No soy nadie

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– Julia Navarro

Siguiendo las huellas de Ulises, estoy a punto de decir, como él, que no soy “nadie”.  Y es que ya he escuchado decir a personas de lo más diversas -y algunas las tengo por muy inteligentes- que quienes no están en Twitter no son nadie.  Bueno, pues yo no estoy ni tengo intención de estar.  No tengo nada contra las redes sociales, pero estar en ellas supone dedicarles un tiempo que no tengo y que, si lo tuviera, destinaría antes a un montón de cosas.  En más de una ocasión, he estado con un amigo que mientras habla está “tuiteando”.  Hace unos días, en un programa de televisión, el tertuliano que estaba a mi lado no dejaba de teclear en su tableta.  En el descanso le pregunté si aprovechaba para escribir un artículo, pero me dijo que estaba “tuiteando”, explicando lo que hacía en ese momento.  Me quedé atónita.  Y no es el único.  Días después quedé con una amiga para almorzar y, según llegó al restaurante, sacó la tableta y se puso a teclear.  Me estaba poniendo tan nerviosa que no pude menos que pedirla que parara.  “Es que estoy “tuiteando” que estamos aquí y que el restaurante merece la pena”, respondió.

La verdad es que no logro comprender ese afán por explicar al mundo lo que haces en cada momento, y lo que opinas sobre todo lo que sucede.  Siempre me pareció redicha la frase de Andy Warhol (1928-1987) de que todo el mundo quiere tener su minuto de gloria, pero tenía razón.  Hay millones de personas en el mundo que dedican parte del día a contar en la Red lo que hacen y por qué.  Lo preocupante es que hay mucha gente, muchísima, enganchada a Twitter, que no paran de teclear compulsivamente estén donde estén y con quién estén.  En ocasiones, este afán les lleva a ser claramente maleducados.

No siento la necesidad de saber qué hace el prójimo, salvo que sea alguien cercano.  Y aún así tengo escaso interés en ciertas cosas.  Tampoco siento la necesidad de comunicar lo que hago o dejo de hacer, o lo que opino sobre lo que sucede a mi alrededor.  Ojo, no estoy diciendo que Twitter no sea un instrumento de comunicación eficaz, lo que pongo en cuestión es el ansia de comunicar hasta qué comen.  Otra cosa es la utilidad de las redes sociales para movilizarse y dar información:  han tenido un papel importante en las “primaveras árabes” y sabemos qué pasa en Siria gracias a la valentía de sus ciudadanos, que cuentan en ellas los horrores que padecen.  Son también un instrumento eficaz para lanzar ideas y proyectos, o para que los ciudadanos den su opinión.  En el mundo de hoy son imprescindibles.  Pero me rebelo contra ese ansia compulsiva de retransmitir al mundo lo que uno hace.

Otro intruso que se ha colado es WhatsApp, otra manera de comunicarse rápida y eficaz, pero que comienza a resultar agobiante.  Hace poco he tenido una bronca con mi hijo a cuenta de él.  Salimos a dar un paseo a nuestro perro Argos y no había manera de hilar una conversación porque cada dos minutos sonaba un aviso de que alguien estaba en línea para hablar con él.  Al final, el paseo terminó como el rosario de la aurora.  Y no hace mucho tuvimos otra agarrada a cuenta de lo mismo, porque no había manera de comer tranquilos sin que el WhatsApp interrumpiera el almuerzo.  Así que, haciendo de madre represora, le he dicho que cuando nos sentemos a comer deje el móvil en su habitación.

Las redes sociales me parecen imprescindibles en la sociedad de hoy, pero me preocupa ver a tantas personas con síntomas clarísimos de dependencia.  En cuanto a mí, creo que por ahora voy a seguir optando por no ser nadie.  A Ulises no le fue nada mal.  Al final llegó a Itaca.  Yo no aspiro a más.

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5 pensamientos en “No soy nadie

  1. No puedo estar más de acuerdo con el contenido del artículo: yo soy menos que nadie. Sólo ensayé con Facebook y me dí de baja. Soy tan, pero tan prehistórico, que sólo uso el e-mail.

    De modo que esto que está escrito por alguien que no existe, seguramente no será tampoco visible. Eso espero, para que la gente que sí existe en las redes sociales no me apedree.

    Manuel Mansilla.

  2. Excelente artículo sobre la dependencia de Internet para todo.

    Estoy de acuerdo y apruebo las nuevas tecnologías y la creación de Redes sociales, pero creo que deberían utilizarse para algo que valga la pena, no para promulgar al mundo lo que cada persona hace en cada momento.

    Antonio Sala Mestres.

  3. Comparto la opinión de Julia Navarro, y me parece muy bien que establezca reglas en la mesa con su hijo.

    Pienso que la invasión de la privacidad, que se realiza a través de estas Redes, no es algo positivo para nuestra sociedad. Es evidente que son útiles para difundir información, pero creo al igual que la autora del artículo, que su uso es extremado.

    Mercedes G. Flórez.

  4. No estoy de acuerdo en contarle a todo el mundo cada paso que doy. Sé que la comunicación es imprescindible hoy en día, pero no hay que exagerar. Hago uso de Facebook con medida y sin aportar muchos datos personales.

    Gracias por el artículo; veo que no me encuentro solo en este modo de pensar.

    Víctor López.

  5. Internet es una gran logro, pero no puede dirigir nuestras vidas. Usemos Internet sin sacrificar nuestra libertad y manteniendo la privacidad. En mi opinión, las Redes sociales intervienen en la vida privada.

    Manuel Iturriaga.

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