Ada Lovelace, la primera informática del mundo

–  María Arranz

Muchos de los contemporáneos de la brillante matemática y escritora Ada Lovelace (Londres, 1815-1852) la definían con la expresión “… demasiado matemática”.  Pero lo cierto es que la formación científica de la que es considerada como la primera programadora de la historia estuvo fuertemente influenciada por la poesía, una rareza que no parece tal teniendo en cuenta que fue la única hija legítima del poeta Lord Byron (1788-1824).  Hace dos años se cumplieron 200 años del nacimiento de Ada Lovelace (1) y, desde entonces, muchas instituciones le han dedicado exposiciones y homenajes.

De inteligencia privilegiada y salud delicada, Lovelace recibió una educación peculiar para una mujer de su tiempo.  Su madre, Annabella -que abandonó a Lord Byron a poco de casarse por sus infidelidades- se empeñó en alejar a su hija de toda influencia poética y diseñó para ella un completo plan de estudios en el que, además de historia o música, aprendiera ciencias y matemáticas.  Una de sus tutoras fue otra mujer, la matemática y astrónoma escocesa Mary Somerville (1780-1872), con quien mantuvo una intensa correspondencia.  Además, entre sus ilustres mentones se encontraba Augustus De Morgan (1806-1871) -autor de las conocidas como Leyes de Morgan (2)- quien reconoció que, de haber sido un hombre, Ada podría haber llegado a convertirse en toda una eminencia de las matemáticas.

Su vida cambió cuando conoció al científico e inventor Charles Babbage (1792-1871), creador de la máquina analítica (Babbage’s Analytical Engine), considerada el antecedente de los modernos ordenadores (computers).  Ambos mantuvieron una gran amistad y se escribían constantemente para intercambiar detalles sobre el invento.  La máquina analítica nunca llegó a fabricarse, aunque sí suscitó el interés de muchas personalidades de la época.

El único documento publicado sobre el invento de Babbage fue escrito por el ingeniero italiano Luigi Menabrea (1809-1896) en la Bibliothèque universelle de Genève (1842).  Ada Lovelace fue la encargada de traducir ese artículo de Menabrea al inglés, añadiéndole una serie de notas explicativas que acabaron por duplicar en extensión el texto original, puesto que incluían sus interpretaciones personales y filosóficas.  Estas anotaciones ya avanzaban algunas de las ideas modernas sobre programación, e incluían el sistema de tarjetas perforadas inspirado en el telar de Jacquard (3), que sería el que sea adaptaría posteriormente para programar los primeros ordenadores (computers) en la década de 1950.

A pesar de sus esfuerzos, la  madre de Ada Lovelade nunca logro alejarla de la poesía; su hija no dejó de perseguir lo que ella denominó “ciencia poética”, y se consideró a sí misma una “analista metafísica”.  Esta concepción de lo científico y el valor que le otorgaba a la imaginación favorecieron sus análisis visionarios, que supieron ir un paso más allá de la racionalidad científica.

(1)  Véase imagen supra retrato de Ada Lovelace, realizado en Londres (1840) por el pintor suizo Alfred Edward Chalon (1780-1860).

(2)  En la moderna lógica matemática se conocen con la denominación de Leyes de Morgan a un par de reglas de transformación que son ambas reglas de inferencia válidas.  Las normas permiten la expresión de las conjunciones y disyunciones puramente en términos de vía negación.  Las Leyes de Morgan se pueden expresar en español como: “La negación de la conjunción es la disyunción de las negaciones.  La negación de  la disyunción es la conjunción de las negaciones”.

(3)  El telar de Jacquard es un telar mecánico inventado en 1801 por Joseph Marie Jacquard (1752-1834).  El sistema utilizaba tarjetas perforadas para conseguir tejer patrones en la tela, permitiendo que hasta los usuarios más inexpertos pudieran elaborar complejos diseños.

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Doug Engelbart, inventor del ratón o “mouse” informático

mouse

–  Javier Martín

Doug Engelbart (1925-2013) era mucho más que el inventor del ratón o mouse infomático.  Dedicó toda su vida a lograr que las máquinas y los humanos se entendieran y se amaran.  “El distanciamiento entre los dos ha impedido un mayor desarrollo de la civilización”, sostenía.

Esa humanización del ordenador o PC le llevó a desarrollar en 1967 el primer aparato externo para enviar órdenes a los ordenadores/computadoras: el ratón o mouse, que era entonces una simple carcasa de madera que cubría dos ruedas metálicas (véase supra imagen del prototipo de Engelbart junto a un modelo actual).  Se trataba de un artilugio que se podía desplazar con la mano y permitía trasladar el correspondiente movimiento a la pantalla.  El concepto del inventor fue materializado por los ingenieros de Xerox con forma de pastilla de jabón.  Todavía no se le llamaba mouse o ratón. 

Un año después, en 1968, hizo pública su invención bajo el nombre oficial X-Y Position Indicator for a Display Position (Indicador de posición X-Y para una pantalla), que iba a sustituir al lápiz-puntero y al joystick.  La conferencia de presentación la realizó desde su casa, con un módem casero, utilizando el elaborado sistema on-line de su laboratorio para ilustrar sus ideas ante la audiencia.  Fue la primera demostración pública de una videoconferencia.

La noción de operar en el interior de un ordenador con una herramienta situada en el exterior fue revolucionaria, aunque el aparato no estuvo a la venta hasta 1984, acompañando al Macintosh de Apple, que hizo del ratón o mouse una seña de identidad de los ordenadores o computadoras.  Hasta esa fecha el invento permaneció abandonado, sin uso comercial, en el centro de investigación Xerox PARC (Palo Alto Research Center) ubicado en California.

En diversas entrevistas, el genial inventor decía que no recordaba cuándo ni quién comenzó a llamar mouse / ratón a esa cajita de madera, aunque sus dudas no eran extrañas ya que huía de individualizar los logros.

Son suyas una treintena de patentes. Entre otros desarrollos clave, junto a sus compañeros del Instituto de Investigación de Stanford y de su propio laboratorio, destaca el uso de ventanas múltiples o el hipertexto.  También ayudó a desarrollar ARPANET (Advanced Research Projets Agency Networld)  -el predecesor de Internet-gestionado por el Gobierno de los Estados Unidos.

Pero, para bien o para mal, el ratón o mouse marcó la vida de Doug Engelbart.  Ha fallecido justo cuando su histórico invento comienza a declinar y a desaparecer del entorno tecnológico.  Casi medio siglo después de su novedosa aparición, ahora basta con tocar la pantalla con un dedo, o incluso, mover los ojos para que la máquina obedezca al hombre.

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