Carmen Herrera, una artista cubana de éxito a los 101 años

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–  Daniela Sánchez

Trabó amistad con Jean Genet y Barnett Newman.  Frecuentó los círculos artísticos de Josef Albers, Jean Arp, Willem de Kooning o Mark Rothko.  Conoció algunos de los grandes tótems de la creación del siglo XX en un apasionante periplo vital que la llevó desde La Habana, donde nació el 31 de mayo de 1915, a París y Nueva York, sin dejar de pintar bajo el influjo de las vanguardias.  Pero sólo cuando cumplió 89 años vendió su primera obra de manera profesional. Hoy, con 101 años cumplidos, Carmen Herrera es una artista reconocida.  Sus cuadros cuelgan en algunos de los más importantes museos y el nuevo Whitney Museum of American Art (99 Gansevoort Street, New York 10014) ofrecerá en sus salas, desde el 16 septiembre de 2016 al 2 enero de 2017, una retrospectiva con medio centenar de sus obras (1).

El éxito sobrevenido, sin embargo, no parece perturbar demasiado a esta creadora cubana, que sigue levantándose temprano para trabajar en su loft de Manhattan en una rutina que solo rompe, sobre las 11 de la mañana, para tomarse un whisky o una copita de champán según ha comentado recientemente.

En todo caso, Herrera reconoce que el éxito ayuda a no perder el ímpetu para seguir pintando una producción que atraviesa la “historia de la abstracción, la arquitectura, el minimalismo estadounidense y latinoamericano y el concretismo cubano”, explica el experto Nicholas Logsdail.

“Lo primero que hago cuando me levanto es dar gracias a Dios porque tengo un día más para vivir y pintar”, explica la pintora.  Trabaja hasta la hora de comer con su asistente ecuatoriano Manuel para ejecutar sus lienzos más grandes.  Muchas veces también le acompaña su viejo amigo, el artista puertorriqueño Tony Bechara.  Fue él, como Presidente de la Junta del neoyorquino Museo del Barrio, quien organizó la primera individual de Herrera en 1998.

Cinco años después, The New York Times definió su obra como “el último grito de la pintura”. Sus cuadros y su personalidad llamaron tanto la atención que la cineasta Alison Klayman le dedicó una película documental “The 100 Years Show” (2) estrenada en 2015.

Herrera pudo vivir desahogadamente en su juventud gracias a una pensión del Gobierno cubano por ser hija de un héroe nacional.  Su padre, Antonio, luchó en la Guerra de Independencia (1895-1898) contra su propio progenitor, que era Coronel del ejército español.  Más tarde, Antonio Herrera formó parte en La Habana de los fundadores del periódico El Mundo (1901-1969).  La madre de la artista, Carmela, fue periodista y pionera del movimiento feminista en la Isla caribeña.  Su tío fue el Cardenal español Ángel Herrera Oria (1886-1968).

Su condición de mujer retrasó su reconocimiento como artista, afirma Carmen Herrera, y añade que “Ser mujer y cubana no era ventajoso en tiempos pasados; además yo era una mujer muy agresiva.  Todo hay que medirlo por las normas de su época.  Una tenía que acostumbrarse a eso, no sólo en el arte, sino en todas las disciplinas”.  Comenta también que “ahora han cambiado las cosas drásticamente, para mejor; el cambio es lo único constante en la vida y el que no se dobla un poco se lo lleva la corriente”.

La pintora experimentó un cambio en su vida cuando, en 1939, conoció en La Habana a su gran amor Jesse Loewenthal, con quien estuvo casada 61 años hasta su fallecimiento en el año 2000.  No tuvieron hijos. La joven pareja se marchó en 1948 a París donde residieron cinco años, un período fundamental para el crecimiento artístico de ella, que ya había vivido con anterioridad en esa ciudad.  En el París de la posguerra, el resurgimiento del arte abstracto y del “arte degenerado” como le llamaban los nazis, la marcó definitivamente.

Conocer en Miami a Ella Fontanals-Cisneros, coleccionista cubana y fundadora del Museo CIFO fue decisivo.  Le adquirió directamente en el año 2002 un lote de nueve obras.  Fontanals-Cisneros quería donar en esas fechas una de ellas a la Tate Modern que, en un principio, no quería aceptarla.  “Confíen en mí; esta señora va a tener éxito y ustedes no van a poder comprar su obra.  Me lo van a agradecer”, les dijo la coleccionista según su propio relato.

La cotización actual de una obra de Carmen Herrera puede oscilar entre los 15,000 y el medio millón de dólares.  Sus cuadros forman parte de las colecciones del MoMa, Whitney, Walker Art Center, Smitsonian Museum, Museo del Barrio y Hirshhorn Musem, además de la Tate Modern,

Admiradora de la arquitectura de El Escorial y de la pintura de Francisco de Zurbarán (1598-1664), revela que su secreto para superar los 100 años de edad consiste en la suerte, el destino y no pensar mucho en ello.  En sus tiempos “el reconocimiento no era gran cosa; es sobre todo un fenómeno contemporáneo” apunta.  No habla de arte; sólo le interesa producirlo, y hacer lo que le gusta:  “Tengo una edad.  Si no me puedo tomar un whisky cuando me da la gana, ¿cuándo me lo tomo?”, se pregunta risueña.

(1)  Véase  http://www.whitney.org/Exhibitions/CarmenHerrera

(2)  Véase  http://www.the100yearsshow.com

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