El Quijote cabalga bajo tierra

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-  Pablo Gómez

El forense Francisco Etxeberría, que ha estado al frente de los trabajos de búsqueda del cuerpo de Miguel de Cervantes (1547-1616) en la cripta del Convento de las Trinitarias (Madrid), ha declarado recientemente que “no tenemos la certeza absoluta, matemática, de estar ante los restos de Cervantes;  estamos convencidos de que entre estos fragmentos tenemos algo de Cervantes”.  Resumía así las conclusiones del proyecto realizado por un equipo de especialistas que ha durado un año.

No hay por tanto, una verdad científica que cierre el misterio abierto hace cuatro siglos, puesto que no existe casi margen para un examen de ADN, ni tampoco se ha podido individualizar ningún resto perteneciente al padre de El Quijote, pero los investigadores que han rastreado palmo a palmo (utilizando un sofisticado georradar) el convento madrileño de las Trinitarias son concluyentes a la hora de afirmar que han terminado su trabajo con éxito.

El hallazgo histórico se produjo a sólo unos metros del nicho en el que fue encontrada una tabla de madera con las iniciales “M.C.”.  Concretamente, en el suelo de la cripta subterránea, en una reducción de huesos cifrada por los científicos como la número 32. Este conjunto, cerrado e independiente del resto, estaba situado en la esquina sureste de este espacio de menos de 60 metros cuadrados (196 pies) y a una cota de 135 centímetros (53 pulgadas) por debajo del enlosado.

En este punto, el equipo de investigadores pudo documentar la presencia de huesos compatibles con el osario que fue trasladado hasta allí desde la Iglesia primitiva.  Entre las personas que recibieron sepultura en el templo original se encontraba Miguel de Cervantes.  El análisis osteológico de este enterramiento revela, según las conclusiones “que han aparecido cuatro cráneos que son de sexo masculino y algunos indicadores que sugieren la presencia de individuos de edad avanzada que podrían ser compatibles con la identidad de Cervantes”.

El osario primitivo -del que además de Cervantes también formaba parte su viuda Catalina Salazar- fue trasladado a la cripta en una fecha anterior a 1730, año en el que la finalización de las obras de ampliación posibilitaron que este espacio fuera dedicado de forma íntegra a acoger enterramientos. Este grupo funerario lo integraban 17 cuerpos, seis infantiles y 11 adultos. Datos que concuerdan casi al 100% con lo encontrado en esta fosa 32, en donde se han podido constatar la presencia de 10 adultos y 5 niños.

De la decena de adultos, cuatro son restos masculinos y dos femeninos, mientras que de los cuatro restantes no se ha podido determinar su sexo, aunque de dos de estos últimos existan indicios razonables que apuntan a que son hombres. Este conjunto de huesos se encuentra sobre el suelo geológico del templo, lo que implica que por debajo no hay más restos y por lo tanto se trata de los enterramientos más antiguos.

Aunque, tal y como sostuvo el forense Etxeberría, no se ha constatado entre estos restos lesiones compatibles con el perfil morfológico de Cervantes  -la conservación de apenas seis dientes, su lesión en el brazo izquierdo y los impactos recibidos en el esternón durante la batalla de Lepanto (1571)-  sí hay signos que refuerzan su teoría. Entre éstos, apunta el informe, el hecho de que los restos se encuentren en un estado de conservación “deficiente, muy frágiles, la mayor parte del hueso esponjoso ha desparecido” o que presentasen signos artrósicos, con calcificación de cartílagos y desgaste en las piezas dentales, lo que subraya la edad avanzada de estos individuos.

Junto a ellos, también han sido hallados otros materiales arqueológicos y tejidos, que los especialistas del Museo del Traje (Madrid) han datado como propios del siglo XVII y que, por tanto, son compatibles con la época en la que Miguel de Cervantes (1) fue enterrado.

(1  Véase en la imagen supra la placa que figura en el lugar donde vivió y falleció Miguel de Cervantes en Madrid, ubicada en la esquina de la denominada en su época calle Francos (actualmente Cervantes) y la calle del León, muy cerca del Convento de las Trinitarias.

