Volando voy. ¿Pasillo o ventanilla?

cabina2

–  Santiago Rodríguez Tarditi

Siempre quise ser periodista de viajes.  Al principio quería ser fotógrafo del National Geographic, pero mi idilio con la fotografía silvestre duró poco:  la idea de improvisar laboratorios de revelado en medio del desierto, o caminar sobre glaciares cargando pesados trípodes, me hizo pensármelo dos veces.  Con el tiempo empecé a trabajar en la revista Monocle (1), donde los periodistas viajaban por el mundo para cubrir historias.  Era mi trabajo soñado.  Con Monocle he volado en hidroavión por las Islas Hamilton de Australia, cosechado corcho en Portugal y escrito una guía de Río de Janeiro.  Cada año me subo a un avión entre 25 y 30 veces.  Aunque me faltan millas para ir en primera clase, aquí van algunos consejos -quizás obvios, pero muchas veces pasados por alto- para disfrutar de un vuelo mejor y más cómodo.

A la hora de hacer el equipaje no olvide las 5 P:  plata (efectivo suficiente), pilas (las baterías de su cámara, los cargadores de su móvil/cellular), papeles (confirmaciones de reservas, certificados de vacunas…), pasaje/ticket de avión (llévelo impreso si viaja sólo con el equipaje de mano, le ahorrará tiempo) y, por supuesto, pasaporte.

Contrariamente a lo que suele decirse, el asiento de la ventanilla es mejor que el del pasillo.  Aunque tal vez tenga que trepar por encima de sus vecinos si quiere salir de su asiento, tendrá toda una pared a su lado para reposar la cabeza, y podrá dormir sin que nadie trepe por encima de usted.

La salida de emergencia está sobrevalorada.  Los apoyabrazos no se mueven (resulta poco romántico si viaja acompañado), y algunos asientos no se reclinan. Es mejor ahorrarse lo que cobran algunas aerolíneas por estos asientos (entre 12 y 60 dólares). Tampoco se siente jamás en la primera fila tras la pared que separa las clases.  Da la falsa impresión de que es más espaciosa.  Aunque no tendrá a nadie reclinándose encima, no podrá estirar las piernas.  Además, casi siempre quedan junto al lavabo/WC. En la página web http://www.seatguru.com se muestran los asientos que son más cómodos, dependiendo del modelo de avión.

Compre unas pantuflas.  Quitarse los zapatos le ayudará a relajarse, pero nadie quiere pisar el suelo descalzo. Mucho menos el de los lavabos/WC, especialmente si el último pasajero que entró se enfrentó a una ligera turbulencia.

Sea considerado con sus vecinos.  No hay nada peor que una guerra de codos o rodillas en un vuelo de más de diez horas. No creo que exista una regla sobre quién tiene prioridad sobre el apoyabrazos.  Es un juego de velocidad mental: quien piensa pierde.

Si vuela con frecuencia vale la pena inscribirse en un programa de millas.  No es necesariamente mejor hacerlo con la aerolínea en la que se viaja.  Yo tengo la tarjeta de Aegean Airlines, aunque sólo he ido a Grecia una vez, porque me ofrece más beneficios y ambas forman parte de Star Alliance.  En la página web http://www.altimetr.com explican detalladamente este tema..

Lleve una botella de agua (puede adquirirla en el aeropuerto antes de subir al avión). El principal motivo de los malestares en un avión es la deshidratación. Beba un mínimo de un litro de agua (4  vasos) para trayectos de cinco horas o menos; el doble si es más de cinco horas.

Anule el ruido. Llévese de su casa unos auriculares que lo amortiguen o cancelen (la mayoría de las aerolíneas los ofrecen en los trayectos de larga duración pero no siempre son gratuitos), pero que sean in-ear, como los tapones de oídos, no los cascos con los que tendrá problemas al apoyar su cabeza contra la ventanilla del avión si ocupa ese lugar. Una amiga voló con su hijo de seis meses en un viaje intercontinental, y anticipando lo que se preveía, llevó tapones y golosinas para quienes estaban a su alrededor.  El bebé no tuvo pataletas, y al aterrizar los otros pasajeros la aplaudieron como se aplaude al capitán del avión después de un buen aterrizaje.

Pídale una manta a una de las azafatas del vuelo; nunca sobra.  Aunque esté viajando a un lugar cálido, a 30,000 pies de altura las temperaturas están por debajo de los 0 grados centígrados (32 grados Fahrenheit).

Compre chicles o caramelos de menta.  Uno nunca sabe quién le tocará al lado de su asiento:  una mujer bonita, un soltero guapo, incluso su próximo jefe… Un aliento fresco puede marcar la diferencia.  Además, puede salvarle la vida si su interlocutor habla como un loro pero tiene aliento de perro.

Si todo lo anterior falla, tómese una pastilla para dormir.  Cuando una persona se encuentra adormecida nada de lo mencionado en este artículo le importa.

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(1)  Santiago Rodríguez Tarditi es un periodista colombiano, residente en Nueva York, que colabora habitualmente en la revista Monocle. Para más información véase http://www.monocle.com

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5 pensamientos en “Volando voy. ¿Pasillo o ventanilla?

  1. He disfrutado mucho con la lectura de este articulo redactado de una forma muy amena y, a la vez, con buenos consejos y referencias.

    Mercedes G. Flórez.

  2. Excelente artículo… pero tengo mi propio método para viajar cómodo y tranquilo, y me gustaría poder compartirlo con todos los lectores.

    Debido a mi trabajo, desde hace muchos años tengo que volar en aviones grandes (en pocas ocasiones), y en aviones medianos y pequeños con bastante frecuencia. El método, que utilizo siempre, me ha dado muy buenos resultados.

    Mi confort y tranquilidad se fundamenta en un procedimiento fácil y sencillo: cuando el avión (o avioncito) comienza a recorrer la pista para levantar el vuelo, junto discretamente las palmas de mis manos y recito en voz baja: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y lo repito (para estar seguro de que me escuchó).

    Cuando aterrizo coloco nuevamente las palmas de mis manos, en la misma posición, y digo en voz baja “Padre, gracias por este vuelo; concédeme uno más”

    Repito que ese sistema me ha dado un excelente resultado. De acuerdo con el sindicato de pilotos “Si puedes salir del avión por tus propios medios, el vuelo y el aterrizaje fueron buenos; y si puedes volver a utilizar el avión como medio de transporte, el vuelo y el aterrizaje anterior fueron magníficos”.

    Ernesto Roche.

  3. Las recomendaciones del autor del artículo son magníficas y las comparto porque las he llevado a cabo en mis viajes en avión. Quisiera añadir algún comentario a partir de mi propia experiencia. En los vuelos de más de 8 horas siempre intento realizarlos de noche, para poder dormir algo en el avión y llegar al destino más descansado y relajado. Hay que tener en cuenta siempre la diferencia horaria entre el lugar de salida y el de llegada. Por mi experiencia personal, los trayectos en dirección Este-Oeste suelen ser más agradables y menos estresantes que los que realizan en la dirección contraria, o sea, Oeste-Este. Como se indica en el artículo hay que beber bastante agua en los trayectos largos, y descansar y no agobiarse cuando se llega al destino, para paliar los efectos del “jet lack”, que no es otra cosa que adaptarse al nuevo horario del país en donde hemos aterrizado.

    Fidel Espinosa.

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