Si quiere envejecer bien, no se rompa una pierna

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–  Nuria Ramírez de Castro

¿Qué cree que puede limitar más su salud y bienestar cuando empiece a envejecer? ¿Una enfermedad crónica como la diabetes o el cáncer?  ¿Tener sobrepeso?  ¿Vivir solo?  o  ¿Romperse una pierna?

Si ha pensado en las primeras opciones está tan equivocado como lo estaba yo antes de leer el último estudio del National Institute on Aging (1) de los Estados Unidos.  Este trabajo demuestra que la soledad, o sufrir una fractura cumplidos los 45 años de edad, puede ser una carga mayor que enfermedades crónicas graves como son el cáncer o la diabetes.

El estudio, el más representativo realizado hasta la fecha, demuestra que para valorar el bienestar de una persona no basta con fijarse en la edad que marca su documento de identidad, o en una lista de indicadores habituales como son la presión arterial, el peso o los niveles de colesterol.  Tras evaluar a 3,000 personas, entre los 57 y 85 años de edad, comprobaron que hay otras condiciones más importantes.  Así, demuestran que la obesidad no es un problema grave en las personas mayores que están en buenas condiciones físicas y mentales, que la movilidad es uno de los principales marcadores del bienestar, o que el ánimo es decisivo en el estado general de la salud.

Esta investigación no es un estudio más.  Debería marcar la iniciativa de los Gobiernos occidentales, preocupados por una población cada vez más envejecida. “En lugar de invertir en campañas para reducir la obesidad, quizás sería más rentable tomar medidas para evitar el aislamiento de los mayores” plantea el sociólogo Edward Laumann.

Los mayores asumen sus goteras físicas, pero conviven peor con la soledad.  Los geriatras lo ven cada día en sus consultas.  No es un síntoma físico, pero es el mayor problema de salud de los mayores.

La soledad deprime, hace que el cerebro rinda menos, baja la actividad física y aisla emocionalmente.  Ser optimista y vital es la verdadera fuente de la juventud. Eso, y ya saben, no romperse una pierna.

(1)  Véase  https://www.nia.nih.gov

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Arabia Saudí y el petróleo

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–  Lluís Bassets

Sin petróleo no se entiende Arabia Saudí.  No se entiende la creación (1932) y consolidación del Reino y menos todavía la alianza histórica con los Estados Unidos (petróleo por protección), su papel determinante en la fijación de los precios mundiales y su peso geopolítico en Oriente Próximo.

El presupuesto del Estado se nutre en un 80% de los ingresos del petróleo, que aporta un 45% del PIB y alcanza un 90% de las exportaciones.  Su subsuelo contiene las primeras reservas del crudo y es el segundo productor mundial detrás de Rusia. Sin petróleo no sería el tercer país del  mundo en gastos de defensa, ni el  primer cliente de la industria armamentística mundial.

En Arabia Saudí el petróleo ha sido y es todo, hasta el punto de que hasta ahora había un Ministerio entero solo para la política petrolera, y quien lo ocupaba solía permanecer durante largos años en el puesto:  los siete Monarcas saudíes han tenido solo cuatro Ministros del Petróleo.  El último, Ali al Naimi (n. 1935) lo ocupaba desde 1995.

La primera empresa saudí es la petrolera estatal Saudi Aramco.  Cuidado: primera del país y del mundo, pese a que no cotiza en Bolsa (las evaluaciones sobre su valor, quizás 2.5 billones de dólares, según Bloomberg LP, se realizan a partir de sus reservas y capacidad de producción). Su Presidente está muy cerca del poder ministerial, hasta el punto de que se solapa o precede a veces al cargo de Ministro. Ha sucedido ahora, cuando el Rey Salmán bin Abdulaziz, de 80 años, ha cambiado el nombre del Ministerio por el de Energía, Industria y Recursos Minerales y también al Ministro, al que ha sustituido por el Presidente de Aramco, Jalid al Fahli, de 56 años, dentro de una remodelación del Gobierno inspirada por su hijo y segundo en la línea de sucesión, Mohamed Bin Salmán (MBS), de 30 años.