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Nota:  El experto Jorge Alcalde señala que los resultados de la investigación sobre los huesos inhumados en el Convento de las Trinitarias en Madrid dejan algunas cosas más claras y otras algo confusas.  Es cierto, indica, que parece haber unanimidad entre los expertos en apostar por que los restos hallados son los de Miguel de Cervantes; pero también lo es que esa unanimidad no podrá nunca estar basada en la certeza genética. Sostiene el experto que la ciencia, en este caso, no podrá decir la última palabra o, al menos, una palabra más alta y clara de la que ya han dictado los legajos, la historiografía, la documentalística y la sabiduría popular.  A todos los efectos, apunta, Cervantes ha sido encontrado, pero no podremos ponerle el sello de “irrefutable” a la tesis. Nunca. Aclara Jorge Alcalde que el problema es que no contamos con información genética suficiente para “individualizar” los restos, como dicen los expertos; incluso asumiendo que se pudieran diferenciar los 17 cuerpos enterrados en la misma área y determinar que uno de ellos es el de Cervantes, no existe otro ADN de otro individuo de su familia que permita establecer comparación.  Y concluye afirmando que en genética forense, si no hay con qué comparar, una muestra no sirve de nada.

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Nunca regale un reloj a un chino

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-  Pablo M. Díez

En esta sociedad contagiada por las prisas y el estrés, el tiempo es algo tan precioso que nadie quiere perder ni un minuto de su vida.  Pero eso no significa que se valore igual en todo el planeta dividido -además de por sus husos horarios- por unas costumbres tan distintas que no dejan de sorprender ni a los más experimentados viajeros:  diplomáticos, políticos, empresarios, aventureros, periodistas y demás gente de mundo.

Por no conocer las tradiciones orientales, la Ministra de Transportes británica, la baronesa Susan Kramer, quedó en evidencia recientemente en Taiwán y ha visto como el Alcalde de Taipéi, Ko Wen-je, le rechazaba delante de los periodistas el regalo que le había traído expresamente desde el Reino Unido.  Se trataba de un reloj muy valioso y especialmente dedicado por la Cámara de los Lores, pero ni tan aristocrático detalle ha convencido al regidor de Taipéi.

Cuando uno de los periodistas presentes le preguntó qué iba a hacer con el obsequio no dudó en afirmar, delante de la Ministra visitante, que no pensaba ponérselo ni loco. “Se lo daré a un chatarrero, porque para mí es absolutamente inútil” afirmó Ko Wen-je según informaron las agencias de noticias presentes en el acto.

El motivo no es que le disgustara la marca del obsequio (en la imagen supra figura una imagen de un reloj de la marca suiza Omega, ya que el Editor desconoce el fabricante del citado en este artículo) sino que en China y Taiwán está prohibido “regalar un reloj” porque, en el idioma mandarín, la expresión se pronuncia de un modo similar a “despedir a un muerto” en su funeral sòng zhöng.  Por lo tanto, se considera que hacer tal regalo trae mala suerte al obsequiado, que tiene las horas contadas.  Aunque la isla de Taiwán permanece separada de China desde el final de la guerra en 1949, a ambos lados del Estrecho de Formosa comparten esta superstición.

“Lo siento.  No te acostarás sin saber algo nuevo.  No tenía ni idea de que un regalo como éste se pudiera ver de otra forma que no fuera positiva”, confesó azorada Lady Gramer tras enterarse de tan singular hábito oriental.  Intentando arreglar su metedura de pata, señaló que “en el Reino Unido un reloj es algo muy apreciado porque no hay nada tan importante como el tiempo”.  Pero ni aun así logró convencer al Alcalde Ko quien, a su vez, le entregó una réplica del rascacielos Taipéi 101, que en su día llegó a ser el rascacielos más alto del mundo gracias a sus 509 metros de altura (1,670 pies), y que actualmente ha sido rebasado por la Torre Burj Khalifa de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, (828 metros de altura / 2,716 pies).

Aunque la respuesta del citado Alcalde fue totalmente espontánea, algunos medios y políticos taiwaneses le han criticado por su falta de tacto.  “Debería tomar alguna lección de diplomacia”, reconocio Ko Wen-je, quien también se disculpó ante la Ministra de Transportes británica porque, según admitió, “lo que dije fue inapropiado desde la perspectiva del protocolo y la etiqueta”.

