Cuadernos de Pozos Dulces, sexto aniversario

Cuadernos de Pozos Dulces celebra el sexto aniversario de nuestro blog Cuadernos

En los seis años de presencia en Internet se han publicado 144 artículos (aproximadamente un artículo cada quince días para no abrumar a los lectores) de 92 autores diferentes. En el transcurso de esos años, los lectores han escrito 331 comentarios al pie de los artículos.

Un total de 143 personas reciben directamente en su e-mail los artículos mediante una sencilla suscripción gratuita y segura. Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco de nuestra página de portada (hacer click en Cuadernos ) que se encuentra ubicado al final de la lista de los artículos publicados durante el año. La suscripción se confirmará respondiendo afirmativamente al mensaje que se recibe minutos después en el e-mail que se haya indicado.

También, a través de Twitter, 55 seguidores acceden puntualmente a todos los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde ya se han registrado cerca de 5,000 “amigos” que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican. El número real de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas que recibimos de esa red social y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios de países de América Latina.

Se han recibido en estos seis años más de 24,600 visitas de lectores en nuestro blog en Internet que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y Argentina. Esos datos consolidan, por sexto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Queremos reiterarle a todos nuestros lectores el compromiso de continuar con nuestro propósito de ofrecerles artículos de diversas materias, y autores diferentes, que despierten su interés.

Les recordamos que pueden incluir libremente, siempre que lo deseen, comentarios y sugerencias al pie de los textos publicados. Nos gustaría recibir también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente a nuestro correo electrónico pozosdulces@post.com

Muchas gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Cuadernos de Pozos Dulces ¿lustro o quinquenio?

El lenguaje tiene palabras con un uso limitado y quedan relegadas, con el paso de los años, a los diccionarios.  En español, son sinónimas lustro y quinquenio, y ambas identifican un período de cinco años.

Cuadernos de Pozos Dulces cumple ahora un lustro o quinquenio en Internet en el blog (hacer click en: cuadernos de pozos dulces).   En esos cinco años de presencia en Internet se han publicado 120 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 85 autores diferentes.  Durante ese período, los lectores han escrito 306 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 150 personas reciben directamente en su e-mail los artículos mediante una sencilla suscripción gratuita y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco de nuestra página de portada en WordPress (hacer click en cuadernos de pozos dulces) que se encuentra al final de la lista de los artículos. La suscripción se confirmará respondiendo afirmativamente al mensaje que se recibe minutos después en el e-mail personal que se haya indicado.

También, a través de Twitter, 54 seguidores acceden puntualmente a todos los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde ya se han registrado 3,688 “amigos”, que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número real de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas que recibimos de esa red social y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios de países de América Latina.

Se han recibido en estos cinco años 18,724 visitas de lectores en nuestro blog en Internet que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y Argentina.  Estos datos consolidan, por quinto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género de la región de las Antillas.

Los cinco dedos de la mano que figuran en la imagen supra, abiertos en un cordial saludo, quieren simbolizar nuestro agradecimiento a todos los lectores de estos cinco años y su especial acogida.  Queremos reiterarles, con ese gesto, el compromiso de continuar con nuestro propósito de ofrecerles artículos de diversas materias y autores diferentes que despierten su interés.

Les recordamos a todos que pueden incluir libremente, siempre que lo deseen, comentarios y sugerencias al pie de los textos publicados.  Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarlos directamente a nuestro correo electrónico pozosdulces@post.com 

Muchas gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Argerich y Barenboim, la madura edad de los prodigios

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–  Rubén Amón

Debieron sentirse niños otra vez Martha Argerich (junio 1941) y Daniel Barenboim (noviembre 1942) recientemente en Berlín.  Niños como cuando tenían cinco años y jugaban debajo del piano.  Y encima.  Cuando jugaban en el teclado, más o menos ajenos al diagnóstico de prodigios con que fueron identificados a cuenta de su talentazo.

Argentinos los dos.  De Buenos Aires ambos.  Amigos desde la infancia.  Jugaban al piano como jugaron en Berlin.  Lástima que la lengua española no se parezca a la francesa (jouer), la inglesa (play) y la alemana (spielen) cuando se trata de confundir el verbo interpretar con jugar.  Hicieron las dos cosas Argerich y Barenboim, pero evocaron sólo una.  Evocaron la edad de los prodigios, su niñez bonaerense.

“¿Qué queda del niño prodigio?”, pregunté hace tiempo a Barenboim.  Y Barenboim respondió que del prodigio quedaba el niño.  Quedaba la ingenuidad ante la música, la capacidad de asombro.  Quedaba la curiosidad, la pureza, la oportunidad de asomarse a una partitura como si fuera la primera vez.

Ya decía Pablo Picasso (1881-1973) que tuvo que cumplir 80 años para pintar como un niño.  Menos años tienen Barenboim (71) y Argerich (73), pero el concierto a cuatro manos (1) celebrado en la Philarmonie berlinesa se atuvo no tanto a una regresión psicoanalítica como a una ceremonia de la ingenuidad y de la fascinación.