Este es el segundo golpe de timón del Rey Salmán, que llegó al trono en enero de 2015, a la muerte de su hermano, el Rey Abdulá bin Abdelaziz (1924-2015)  A los tres meses de su entronización, sustituyó al Príncipe heredero, su hermanastro Mukrin Bin Albulaziz, de 70 años, por su sobrino Mohamed Bin Nayaf (MBN), de 56 años, y a este por su hijo MBS, en un movimiento insólito en la historia de la Casa de Saud, donde nunca se había destituido a un Príncipe heredero.

Muchas cosas suceden por primera vez.  Agotados los hijos del fundador, seis de los cuales han reinado desde 1953, en un ejemplo perfecto de sucesión adélfica o entre hermanos, por primera vez el heredero pertenece a la generación de los nietos.  Y también por primera vez, las tres primeras autoridades pertenecen al mismo linaje paterno y materno, detalle significativo en un sistema poligámico en el que la herencia matrilineal organiza facciones de hermanos opuestos a los otros hermanastros.  En este caso, los tres son conocidos como sudairis, por ser descendientes de Hassa el Sudairi (1900-1969) la esposa preferida del Rey Abdelaziz bin Saud (1876-1953).

El joven MBS dice que quiere terminar con la adicción saudí al petróleo.  No deja de ser un chiste, tratándose de un  petroestado  que vive  de,  por,  para,  con, sobre y tras el petróleo. Sus planes para desengancharse cuentan como paso inicial con la privatización de una fracción minúscula, menos del 5 %, de su gigantesca compañía petrolera, en una salida a Bolsa que ya se anuncia como la mayor de la historia.

MBS quiere hacer más privatizaciones, diversificar la economía, introducir la competencia, eliminar subsidios (gasolina, agua, electricidad), saudinizar y feminizar el mercado de trabajo: más de la mitad de la mano de obra es extranjera, el paro juvenil es muy alto y las mujeres son una fuerza de trabajo excluida.  También quiere convertir la peregrinación a La Meca y Medina (1) en una próspera industria de turismo religioso.  Prevé construir museos y una industria cultural y del entretenimiento.

Hacer todo esto, y a la vez, no es fácil si no se quiere aflojar además la férula de la Monarquía teocrática.  Un camino en buena parte contradictorio.  Sin petróleo Arabia Saudí sería otro país. Y será otro país si los sudairis se deshacen de la dependencia del petróleo antes de 2030, tal como pretenden, y abandonan la patrimonialización del Estado sin perder a la vez el nombre del guerrero que lo fundó.

La Monarquía de Riad ha empezado la transiciòn desde el actual Estado rentista hacia una economía de mercado moderna.  Como en un cuento de Las mil y una noches…  

(1) La doble línea ferroviaria electrificada de alta velocidad La Meca-Medina (450 kilómetros / 280 millas), la están construyendo en la actualidad doce empresas españolas; una gran infraestructura presupuestada en 6,736 millones de dólares. La velocidad de los trenes AVE pueden superar los 300 kilómetros / 186 millas por hora, acortando en un tiempo récord la distancia entre las dos ciudades.  La inauguración de la línea La Meca-Medina está prevista en el transcurso de 2017, y los trenes pueden atender una demanda calculada en 166,000 viajeros diarios.

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Cuadernos de Pozos Dulces cumple cuatro primaveras

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Cuadernos de Pozos Dulces celebra su cuarta primavera en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com .

Cada primavera es un período especial del año en el que los campos florecen, el aire es más puro y nos mostramos más positivos en nuestro estado de ánimo.  Sandro Botticelli le dedicó un famoso cuadro del Renacimiento florentino (ver imagen parcial supra); Ludwig van Beethoven le  compuso una Sonata para violín y piano, y Robert Schumann la Sinfonía número 1 en Si bemol.  A su vez, para Antonio Vivaldi fue la inspiración de su conocido Concierto Nº 1 en Mi mayor. También La consagración de la primavera es una magistral partitura de Ígor Stravinsky, destinada a la compañía de ballet creada por Serguéi Diáguilev, cuyo estreno tuvo lugar en París en 1913; el carácter vanguardista de la música y la coreografía causó una gran sensación en el ambiente artístico de la época.

