Venerable Hermano Victorino De La Salle (1885-1966)

  Alberto Sala Mestres

El 6 de abril de 2019, el Santo Padre Papa Francisco refrendó en el Vaticano el Decreto de Virtudes Heroicas del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle, aprobado por unanimidad por la Congregación para las Causas de los Santos, documento que le otorga la condición de Venerable.  Esta noticia fue difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su Boletín de Noticias del 8 de abril de 2019 (BO 297).

La cualidad de Venerable establece una nueva etapa que sitúa al Hermano Victorino De La Salle a las puertas de la Beatificación.  Para que sea designado Beato se requiere que suceda un milagro atribuido a su intercesión, que deberá ser verificado y autenticado de forma fehaciente, y analizado posteriormente por la Congregación para las Causas de los Santos.

Recordar la vida y obra del Hermano Victorino nos sitúa ante una persona que supo entender la sociedad de su época y la misión de apostolado que su vocación le había confiado.

Nuestro Hermano De La Salle nació en Francia y llegó a Cuba en 1905, formando parte de una comunidad de Hermanos que se establecería en la nueva República de Cuba fundada tres años antes. La labor realizada en esos primeros años fue muy eficaz para restablecer el acercamiento de los fieles y sus familias a la Iglesia, mediante la fundación de colegios católicos que ofrecían una educación más moderna, lejos de los cánones de la Metrópoli, impartiendo valores cristianos en una nueva evangelización.

El acertado criterio del Hermano Victorino le hizo ver que hacía falta algo más que las asociaciones o grupos que se formaron entonces para mantener la vigencia de la fe y la práctica de la religión. Era necesario -pensaba- organizar un movimiento diferente, innovador, comprometido y valiente. Así surgió, en 1928, la Federación de la Juventud Católica Cubana, una asociación nacional organizada a través de grupos y coordinada a nivel diocesano, que mantenía y desarrollaba su apostolado como el objetivo de todos los católicos comprometidos con la labor de Iglesia.

El diseño de ese movimiento laico de hombres y mujeres fue abarcando progresivamente en las diferentes ciudades y poblaciones de Cuba a los estudiantes, universitarios, obreros, fieles de las Parroquias y matrimonios, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, quien se adelantó varias décadas en promover el protagonismo que tienen ahora los laicos en la vida de la Iglesia.  Con su proverbial sencillez y humildad, confirmaba siempre un pensamiento que repitió muchas veces de palabra y por escrito:  “Siempre quise hacer obra de Iglesia”.

Estadísticas publicadas en la IV Semana Internacional de la Acción Católica, celebrada en Montevideo (Uruguay) en 1956, indican que la organización fundada por el Hermano Victorino contaba entonces con 1,080 grupos, formados por un total de 32,000 miembros.  En 1953 se había concluido la especialización en cuatro grupos: la Juventud Acción Católica (JAC), integrada por los grupos generales radicados en todas las Parroquias de Cuba;  la Juventud Estudiantil Católica (JEC), formada por los grupos establecidos en los colegios y centros de enseñanza secundaria; la Juventud Obrera Católica (JOC), integrada por los grupos obreros radicados en las distintas localidades; y la Juventud Universitaria Católica (JUC), constituida por los grupos establecidos en  las universidades del país.

Junto a esa significativa organización católica cubana, se fundó también en 1946 por iniciativa del Hermano Victorino el Hogar Católico Universitario, que brindaba acogida a los estudiantes sirviendo a su vez de punto de encuentro de los universitarios.  También impulsó la creación en 1953 de los Equipos de Matrimonios Cristianos, cuya organización y funcionamiento fueron aprobados por el Episcopado cubano, y que tuvo un rápido crecimiento.

El Hermano Victorino De La Salle había recibido una especial gracia de Dios: el peculiar carisma que le acompañó siempre. Su liderazgo participativo, esa manera de expresarse de forma reflexiva y convincente desde el testimonio de su propia vida, sigue siendo un modelo para todos. Su ejemplo sembró numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas entre los jóvenes.