No es la primera vez que el Alcalde de Taipéi enciende la polémica con sus palabras. Elegido en los comicios locales celebrados en noviembre de 2014, este candidato independiente de 55 años, que en realidad es un prestigioso cirujano, destaca por su naturalidad que a veces es demasiado brusca pero encaja con sus votantes.

De hecho, Wen-je no hizo más que expresar en público una creencia muy extendida entre los taiwaneses y los chinos, tan supersticiosos que evitan siempre que pueden el número cuatro porque, en mandarín, se pronuncia de forma parecida a la palabra “muerte” (si).  Pero esa es otra historia.

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La belleza del silencio

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-  Alfredo A. Morales fsc.  *

Resulta difícil abordar el tema del silencio en una cultura del ruido, convertida ya en una droga blanda.  Efectivamente, se ha violentado el silencio:  palabra y sonido están hoy sometidas a la “vanidad”, baratijas que transmiten superficialidades, pero que no comunican nada.  El ruido ha sustituido al silencio creador, contemplativo, y está imposibilitando el reencuentro de uno mismo con su centro interior, y con ello el acceso al misterio de la propia persona, del prójimo, e incluso de Dios.  Una persona atrapada en el vértigo del ruido y de la palabra vana es como un teléfono siempre ocupado, con el que no se puede conectar.  Pero el ritmo humano y humanizador entre silencio y palabra no puede ser impuesto ni reglamentado, sino discernido y acogido: hay un tiempo para hablar, y un tiempo para callar.

El ser humano actual ha sido devorado por el mito tecnológico que creó, y se ha hecho pedazos.  La única alternativa: recentrarse, reunificarse, es decir, recuperar la dimensión contemplativa, el silencio, que entonces no será solamente ausencia de ruidos interiores o exteriores, sino conciencia de una presencia, la propia presencia de la persona ante sí misma, la presencia de las otras personas y criaturas y -sobre todo- la presencia de Dios.  “Te buscaba afuera, y estabas dentro de mí”, reconoce San Agustín en su célebre obra Confesiones.  Por ese vuelco hacia la exterioridad es que el hombre y la mujer de hoy tienen nostalgia del paraíso que han perdido, y buscan con ansia lugares de quietud y de armonía.  Felizmente empiezan a comprender que aquello que no nace del silencio, o lo ahoga, resulta sin sentido ni significado.  Es la palabra ociosa de que habrá de dar cuenta (Cf. Mt. 12, 36).  Lo más grave de esta cultura del ruido, cuando se asume como estilo y opción de vida, es que la persona se aleja de su identidad:  deja de ser un ser para la paz y termina siendo un ser en desorden interior y perenne turbulencia.  El hábito de la interioridad, por el contrario, rescata al hombre moderno de esa civilización del estrépito, y lo ubica en el universo de la verdad, del amor, de la armonía callada de las cosas.

Quisiera aclarar que el silencio del que hablamos no es un fin en sí mismo, pero es un medio para poder transparentarse mejor y escuchar la voz -muchas veces los gemidos- de los demás, y finalmente escuchar al Espíritu de Dios.  Educarse en el silencio es entonces disponerse a encontrar a Dios en la propia mirada interior de uno mismo, y en los demás.  Para un lasallista, se comprenderá la importancia y vigencia de la doctrina de San Juan Bautista De La Salle sobre  el hombre interior,  es decir, el recogimiento, la vida de oración y en la presencia de Dios, el espíritu de fe, fundamentos interiores de su doctrina espiritual.  El recogimiento implica prestar atención a alguien o a algo.  Por eso, mientras más nos sintamos responsables del mundo, más obligados estamos a perseverar en la contemplación de Dios y su plan de salvación eterna.  Esa contemplación espiritual es la única que confiere un carácter evangelizador a la acción misionera y apostólica de los creyentes, porque no evangelizamos por lo que decimos o hacemos, sino por lo que somos.