En estos cuatro años de Cuadernos de Pozos Dulces en Internet se han publicado 96 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 66 autores diferentes.  Durante ese período los lectores han escrito 272 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 131 personas reciben directamente en su propio e-mail los artículos mediante una suscripción gratuita (ahora y siempre) y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco que figura en el margen derecho de la página principal, ubicado al final de la lista de los artículos publicados.  Además, en Twitter, 50 seguidores acceden puntualmente a los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde se han registrado 1,968 “amigos” que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios.

Se han recibido en estos cuatro años 13,890 visitas de lectores en nuestra página principal que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Puerto Rico y Colombia.  Esos datos consolidan, por cuarto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Al celebrar nuestro cuarto aniversario, el Editor expresa su deseo de que la publicación viva una primavera permanente con los lectores. Se podría soslayar entonces el frío que caracteriza al invierno, el agobio propio del verano y la melancolía que acompaña al otoño.

Confiamos en poder mantener así una sintonía vernal con nuestros lectores para seguir ofreciéndoles, con la cercanía y la ayuda de todos, una publicación de marcado perfil lasalllista que despierte interés por sus contenidos.

Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente a nuestro e-mail  pozosdulces@post.com

Gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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La Salle en San Patricio, la Catedral de Nueva York

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–  Manuel R. de Bustamante

La Catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51, y es la segunda sede catedralicia de Diócesis neoyorquina, convertida en Archidiócesis el 19 de julio de 1850.  La primera Iglesia de San Patricio estaba situada en la calle Mott, en lo que entonces era la zona más exclusiva de la joven ciudad, hoy pleno barrio chino.  En aquella época el cubano Padre Félix Varela (1788-1853) era Vicario de la Diócesis de Nueva York y, con ese rango, asistió en representación del Obispo a un Concilio celebrado en Baltimore.  Detrás del altar mayor de la actual Catedral, dirigiéndose hacia la sacristía, existe una placa situada a la derecha, en la que se hace constar la condición de Vicario alcanzada por el Siervo de Dios Padre Varela, cuya Causa de Beatificación se encuentra actualmente en estudio en Roma.

Al entrar por la puerta principal de la Catedral (1), en la primera Capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el Altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco (véase imagen supra).  Esta Capilla fue consagrada el 10 de diciembre de 1900 (2) por el Arzobispo Corrigan.  Hay que señalar que es la segunda Capilla en todo el mundo (3) que ha sido dedicada a nuestro “Padre y Maestro”.

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados.  En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos De La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.  La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales.  Sobre el citado altar se encuentra el vitral que regalaron los Hermanos con motivo de la Beatificación del Fundador, promulgada el 14 de febrero de 1888 por el Papa León XIII.

Existe otro precioso vitral que representa la aprobación de las Reglas del Instituto, el 26 de enero de 1725, por el Papa Benedicto XII.  En este último se puede apreciar al Papa sentado en su trono recibiendo el documento que le entrega el Superior General Hermano Timothée.  Los vistosos uniformes de la Guardia Suiza junto a los ornamentos de los acompañantes del Santo Padre contrastan con el oscuro hábito de los Hermanos presentes en el solemne acto.

Antes de salir de la Catedral por la puerta que desemboca en la calle 50, podemos contemplar un vitral de grandes dimensiones en el que figura otro detalle lasallista. Está representado el Arquitecto Renwick presentando los planos del edificio al Arzobispo Hugues, que se encuentra sentado ante una mesa.  Rodeándola, se puede ver al Cardenal McCloskey, su Secretario el Rvdo. John M. Farley -quien, posteriormente fue el segundo Cardenal de Nueva York-, M. Lorin, autor del vitral, un franciscano, un Hermano De La Salle, varios religiosos, y un office boy (futuro arquitecto) desplegando un rollo de dibujos con los planos.  A un lado de la mesa podemos ver un portafolio con la inscripción “James Renwick Esq., New York”, junto a los dígitos 1879, correspondientes al año de ejecución del vitral.

(1)  Para más información véase  http://www.saintpatrickscathedral.org

(2)  San Juan Bautista De La Salle fue canonizado el 24 de mayo de 1900 por el Papa León XIII.  El santoral indica que su fiesta se celebra el 7 de abril, el mismo día y mes de su fallecimiento en 1719.

