El monumento a Cuba en el Parque de El Retiro (Madrid)

  Lourdes Morales Farfán

En el Parque de El Retiro (Madrid), al final del Paseo de Colombia, se encuentra en la Plaza del Salvador el Monumento-Fuente dedicado a Cuba (ver imagen supra).  La idea de erigir un monumento en homenaje a la República de Cuba surge como agradecimiento al Gobierno cubano presidido por Gerardo Machado (1869-1939) por la construcción, en 1929, del Monumento al Soldado Español ubicado en las Lomas de San Juan (Santiago de Cuba).  El proyecto fue acogido favorablemente por el Gobierno del General Miguel Primo de Rivera (1870-1930), y el 1 de agosto de 1929 el Ayuntamiento de Madrid autorizó su realización, colaborando generosamente a la financiación del proyecto.

La construcción del Monumento-Fuente progresó rápidamente, encontrándose casi finalizado en 1931 al inicio de la Segunda República Española (1931-1939).  La inauguración se fue retrasando de una fecha a otra hasta llegar al 27 de octubre de 1952, fecha en la que finalmente se procedió oficialmente al acto previsto, coincidiendo con el cuatrocientos sesenta aniversario del descubrimiento de Cuba por Cristóbal Colón.

El monumento presenta en el centro una estructura de tres cuerpos y planta de cruz, delimitada ésta en cada uno de sus frentes por un pilón semicircular de granito.  La cara principal o delantera de la fuente está orientada al Este, y la trasera al Oeste.

De estos cuatro pilones, vamos a resaltar los dos situados en los frentes delantero y trasero del monumento, ya que en ambos aparecen situados sobre sendos pedestales las figuras en bronce de una iguana y un galápago, realizadas por el escultor Mariano Benlliure (1862-1947).  El motivo para emplazar las figuras de estos dos animales se encuentra en el hecho de que ambos forman parte de la más antigua fauna de Cuba, en particular la iguana.  La presencia del galápago se explica además, en base a su conocida longevidad, como una intención de resaltar el largo tiempo transcurrido, más de cuatrocientos años entonces, de la llegada de los españoles a la Isla.

La estructura central y principal de la fuente, de forma rectangular, está realizada en piedra caliza y es de planta rectangular en la que los dos lados mayores corresponden a las caras frontal y trasera del monumento.  Se compone de tres cuerpos superpuestos con forma de paralelepípedos y cuyo tamaño va disminuyendo de manera ascensional.

En el primer cuerpo, reparamos en cada lateral de menor tamaño -los situados al Norte y al Sur-  la proa de una carabela con un mascarón formado por un ángel que porta una cruz.  La embarcación aparece apoyada sobre dos surtidores de agua con forma de delfín y bajo una guirnalda confeccionada con los productos típicos de la agricultura cubana (como si de una corona de laurel se tratase) recordando la gran riqueza que ésta significó para España.

Esas figuras de bronce son también obra del escultor Mariano Benlliure, pudiendo considerarse todo el conjunto formado por éstas y el primer cuerpo de piedra como una columna rostral romana, en la que se nos representa la celebración del triunfo de las naves colombinas al lograr atravesar el Océano Atlántico y llegar hasta las costas cubanas en 1492, sin olvidar la importancia del proceso de evangelización que formó parte de la conquista de América.

En cada lateral del segundo cuerpo vamos a ver un escudo o estatua elaborado en mármol.  Comencemos por el frontal, donde por encima de las palabras dedicatorias “A CUBA” aparece el escudo oficial de la República de Cuba adoptado en 1906.  En el lateral posterior se encuentra representado, con algunas carencias, el escudo de los Reyes Católicos Isabel y Fernando bajo cuyo reinado (Corona de Castilla 1474-1504  Corona de Aragón 1479-1516) las naves españolas llegaron hasta las costas cubanas.  Al estar realizado durante la época del Gobierno (1939-1975) del General Francisco Franco (1892-1975) y ser muy similar al utilizado entonces suelen confundirse.