La presencia de Dios en nuestro interior silencia infinidad de ruidos interiores, silencia también los falsos obstáculos, sosiega ante la experiencia del dolor y de la muerte; desvanece, en fin, el estrépito de la vida moderna.  Nos dice Romano Guardini que sólo el silencio nos abre al sonido que suena en todas las cosas;  la naturaleza resulta muda para el que está continuamente hablando.  La conclusión se impone:  debemos educarnos y educar para el silencio, para el misterio.  El hombre moderno tiene miedo al silencio y lo rechaza.  Hace falta promover una pedagogía de la interioridad, y abrir espacios para el silencio, para serenarse y descansar, pero sobre todo  para volver a casa  como nos indica Thomas Merlton, para volver al origen y al corazón puro que Dios nos dió.  Un hombre sin silencio será siempre un hombre sin misterio:  no tendrá nada que comunicar, salvo el ruido de sus palabras vacías de vida.

Una persona educada en el silencio interior será necesariamente una persona amorosa:  en ella cabrá todo, pero nada la atrapará.  Ese silencio interior permitirá la auténtica comunión con los demás.  San Bernardo decía:  nunca el silencio interior me ha aislado de los demás.  El silencio conllevará siempre un encuentro, y todo encuentro se celebra:  nos damos las manos o nos abrazamos sólo cuando en ellas no tenemos nada.  Hay silencios negativos y culpables, y silencios positivos creadores.  Tenemos que aprender a discernirlos.  Pero el verdadero silencio se identifica a sí mismo por los frutos:  es purificación interior que permite encontrarnos con la verdad.  También será creativo:  si me ato a lo conocido, me empobrezco;  si me abro al misterio de lo insospechado, me encontraré con la sorpresa de Dios.  ¡ Silencio, por favor !

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*  Alfredo A. Morales fsc (1927-2012), conservó la nacionalidad cubana hasta 1996, año en el que adoptó la de la República Dominicana donde residía desde 1965. Doctor en Educación (Universidad de La Habana, 1953), realizó estudios de postgrado en Lumen Vitae (Bruselas, 1963) y en el Instituto Católico de París (1964).  Ejerció la docencia como Hermano De La Salle en Cuba (1949-1961) y, posteriormente, en la República Dominicana -que le distinguió con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en 1987- y en donde falleció.  Pianista y Director de Grupo corales, realizó 273 composiciones musicales,  entre ellas el popular villancico Campanitas cubanas (1954) [ véase http://www.youtube.com/watch?v=vCALEyHj6DU ].  Autor de quince libros, la mayoría relacionados con la pedagogía y la espiritualidad de San Juan Bautista De La Salle, escribió en 1994 la primera edición de Hermano Victorino: Itinerario evangélico (340 páginas), en donde se recoge con documentos inéditos y diversos testimonios la biografía del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle [ véase http://www.victorinodelasalle.com ].  En abril de 2014, el Ministerio de Educación de la República Dominicana inauguró el Centro Educativo de Nivel Medio Hermano Alfredo Morales, ubicado en la ciudad de Santiago de los Caballeros.

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Reescribiendo un hecho histórico en Cartagena (Colombia)

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 -  Robert Mur

La Historia la escriben los vencedores, pero los perdedores siempre intentan hacer valer su versión de los hechos.

El Reino Unido, poco acostumbrado a las derrotas, ha estado a punto de reescribir -de forma literal- la Historia y poner una pica, no en Flandes sino en la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia).

En una reciente visita a la ciudad, el Príncipe Carlos y su esposa Camila Parker, duquesa de Cornualles, descubrieron un placa en el Castillo de San Felipe (véase imagen supra) con el siguiente texto (en inglés y español):  “En memoria al valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el fuerte de San Felipe, bajo el mando del Almirante Edward Vernon en Cartagena de Indias en 1741″.

El sitio de Cartagena se desarrolló entre el 13 de marzo y el 20 de mayo de 1741. Pese a su gran superioridad, la Armada británica fracasó en el intento de tomar la ciudad, bajo Gobierno español en aquella época, tras movilizar a la flota más grande jamás reunida hasta entonces: 195 navíos -entre buques de guerra y transporte- y más de 30,000 hombres, de los que una tercera parte falleció en la batalla.

La resistencia española, bajo el mando del Teniente General Blas de Lezo, logró la retirada del Almirante Vernon y sus hombres, contando con apenas seis barcos, 4,000 soldados y los 18,000 habitantes de la ciudad, que en ese momento constituían la principal plaza del Virreinato de Nueva Granada. Cartagena es conocida como la Ciudad heroica, por haber resistido asedios como éste, que no fue el único.