(3  La primera Capilla dedicada a San Juan Bautista De La Salle se encuentra ubicada en el Istituto San Giuseppe-Istituto De Merone (Roma) y fue inaugurada en 1888, año de su Beatificación.  Con motivo del tercer centenario de su nacimiento se le dedicó en 1951 una Iglesia cercana a la Casa Generalicia, y en la Diócesis de Roma tiene otra Iglesia en la zona de Torrino consagrada en el año 2009.  También existen Iglesias dedicadas a San Juan Bautista De La Salle en Canadá (Montreal), Colombia (Bogotá, Cartagena, Medellín y Soledad), España (Jerez y Sevilla), Francia (París), México (León [Guanajuato], Monclova y Monterrey), Panamá (Panamá), Perú (Lima), Puerto Rico (Bayamón), República Dominicana (Santo Domingo) y Lara (Venezuela), entre otros lugares de culto.

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Escribir a mano

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–  José Antonio Millán

“Anota mi dirección”.  “No; mándamela por SMS…”.  Este diálogo actual refleja muy bien el retroceso de la escritura a mano.  Un padre aún puede escribir a sus hijos instrucciones para la comida en una nota colocada en el frigorífico, pero más probablemente se las enviará tecleando en su móvil / cellular.  En la vida pública, el último reducto del manuscrito es la receta del médico, esos garabatos que solo el farmacéutico puede descifrar.  O quizá los grafitis en los muros:  consignas políticas, declaraciones amorosas o los barrocos tags de los grafiteros.  No es de extrañar, pues, que hay quien proponga que los colegios dejen de enseñar a escribir y lo sustituyan por clases de uso del teclado y escritura a dos pulgares.  En el terreno digital, las tabletas, que por su pequeño tamaño tienen teclados incómodos, pueden coexistir con la escritura manual: algunas transforman lo que se escribe con un lápiz especial sobre la pantalla en un texto “de ordenador / pc”.

A diferencia del habla, que es una función natural, la escritura es artificial.  Un niño en contacto con hablantes de cualquier lengua la adquirirá sin darse cuenta.  Pero la escritura es un código creado por la civilización, a veces independientemente, como ocurrió con siglos de diferencia en Mesopotamia y Centroamérica.  Hay escrituras alfabéticas (la del español que es casi fonética, o la hebrea, solo de consonantes), las hay que representan sílabas (como el hiragana japonés) y otras en las que un carácter puede tener una parte semántica y otra fonética (como el chino).

Casi todas las culturas escritas tienen ciertas formas de uso cotidiano y otras cuidadas y que se consideran más bellas:  estas constituyen la caligrafía.  En Occidente, la letra recargada y llena de adornos se usa básicamente para documentos oficiales (y aun queda un eco en ciertos diplomas y títulos), pero en China es un arte practicado hasta nuestros días.

Con la aparición del ciudadano moderno,  en el siglo XVIII,  se extendió la alfabetización en su doble vertiente:  lectura y escritura.  Saber escribir servía a la gente para llevar sus propios registros (gastos, cosechas, acontecimientos familiares…). Pero unas capacidades un poco más elaboradas, y una letra legible y uniforme, podían convertirse en un empleo:  escribientes, secretarios y oficios similares, desempeñados con pluma y tintero sobre un escritorio, que fueron la espina dorsal de la burocracia estatal y de las empresas antes de la difusión de la máquina de escribir, en el último cuarto del siglo XIX.

El dominio de la escritura permitió otra gran revolución:  la comunicación personal.  Las novelas del siglo XVIII están lenas de noticias y cartas amorosas que permitían a las almas apasionadas proyectar sus idilios en el tiempo y en el espacio.  Cuando al dominio generalizado de la escritura se añadió un sistema barato y fiable para su transporte, con el servicio estatal de correos (en vez de confiar la carta a un mensajero), la comunicación manuscrita estalló exponencialmente.  La ciudadanía no solo podía redactar por sí misma sus cuitas amorosas, sino que el buzón de correos permitía confiar anónimamente el mensaje a un sistema rápido y eficaz.  Con la llegada de las tarjetas postales, su uso se disparó; en las dos décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) circularon unos cinco mil millones.

