Qufu, la ciudad de Confucio

confucio.1

–  Diego Torres

“Aquí todos vivimos de Confucio” dice alegremente el conductor del rickshaw mientras atraviesa las murallas de la dinastía Ming que dan entrada a la ciudad antigua.  Las calles bullen de actividad:  mercados al aire libre, restaurantes y pequeños hoteles.  Los turistas se agolpan ante los puestos de souvenirs para comprar llaveros y chapas con el retrato del gran filósofo.  La propia estampa de Confucio (veáse la imagen de una de sus múltiples estatuas supra) cuelga en los estantes al lado de la de Mao Zedong y Deng Xiaoping.  El padre intelectual de China sigue alimentando los espíritus de sus paisanos, pero también sus bolsillos, gracias a la floreciente industria turística que se ha instalado en su ciudad natal.

Confucio nació en el año 551 AC a unos pocos kilómetros de Kufu, la antigua capital del reino de Lu, uno de los 150 Estados que coexistían entonces en el territorio de China.  En esa ciudad, ubicada en la actual provincia de Shangdong, vivió gran parte de su vida, fundó la primera escuela no elitista del mundo y fue enterrado.

Hoy en día, en Qufu  ( para una información más completa con imágenes puede verse en Internet en inglés  http://www.virtualtourist.com/travel/Asia/China/Shandong-Sheng/Qufu-1004766/TravelGuide-Qufu.html ) todo se ha confucionizado, desde los nombres de los platos de comida que sirven en las tabernas hasta los cócteles de los bares.  El visitante puede saborear un delicioso cerdo armonioso salteado, y regarlo con un licor bautizado en honor del maestro asiático.  Al igual que en otros destinos turísticos de China, todo tiene un aire a parque de atracciones, a pastiche, a tomadura de pelo.

Sin embargo, la ciudad esconde preciosos secretos.  El primero es su particular legado arquitectónico, que ha servido de modelo para numerosas ciudades de Asia Oriental, y que fue reconocido por la UNESCO en 1994 como Patrimonio de la Humanidad.  El segundo es el protagonismo ubicuo de la familia de Confucio.  El maestro fundó una dinastía que ha jugado un papel relevante en el país, formada por destacados funcionarios e intelectuales.  En Qufu están enterrados más de 100,000 de sus descendientes..

Tras la elevación del confucionismo a política de Estado en China y su propagación a Japón, Corea y Vietnam, Qufu se transformó en un lugar obligado de peregrinaje para los mandarines y para los propios emperadores, que la adornaron con esmero.  La ciudad alberga tres joyas de la arquitectura clásica china, con nombres un tanto engañosos:  el Templo de Confucio  -construido tras la muerte del filósofo en el lugar donde tenía su casa-; el Palacio de Confucio -erigido también tras su fallecimiento por uno de sus nietos para disfrute de toda la familia-; y el Cementerio de Confucio.

El gran maestro chino tuvo una relación difícil con las tres familias que controlaban el reino de Lu debido a sus teorías reformistas.  Pero esas diferencias se olvidaron a la muerte de Confucio en el año 479 AC.  Dos años más tarde, el monarca de Lu mandó erigir el Templo de Confucio, que se convertiría a partir de entonces en el destino de culto de decenas de emperadores de China.  Cada visita procuraba ampliar el recinto con nuevas construcciones y embellecer las ya existentes, dejando su sello en figuras de piedra talladas con inscripciones en recuerdo del sabio.  Quemado y reconstruido en múltiples ocasiones -los últimos estragos tuvieron lugar durante la denominada Revolución Cultural-, el recinto ha servido de modelo a los centenares de templos en honor de Confucio que pueblan la geografía de Asia Oriental.

