Los católicos de América Latina y España en la Iglesia actual

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–  J. Ors

Después de muchos siglos, en las estancias del Vaticano (véase vista aérea supra) volverá a escucharse la lengua española.  Desde los famosos y vilipendiados Borgia, aquellos Calixto III y Alejandro VI, ningún Pontífice tenía como lengua materna el castellano, un idioma tradicionalmente vinculado a la propagación de la fe y la defensa del catolicismo, como demostraron con ahínco los monarcas de la casa de los Austria. Carlos V, de hecho, aseguraba:  “Hablo italiano con los embajadores, francés con las mujeres, alemán con los soldados y en español con Dios”.

No resulta casual que en estos momentos de incertidumbre y retos haya sido elegido Papa el bonaerense Jorge Mario Bergoglio (n. 1936).  De los 1.196 millones de católicos repartidos por todo el mundo, en América Latina existen aproximadamente 432 millones, lo que supone el 39 por ciento del total mundial, siendo México el país que tiene el mayor número de creyentes, con 96.3 millones. Los católicos hispanos en los Estados Unidos suman 25 millones más.  Ese conjunto ha sido siempre una fuente de vocaciones y fieles.

Elocuente y reflexiva resulta también la elección, por parte del Papa, de su nuevo nombre, Francisco, que recuerda también a San Francisco Javier, jesuita español y uno de los grandes misioneros de la historia:  su protagonismo en la fundación de las misiones asiáticas todavía pervive como una gesta que se mueve entre la épica, el tesón y una vocación irreductible.  Hay que señalar que esa región desempeñará previsiblemente un importante papel en el futuro, sobre todo por el enigma de China (donde el español es la lengua que tiene un mayor crecimiento) y el peso que tiene Filipinas en el seno de la Iglesia.

Pero, ¿cuál es la importancia de América Latina y España hoy para la Iglesia católica?  Lo ha dejado bastante claro Benedicto XVI al celebrar en España en el 2011 la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) -donde se reúnen jóvenes católicos de todo el mundo; se ha calculado en alrededor de dos millones el número de participantes en esa ocasión-  y convocarla nuevamente en julio de 2013 en Brasil (véase http://www.rio2013.com).   Será el primer viaje del Papa Francisco, precisamente a América Latina.

El laicismo y el relativismo, dos de los enemigos del catolicismo señalados por Joseph Ratzinger, avanzan en el continente europeo, que cada vez se distancia más de los valores propugnados por el Vaticano.  El anterior Papa impulsó una idea:  la reevangelización del Viejo Continente para recuperarlo a la fe cristiana.  Una batalla ardua que promete ser uno de los desafíos más duros que tendrá que afrontar el Papa Francisco en su pontificado.  En Europa, España, con 40.9 millones de católicos, supone un punto de partida para esa misión.

Por otro lado, América Latina, el hontanar del que salen tantas vocaciones renovadas y que cuenta con una gran predicación en el pueblo por su lucha por la igualdad social, cuenta con 122.607 sacerdotes y 1.914 obispos, lo que representa un valioso potencial de evangelización, aunque aquí se refleje sólo en datos y números.

No olvidemos el legado de Benedicto XVI al proclamar 2013 como Año de la Fe.

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Bebo y Chucho, unidos para siempre

bebo_chucho–  Mauricio Vicent

Sobre una repisa encima del piano de Bebo Valdés (Quivicán,1918) en la casa que el músico cubano tiene en España en la ciudad de Benalmádena (Málaga), un Premio Grammy muy especial destaca sobre los demás:  es el que obtuvo con su hijo Chucho por el disco Juntos para siempre, un trabajo cargado de sentimiento y sabiduría producido en 2008 por su amigo Fernando Trueba, a quien Bebo sigue llamando cariñosamente “Jefe” cuando lo ve, pese a que desde hacer algún tiempo su memoria de 94 años baila en una nube.

A pocos kilómetros del hogar de Bebo, en la casa donde Chucho se instaló hace un par de años para estar cerca de su padre, el mismo gramófono dorado de ese Grammy al mejor álbum de jazz latino ocupa un estante privilegiado del estudio, donde hay fotos de Chucho con Dizzy Gillespie, Michel Legrand, Santana, Tito Puente, Herbie Hancock, Chick Corea, Max Roach y una larga lista de artistas.  Entre los dos Valdés suman 17 gammy  -nueve Bebo y ocho su hijo-,  el último de ellos logrado con Chucho’s steps (2011), un disco de puro jazz afrocubano con homenajes al fundador del grupo Weather Report, Joe Zawinul, y a la familia Marsalis, además de a su hijo más pequeño, Juliancito, y su esposa, Lorena.  Ambos viven ahora con él en Benalmádena, pero esa es otra historia.