¿Cómo escribía la gente?  Los primeros balbuceos del castellano en San Millán (siglo X), el diario de Cristóbal Colon en su viaje a América, las 10,000 (o 20,000) cartas que escribió Santa Teresa de Jesús, la denuncia de Luis de Góngora acusando a un inquisidor de relaciones inmorales, los cálculos para la medida del meridiano terrestre de Jorge Juan en Perú (siglo XVIII), el  borrador del contrato de Mariano José de Larra para que una empresa representara sus obras…. Todos se escribieron básicamente con un cilindro hueco acabado en una punta cortada al bies que se mojaba en un tintero.  Podía ser una caña o una pluma de ave, y posteriormente un soporte rematado en una plumilla de metal. Hasta bien entrado el siglo XX, en muchas escuelas plumilla y tinta era lo que se usaba normalmente para aprender a escribir.

Estos instrumentos exigían una determinada posición de la mano y un ángulo constante respecto al papel.  Cuando la pluma bajaba, creaba trazos más gruesos que cuando se elevaba o iba lateralmente, y eso contribuyó a crear un estilo de letra característico.  La letra manuscrita más común era cursiva (inclinada) y ligada (de letras enlazadas unas con otra).  Casi cada país ha conservado un estilo propio, según su tradición caligráfica y su sistema de enseñanza, y además suele haber diferencias entre la escritura de hombres y de mujeres.

La situación no cambio mucho ni siquiera cuando el último cuarto del siglo XIX alumbró la estilográfica, básicamente una plumilla más un depósito de tinta.  La revolución llegó con el bolígrafo [ pen ] (tras la II Guerra Mundial), y el rotulador [ marker ] (popularizado en Japón alrededor de 1960), que escribían en cualquier ángulo respecto al papel, rompiendo la disciplina de la postura y… deformando la letra.   La proliferación actual de ordenadores [ PC ] y dispositivos móviles debe de estar alarmando seriamente a los fabricantes de esos instrumentos, porque Bic, la marca de bolígrafos francesa que domina el mercado, ha lanzado en los Estados Unidos una campaña a favor de la escritura a mano.

Donde las cosas están cambiando es en cómo enseñar a escribir a los niños.  El procedimiento clásico (que no ha desaparecido del todo) era hacerles trazar hileras de palotes y oes.  Luego se copiaban las letras, en minúscula y mayúscula, y después sus combinaciones, para aprender cómo se enlazaban unas con otras.  Hoy día se tiende más que a trabajar la forma, a enfatizar la producción de mensajes.  La escritura se intenta introducir cuando hay cierta madurez cognitiva y motriz (cinco-siete años).  Hay países donde está regulado qué tipo de letra enseñar:  Finlandia y zonas de los Estados Unidos han sido noticia recientemente porque han renunciado a enseñar la típica cursiva escolar, sustituyéndola por letras aisladas (“letra de imprenta”).  Eso refleja también la evolución de los usos: hoy la mayoría de los adultos utilizan, en vez de la letra ligada que aprendieron en la escuela, una sucesión de letras aisladas.  La cursiva es más rápida (su nombre viene del verbo latino “correr”), pero mucho menos legible.  En España no hay una postura unificada sobre qué letra usar y la decisión queda para cada centro escolar, o incluso para cada profesor.  Pero hay una tendencia a la simplificación:  por ejemplo, las clásicas mayúsculas recargadas de la cursiva se sustituyen por letras de imprenta.

¿Consideramos necesario.seguir enseñando la letra manuscrita?  Hay motivos para contestar afirmativamente.  La escritura a mano es autónoma y enérgicamente independiente:  en caso de necesidad, uno puede dejar una nota sobre un trozo de papel, o incluso grabar unas palabras sobre la pared.  Pero, además, cuando los niños aprenden la letra escolar están trabajando unas habilidades motrices finas, que luego podrán aplicar a otras muchas cosas:  atarse los cordones de los zapatos ¡o incluso utilizar un teclado! Escribir a mano un texto es una buena forma de memorizarlo.

Las enfermedades mentales pueden influir sobre la letra: algunas provocan que disminuya su tamaño hasta extremos casi ilegibles.  Por esa razón, o tal vez como recurso creativo, el escritor suizo Robert Walser (1878-1956), escribió a lápiz muchísimas páginas de letra diminuta o microgramas. ¿Y será cierto lo opuesto? ¿Cuidar la letra puede detener el deterioro mental?  Eso pensó Rafael Sánchez Ferlosio (n. 1927), quien para superar los daños que le habían causado años de consumo abusivo de anfetaminas se dedicó a ejercicios caligráficos:  “Yo creo que la caligrafía salva del alzheimer”, escribió.