El nombre de Confucio deriva del apelativo Kong Fuzi, la forma en que sus discípulos se dirigían a él:  Kong es su apellido, y Fuzi significa maestro.  En Qufu el maestro Kong fundó la primera escuela que aceptaba a los alumnos de todas las clases sociales.  Los aristócratas aprendían junto a los campesinos un credo -más cercano a la ética que a la religión- que hacía hincapié en la necesidad fundamental de la educación y que ha pervivido hasta nuestros días.  “Si tienes un plan para un año, planta arroz;  si tienes un plan para 10 años, planta árboles;  pero si quieres un plan para 100 años, educa a tus hijos”, es una de las citas que se atribuye habitualmente al filósofo, cuyos discípulos recopilaron sus enseñanzas.

Nacido en un tiempo de caos y guerras, Confucio instituyó la armonìa como objetivo primordial de la sociedad.  La persona se hace persona sólo dentro de un grupo, en relación con los demás.  Si cada miembro de la comunidad actúa como le corresponde, con bondad y respeto por los ritos, habrá paz bajo el cielo.

El Palacio de Confucio, el enorme conjunto de residencias que construyó su nieto tras su fallecimiento, exhibe muchos de los aforismos y enseñanzas del maestro impresos en papiros colgados de las paredes o en viejos volúmenes ordenados en las bibliotecas, así como tallados en las vigas de madera de algunas estancias.  El conjunto residencial, ampliado sucesivamente hasta alcanzar, en algunos períodos, 463 dormitorios, se convirtió en la mansión civil más grande de China (después de la Ciudad Prohibida ubicada en Pekín), y en la actualidad alberga importantes colecciones artísticas.

En el citado Palacio se instalaron generaciones y generaciones de la familia Kong, que luego eran enterradas en el cercano Cementerio de Confucio.  Para el viajero curtido en los templos y la arquitectura de Asia, visitar esa necrópolis es probablemente la experiencia más agradable y sorprendente que ofrece la ciudad, que presume de albergar el camposanto más grande del mundo.

El recinto consiste en un enorme bosque de cerca de 200 hectáreas, salpicado aquí y allá por las lápidas de más de 100,000 miembros de la familia Kong, caminos de piedra y estatuas en honor de los difuntos.  En un rincón, bajo una modesta losa blanca, descansa el gran sabio ajeno al bullicio de los turistas que lo veneran.

____________________

Diego Torres es un periodista argentino residente en España.  Puede seguirse su cuenta en Twiter  @diegotorresro

____________________

Anuncios

Recordando al Hermano Enrique (1930-2013)

Enrique 1

 Alberto Sala Mestres

Wilfredo Pérez de Utrera fsc. falleció el 12 de octubre de 2013, a los 83 años de edad, en la ciudad de Bayamón, Puerto Rico.

Realizó su educación primaria en La Habana en los Colegios De La Salle ubicados en Marianao y el Vedado, y concluyó la enseñanza secundaria en el Instituto de La Habana. En su época juvenil formó parte activa de los grupos de la Federación de la Juventud Católica Cubana, organización fundada en 1928 por el Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle, época en la que surge su vocación religiosa.

El Hermano Enrique ingresó como novicio en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1948,  recibiendo el hábito al año siguiente.  Sus primeros votos de vida religiosa los realizó en 1950, y los votos perpetuos en 1955.

Durante diez cursos escolares fue Profesor en tres centros educativos De La Salle en La Habana: la Academia De La Salle (1951-1957 / 1960-1961), el Colegio De La Salle ubicado en Palatino (1957-1959) y el Colegio De La Salle del Vedado (1959-1960).  En la Academia De La Salle fue Director del Coro y desarrolló junto a su magisterio una importante labor cultural, organizando actividades literarias y artísticas.