Trueba está aquí para saludar a los Valdés en sus respectivos refugios malagueños y para escuchar el nuevo disco de Chucho, todavía en fase de mezcla, en el que cuenta con la colaboración especial del saxofonista estadounidense Brandford Marsalis.  El cineasta español lleva una buena noticia:  muy pronto se reeditarán en una sola caja los ocho discos que grabó con Bebo después de filmar Calle 54, empezando por El arte del sabor (2001), con Cachao y Patato Valdés, por el que ganó su primer premio de la Academia de la música estadounidense, pasando por el éxito de Lágrimas negras (2003) con El Cigala, o el que grabó en el Village Vanguard con el contrabajista Javier Colina, y por supuesto el doble Bebo de Cuba (2004) y el último de su carrera, Juntos para siempre.

“… Es que han sido ocho discos y cuatro películas con Bebo en diez años”, exclama el cineasta en el tren, camino de Málaga, “Y no sabes lo bien que lo hemos pasado juntos”, constata con placer y a la vez con cierto nervio.

Trueba y Bebo no se ven desde el verano pasado, cuando murió la última esposa del pianista, Rose Marie Perhson, con quien vivió 40 años en Estocolmo antes de instalarse juntos en Benalmádena.  Desde hace algunos años Bebo dejó de actuar en público  -“se me va la cabeza, puedo empezar tocando un mambo y acabar en un chachachá”, bromeaba él mismo-,  pero ahora el alzhéimer ha avanzado y los momentos de lucidez son cada vez más fugaces.

Sin embargo, nada más abrirse la puerta y ver entrar a Chucho acompañado de su amigo, Bebo se ilumina:  “…llegó el Jefe”.  Como un muelle, abandona la partida de dominó y la taza de café sobre la mesa (como buen cubano no podía estar haciendo otra cosa) y salta al piano:  “¿Qué quieres que toque, Jefe?”.  Trueba le responde:  “Lo que tú prefieras, Bebo, lo que te apetezca”.

Empiezan a caer entonces El cumbanchero, Lágrimas negras y melodías de jazz como You belong to me, hasta desembocar, con ayuda de Chucho, en La comparsa, el fabuloso tema de Ernesto Lecuona, cubano como las palmas, que tocaron juntos en Calle 54.  “Fue la historia de amor de la película”, recuerda el director de aquel encuentro tan especial en los estudios de Sony Music en Manhattan.

Lo de Bebo esta tarde también es increíble:  lucha, bucea en sus recuerdos, vuelve, se va y retoma agarrado al ritmo hasta encontrar el camino de salida…..  En los rostros de Chucho y de Fernando hay alegría y también lágrimas contenidas; emoción nórdica en el de Richard, hijo de Bebo y Rose Marie, quien desde la muerte de su madre se ha instalado con él.

El piano es un poderoso pie en la tierra para Bebo.  Lo conduce sin apenas darse cuenta a su pasado y de allí lo trae de regreso a sus seres queridos y a lo mejor de su vida a través de melodías de ayer y de siempre, el Son de la Loma, Sabor a mí, La gloria eres tú…  Javier Colina, que lo visitó recientemente, cuenta que Bebo estuvo tocando dos horas para él sin parar un minuto, feliz.

La relación entre Chucho y Bebo es mágica:  los dos nacieron en el mismo pueblito cubano de Quivicán el mismo día  -un 9 de octubre-,  uno en 1918 y el otro en 1941;  y aunque sus vidas han estado siempre unidas por el piano y la música cubana, también han estado demasiado tiempo separadas por la política, pues Bebo se marchó de Cuba en 1960 y no quiso regresar más.  Tuvieron que esperar casi dos décadas para el reencuentro, pero desde entonces padre e hijo se han visto en numerosas ocasiones y han trabajado juntos.  Ahora Chucho se ha mudado definitivamente a Benalmádema para cuidarle.

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Mauricio Vicent es un periodista español que ha vivido varios años en La Habana.  En la versión impresa de Cuadernos de Pozos Dulces (1994-2012) publicó tres artículos. Véase en este blog su reciente artículo La cubanía, peculiar calidad de una cultura.

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