El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla:  la individualidad.  La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…  O el criminal que disfraza su escritura para no ser reconocido.  Pero un experto puede distinguir una letra creada espontáneamente de otra disfrazada.  Estos analistas de la escritura se llaman “peritos calígrafos”.

Si uno estudia una determinada letra, ¿podría sacar conclusiones sobre la psicología de su autor?  Los partidarios de la grafología creen que sí, pero hoy se tiende a considerar que carece de base científica.  La CIA pidió informes en 1993 para saber si las técnicas grafológicas podían decir si una determinada persona se derrumbaría bajo presión o si era proclive a hablar demasiado, pero concluyó que no.

Nada produce más sensación de extrañamiento que estar sumido en una escritura exótica.  Por eso se dice en español que “esto es chino para mí”; y en inglés que “es griego”.  Cuando un artista pretende crear todo un mundo, no es extraño que diseñe también su propio sistema de escritura.  Es lo que ha hecho el artista antes conocido como Zush con su escritura Evru (1), o las que traza el Codex Seraphinianus (2) de Luigi Serafini:  ecos manuscritos de mundos que tal vez no existen

(1)  Véase http://www.evru.org

(2) Véase http://www.planetagadget.com/2011/12/20/el-libro-mas-extrano-del-mundo-codex-seraphinianus/

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El pavo real del siglo veintiuno

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–  Carmen Posadas

Tal vez ustedes la recuerden.  En 1993 ganó el Premio Pulitzer una fotografía en la que se ve a un niño sudanés de corta edad, famélico y moribundo, a punto de ser devorado por un buitre.  La opinión pública, en un principio, saludó la instantánea como “una alegoría en la que el niño simbolizada la pobreza; el buitre, el capitalismo; y el fotógrafo, la indiferencia del resto de la sociedad”.

Han pasado los años y aquella foto, que en su tiempo levantó mucha polvareda por la falta de humanidad que denotaba captar una escena así en vez de evitarla, ha pasado a simbolizar la imbecilidad generalizada de fotografiarlo todo, hasta el dolor, el horror, la muerte.  O mejor dicho, sobre todo estas tres cosas.

He aquí mas ejemplos.  En 2013 dos yidahistas degollaron a un soldado británico a plena luz del día delante de testigos.  Uno de ellos se dedicó a grabar con su móvil / cellular la gesta e incluso continuó grabando mientras un terrorista se abalanzaba sobre él, no para matarlo, sino para lanzar su soflama propagandística, sabiendo que poco después se convertiría en trending topic mundial.  Mientras tanto, otro transeúnte grabó a su vez esta escena.

Podría pensarse que el ansia de inmortalizar el horror está relacionado con un egoísmo exacerbado, con una indiferencia cósmica ante el sufrimiento ajeno. Indudablemente existe ese componente, pero la fiebre inmortalizadora” que ha desatado la omnipresencia de las cámaras en nuestras vidas va más allá.  La gente está dispuesta, literalmente, a morir por lograr un selfie o un vídeo que se convierta en viral.  Y muchos lo consiguen.

Hay quien graba, por ejemplo, la hazaña de tumbarse entre las vías del tren y dejar que le pase por encima todo un convoy.  A otros les da por caminar por las cornisas de edificios a cientos de metros de altura.  O la imbecilidad más copiada el año pasado, rociarse el cuerpo con alcohol y prenderse fuego (sic) mientras narra uno en directo a la estupefacta audiencia lo que siente convirtiéndose en chicharrón.

¿Es posible que nuestras vidas estén tan vacías, tan falta de alicientes que haya que recurrir a semejantes disparates?  Kierkegaard decía que el ser humano hace el mal, primero por instinto de supervivencia y luego, cuando aquel ya no está en juego, acaba haciéndolo por tedio.  No voy a enmendarle la plana pero me gustaría añadir otra explicación posible, relacionada con una pulsión tanto más potente que las mencionadas, la vanidad.

Así, en frío parece completamente incomprensible que alguien arriesgue su vida o la de los demás por el magro premio de quince minutos de gloria, tal como profetizaba Andy Warhol, pero lo cierto es que ocurre.  Peor aún, algunos lo hacen no por quince, sino por cinco, por un minuto incluso.