En el lateral norte (el derecho según miramos al escudo de Cuba) se ubica la estatua sedente de Isabel la Católica (1451-1504), quien ante la posibilidad que se planteaba durante su reinado de poder lograr la cristianización de Asia, decidió apoyar los proyectos de Cristóbal Colón (1451-1506).  Recordemos que Colón navegó rumbo al Oeste con el objetivo de llegar hasta tierras asiáticas, basándose en su creencia de que la Tierra era redonda.  La estatua, obra del escultor Juan Cristóbal (1897-1961), muestra una imagen idealizada de la reina castellana, en la que se ha querido realzar su belleza.  La escultura ha sufrido algunos daños con el paso de los años, y actualmente podemos observar que su mano derecha aparece parcialmente cercenada, habiendo desaparecido la mayor parte de la cruz esculpida por el artista.

La escultura de Cristóbal Colón se encuentra situada al lado opuesto del monumento (el lateral sur) y fue realizada por el escultor Francisco Asorey (1889-1961).  El artista ha esculpido al ilustre navegante como una persona de carácter fuerte, que dirige su mirada firme hacia el horizonte mientras permanece sentado delante de una corona de laurel, sujetando fuertemente un globo terráqueo.

El segundo cuerpo finaliza en una gran cornisa, que da paso al tercero en el que, sobre una base cuadrada, se erige una figura femenina como símbolo de la República de Cuba.  Esta talla, obra del escultor, Miguel Blay Fábregas (1866-1936), es quizás la mejor de todo el conjunto.   La República cubana se nos presenta así como la figura de una mujer joven cubierta por el gorro frigio, símbolo de la república, mirando sosegadamente hacia la derecha mientras, con su mano izquierda, señala hacia un cuerno de la abundancia del que sobresalen diversas flores y frutos como figura alegórica de la enorme riqueza y fertilidad de aquellas tierras.  Con la representación de la orquídea, considerada una de las más bellas y queridas flores de América, el escultor ha querido representar el significado de Cuba para España.

Al elaborarse el proyecto inicial (1) de la Fuente-Monumento, se pensó en colocar también una estatua del Presidente Gerardo Machado, propuesta que no se llegó a realizarse.

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(1)  Véase el boceto original de la Fuente-Monumento, en el que figura una estatua del Presidente Gerardo Machado, en Cosmópolis, Revista del Ayuntamiento de Madrid, número extraordinario, septiembre de 1929, página 31.

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Los problemas del ego

  Raimón Samsó

Desde la niñez vamos construyendo una identidad inventada, que a la larga será la causa de algunos conflictos personales.  Ese falso yo recibe el nombre de ego.  Una especie de segunda identidad que nos hace difícil saber quiénes somos en realidad y de dónde proceden nuestros problemas.

Todas las relaciones personales: familia, amigos, pareja y trabajo… se ven sacudidas por conflictos, más grandes o más pequeños, de forma recurrente.  A veces, cuando una relación parece ir bien, otra empeora.  Las relaciones entre las personas se convierten en una montaña rusa de altibajos, avances y retrocesos.  Nunca parece que vayan a arreglarse definitivamente del todo.  Siempre el mismo tipo de conflictos…  la vida se hace difícil.

Y en ese punto, las personas suelen decir algo así como que “las relaciones son difíciles”, cuando en verdad es el que hace esa afirmación quien es difícil.

Tal vez deberíamos en algún momento examinar y cuestionar nuestros comportamientos y creencias gobernadas por el ego.  Para definirnos recurrimos al uso de referencias externas convencionales o etiquetas.  A la mente le gusta poner nombres a todo para tratar de comprenderlo.  El ego es una autoimagen que se basa en identificaciones tales como: un nombre, una edad, un estado civil, un rol familiar, unas posesiones, una nacionalidad, un pasado, una profesión, unas creencias, un cuerpo, una educación, una religión, un sexo, unos logros y fracasos…  Todos los egos en realidad son iguales, ya que consisten en una identificación, y por tanto solo se diferencian en la superficie, pero no en el fondo.  Las personas nos acabamos contando una historia, y quien se apegue más a la suya será quien sufrirá más, porque será incapaz de vivir de otra manera.