La ternura de Barenboim arropando a Martha.  Mirándola de reojo.  Llevándola de la mano por el escenario para saludar a los espectadores.  Rescatándola de la timidez y de la misantropía.  Protegiéndola como un macho alfa de los flashes y de los ultras que jaleaban a la pareja en la definición estricta y ortodoxa de un concierto “histórico”.

Tanto se ha pervertido el adjetivo “histórico” que se antoja hueco para definir la dimensión artística y creativa del concierto berlinés.  Más aún cuando los niños prodigio cedieron el asiento a los prodigios septuagenarios, virtuosos y sublimes ambos, desgranando la versión pianística de La consagración de la primavera.

Sacaba el uno lo mejor del otro.  Parecían Kasparov y Karpov jugando a la vez con las piezas blancas y las negras.  Que son los colores del piano.  Y el pretexto de un homenaje a Stravinsky que derivó de la profundidad al tumulto, en una versión que evocaba el calor y el color de una orquesta sinfónica incandescente.

Sobrevinieron los clamores y propinas (Rachmaninov primero, Milhaud después) y se reprodujo el paseo de Daniel y Martha sobre el escenario, como dos niños de Buenos Aires con el pelo cárdeno y la sabiduría en las entradas.  Tan sabios, que los pianos estaban como podían no estarlo.  Se habían inmaterializado.

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(1)   Para ver vídeo hacer clic en (azul):      Véase en Internet  

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“Selfies”, la búsqueda del reconocimiento público

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–  Isabel Menéndez

Los “selfies”  forman parte actualmente de nuestra vida social.  Esta autofoto es un espejo donde el autor se mira.  Pero, entre la imagen del espejo y la que tenemos de nosotros mismos siempre hay diferencias.  ¿Qué vemos cuando nos miramos en estas imágenes?  ¿Quién podría certificar que lo que allí encontramos es lo mismo que creemos ser?  Más allá de esa impresión somos seres llenos de deseos, carencias y limitaciones, y hasta que no reconocemos todos esos factores no podemos compartir con los demás.

Las autofotos en las redes sociales están encaminadas a construir un “yo” nuevo y mejorado.  En ellas, esencialmente, se muestran situaciones en las que el protagonista lo pasa bien.  Nadie enseña situaciones desagradables, por lo que el “yo” puede acabar convirtiéndose en una construcción vacía de contenido.  Con los “selfies” se puede llegar a editar una existencia ficticia, en la que su autor crea un “yo falso” construido de acuerdo a sus deseos, no a la realidad.

El fotógrafo japonés Keisuke Jinushi se tomó varios “selfies” que colgó en Instagram en los que se veía a una mujer dándole de comer (1).  Pero era un montaje.  No había nadie cuidándole amorosamente, sino que él mismo se había pintado las uñas con esmalte y se las había ingeniado para que pareciera que estaba acompañado porque estaba harto de verse rodeado de parejas.

Todos queremos y necesitamos la aceptación social.  Otra cuestión es que esa necesidad nos lleve a mentir y a negar lo que nos hace más humanos:  las limitaciones y la palabra. Una palabra que cada día está más devaluada a favor de la imagen que favorece un narcisismo, y que puede llegar a convertirse en patológico cuando ahoga al “yo” ensimismado en su reflejo y niega las limitaciones propias y ajenas.

Con frecuencia sucede que cuanto peor sea el momento por el que se está pasando, más fotos se cuelgan figurando que estamos pasándolo bien.  Como dice el refrán:  “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

El psicoanalista argentino Juan Eduardo Tesone señala que “los  selfies  son una muestra más del auge que están adquiriendo las imágenes y el mundo virtual; una virtualidad que nos brinda una ilusión de control.  A través de estas autofotos se solicita la mirada del otro buscando un reconocimiento y una afirmación de la identidad.  El “pienso luego existo” ha sido sustituido por el “miro y soy mirado, por lo tanto existo”.

Tesone afirma que, con esa publicación de los autorretratos en la Red, se intenta recubrir el vacío que puede generar el temor al anonimato, a no existir para el otro.  Así se intenta confirmar la propia identidad.

Los “selfies” son escenas cotidianas de todo tipo.  Con esta biografía digital se pone al descubierto la intimidad.  Todo se exhibe y aparece el ahogo del espacio íntimo y quizás de la identidad.  La fantasía, la intimidad, pierden espacio ante lo explícito, lo inmediato. La compulsión a enviar y ver  “selfies”  no tiene que ver con ser hombre o mujer, sino con poseer una personalidad frágil que necesita un reconocimiento público.

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(1)  Pueden verse esta serie de fotos en Internet en la dirección http://blog.instagram.com/post/58178769416/getting-the-perfect-couple-photo-even-when

Imagen supra:  Caricatura del dibujante Ángel Idígoras, humorista gráfico.

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Isabel Menéndez, psicóloga y psicoanalista española, alterna la práctica de la psicología clínica con la divulgación de los grandes temas relacionados con el psicoanálisis.  Para más información sobre la autora véase en Internet  http://www.isabelmenendez.es

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