El ser humano es lo más parecido a un pavo real que existe.  No lo puede evitar, tiene que ver con un deseo de perpetuarse, de pasar a la posteridad, de aparearse incluso. Tal pulsión está detrás de todo lo que hace, desde pintar un cuadro o escribir un libro a componer una sinfonía o construir las pirámides.

La vanidad es una fuerza tan arrasadora como eficaz; sin ella (y sin la curiosidad y el miedo), posiblemente no habríamos salido aún de la caverna.  Pero como toda fuerza, no es buena ni mala, depende de cómo se emplee.  También de quién la emplee.  Por eso unos pintan el Guernica y otros pintan la mona, unos se comen el mundo y otros se zampan noventa y siete hamburguesas en siete minutos para figurar en el Guinness de los Récords; unos esculpen La Pietá y otros se dedican a mutilarla a martillazos para entrar en la Historia (y lo peor es que lo consiguen).

Es así, el que no tiene nada de qué presumir presume de imbecilidades. O de maldades. No digo yo que sean malvadas esas personas que, cuando ven un atraco o un incendio, en vez de echar una mano echen mano al móvil / cellular para inmortalizar la escena. Son como todos nosotros, vanamente vanidosas.

Tampoco las nuevas tecnologías nos vuelven más egoístas, insensibles o brutales.  Solo nos descubren tal como somos.  Unos, pavos reales…  otros, pavos a secas.

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Cervantes: el enigma

Cervantes.1–  Andrés Amorós

No sólo coinciden Miguel de Cervantes y William Shakespeare en la fecha de su muerte, 23 de abril de 1616, de la que ahora se cumplen cuatrocientos años. (En realidad, no murieron el mismo día: en Inglaterra y España se usaban distintos calendarios). También les une algo pintoresco:  la capacidad para suscitar teorías esotéricas.

Con frecuencia, salta a los periódicos una noticia que intenta provocar un escandalillo literario:  las obras de Shakespeare las escribió un aristócrata, un grupo de dramaturgos, una mujer…  No es fácil entender cómo un simple actor pudo escribir obras tan diferentes, dentro de su excepcional calidad.

Algo parecido sucede con Cervantes:  hace cien años, algunos obtusos decían que era un “ingenio lego”; es decir, que no llegó a enterarse de lo que había escrito. Miguel de Unamuno, tan amigo de paradojas, sostenía que el personaje Don Quijote era superior a su creador. (El sentido común más obvio nos dice que toda la grandeza del personaje la creó Cervantes; no le cayó del cielo, sin que él lo advirtiera).  Hace poco, se ha afirmado que no conocía bien La Mancha, que se hizo homosexual en su cautiverio argelino, que no tuvo siempre a mano material para escribir la gran novela…

Tan peregrinas ocurrencias muestran cuánto pueden equivocarse los eruditos pero intentan responder a una incógnita evidente:  la enorme distancia que parece existir entre la obra literaria y lo que sabemos de la biografía de su autor.  ¿Cómo pudo aquel soldado de Lepanto y recaudador de impuestos escribir “El Quijote”?

Américo Castro, mi maestro, abrió un nuevo camino, en 1925, con su revolucionario estudio “El pensamiento de Cervantes”, al ponerlo en relación con muchas corrientes del Renacimiento europeo.  Es fácil imaginar todo lo que pudo aprender una inteligencia tan despierta como la de Cervantes en aquella Italia deslumbrante (algo semejante le debió de suceder a Velázquez).  Después de la guerra, cuando evolucionó su visión de nuestra historia, don Américo intentó explicar a Cervantes dentro de la peculiar “vividura” de aquella “España conflictiva”, marcada por la convivencia de cristianos, moros y judíos.

El problema se acentúa por una de las características más indiscutibles de Cervantes, su ironía.  Se ha comparado su estilo a una cebolla, con capas sucesivas, que hay que ir quitando si deseamos llegar al núcleo.  Eso obedece a una peculiaridad personal pero también supone una permanente actitud cautelosa (que algunos han llegado a calificar de hipócrita): de no haber usado esas cautelas, un espíritu tan libre hubiera tenido graves problemas en aquella España de la ortodoxia.