Aunque en 1741 Cartagena estaba bajo soberanía española y la victoria sobre los británicos sirvió para perpetuar el dominio colonial hasta el siglo XIX, la placa descubierta por el Príncipe Carlos destapó el patriotismo colombiano y ofendió a muchos cartageneros.

Juan Carlos Gossain, Gobernador regional de Bolívar, Departamento del que Cartagena es la capital declaró:  “La batalla contra los ingleses fue el combate más importante de los que ha librado el país en su historia… ¿Por qué en Londres no le hacen un homenaje a los pilotos nazis que cayeron bombardeando la ciudad?

A su vez, el principal diario de Colombia, El Tiempo de Bogotá criticó el texto de la placa en estos términos:  “Es por lo menos insólito que se construya un monumento en honor de un invasor que fracasó en el intento”.

Al anunciar la retirada de la placa, el Alcalde de la ciudad, Dionisio Vélez, indicó que pediría a la Academia de Historia de Cartagena que evalúe, si es posible un nuevo texto” y añadió a través de Twitter “Nunca imaginé que su texto, que entendí se limitara al registro de un acontecimiento histórico, fuera a despertar una reacción tan negativa”.

Los vencedores escriben la Historia, aunque siempre hay tiempo de corregirla cuando los perdedores vuelven al poder.  Así es frecuente ver en algunas ciudades el cambio de denominación de las calles, con el paso del tiempo, de acuerdo con el deseo de los nuevos gobernantes.

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Nota:  El historiador Francisco Domingo (véase http://www.grandesbatallas.es) describe con detalle la batalla de Cartagena de Indias en 1741, y señala que ese conflicto bélico (1739-1748) también es conocido con el curioso nombre de Guerra de la Oreja de Jenkins, añadiendo que que en las costas de la Florida, en esa época, realizaba frecuentes incursiones un pirata llamado Robert Jenkins, que fue interceptado por el navío español La Isabela a las órdenes del Capitán Juan de León Fandiño.  El Capitán permitió seguir con vida al pirata y le amputo una oreja; y con la oreja en la mano le dijo:  “Vé y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.  Como parte de una campaña de la oposición parlamentaria al Primer Ministro británico Robert Walpole, el pirata Jenkins compareció en la Cámara de los Comunes en 1738, y en su declaración denunció el caso con su oreja en la mano, según cuenta la leyenda. Como consecuencia de esa maniobra política, Walpole se vió obligado a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.  Curiosa anécdota, que recoge el citado historiador, en la que una oreja provoca una guerra entre dos países.

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Meadows Museum (Dallas), el “pequeño Prado de Texas”

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-  Natividad Pulido

Al igual que ocurre con la Hispanic Society of America (1) , en plena Quinta Avenida de Nueva York -fundada en 1904 por Archer Milton Huntington (1870-1955)- el Meadows Museum de Dallas también apuesta fuerte por difundir la cultura española en los Estados Unidos.

En este caso se debe a la pasión por España del filántropo y magnate petrolífero Algur H. Meadows (1899-1978) quien, debido a sus negocios, pasó mucho tiempo en el país en la década de 1950.  De hecho, un par de meses al año residía en el Hotel Ritz de Madrid con su esposa Virginia.  El hotel está situado junto al Museo del Prado, lugar por el que Meadows sentía total devoción y visitaba con asiduidad.

Ello le llevó a atesorar una importante colección de arte español que, en 1962, donó a través de la Fundación Meadows a la Southern Methodist University (SMU) de Dallas para que creara un Museo, inaugurado el 3 de abril de 1965.

Al Meadows Museum se le conoce como “el pequeño Prado de Texas” debido a la excepcional calidad de sus fondos.  Pero, desde su creación, el empresario tenía claro que el Museo debía tener una activa política de adquisiciones.  Y así ha sido desde entonces.

Explicaba recientemente el Director del Museo, Mark A. Roglán, que la Fundación Meadows ha dado un apoyo importantísimo al Museo con la aportación de elevados fondos económicos. La donación, en 1998, de 20 millones de dólares permitió la construcción en el campus universitario de un nuevo edificio que alberga actualmente la pinacoteca.  Con 6,000 metros cuadrados de superficie (19,685 pies), este bello edificio de ladrillo rojo y estilo georgiano (véase imagen supra) es cuatro veces mayor que la antigua sede y está dotado con la más moderna equipación museística. En la actualidad recibe 60,000 visitantes anuales.  Un cuadro muy admirado es uno de los tres retratos que hizo Francisco de Goya de su nieto Mariano, realizado en 1827, un año antes del fallecimiento del pintor (ver imagen supra), así como la bellísima Sibila con tábula rasa de Diego Velázquez.