Falleció en Puerto Rico el 16 de abril de 1966 y sus restos se encuentran depositados en una urna funeraria en el Panteón de los Hermanos De La Salle ubicado en el  Cementerio Católico Porta Coeli de Bayamón, ciudad ubicada a 19,4 kilómetros (12 millas) de San Juan.  Es probable que en un futuro próximo los Hermanos De La Salle decidan trasladar, después de obtener las autorizaciones pertinentes, la citada urna funeraria a otro lugar más acorde con la reciente designación de Venerable.

Tras su fallecimiento, quienes habían conocido al Hermano Victorino, participando en su labor de apostolado, recopilaron datos y testimonios sobre su vida ejemplar. Un número importante de católicos consideraba que existían evidencias para iniciar el reconocimiento de su santidad. El Cardenal de Puerto Rico Mons. Luis Aponte Martínez, respaldó las peticiones, y el 30 de marzo de 1999 dictó el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación del ya considerado Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

El Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas designó a Rodolfo Meoli fsc, para el seguimiento de ese tema desde la Casa Generalicia en Roma, y las autoridades de la Santa Sede nombraron a Fr. Vincenzo Criscuolo Ofm.Cap. Relator de la Causa de Beatificación.  Ambos han desarrollado una encomiable labor que ha llevado al reciente dictamen del Papa Francisco de designarle como Venerable Hermano Victorino De La Salle.

Las autoridades eclesiásticas han aprobado el texto de una Oración, para uso privado de los fieles, cuyo texto figura a continuación.

Puede verse más información en: http://www.victorinodelasalle.org

Oración

Señor Dios, que has prometido ensalzar a los humildes y que brillaran como estrellas en perpetuas eternidades los que enseñaren a muchos la justicia, dígnate glorificar a tu siervo Venerable Hermano Victorino De La Salle, trabajador incansable en la parcela de la niñez y de la juventud, haciendo que su nombre resplandezca entre tus santos.

Multiplíquense tus gracias, Señor, en favor de los fieles que te las piden, haciendo presente las virtudes que él practicó en la Tierra, y concédenos que algún día veamos a tu Santa Iglesia honrar su memoria y ofrecernos en él un nuevo modelo que imitar, y un nuevo protector que nos asista desde el cielo, en los trabajos y aflicciones de esta vida, ayudándonos a conseguir la bienaventuranza eterna.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Se ruega a quienes obtengan favores o gracias por intercesión del Venerable Hermano Victorino de la Salle, que lo comuniquen en un breve mensaje dirigido a:  victorino@saintly.com

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Recordando al Hermano Enrique (1930-2013)

Enrique 1

 Alberto Sala Mestres

Wilfredo Pérez de Utrera fsc. falleció el 12 de octubre de 2013, a los 83 años de edad, en la ciudad de Bayamón, Puerto Rico.

Realizó su educación primaria en La Habana en los Colegios De La Salle ubicados en Marianao y el Vedado, y concluyó la enseñanza secundaria en el Instituto de La Habana. En su época juvenil formó parte activa de los grupos de la Federación de la Juventud Católica Cubana, organización fundada en 1928 por el Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle, época en la que surge su vocación religiosa.

El Hermano Enrique ingresó como novicio en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1948,  recibiendo el hábito al año siguiente.  Sus primeros votos de vida religiosa los realizó en 1950, y los votos perpetuos en 1955.

Durante diez cursos escolares fue Profesor en tres centros educativos De La Salle en La Habana: la Academia De La Salle (1951-1957 / 1960-1961), el Colegio De La Salle ubicado en Palatino (1957-1959) y el Colegio De La Salle del Vedado (1959-1960).  En la Academia De La Salle fue Director del Coro y desarrolló junto a su magisterio una importante labor cultural, organizando actividades literarias y artísticas.

