Vivian Maier: la niñera fotógrafa

–  Cristina Morató

La mujer de la imagen es Vivian Maier, una niñera que tenía una doble vida.  En su tiempo libre, además de cuidar niños, hizo cerca de 200,000 instantáneas.  Nunca se las enseñó a nadie, aunque su talento estaba a la altura de genios como Robert Capa (1913-1954) o Diane Arbus (1923-1971), porque la fotografía era su pasión secreta.

Vivian era tímida, obsesiva, solitaria y enigmática.  Cerraba su habitación con llave y no se relacionaba con la gente más que a través de su cámara.  Tras su muerte, pobre y anónima, su magnífico legado ha sido descubierto por casualidad.

En el 2007, un joven estudiante, John Maloof, compró en una subasta un lote de miles de negativos por apenas 400 dólares.  El archivo provenía del guardamuebles donde Maier había depositado todos sus bienes, entre ellos miles de negativos y carretes guardados en cajas de zapatos.  Tras revelar algunas de las fotos, las colgó en Internet.  Fue entonces cuando el prestigioso crítico Allan Sekula (1951-2013) encontró en ellas un gran talento.  En los años siguientes, Maloof se dedicó a revisar todo el material y a descubrir quién era en realidad Vivian Maier, su autora.

Nacida en Nueva York en 1926, Maier vivio en el Bronx, pasó penurias económicas y, para ganarse la vida, trabajó como niñera durante cuatro décadas para familias bien de Chicago y Nueva York.  Los niños que cuidaba también se convirtieron en sus modelos y la acompañaban en sus largos paseos por la ciudad descubriendo lugares, personas, historias y secretos.  Hizo miles de fotos, grabó sonidos urbanos y rodó varias películas con una cámara Super-8.  Y las tres cosas las hizo con una maestría y modernidad impropias de una aficionada.

También tomó infinidad de autorretratos.  De manera obsesiva, aprovechaba el reflejo de un espejo, de un charco, o el cristal de un escaparate, para jugar con originales composiciones.  Y allí está ella, una sombra alargada e inquietante, de aire andrógino y triste mirada.  Los que la conocieron la tachan de excéntrica y las familias de los niños que cuidaba ignoraban su afición.  Su modesto salario sólo le llegaba para comprar carretes, pero no para revelarlos.

Vivian fue esquiva y misteriosa hasta su muerte.  Falleció en abril del 2009, a los 83 años, en una residencia de ancianos de Chicago.  Hasta sus últimos días vivió de la caridad de aquellos niños que cuidó de joven.  Hoy, la Mary Poppins de la fotografía, como algunos la llaman, ha sido catapultada a una fama que nunca pudo imaginar.

Nota:  Puede verse más información en:  Vivian Maier

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El mito del horóscopo

–  J.M. Mulet

El horóscopo es un invento de los babilonios.  Cada signo hace referencia a la constelación por la que se ve el Sol en el día del nacimiento de una persona.  En el actual siglo XXI mucha gente sigue leyendo su horóscopo y consultando las cartas astrales, en las que escuchan todo tipo de ambigüedades sobre su devenir.

Los psicólogos definen esta actitud como el efecto Forer, es decir, creer que alguien desconocido te describe específicamente y pensar que esa información es útil.  Por cierto, ¿usted cree que todos los que fallecieron en el Titanic compartían signo del zodiaco?  ¿Las cartas astrales les aconsejaban que se fueran mejor de vacaciones al Caribe en vez de a Nueva York?

Ya hemos señalado antes que el origen del horóscopo viene de los babilonios, que, como no tenían televisión ni Internet, pasaban muchas horas mirando al cielo.  Fueron los primeros en asignar unas formas arbitrarias a las estrellas, que llamaron constelaciones.  En el cielo hay una línea imaginaria que llamamos eclíptica.  Su nombre viene de eclipse, ya que cuando se producen la Luna o la sombra de la Tierra transitan por esa línea.  También es por la que pasan los planetas visibles a simple vista.

Esta línea se debe a que todos orbitamos en el mismo plano, pero la Tierra, que tiene una inclinación 23,27 grados respecto a su órbita es la que permite que existan estaciones.  Si nuestro planeta tuviera el ecuador alienado con el plano por el que orbita alrededor del Sol, no existiría la primavera ni el verano.  Pero como está inclinado, si  superpusiéramos el Sol con el cielo nocturno, veríamos que se halla encima de la eclíptica.

Además, como el giro alrededor del Sol dura exactamente un año, las constelaciones de la eclíptica retroceden un grado cada día.  Por eso parece que el Sol aparentemente transita durante el año por todas las constelaciones, aunque realmente somos nosotros los que nos movemos.

Los babilonios tenían un sistema de numeración basado en el número 12, del que hemos heredado la forma de medir los grados en un círculo y el tiempo.  Así que hicieron un poco de trampa y asumieron que la doceava parte del año (aproximadamente un mes) el Sol transitaba sobre cada una de esas constelaciones zodiacales.

Pero el truco no acabó ahí.  Para ver las formas de las constelaciones hay que echarle imaginación, muchas veces interesada.  Así, cuando llegaban las lluvias tocaba el signo de Acuario, los nacidos cuando migraban los uros (1) serían Tauro, la época en la que se esquilaba a los carneros sería para los Aries, o cuando había que recoger la mies, Virgo (por eso se la representa con espigas).  De esta forma se le daba un valor predictivo, aunque utilizaban el viejo truco de saber primero el resultado y hacer luego el pronóstico, lo que era muy útil para reafirmar el poder de la casta sacerdotal.

Por tanto, el signo del zodiaco hace referencia a la constelación por donde se ve el Sol en el día del nacimiento de cada persona.  Los griegos recogieron esta trampa y le pusieron el nombre de zodiaco, que significa “rueda de animales”.

Lo que parece es que a los astrólogos no les preocupa demasiado mirar el cielo, puesto que ni siquiera en el origen la posición del Sol coincidía con las constelaciones.  Además, el sistema solar se mueve alrededor del centro de la galaxia y la Tierra oscila sobre su eje como una peonza, lo que provoca la presencia de los equinoccios.  Por si fuera poco, las estrellas de las constelaciones también se mueven, por lo que la perspectiva del cielo nocturno va cambiando muy lentamente y, milenio a milenio, las variaciones se notan.

Hay que tener en cuenta que los signos no duran todos lo mismo y no son 12 sino 14.  Ahora tenemos el signo de Ofiuco, el portavoz de la serpiente, constelación que representa al dios de la medicina Asclepio o Esculapio.  Y el de Cetus, un monstruo marino del que proviene el término cetáceo y que se cuela durante un día en la eclíptica.

Por tanto, el zodiaco, en tanto que son las constelaciones de la eclíptica, se puede considerar ciencia, pero el horóscopo, la capacidad de predecir el futuro, es pura ficción.

(1)  Mamífero rumiente bóvido muy similar al toro, pero de mayor tamaño; fue el precedente del actual ganado vacuno europeo y habitó en Europa, Asia y el norte de África hasta su extinción en el siglo XVII.

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