El catálogo del Museo abarca dos centenares de lienzos, entre ellos verdaderos tesoros. Pueden verse obras de Yáñez de la Almedina, Luis de Morales, Claudio Coello, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal, Juan de Arellano, Mariano Salvador Maella, Vicente López, El Greco, José de Ribera, Joaquín Sorolla. Mariano Fortuny, Ignacio Zuloaga, Joan Miró, Pablo Picasso y Antoni Tàpies, junto a otras valiosas obras de arte.

Con motivo del cincuentenario de su fundación, el Meadows Museum (2) exhibe -hasta el 1 de marzo de 2015- la primera edición completa de los grabados de Goya:  “Los Caprichos, “Los Desastres de la Guerra”, “La Tauromaquia” y “Los Disparates”.

Una de las mejores colecciones privadas de España, la de la Casa de Alba (3), sale por primera vez del país para ser expuesta en el Meadows Museum del 4 de septiembre de 2015 al 3 de enero de 2016.  Podrán verse en esta ocasión un centenar de piezas (cuadros de Velázquez, Goya, Rembrant y otros autores, así como diversos objetos y relevantes documentos históricos).

Así, el  Director del Museo afirma, con razón, que “el Meadows Museum es uno de los grandes promotores del arte español en los Estados Unidos”.

(1)  Véase  http://www.hispanicsociety.org

(2)  Véase  http://www.meadowsmuseumdallas.org

(3)  Véase  http://fundacioncasadealba.com

Recuperar la ilusión

Reyesmagos

-  Pilar Jericó

En la pasada Noche de Reyes, cuando acostamos a los niños, el de seis años estaba intranquilo porque no había incluido en su carta un regalo que quería.  Su padre le dijo que no se preocupara, que cerrara los ojos y que pensara intensamente en lo que deseaba, ya que los Reyes -que también eran Magos- sabrían leer su mente.

Cuando el niño así lo hizo, nos sorprendió una lágrima que comenzó a discurrir por su mejilla.  Era una expresión de ilusión, de pensar que un sueño podría conseguirlo con solo pensarlo.

Es posible que las Navidades emocionen de un modo especial cuando tienes niños pequeños porque te conectan con una parte de tu propia infancia, y con la ilusión que teníamos cuando esperábamos los regalos o cuando soñábamos con la magia.  Pero más allá de esas fechas, es también posible que la ilusión sea una de las emociones que los adultos más necesitamos recuperar en nuestra vida.

En el mes de enero nos llenamos de objetivos, muchos de ellos parecidos año tras año: que si ir al gimnasio, que si buscar un nuevo trabajo o un nuevo proyecto, que si aprender esa afición que se nos resiste…  Pero no sé cuántos de nosotros incluimos en nuestra lista de buenos propósitos recuperar la ilusión con la que nos enfrentamos a las cosas.

A veces parece que estar ilusionado no tiene buena prensa.  De hecho, hasta la propia palabra tiene una acepción negativa, como recoge el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, que la define como “un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad”.  El concepto iluso proviene de ahí.  Sin embargo, el mismo Diccionario aporta una segunda acepción como “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”.  Dicha esperanza está íntimamente relacionada con la felicidad.

La materia de la ilusión es puramente emocional.  Se escapa de explicaciones racionales o justificaciones de ningún tipo.  Simplemente se está, y esa sensación es de fuerza, una fuerza que es capaz de darnos argumentos más que sobrados para explorar aquello que nos ilusiona.  La ilusión, por sí sola, no construye proyectos o relaciones, o nuevas empresas, o nos lleva a realizar ese viaje con el que soñamos, pero sí que es el motor para movernos a conseguirlo.

Es posible que lo que realmente nos envejezca, más allá de lo que diga nuestro certificado de nacimiento, sea la pérdida de la ilusión en lo que hacemos, lo que tenemos o lo que somos.  Por ello, es una buena idea incluir la ilusión como una de las intenciones para alcanzar o mantener a lo largo de este año que comienza.