Entre ellas destaca la fundación en 1955, en compañía de los Profesores Norman González y Gilberto Echezábal, de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces, que tuvo una efímera existencia al suprimirse la educación privada y religiosa por las autoridades cubanas en 1961.  Como solía decir el Hermano Enrique, la citada Academia -como sucede con la leyenda del ave fénix- renació de sus cenizas en 1994, reagrupando a sus antiguos miembros y nombrando nuevos académicos, siendo en la actualidad la única institución cultural fundada en las aulas De La Salle en Cuba que continúa en activo, realizando entre otras actividades la publicación de Cuadernos de Pozos Dulces (véase http://www.pozosdulces.wordpress.com)

La citada decisión de las autoridades estatales cubanas de suprimir toda clase de educación privada y religiosa, adoptada el 1 de mayo de 1961, supuso el cierre de todos los Colegios De La Salle que en ese momento existían en Cuba, con más de 6,000 alumnos de enseñanza primaria y secundaria matriculados en nueve Colegios diferentes. También fue clausurada la Universidad Social Católica San Juan Bautista De La Salle, fundada en La Habana (1957), que fue la primera Universidad De La Salle en América Latina, y en la que el Hermano Enrique fue Profesor en el bienio 1960-1961.

Junto a un numeroso grupo de Hermanos De La Salle el Hermano Enrique abandonó Cuba el 25 de mayo de 1961 rumbo a Miami, y tras un breve período como Profesor en el Colegio De La Salle en Panamá, llegaba a Puerto Rico el 19 de julio de 1961.

En el curso escolar 1961-1962 colaboró junto a otros cinco Hermanos De La Salle en el Colegio Obispo Arizmendi, gestionado por los Padres Dominicos, germen del futuro Colegio De La Salle de Bayamón (véase http://www.delasallebayamon.com) que abrió sus puertas el 22 de agosto de 1962.

El Hermano Enrique fue Director del Colegio De La Salle de Bayamón en cuatro períodos (1962-1968, 1975-1981, 1983-1991 y 2000-2004).  En esas etapas dirigió el Teatro Lírico, fundó el Capítulo De La Salle de la Sociedad Nacional de Honor, promovió la fundación de la Asociación de Padres y Maestros en 1964, y estableció el Grupo de Asociados en la Comunidad Educativa con un importante número de miembros. En los 52 años que vivió en Puerto Rico fue también Director (1992-2000) del Colegio De La Salle en Añasco.

Poseía una sólida formación académica y religiosa.  Durante su etapa en Cuba cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, y de Ciencias Comerciales en la Universidad de La Habana.   Obtuvo, a su vez, un Bachelor Degree en Pedagogía con especialidad en Matemáticas y un Master en Supervisión de Escuela Secundaria, ambos títulos de la Universidad de Puerto Rico.

En 1975, durante su estancia en la Casa Generalicia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Roma (vease http://www.lasalle.org) participó en diversos cursos y actividades y, en 1992, realizó en Madrid en el Instituto Pontificio San Pío X un curso especializado en Ciencias Religiosas y Catequéticas.    Durante esa estancia en Madrid, junto al Rector José María Granda, hizo las primeras gestiones para reunir a los lasallistas cubanos que residían en España, germen de la fundación en el año 2000, con la colaboración de Luis Franco fsc, de la ONG Hombre Nuevo Tierra Nueva (véase http://www.hombrenuevotierranueva.pangea.org) que apoya la labor educativa y de formación de la juventud que realizan en la actualidad los Hermanos De La Salle en Cuba.

En la trayectoria de Hermano Enrique es preciso mencionar su eficaz participación en el proceso de beatificación del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle (véase http://www.victorinodelasalle.com) de la que fue Vice-Postulador desde 1999.  El recordado Hermano Victorino falleció en Bayamón el 16 de abril de 1966, y descansa en el Panteón de los Hermanos De La Salle ubicado en el Cementerio Porta Coeli.  El Hermano Enrique acompaña ahora a su mentor en el mismo lugar.

En su despedida, los jóvenes alumnos del Colegio De La Salle en Bayamón, llamaban a su querido Hermano Enrique con el apelativo de maestro bueno, una definición que nos recuerda la parábola del buen pastor que se cita en el Evangelio (Juan 10. 1-18).

¡Descanse en la paz del Señor!

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