Sorolla y los Estados Unidos

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–  Natividad Pulido

La historia de amor entre el pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) y los Estados Unidos, como suele ocurrir en las pasiones más arrebatadas, fue breve pero intensa. Un flechazo en toda regla.  Llegó por primera vez en 1909, acompañado por su esposa Clotilde y sus dos hijos mayores, para inaugurar tres exposiciones en Nueva York, Búfalo y Boston.  Las colas se sucedian a diario frente a la Hispanic Society of America, ubicada en la Audubon Terrace de Manhattan, para ver su trabajo.  En un solo día visitaron la muestra 30,000 personas.

El Metropolitan Museum adquirió tres obras, entre ellas el impresionante “Retrato de Clotilde con vestido negro” realizado en 1906.  Entre las tres sedes vendió un total de 195 cuadros, además de pintar numerosos retratos.  Los encargos se le acumulaban. Todos querían ser retratados por él.  Magnates como Ralph Elmer Clarkson, damas de la alta sociedad (Frances Tracy Morgan, Mary Lillian Duke, Juliana Arnour Ferguson), pintores (Louis Comfort Tifffany), directores de museos (Charles M. Kurtz, que falleció cinco días después de pintar su retrato)… hacían cola en su agenda. Ni el Presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft (1857-1930), pudo resistirse a sus encantos.  Le invitó a la Casa Blanca, donde posó para el pintor español, que cobró por el retrato 3,000 dolares.

La sorollomanía invadió la Gran Manzana.  “He oído decir a muchos artistas que ni siquiera Sargent podría igualar a Sorolla” escribió un célebre crítico de arte. Enloquecieron con sus paisajes mediterráneos y sus jardines andaluces.  Se enamoraron perdidamente de sus escenas marítimas de niños jugando en la playa. Incluso cuadros, de tema social como “¡Otra Margarita!” (1892) y “¡Triste herencia!” (1899), obras maestras premiadas en Europa, fueron adquiridas por coleccionistas norteamericanos.

Prueba de su inmenso éxito fue que comenzaron a falsificar sus obras.  Y cuando falsifican el trabajo de un pintor es señal inequívoca de que se ha consagrado.  Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y gran especialista de su obra afirma que “Hoy hay registradas más de mil falsificaciones del pintor”.

Archer Milton Huntington (1870-1955), fundador en 1904 de la Hispanic Society or America (1)  [institución creada para promover la cultura española] fue su mayor mecenas y quien le introdujo en los Estados Unidos, tras quedar deslumbrado por su obra expuesta en las Grafton Galleries de Londres en 1908.   La Hispanic Society of America atesoró 159 obras de Sorolla. El principal encargo fueron catorce enormes paneles para decorar la Biblioteca de la institución bajo el título “Visión de España”.

El segundo gran mecenas fue Thomas Fortune Ryan (1851-1928), millonario hombre de negocios, que adquirió hasta 26 obras de Sorolla y le hizo importantes encargos, como el lienzo “Cristóbal Colón saliendo del puerto de Palos” (1910), del que realizó nueve estudios preliminares.

En 1911 Joaquín Sorolla, que se autorretrató dos años antes, paleta en mano, luciendo orgulloso un sombrero que había comprado en los Estados Unidos, y en el que figura en la parte inferior del cuadro firmada por el autor de forma destacada la dedicatoria “A mi Clotilde su Joaquín” (véase imagen supra), regresa a este país acompañado por su esposa para exponer en Chicago y San Luis. Durante este segundo viaje realizó, durante su estancia en Nueva York, quince gouaches con vistas de la ciudad tomadas desde  su habitación del Hotel Savoy donde se hospedaba (véase supra, gouache “Central Park, 1911”).  Los pintó todos sobre los cartones que se usaban   en la lavandería de los hoteles para doblar las camisas de etiqueta.  Curiosa anécdota.

(1)  Véase  http://www.hispanicsociety.org

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Para más información sobre Joaquìn Sorolla véase la página web del Museo Sorolla ubicado en Madrid  ( http://www.museosorolla.mcu.es )

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Centenario de la Academia De La Salle (1915-2015)

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–  Alberto Sala Mestres

La Academia De La Salle se inauguró en La Habana el 3 de febrero de 1915, en un edificio ubicado en la calle Aguiar número 108 1/2 entre Teniente Rey y Amargura. Había transcurrido una década desde la llegada, en 1905, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (De La Salle) a Cuba.

