El Quijote cabalga bajo tierra

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–  Pablo Gómez

El forense Francisco Etxeberría, que ha estado al frente de los trabajos de búsqueda del cuerpo de Miguel de Cervantes (1547-1616) en la cripta del Convento de las Trinitarias (Madrid), ha declarado recientemente que “no tenemos la certeza absoluta, matemática, de estar ante los restos de Cervantes;  estamos convencidos de que entre estos fragmentos tenemos algo de Cervantes”.  Resumía así las conclusiones del proyecto realizado por un equipo de especialistas que ha durado un año.

No hay por tanto, una verdad científica que cierre el misterio abierto hace cuatro siglos, puesto que no existe casi margen para un examen de ADN, ni tampoco se ha podido individualizar ningún resto perteneciente al padre de El Quijote, pero los investigadores que han rastreado palmo a palmo (utilizando un sofisticado georradar) el convento madrileño de las Trinitarias son concluyentes a la hora de afirmar que han terminado su trabajo con éxito.

El hallazgo histórico se produjo a sólo unos metros del nicho en el que fue encontrada una tabla de madera con las iniciales “M.C.”.  Concretamente, en el suelo de la cripta subterránea, en una reducción de huesos cifrada por los científicos como la número 32. Este conjunto, cerrado e independiente del resto, estaba situado en la esquina sureste de este espacio de menos de 60 metros cuadrados (196 pies) y a una cota de 135 centímetros (53 pulgadas) por debajo del enlosado.

En este punto, el equipo de investigadores pudo documentar la presencia de huesos compatibles con el osario que fue trasladado hasta allí desde la Iglesia primitiva.  Entre las personas que recibieron sepultura en el templo original se encontraba Miguel de Cervantes.  El análisis osteológico de este enterramiento revela, según las conclusiones “que han aparecido cuatro cráneos que son de sexo masculino y algunos indicadores que sugieren la presencia de individuos de edad avanzada que podrían ser compatibles con la identidad de Cervantes”.

El osario primitivo -del que además de Cervantes también formaba parte su viuda Catalina Salazar- fue trasladado a la cripta en una fecha anterior a 1730, año en el que la finalización de las obras de ampliación posibilitaron que este espacio fuera dedicado de forma íntegra a acoger enterramientos. Este grupo funerario lo integraban 17 cuerpos, seis infantiles y 11 adultos. Datos que concuerdan casi al 100% con lo encontrado en esta fosa 32, en donde se han podido constatar la presencia de 10 adultos y 5 niños.

De la decena de adultos, cuatro son restos masculinos y dos femeninos, mientras que de los cuatro restantes no se ha podido determinar su sexo, aunque de dos de estos últimos existan indicios razonables que apuntan a que son hombres. Este conjunto de huesos se encuentra sobre el suelo geológico del templo, lo que implica que por debajo no hay más restos y por lo tanto se trata de los enterramientos más antiguos.

Aunque, tal y como sostuvo el forense Etxeberría, no se ha constatado entre estos restos lesiones compatibles con el perfil morfológico de Cervantes  -la conservación de apenas seis dientes, su lesión en el brazo izquierdo y los impactos recibidos en el esternón durante la batalla de Lepanto (1571)-  sí hay signos que refuerzan su teoría. Entre éstos, apunta el informe, el hecho de que los restos se encuentren en un estado de conservación “deficiente, muy frágiles, la mayor parte del hueso esponjoso ha desparecido” o que presentasen signos artrósicos, con calcificación de cartílagos y desgaste en las piezas dentales, lo que subraya la edad avanzada de estos individuos.

Junto a ellos, también han sido hallados otros materiales arqueológicos y tejidos, que los especialistas del Museo del Traje (Madrid) han datado como propios del siglo XVII y que, por tanto, son compatibles con la época en la que Miguel de Cervantes (1) fue enterrado.

(1  Véase en la imagen supra la placa que figura en el lugar donde vivió y falleció Miguel de Cervantes en Madrid, ubicada en la esquina de la denominada en su época calle Francos (actualmente Cervantes) y la calle del León, muy cerca del Convento de las Trinitarias.

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Nota:  El experto Jorge Alcalde señala que los resultados de la investigación sobre los huesos inhumados en el Convento de las Trinitarias en Madrid dejan algunas cosas más claras y otras algo confusas.  Es cierto, indica, que parece haber unanimidad entre los expertos en apostar por que los restos hallados son los de Miguel de Cervantes; pero también lo es que esa unanimidad no podrá nunca estar basada en la certeza genética. Sostiene el experto que la ciencia, en este caso, no podrá decir la última palabra o, al menos, una palabra más alta y clara de la que ya han dictado los legajos, la historiografía, la documentalística y la sabiduría popular.  A todos los efectos, apunta, Cervantes ha sido encontrado, pero no podremos ponerle el sello de “irrefutable” a la tesis. Nunca. Aclara Jorge Alcalde que el problema es que no contamos con información genética suficiente para “individualizar” los restos, como dicen los expertos; incluso asumiendo que se pudieran diferenciar los 17 cuerpos enterrados en la misma área y determinar que uno de ellos es el de Cervantes, no existe otro ADN de otro individuo de su familia que permita establecer comparación.  Y concluye afirmando que en genética forense, si no hay con qué comparar, una muestra no sirve de nada.

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