Entre ellas destaca la fundación en 1955, en compañía de los Profesores Norman González y Gilberto Echezábal, de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces, que tuvo una efímera existencia al suprimirse la educación privada y religiosa por las autoridades cubanas en 1961.  Como solía decir el Hermano Enrique, la citada Academia -como sucede con la leyenda del ave fénix- renació de sus cenizas en 1994, reagrupando a sus antiguos miembros y nombrando nuevos académicos, siendo en la actualidad la única institución cultural fundada en las aulas De La Salle en Cuba que continúa en activo, realizando entre otras actividades la publicación de Cuadernos de Pozos Dulces (véase http://www.pozosdulces.wordpress.com)

La citada decisión de las autoridades estatales cubanas de suprimir toda clase de educación privada y religiosa, adoptada el 1 de mayo de 1961, supuso el cierre de todos los Colegios De La Salle que en ese momento existían en Cuba, con más de 6,000 alumnos de enseñanza primaria y secundaria matriculados en nueve Colegios diferentes. También fue clausurada la Universidad Social Católica San Juan Bautista De La Salle, fundada en La Habana (1957), que fue la primera Universidad De La Salle en América Latina, y en la que el Hermano Enrique fue Profesor en el bienio 1960-1961.

Junto a un numeroso grupo de Hermanos De La Salle el Hermano Enrique abandonó Cuba el 25 de mayo de 1961 rumbo a Miami, y tras un breve período como Profesor en el Colegio De La Salle en Panamá, llegaba a Puerto Rico el 19 de julio de 1961.

En el curso escolar 1961-1962 colaboró junto a otros cinco Hermanos De La Salle en el Colegio Obispo Arizmendi, gestionado por los Padres Dominicos, germen del futuro Colegio De La Salle de Bayamón (véase http://www.delasallebayamon.com) que abrió sus puertas el 22 de agosto de 1962.

El Hermano Enrique fue Director del Colegio De La Salle de Bayamón en cuatro períodos (1962-1968, 1975-1981, 1983-1991 y 2000-2004).  En esas etapas dirigió el Teatro Lírico, fundó el Capítulo De La Salle de la Sociedad Nacional de Honor, promovió la fundación de la Asociación de Padres y Maestros en 1964, y estableció el Grupo de Asociados en la Comunidad Educativa con un importante número de miembros. En los 52 años que vivió en Puerto Rico fue también Director (1992-2000) del Colegio De La Salle en Añasco.

Poseía una sólida formación académica y religiosa.  Durante su etapa en Cuba cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, y de Ciencias Comerciales en la Universidad de La Habana.   Obtuvo, a su vez, un Bachelor Degree en Pedagogía con especialidad en Matemáticas y un Master en Supervisión de Escuela Secundaria, ambos títulos de la Universidad de Puerto Rico.

En 1975, durante su estancia en la Casa Generalicia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Roma (vease http://www.lasalle.org) participó en diversos cursos y actividades y, en 1992, realizó en Madrid en el Instituto Pontificio San Pío X un curso especializado en Ciencias Religiosas y Catequéticas.    Durante esa estancia en Madrid, junto al Rector José María Granda, hizo las primeras gestiones para reunir a los lasallistas cubanos que residían en España, germen de la fundación en el año 2000, con la colaboración de Luis Franco fsc, de la ONG Hombre Nuevo Tierra Nueva (véase http://www.hombrenuevotierranueva.pangea.org) que apoya la labor educativa y de formación de la juventud que realizan en la actualidad los Hermanos De La Salle en Cuba.

En la trayectoria de Hermano Enrique es preciso mencionar su eficaz participación en el proceso de beatificación del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle (véase http://www.victorinodelasalle.com) de la que fue Vice-Postulador desde 1999.  El recordado Hermano Victorino falleció en Bayamón el 16 de abril de 1966, y descansa en el Panteón de los Hermanos De La Salle ubicado en el Cementerio Porta Coeli.  El Hermano Enrique acompaña ahora a su mentor en el mismo lugar.

En su despedida, los jóvenes alumnos del Colegio De La Salle en Bayamón, llamaban a su querido Hermano Enrique con el apelativo de maestro bueno, una definición que nos recuerda la parábola del buen pastor que se cita en el Evangelio (Juan 10. 1-18).

¡Descanse en la paz del Señor!

____________________