental para el crecimiento artístico de ella, que ya había vivido con anterioridad en esa ciudad.  En el París de la posguerra, el resurgimiento del arte abstracto y del “arte degenerado” como le llamaban los nazis, la marcó definitivamente.

Conocer en Miami a Ella Fontanals-Cisneros, coleccionista cubana y fundadora del Museo CIFO fue decisivo.  Le adquirió directamente en el año 2002 un lote de nueve obras.  Fontanals-Cisneros quería donar en esas fechas una de ellas a la Tate Modern que, en un principio, no quería aceptarla.  “Confíen en mí; esta señora va a tener éxito y ustedes no van a poder comprar su obra.  Me lo van a agradecer”, les dijo la coleccionista según su propio relato.

La cotización actual de una obra de Carmen Herrera puede oscilar entre los 15,000 y el medio millón de dólares.  Sus cuadros forman parte de las colecciones del MoMa, Whitney, Walker Art Center, Smitsonian Museum, Museo del Barrio y Hirshhorn Musem, además de la Tate Modern,

Admiradora de la arquitectura de El Escorial y de la pintura de Francisco de Zurbarán (1598-1664), revela que su secreto para superar los 100 años de edad consiste en la suerte, el destino y no pensar mucho en ello.  En sus tiempos “el reconocimiento no era gran cosa; es sobre todo un fenómeno contemporáneo” apunta.  No habla de arte; sólo le interesa producirlo, y hacer lo que le gusta:  “Tengo una edad.  Si no me puedo tomar un whisky cuando me da la gana, ¿cuándo me lo tomo?”, se pregunta risueña.

(1)  Véase  http://www.whitney.org/Exhibitions/CarmenHerrera

(2)  Véase  http://www.the100yearsshow.com

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Si quiere envejecer bien, no se rompa una pierna

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–  Nuria Ramírez de Castro

¿Qué cree que puede limitar más su salud y bienestar cuando empiece a envejecer? ¿Una enfermedad crónica como la diabetes o el cáncer?  ¿Tener sobrepeso?  ¿Vivir solo?  o  ¿Romperse una pierna?

Si ha pensado en las primeras opciones está tan equivocado como lo estaba yo antes de leer el último estudio del National Institute on Aging (1) de los Estados Unidos.  Este trabajo demuestra que la soledad, o sufrir una fractura cumplidos los 45 años de edad, puede ser una carga mayor que enfermedades crónicas graves como son el cáncer o la diabetes.

El estudio, el más representativo realizado hasta la fecha, demuestra que para valorar el bienestar de una persona no basta con fijarse en la edad que marca su documento de identidad, o en una lista de indicadores habituales como son la presión arterial, el peso o los niveles de colesterol.  Tras evaluar a 3,000 personas, entre los 57 y 85 años de edad, comprobaron que hay otras condiciones más importantes.  Así, demuestran que la obesidad no es un problema grave en las personas mayores que están en buenas condiciones físicas y mentales, que la movilidad es uno de los principales marcadores del bienestar, o que el ánimo es decisivo en el estado general de la salud.

Esta investigación no es un estudio más.  Debería marcar la iniciativa de los Gobiernos occidentales, preocupados por una población cada vez más envejecida. “En lugar de invertir en campañas para reducir la obesidad, quizás sería más rentable tomar medidas para evitar el aislamiento de los mayores” plantea el sociólogo Edward Laumann.

Los mayores asumen sus goteras físicas, pero conviven peor con la soledad.  Los geriatras lo ven cada día en sus consultas.  No es un síntoma físico, pero es el mayor problema de salud de los mayores.

La soledad deprime, hace que el cerebro rinda menos, baja la actividad física y aisla emocionalmente.  Ser optimista y vital es la verdadera fuente de la juventud. Eso, y ya saben, no romperse una pierna.

(1)  Véase  https://www.nia.nih.gov

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Arabia Saudí y el petróleo

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–  Lluís Bassets

Sin petróleo no se entiende Arabia Saudí.  No se entiende la creación (1932) y consolidación del Reino y menos todavía la alianza histórica con los Estados Unidos (petróleo por protección), su papel determinante en la fijación de los precios mundiales y su peso geopolítico en Oriente Próximo.

El presupuesto del Estado se nutre en un 80% de los ingresos del petróleo, que aporta un 45% del PIB y alcanza un 90% de las exportaciones.  Su subsuelo contiene las primeras reservas del crudo y es el segundo productor mundial detrás de Rusia. Sin petróleo no sería el tercer país del  mundo en gastos de defensa, ni el  primer cliente de la industria armamentística mundial.

En Arabia Saudí el petróleo ha sido y es todo, hasta el punto de que hasta ahora había un Ministerio entero solo para la política petrolera, y quien lo ocupaba solía permanecer durante largos años en el puesto:  los siete Monarcas saudíes han tenido solo cuatro Ministros del Petróleo.  El último, Ali al Naimi (n. 1935) lo ocupaba desde 1995.

La primera empresa saudí es la petrolera estatal Saudi Aramco.  Cuidado: primera del país y del mundo, pese a que no cotiza en Bolsa (las evaluaciones sobre su valor, quizás 2.5 billones de dólares, según Bloomberg LP, se realizan a partir de sus reservas y capacidad de producción). Su Presidente está muy cerca del poder ministerial, hasta el punto de que se solapa o precede a veces al cargo de Ministro. Ha sucedido ahora, cuando el Rey Salmán bin Abdulaziz, de 80 años, ha cambiado el nombre del Ministerio por el de Energía, Industria y Recursos Minerales y también al Ministro, al que ha sustituido por el Presidente de Aramco, Jalid al Fahli, de 56 años, dentro de una remodelación del Gobierno inspirada por su hijo y segundo en la línea de sucesión, Mohamed Bin Salmán (MBS), de 30 años.

