Arabia Saudí y el petróleo

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–  Lluís Bassets

Sin petróleo no se entiende Arabia Saudí.  No se entiende la creación (1932) y consolidación del Reino y menos todavía la alianza histórica con los Estados Unidos (petróleo por protección), su papel determinante en la fijación de los precios mundiales y su peso geopolítico en Oriente Próximo.

El presupuesto del Estado se nutre en un 80% de los ingresos del petróleo, que aporta un 45% del PIB y alcanza un 90% de las exportaciones.  Su subsuelo contiene las primeras reservas del crudo y es el segundo productor mundial detrás de Rusia. Sin petróleo no sería el tercer país del  mundo en gastos de defensa, ni el  primer cliente de la industria armamentística mundial.

En Arabia Saudí el petróleo ha sido y es todo, hasta el punto de que hasta ahora había un Ministerio entero solo para la política petrolera, y quien lo ocupaba solía permanecer durante largos años en el puesto:  los siete Monarcas saudíes han tenido solo cuatro Ministros del Petróleo.  El último, Ali al Naimi (n. 1935) lo ocupaba desde 1995.

La primera empresa saudí es la petrolera estatal Saudi Aramco.  Cuidado: primera del país y del mundo, pese a que no cotiza en Bolsa (las evaluaciones sobre su valor, quizás 2.5 billones de dólares, según Bloomberg LP, se realizan a partir de sus reservas y capacidad de producción). Su Presidente está muy cerca del poder ministerial, hasta el punto de que se solapa o precede a veces al cargo de Ministro. Ha sucedido ahora, cuando el Rey Salmán bin Abdulaziz, de 80 años, ha cambiado el nombre del Ministerio por el de Energía, Industria y Recursos Minerales y también al Ministro, al que ha sustituido por el Presidente de Aramco, Jalid al Fahli, de 56 años, dentro de una remodelación del Gobierno inspirada por su hijo y segundo en la línea de sucesión, Mohamed Bin Salmán (MBS), de 30 años.

Este es el segundo golpe de timón del Rey Salmán, que llegó al trono en enero de 2015, a la muerte de su hermano, el Rey Abdulá bin Abdelaziz (1924-2015)  A los tres meses de su entronización, sustituyó al Príncipe heredero, su hermanastro Mukrin Bin Albulaziz, de 70 años, por su sobrino Mohamed Bin Nayaf (MBN), de 56 años, y a este por su hijo MBS, en un movimiento insólito en la historia de la Casa de Saud, donde nunca se había destituido a un Príncipe heredero.

Muchas cosas suceden por primera vez.  Agotados los hijos del fundador, seis de los cuales han reinado desde 1953, en un ejemplo perfecto de sucesión adélfica o entre hermanos, por primera vez el heredero pertenece a la generación de los nietos.  Y también por primera vez, las tres primeras autoridades pertenecen al mismo linaje paterno y materno, detalle significativo en un sistema poligámico en el que la herencia matrilineal organiza facciones de hermanos opuestos a los otros hermanastros.  En este caso, los tres son conocidos como sudairis, por ser descendientes de Hassa el Sudairi (1900-1969) la esposa preferida del Rey Abdelaziz bin Saud (1876-1953).

El joven MBS dice que quiere terminar con la adicción saudí al petróleo.  No deja de ser un chiste, tratándose de un  petroestado  que vive  de,  por,  para,  con, sobre y tras el petróleo. Sus planes para desengancharse cuentan como paso inicial con la privatización de una fracción minúscula, menos del 5 %, de su gigantesca compañía petrolera, en una salida a Bolsa que ya se anuncia como la mayor de la historia.

MBS quiere hacer más privatizaciones, diversificar la economía, introducir la competencia, eliminar subsidios (gasolina, agua, electricidad), saudinizar y feminizar el mercado de trabajo: más de la mitad de la mano de obra es extranjera, el paro juvenil es muy alto y las mujeres son una fuerza de trabajo excluida.  También quiere convertir la peregrinación a La Meca y Medina (1) en una próspera industria de turismo religioso.  Prevé construir museos y una industria cultural y del entretenimiento.

Hacer todo esto, y a la vez, no es fácil si no se quiere aflojar además la férula de la Monarquía teocrática.  Un camino en buena parte contradictorio.  Sin petróleo Arabia Saudí sería otro país. Y será otro país si los sudairis se deshacen de la dependencia del petróleo antes de 2030, tal como pretenden, y abandonan la patrimonialización del Estado sin perder a la vez el nombre del guerrero que lo fundó.

La Monarquía de Riad ha empezado la transiciòn desde el actual Estado rentista hacia una economía de mercado moderna.  Como en un cuento de Las mil y una noches…  

(1) La doble línea ferroviaria electrificada de alta velocidad La Meca-Medina (450 kilómetros / 280 millas), la están construyendo en la actualidad doce empresas españolas; una gran infraestructura presupuestada en 6,736 millones de dólares. La velocidad de los trenes AVE pueden superar los 300 kilómetros / 186 millas por hora, acortando en un tiempo récord la distancia entre las dos ciudades.  La inauguración de la línea La Meca-Medina está prevista en el transcurso de 2017, y los trenes pueden atender una demanda calculada en 166,000 viajeros diarios.

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