La llave de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén

Santo Sepulcro.1

–  David Alandete

Con peculiar orgullo Adeeb Joudeh asegura que “esta llave se la dio a mi familia Saladino (1138-1193) en persona”.  Haciendo honor a tan añejo linaje, la llave forjada en el año 1149 es grave, larga y negra de tan oxidada.  Se abren con ella las dos formidables puertas de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén que, según la tradición cristiana, alberga entre otras reliquias parte de la roca del Gólgota, el lugar donde Jesucristo fue crucificado.

Razones tenía Saladino para entregar a familias musulmanas la llave y el control de las puertas.  Entre ellas, la de evitar que el templo volviera a manos de los cruzados.  En la actualidad, los descendientes de aquellos musulmanes mantienen la tradición, con la complicada misión de evitar enfrentamientos inútiles entre las diversas denominaciones cristianas que custodian el recinto.

Una pequeña escalera de madera reposa desde principios del siglo XIX bajo el alféizar de una de las ventanas ubicadas en el primer piso.  Como es una zona de administración común todos deben ponerse de acuerdo para quitarla, algo que no ha sucedido hasta el día de hoy.

Los Joudeh, depositarios de la llave desde el siglo XII, velan por la tradición y el orden junto a otra familia musulmana, los Nuseibeh, encargados de custodiar las puertas en sí mismas,  Cada día repiten el mismo ceremonial.  A las cuatro de la mañana el guardián de las puertas -o quien él designe- las golpea con los nudillos.  En la situada a la derecha se abre un ventanuco (ver imagen supra), por el que un monje hace pasar una escalera de madera de mano con ocho travesaños. La utiliza entonces el depositario de la llave para poder abrir un elevado cerrojo ubicado en la puerta izquierda. Desde dentro se empuja la citada puerta y el custodio abre entonces la que se halla a la derecha.  Se cierran de forma inversa al anochecer.  Una veintena de monjes pernocta en el interior.

Los Nuseibeh y los Joudeh han tenido en el transcurso de los años sus más y sus menos.  Los Nuseibeh sostienen que la custodia de las puertas fue suya desde los tiempos de Omar, el segundo califa, que tomó Jerusalén en el siglo VII.  Por su parte, los Joudeh afirman que poseen la llave desde los días en que el sultán Saladino devolvió a manos musulmanas Jerusalén.  Las dos familias poseen documentación histórica que valida sus enfrentadas tesis.

Ambas partes han llegado a un acuerdo que delimita sus funciones, y que ha sido refrendado por los líderes religiosos que comparten el recinto.  Se resume en una simple división de un mismo objeto:  las puertas en cuestión las custodian la familia Nuseibeh, pero la llave que las abre la posee la familia Joudeh.  Esta forma de gestionar el acceso a través de las citadas puertas se denomina statu quo.

La curiosa forma de administrar la puertas de entrada de la Basílica del Santo Sepulcro se compiló en los años del Imperio otomano, la asumió Gran Bretaña cuanto tomó posesión de estas tierras, y las han respetado posteriormente Jordania e Israel.

Por la solemne carga de estas ceremonias las dos familias no reciben retribución alguna. “Es una cuestión de honor. Somos custodios de la entrada al Santo Sepulcro. Es pago suficiente”, afirma Adeeb Joudeh depositario de la legendaria llave de las puertas.  Es cierto, pero también deben de trabajar para alimentar a sus familias. Por eso él y Wajeen Nuseibeh pagan a su vez a Omar Sumrin, de 40 años, que duerme en la lonja del histórico edificio y que, cuando ellos no pueden hacerse cargo del ritual, asume la prosaica labor de abrir y cerrar las puertas sin tanta solemnidad, a pesar de que su nombre no aparece en ninguno de los documentos que detallan el complejo statu quo ratificado por ambas familias.

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La Basílica del Santo Sepulcro (véase imagen supra) fue construida por el Emperador Constantino (272-337) en el año 326, ubicada en el lugar donde según la tradición se encuentra el Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado, y la tumba de José de Arimatea en la que se fue enterrado y donde resucitó.  Eusebio de Cesarea (265-340), conocido como “padre de la historia de la Iglesia”, describe con detalle la veracidad de estos hallazgos.  Para realizar una visita virtual de la Basílica del Santo Sepulcro véase en Internet  http://www.santosepulcro.custodia.org/default.asp?id=4330 

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