La joven República, que había alcanzado la independencia en 1902, comenzaba a desarrollar una industria y comercio nacionales que necesitaba de la participación de personas preparadas en esa faceta de la economía, y así la Academia De La Salle se especializó, desde sus inicios, en la formación de jóvenes con una calificada formación en temas comerciales, que se impartían en un segundo ciclo de cuatro años a continuación de la educación primaria.  La Comunidad estaba formada, en sus inicios, por seis Hermanos De La Salle y su primer Director fue el Hno. José Crisóstomo (Víctor Renaud fsc).

El creciente número de alumnos de la Academia determinó su traslado a un edificio de mayores dimensiones, denominado La Quinta Toca, situado en la Avenida de Carlos III (ver imagen supra), donde se inició el curso 1922-1923.  En esa época había 300 alumnos matriculados y su primer Director fue el Hno. Ángel Pedro (Emilio Juan B. Wick fsc.). Los jardines originales, en dos niveles, fueron cubiertos de cemento para utilizarlos como amplios patios en los alrededores del edificio principal, y entre las innovaciones se contaba con un eficiente comedor para los alumnos que permanecían entre el horario de la mañana y el de la tarde, y un servicio de autobuses escolares propio para el traslado de los alumnos desde sus respectivos domicilios, con diferentes rutas que recorrían la ciudad.

Una vez más, debido al aumento del número de alumnos y la necesaria modernización de los locales para responder a un sistema de enseñanza más actualizada, la Academia De La Salle se trasladó en el curso 1953-1954 a un nuevo edificio, construido siguiendo criterios de eficacia y amplitud, ubicado en la calle Bellavista entre Tulipán y Lombillo, (ver imagen en color supra), en un sector de la ciudad de reciente urbanización denominado Centro Cívico.  En la entrada principal se colocó la vieja verja, un artístico cerramiento de hierro forjado que se encontraba en la fachada del edificio anterior, y que permanece en su sitio, inalterable a pesar de los años transcurridos desde su fundición original.   El 20 de mayo de 1956, el Ayuntamiento de La Habana otorgó a la calle Panorama (paralela a la calle Bellavista) el nombre de San Juan Bautista De La Salle, que es la única calle dedicada en Cuba al Santo Fundador.

Esa última etapa de la Academia De La Salle fue la más fecunda en cuanto a iniciativas, proyectos y realizaciones en el ámbito de la educación.  Con horarios diferentes a las enseñanzas de educación primaria y el ciclo de cuatro años siguientes especializado en formación de técnicas comerciales, se estableció a partir de 1953 en los edificios de la Academia el Centro de Altos Estudios Comerciales (CAEC), de nivel superior y vocación investigadora, al que se añadió posteriormente la rama especializada del Instituto Superior de Estudios de Crédito (ISEC).

Ambas instituciones de educación superior fueron el antecedente de la Universidad Social Católica San Juan Bautista, que obtuvo su reconocimiento oficial como Universidad privada por el Ministerio de Educación el 13 de marzo de 1957, comenzando su actividad académica en el curso 1957-1958, siendo reconocida como primera Universidad De La Salle en América Latina por el Superior General Hno. Nicet Joseph en su visita a Cuba realizada en el otoño de 1958.

Durante varios años las aulas de la Academia De La Salle acogieron a dos generaciones diferentes de lasallistas: en horario diurno a los estudiantes de primaria y estudios comerciales; y en horario nocturno a los jóvenes universitarios.

El 1 de mayo de 1961 se nacionalizó la totalidad de la educación privada en Cuba, con inclusión de todos los Colegios y Universidad De La Salle.  En ese momento había 600 alumnos matriculados en la Academia De La Salle y la Comunidad estaba formada por 20 Hermanos.  Su último Director fue el Hno. Pablo (Enrique Pizarro fsc) que actualmente, con 96 años de edad, reside en México en el Internado Infantil Guadalupano, que atiende a niños y jóvenes en situación de alto riesgo social, del que fue nombrado Director en 1985 y donde ha permanecido 25 años, los últimos once como Hermano retirado.

El deterioro creciente de los edificios de la Academia De La Salle hace pensar que no podrán ser utilizados en el futuro.  No obstante, su céntrica ubicación delimitada por cuatro calles, y el amplio espacio edificable, deberían tenerse en cuenta para futuros proyectos educativos cuando las circunstancias lo permitan.

En el transcurso de su centenario (de los cuales 46 años activos en el período 1915-1961) ejercieron su magisterio en la Academia De La Salle un total de 96 Hermanos de las Escuelas Cristianas, junto a un numeroso grupo de profesores seglares.  Los antiguos alumnos les reiteran que  siempre serán fieles al credo aprendido.

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