Este es el segundo golpe de timón del Rey Salmán, que llegó al trono en enero de 2015, a la muerte de su hermano, el Rey Abdulá bin Abdelaziz (1924-2015)  A los tres meses de su entronización, sustituyó al Príncipe heredero, su hermanastro Mukrin Bin Albulaziz, de 70 años, por su sobrino Mohamed Bin Nayaf (MBN), de 56 años, y a este por su hijo MBS, en un movimiento insólito en la historia de la Casa de Saud, donde nunca se había destituido a un Príncipe heredero.

Muchas cosas suceden por primera vez.  Agotados los hijos del fundador, seis de los cuales han reinado desde 1953, en un ejemplo perfecto de sucesión adélfica o entre hermanos, por primera vez el heredero pertenece a la generación de los nietos.  Y también por primera vez, las tres primeras autoridades pertenecen al mismo linaje paterno y materno, detalle significativo en un sistema poligámico en el que la herencia matrilineal organiza facciones de hermanos opuestos a los otros hermanastros.  En este caso, los tres son conocidos como sudairis, por ser descendientes de Hassa el Sudairi (1900-1969) la esposa preferida del Rey Abdelaziz bin Saud (1876-1953).

El joven MBS dice que quiere terminar con la adicción saudí al petróleo.  No deja de ser un chiste, tratándose de un  petroestado  que vive  de,  por,  para,  con, sobre y tras el petróleo. Sus planes para desengancharse cuentan como paso inicial con la privatización de una fracción minúscula, menos del 5 %, de su gigantesca compañía petrolera, en una salida a Bolsa que ya se anuncia como la mayor de la historia.

MBS quiere hacer más privatizaciones, diversificar la economía, introducir la competencia, eliminar subsidios (gasolina, agua, electricidad), saudinizar y feminizar el mercado de trabajo: más de la mitad de la mano de obra es extranjera, el paro juvenil es muy alto y las mujeres son una fuerza de trabajo excluida.  También quiere convertir la peregrinación a La Meca y Medina (1) en una próspera industria de turismo religioso.  Prevé construir museos y una industria cultural y del entretenimiento.

Hacer todo esto, y a la vez, no es fácil si no se quiere aflojar además la férula de la Monarquía teocrática.  Un camino en buena parte contradictorio.  Sin petróleo Arabia Saudí sería otro país. Y será otro país si los sudairis se deshacen de la dependencia del petróleo antes de 2030, tal como pretenden, y abandonan la patrimonialización del Estado sin perder a la vez el nombre del guerrero que lo fundó.

La Monarquía de Riad ha empezado la transiciòn desde el actual Estado rentista hacia una economía de mercado moderna.  Como en un cuento de Las mil y una noches…  

(1) La doble línea ferroviaria electrificada de alta velocidad La Meca-Medina (450 kilómetros / 280 millas), la están construyendo en la actualidad doce empresas españolas; una gran infraestructura presupuestada en 6,736 millones de dólares. La velocidad de los trenes AVE pueden superar los 300 kilómetros / 186 millas por hora, acortando en un tiempo récord la distancia entre las dos ciudades.  La inauguración de la línea La Meca-Medina está prevista en el transcurso de 2017, y los trenes pueden atender una demanda calculada en 166,000 viajeros diarios.

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Cuadernos de Pozos Dulces cumple cuatro primaveras

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Cuadernos de Pozos Dulces celebra su cuarta primavera en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com .

Cada primavera es un período especial del año en el que los campos florecen, el aire es más puro y nos mostramos más positivos en nuestro estado de ánimo.  Sandro Botticelli le dedicó un famoso cuadro del Renacimiento florentino (ver imagen parcial supra); Ludwig van Beethoven le  compuso una Sonata para violín y piano, y Robert Schumann la Sinfonía número 1 en Si bemol.  A su vez, para Antonio Vivaldi fue la inspiración de su conocido Concierto Nº 1 en Mi mayor. También La consagración de la primavera es una magistral partitura de Ígor Stravinsky, destinada a la compañía de ballet creada por Serguéi Diáguilev, cuyo estreno tuvo lugar en París en 1913; el carácter vanguardista de la música y la coreografía causó una gran sensación en el ambiente artístico de la época.

En estos cuatro años de Cuadernos de Pozos Dulces en Internet se han publicado 96 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 66 autores diferentes.  Durante ese período los lectores han escrito 272 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 131 personas reciben directamente en su propio e-mail los artículos mediante una suscripción gratuita (ahora y siempre) y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco que figura en el margen derecho de la página principal, ubicado al final de la lista de los artículos publicados.  Además, en Twitter, 50 seguidores acceden puntualmente a los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde se han registrado 1,968 “amigos” que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios.

Se han recibido en estos cuatro años 13,890 visitas de lectores en nuestra página principal que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Puerto Rico y Colombia.  Esos datos consolidan, por cuarto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Al celebrar nuestro cuarto aniversario, el Editor expresa su deseo de que la publicación viva una primavera permanente con los lectores. Se podría soslayar entonces el frío que caracteriza al invierno, el agobio propio del verano y la melancolía que acompaña al otoño.

Confiamos en poder mantener así una sintonía vernal con nuestros lectores para seguir ofreciéndoles, con la cercanía y la ayuda de todos, una publicación de marcado perfil lasalllista que despierte interés por sus contenidos.

Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente a nuestro e-mail  pozosdulces@post.com

Gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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