Baste con un ejemplo:  Cervantes tiene muchísimo cuidado de no criticar expresamente la expulsión de los moriscos, pero parece claro que no comparte del todo sus motivos y retrata con evidente simpatía a Ricote, al que abraza Sancho y que suspira por su patria perdida: “Doquiera que estamos, lloramos por España”.

La dificultad de entender adecuadamente a Miguel de Cervantes (1547-1616) se comprueba por el hecho evidente de que no fue bien entendido, en su época,  Tuvo, eso sí, un éxito inmediato extraordinario:  ya en 1605 se publicaron seis ediciones más; muchos ejemplares se enviaron a las Indias; muy pronto se tradujo al inglés (1612), francés (1614), italiano (1622), alemán (1648).  Sin embargo, podemos resumir diciendo que, durante los siglos XVII y XVIII, se leyó como una obra cómica.  Fue sólo a partir del romanticismo europeo (sobre todo alemán y ruso, además de los grandes narradores ingleses y franceses) cuando se reconoció su valor trascendental.

Volvamos al enigma inicial:  ¿era muy culto Cervantes?  No parece claro.  Sí era un gran lector, como él mismo proclama:  “Yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles”.  Lo muestra uno de los momentos más patéticos del “Quijote” -evocado por Francisco Ayala-:  su desconcierto cuando no encuentra sus libros, porque le han tapiado el aposento donde los guardaba.

Quizá estudió algo con los jesuitas de Córdoba y Sevilla, o en la Universidad de Salamanca.  Sí es seguro que, en Madrid, fue discípulo del maestro López de Hoyos: en sus “Exequias” a la muerte de Isabel de Valois incluye algunas composiciones de Cervantes y le llama “nuestro caro y amado discípulo”.  Esto supone la influencia de una corriente de pensamiento fundamental en aquella España, como estudió Marcel Bataillon: el erasmismo.  No es difícil rastrear en su obra huellas de este “cristianismo interior”, crítico de las ceremonias externas.  Uno de los personajes que retrata con más cariño es don Diego de Miranda, el “santo a la jineta” (laico, diríamos hoy), que encarna las mejores virtudes del erasmismo y de la sabia moderación clásica.

No está claro, así pues, lo que Cervantes estudió pero sí es evidente lo que debió de aprender a lo largo de una vida complicada y poco feliz: fue cautivo, tuvo siempre dificultades económicas y problemas con la justicia, intentó pasar a América, pero no le dieron permiso…

En la sevillana calle Sierpes, una placa recuerda que, en esa Cárcel de Corte, comenzó a escribir “El Quijote”, de acuerdo con lo que dice en su Prólogo:  “Se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento”.  Quizás se trata sólo de una metáfora del mundo o alude a lo que le enseñó esa experiencia.

No cabe duda, eso sí, de que “El Quijote” es la obra de un hombre maduro: cuando se publicó la primera parte (1), en 1605, tenía casi 58 años (entonces, una edad muy avanzada) y llevaba veinte sin publicar; por eso, entre otras cosas, sorprendió tanto su novela.  Es un hombre maduro y desengañado el que nos dice “ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”.  Lo define Carlos Fuentes:  “Es la primer novela de la desilusión, la aventura de un loco maravilloso que recobra una triste razón”.

Esa desilusión es personal pero también colectiva, refleja la crisis de una España que estaba pasando de la grandeza del Imperio a la decadencia.  Sin  embargo, no destruye sino que depura los ideales caballerescos: la libertad, la defensa de los débiles, el heroísmo, la fidelidad a su amor…  Y añade algo de permanente vigencia, la primacía de la ética del esfuerzo sobre la del éxito:  “Podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.

El enigma de Cervantes -como el de Shakespeare- tiene una respuesta, a la vez sencilla y profunda.  Más allá de la extraordinaria belleza formal, sus obras nos enseñan a ver el mundo y a entender la infinita complejidad de los hombres y las mujeres:  “Leyendo a Cervantes -decía Antonio Machado- me parece comprenderlo todo”  A ese misterio le solemos llamar, simplemente, genio.  Y es lo que, a pesar de todo, mantiene nuestra esperanza en los seres humanos.

(1)  Véase http://quijote.bne.es/libro.html

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