Cuadernos de Pozos Dulces en Facebook

CPD FACEBOOK

Facebook fue una idea creada y desarrollada por estudiantes de la Universidad de Harvard en 2004.  Originalmente era un sitio para los estudiantes de esa Universidad donde pudieran intercambiar una comunicación fluida y compartir contenidos de forma sencilla a través de Internet. Los creadores de ese proyecto, liderados por Mark Zuckerberg (n. 1984), fueron tan innovadores que con el tiempo se extendió hasta estar disponible para cualquier usuario de Internet.

En la actualidad Facebook tiene más de 1,350 millones de usuarios registrados, de los cuales el 56 por ciento son adolescentes, superando en casi un 60 por ciento a YouTube, su competidor mas cercano.

Con objeto de ampliar el número de lectores potenciales, Cuadernos de Pozos Dulces que, desde su incorporación a Internet en 2012 ya ha superado las 11,000 visitas/lectores, ha decidido formar parte de Facebook con la página Cuadernos Pozos Dulces, de reciente creación, donde se publicarán todos los artículos.

Las personas que deseen recibir puntualmente los artículos de  Cuadernos de Pozos Dulces  en su e-mail personal, sin coste alguno ahora y siempre, pueden indicarlo en el recuadro correspondiente que figura en la página de inicio de Cuadernos en Internet http://www.pozosdulces.wordpress.com

Desde sus comienzos, en la versión impresa realizada en el período 1994-2012, Cuadernos de Pozos Dulces  se ha consolidado como la publicación lasallista más destacada en género en la región de las Antillas.

Agradecemos a todos los lectores su colaboración y apoyo en esta labor, que tiene como objetivo la publicación de artículos, de materias diversas y autores diferentes, con un marcado perfil lasallista.

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La obesidad, una epidemia mundial

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 Rosa Montero

Ya sé que, desde el principio de los tiempos, todos los individuos creen estar viviendo momentos únicos en la Historia;  todos pensamos con ceguera egocéntrica, que el período que abarca nuestra pequeña vida, es el más decisivo de todos los períodos. Pero creo que, por una vez, y desgraciadamente, es verdad que ahora nos encontramos atravesando cambios colosales nunca jamás vistos; y me refiero por supuesto a los cambios climáticos, pero también a la transmutación de nuestra especie, que para mí está íntimamente relacionada con lo mismo que está originando el cambio climático. Estamos destrozando el equilibrio ambiental y nosotros formamos también parte de ese destrozo.

Todo esto viene a cuento del espeluznante trabajo que publicó recientemente la prestigiosa revista médica The Lancet sobre la epidemia mundial de sobrepeso y obesidad.  Sí, lo llaman epidemia.  Es más, hay expertos que consideran que se trata de la epidemia más importante del siglo XXI.  Pero a mí me parece más una suerte de mutación  Nos estamos transformando en redondos montones de carne.

Explica The Lancet que, en los últimos treinta años, la epidemia se ha disparado.  En 1980 había 857 millones de personas en el mundo con problemas de sobrepeso; Actualmente hay 2,100 millones de personas, casi una tercera parte de la Humanidad. Entre esos 2,100 millones hay 671 millones de obesos, que es el grado más grave de la enfermedad: elefantinos, deformes, inválidos.  Ya hay casi tantos obesos como personas que pasan hambre en el mundo (según la FAO -con sede en Roma- unos 870 millones.

Y, además, es una epidemia desatada que avanza sin control:  en los últimos treinta años, ningún país ha conseguido no ya reducir las cifras, sino detener el aumento.  El 62 por ciento de los obesos viven en los países desarrollados, pero la enfermedad también progresa con rapidez en las sociedades en vías de desarrollo.  Hay naciones en las que las cifras ponen los pelos de punta:  en los Estados Unidos, un tercio de la población es obesa;  en el Reino Unido, la cuarta parte.  Si no se ven más por las calles cuando viajas a esos países (y eso que se ven mucho) es porque la obesidad incapacita y encierra: es una enfermedad muy grave.

Curiosamente, en los países desarrollados hay más hombres gordos, mientras que en los pueblos en vías de desarrollo el mal se ceba en ellas.  En Kuwait, Libia y Qatar, más del 50% de las mujeres son obesas.  Tal vez les interese que sean así:  es una manera más de meterlas  en casa.  En el extremo opuesto, una cifra que produce algo de alivio:  en los Países Bajos, Noruega y Suecia sólo hay un 4% de obesidad.  En España en torno al 17%, o sea, una de cada seis personas;  en cuanto al sobrepeso, afecta a más de la mitad de los españoles.

Esta pandemia aterradora que crece al ritmo de un incendio es además tan nueva que no sabemos cómo comportarnos ante ella.  Por un lado, se tiraniza a las personas, sobre todo a las mujeres, con un modelo estético totalmente imposible, con una delgadez inhumana que contribuye a lanzar a la gente (hombres también) en brazos de la anorexia. Se calcula que hay un 1% de anoréxicos en el mundo, o sea, 72 millones de personas; y no estoy contando a los bulímicos, que son más.

Y es tal la mitificación de la descarnadura, el prestigio social de estar en los huesos (“nunca se es lo suficientemente rica ni lo suficientemente delgada” decía Wallis Simpson, la anoréxica duquesa de Windsor), que a los gordos se les desprecia, se les demoniza, se considera que son unos dejados y unos glotones incapaces de contener sus ansias de tragar.

Pero, por otro lado, y en gran medida como respuesta a ese aborrecimiento, hay toda una campaña para celebrar la gordura: alegría y más alegría, los kilos (o libras) no son nada, seamos felices con sobrepeso.  Y es cierto:  hay que intentar ser felices con sobrepeso, pero también con úlcera de estómago, o con unos tornillos en las vértebras como tengo yo.  Pero los kilos (o libras) sí son algo:  el sobrepeso (el verdadero sobrepeso: no estamos hablando de las curvas normales que las modelos anoréxicas no tienen) puede llevar a más sobrepeso y llegar a ser una enfermedad inhabilitante y gravísima.

Y además, y esto es lo más desolador, la mayor parte de las veces el enfermo puede hacer muy poco, porque se trata de una dolencia social.  Es algo que nos estamos causando con la manipulación de los alimentos, con la alteración del medio en que vivimos.  Por ejemplo, se ha descubierto que los bebés que toman leche artificial enriquecida con demasiadas proteínas son el doble de obesos que los que no.

Somos un producto más de nuestras bárbaras agresiones a la Naturaleza.  Las abejas están desapareciendo y nosotros estamos mutando a temblorosas bolas de grasa.

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