El autoengaño tiene muchos nombres.  Al ego se le conoce también por autoimagen, yo construido, falso yo o yo fabricado, pero en realidad no importa el nombre, sino darse cuenta de que se trata de una creación mental.  Una falsa identidad no real.  Es importante que detectemos en qué momento se encuentra en activo.  Esto ocurre cuando nos suceden cosas como querer tener razón a toda costa, quejarse y sentirse víctima, ser incapaz de perdonar, juzgar y etiquetar a las personas, atacar o defenderse de comportamientos, reaccionar impulsivamente o establecer diferencias.

Por otro lado, cuando desactivamos el ego perdemos interés por discutir, competir, agredir, criticar, estar a la defensiva, juzgar…  Esto no significa que seamos pasivos, sino que habremos elegido antes que nada la paz mental en toda situación, algo que solo se consigue siendo muy activo (eligiendo decisiones sabias) y no lo contrario  (reaccionando como un autómata).

El juego preferido del ego es tratar de cambiar a los demás, sin esforzarse por cambiar uno mismo.  Un antiguo proverbio chino nos dice que “es más fácil variar el curso de un río que el carácter de una persona”.  Así es, y sin embargo, una y otra vez se vive con la ilusión de hacer pasar a los demás por los guiones que hemos inventado para ellos, como si alguien pudiera saber qué es lo mejor.

Renunciar a la posesión imaginaria del constructo mental que es el ego no es sencillo.  ¿Cómo desprenderse de una identidad forjada a lo largo de toda una vida?  Parece como una pequeña muerte, y en realidad lo es, pero servirá para renacer a una nueva vida libre de apegos y aversiones, y por ello más feliz.

Hay muchas técnicas y teorías sobre cómo acabar con el ego, pero tal vez la menos conocida sea matarlo de aburrimiento, o sea no haciéndole caso.  ¿Y cómo se hace eso?  Dejando de reaccionar desde el ego a los otros egos, no saltando a la mínima provocación o reaccionando mecánicamente. Se trata de dar una respuesta elaborada y elegida, sin darle el micrófono o el protagonismo a esa vocecita parlanchina y engreída que hay dentro de cada uno y que siempre busca líos.  En la mayoría de los casos, cuando se dice “yo” es el ego el que habla.

El final de los problemas es no reaccionar al ego de las otras personas.   Pero, ¿cómo no hacerlo ante un comportamiento desagradable?  Es sencillo de decir, aunque no fácil de hacer.  La clave está en comprender que su comportamiento disfuncional está dictado por su ego.  Que no procede de la persona en sí, sino de sus condicionamientos adquiridos en el pasado.  Y entender que todos llevamos un ego a cuestas, y que todos sucumbimos a sus desvaríos de vez en cuando…  Tener en cuenta todo esto ayuda a comprender (aunque no a justificar) comportamientos disfuncionales y,  por tanto, a no reaccionar ante ellos.

El contexto donde los egos suelen entrar en conflicto son las relaciones de todo tipo:  familiares, sociales, profesionales y de pareja…  Uno podría pensar que cambiando las relaciones se solucionaría el problema.  Pero no es así.  Eludir las relaciones no es la solución, ya que el dolor sigue latente en el inconsciente.  Sin duda, el problema reaparecerá, esta vez en otro lugar, en otro momento y con otra persona.

Solo resolveremos estas cuestiones si dejamos de juzgar y criticar, si aceptamos a los otros tal y como son, sin ningún deseo de cambiarlos, ni tan siquiera por su bien.

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