“Selfies”, la búsqueda del reconocimiento público

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–  Isabel Menéndez

Los “selfies”  forman parte actualmente de nuestra vida social.  Esta autofoto es un espejo donde el autor se mira.  Pero, entre la imagen del espejo y la que tenemos de nosotros mismos siempre hay diferencias.  ¿Qué vemos cuando nos miramos en estas imágenes?  ¿Quién podría certificar que lo que allí encontramos es lo mismo que creemos ser?  Más allá de esa impresión somos seres llenos de deseos, carencias y limitaciones, y hasta que no reconocemos todos esos factores no podemos compartir con los demás.

Las autofotos en las redes sociales están encaminadas a construir un “yo” nuevo y mejorado.  En ellas, esencialmente, se muestran situaciones en las que el protagonista lo pasa bien.  Nadie enseña situaciones desagradables, por lo que el “yo” puede acabar convirtiéndose en una construcción vacía de contenido.  Con los “selfies” se puede llegar a editar una existencia ficticia, en la que su autor crea un “yo falso” construido de acuerdo a sus deseos, no a la realidad.

El fotógrafo japonés Keisuke Jinushi se tomó varios “selfies” que colgó en Instagram en los que se veía a una mujer dándole de comer (1).  Pero era un montaje.  No había nadie cuidándole amorosamente, sino que él mismo se había pintado las uñas con esmalte y se las había ingeniado para que pareciera que estaba acompañado porque estaba harto de verse rodeado de parejas.

Todos queremos y necesitamos la aceptación social.  Otra cuestión es que esa necesidad nos lleve a mentir y a negar lo que nos hace más humanos:  las limitaciones y la palabra. Una palabra que cada día está más devaluada a favor de la imagen que favorece un narcisismo, y que puede llegar a convertirse en patológico cuando ahoga al “yo” ensimismado en su reflejo y niega las limitaciones propias y ajenas.

Con frecuencia sucede que cuanto peor sea el momento por el que se está pasando, más fotos se cuelgan figurando que estamos pasándolo bien.  Como dice el refrán:  “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

El psicoanalista argentino Juan Eduardo Tesone señala que “los  selfies  son una muestra más del auge que están adquiriendo las imágenes y el mundo virtual; una virtualidad que nos brinda una ilusión de control.  A través de estas autofotos se solicita la mirada del otro buscando un reconocimiento y una afirmación de la identidad.  El “pienso luego existo” ha sido sustituido por el “miro y soy mirado, por lo tanto existo”.

Tesone afirma que, con esa publicación de los autorretratos en la Red, se intenta recubrir el vacío que puede generar el temor al anonimato, a no existir para el otro.  Así se intenta confirmar la propia identidad.

Los “selfies” son escenas cotidianas de todo tipo.  Con esta biografía digital se pone al descubierto la intimidad.  Todo se exhibe y aparece el ahogo del espacio íntimo y quizás de la identidad.  La fantasía, la intimidad, pierden espacio ante lo explícito, lo inmediato. La compulsión a enviar y ver  “selfies”  no tiene que ver con ser hombre o mujer, sino con poseer una personalidad frágil que necesita un reconocimiento público.

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(1)  Pueden verse esta serie de fotos en Internet en la dirección http://blog.instagram.com/post/58178769416/getting-the-perfect-couple-photo-even-when

Imagen supra:  Caricatura del dibujante Ángel Idígoras, humorista gráfico.

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Isabel Menéndez, psicóloga y psicoanalista española, alterna la práctica de la psicología clínica con la divulgación de los grandes temas relacionados con el psicoanálisis.  Para más información sobre la autora véase en Internet  http://www.isabelmenendez.es

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