Los verdaderos orígenes de King Kong

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–  Fernando Iwasaki

Todos sabemos que Moby Dick es la ballena blanca creada por Herman Melville (1819-1891), aunque Mocha Dick -un cachalote albino que asoló las costas de Chile y Perú hasta que fue cazado en 1835-  sea menos conocido que su versión novelesca editada en 1851 con el titulo “The Wale”, y en las posteriores ya como “Moby Dick”.  Sin duda Melville tuvo noticias de que los balleneros del puerto del Callao (Perú) hablaban de esa criatura y, gracias a Mocha Dick, hemos podido disfrutar de una novela extraordinaria.

Asimismo, a Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) se le ocurrieron los terroríficos Nyarlathotep y Yog-Sothoth (personajes de ficción) mientras curioseaba grabados de dioses precolombinos y peruanos, igual que Edgar Allan Poe (1809-1849) decidió que el horrendo pájaro que mató de un susto al Duque de l’Omelette tenía que ser peruano (como figura en su célebre cuento publicado en 1832).

Me sentí tan conmovido cuando descubrí que todos esos monstruos eran peruanos, que espero que los lectores españoles (y otros hispanohablantes) sientan lo mismo cuando sepan que King Kong también tiene denominación de origen ibérica.

El primer alarido de King Kong resonó a través de las páginas del Jardín de las flores curiosas (1570) de Antonio de Torquemada (1507-1569) quien narró la historia de una mujer desterrada en una isla, donde fue atendida por una horda de simios liderados por uno gigantesco y relata: “se fue con ellos hasta el monte, adonde el jimio mayor la metió en una cueva, y allí acudían todos los otros, proveyéndola de los mantenimientos que ellos usaban y tenían”.

Según Torquemada, una mañana la mujer vió un barco y decidiò escapar, y así “los jimios salieron todos a la ribera, siendo tan grande la multitud de ellos como de un ejército, y el mayor, con el amor y aficion bestial que con la mujer tenía, se metió tras ella por el agua, tanto que corrió muy gran peligro de ahogarse, y las voces y aullidos que daba y los chirriados bien daban a entender que sentía la burla que se le había hecho”.

Este episodio fue recogido por el jesuita Martín del Río (1551-1608) autor del tratado de demonología más importante del barroco –Disquisitionum Magicarum Libri Sex (1599)-, quien consigna que la mujer “se vió rodeada de una caterva de monos muy abundantes en la isla , todos dando gritos, hasta que llegó otro más corpulento…”.

La historia era tan conocida que hasta Lope de Vega (1562-1635) le dedicó el relato La mujer y el simio (1597).

Por lo tanto, a nadie de la España del siglo XVII le habría extrañado que King Kong hubiera escalado la Giralda en Sevilla para proteger a su chica, porque la leyenda del gorila enamorado era uno de los cuentos ibéricos más famosos.

Teniendo en cuenta que Godzilla en Japón se llama Gorija -que resulta de la suma de gorira (gorila) y kujira (ballena)-, la síntesis entre lo peruano y español es un monstruo japonés.

Imagen supra:  Cartel publicitario de la película  King Kong  (Merlan C. Cooper, 1933).

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