¿Y cómo recuperar la ilusión si sentimos que la hemos perdido en algún momento? Como hemos dicho, es puramente emocional, por lo que tenemos que responder a una pregunta muy sencilla:  ¿Qué es lo que realmente queremos, qué es lo que nos hace vibrar por dentro?  Esa respuesta ha de ser pura, más allá de lo que podamos alcanzar con nuestros recursos o alejados de nuestros miedos.  No hay que responder pensando a priori:  “Total, si no lo voy a lograr…”.  Respóndete a ti mismo con sinceridad.  Luego, ya vendrán las estrategias para conseguirlo.

La ilusión está íntimamente muy relacionada con la capacidad de sorprendernos. Recuerda por qué son emocionantes los Reyes Magos:  porque llevan magia.  Y dicha magia la podemos incorporar cada uno de nosotros en nuestra vida si somos capaces de asombrarnos, con los ojos de un niño, de todo cuanto somos y tenemos.  La sensación de rutina, aburrimiento o hastío porque ya lo sabemos, es la antítesis a la ilusión y, por supuesto, a la felicidad.  Tampoco se ha de centrar en los grandísimos proyectos, sino en cada uno de los pequeños pasos que logremos.

Y, por último, la ilusión es una actitud que reside en todos nosotros.  Nacemos con ella, por lo que simplemente hemos de aprender a recuperarla.  Los niños son unos buenos maestros en este reto, y recuperar las sensaciones amables de nuestra infancia o adolescencia, cuando nos dejábamos sorprender por todo cuanto nos sucedía, es un buen camino para aprender a ser felices ya de mayores.

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Año nuevo, vida nueva

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-  Cristina López Schlichting

En la lista de la vida se apuntan los hechos (nací en …, mis padres fueron …, estudié aquello, tuve tres hijos, fui contable, gerente, etc.), pero en la de las preferencias del corazón se subrayan los comienzos: el primer amor, el lugar donde nos conocimos, el parto de los hijos(as), la jornada inicial de trabajo.  Los principios tienen una virginidad prístina, una inocencia que los inscribe en la memoria como piedra sin esculpir.

Nos gusta esa sensación de sorpresa, la posibilidad de descubrir. Está en nuestra naturaleza preferir lo nuevo a lo viejo, el comienzo al final, estrenar que repetir. Es como si Dios nos hubiese diseñado niños, en lugar de ancianos.  De hecho, el Evangelio (San Juan 3: 4-5) propone la conversión del viejo en joven, no viceversa.

Por eso tiene el Año Nuevo un temblor de estreno que embelesa.  Es una convención, pero no sólo.  El calendario permite caer en la belleza del tiempo.  Segmentando la larga serie de instantes podemos apreciar, si no todos -porque andamos ajetreados y distraídos- al menos el regalo que supone alguno de ellos.  El lunes no es el martes, ni las dos son las seis, ni enero es diciembre.  Inaugurar el año es recibir de nuevo la oportunidad de vivir, por eso planificamos, hacemos propósitos, repasamos necesidades.  Da igual que incumplamos después, lo hermoso es este impulso de renacer, esta vocación de ser nuevos.

Acabamos de recibir un paquete de 365 días, doce meses para amar, contemplar, asombrarnos.  No está mal hacer lista de planes, del mismo modo que es bueno felicitarse y dar gracias por las cosas buenas.  Éste puede ser el año para dar crédito a nuestros deseos, espacio a nuestras inquietudes, amor a los demás.

2015 puede ser el año en que nos preguntemos por nuestra vocación, imprimamos un giro a nuestra existencia, empecemos verdaderamente a vivir.  Inaugurar el año es recibir de nuevo esa oportunidad.

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Nota:  En su primer Angelus del 2015 el Papa Francisco recordó en Roma a los fieles, congregados en la Plaza de San Pedro, la importancia de recordar la fecha del bautismo, invitándoles a que “busquen esa fecha y custodienla bien en el corazón” porque “al inicio de un nuevo año nos hace bien recordar el día de nuestro bautismo; redescubramos el regalo recibido en aquel sacramento que nos ha regenerado a la vida nueva:  la vida divina”.

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