Cuadernos de Pozos Dulces ¿lustro o quinquenio?

El lenguaje tiene palabras con un uso limitado y quedan relegadas, con el paso de los años, a los diccionarios.  En español, son sinónimas lustro y quinquenio, y ambas identifican un período de cinco años.

Cuadernos de Pozos Dulces cumple ahora un lustro o quinquenio en Internet en el blog (hacer click en: cuadernos de pozos dulces).   En esos cinco años de presencia en Internet se han publicado 120 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 85 autores diferentes.  Durante ese período, los lectores han escrito 306 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 150 personas reciben directamente en su e-mail los artículos mediante una sencilla suscripción gratuita y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco de nuestra página de portada en WordPress (hacer click en cuadernos de pozos dulces) que se encuentra al final de la lista de los artículos. La suscripción se confirmará respondiendo afirmativamente al mensaje que se recibe minutos después en el e-mail personal que se haya indicado.

También, a través de Twitter, 54 seguidores acceden puntualmente a todos los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde ya se han registrado 3,688 “amigos”, que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número real de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas que recibimos de esa red social y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios de países de América Latina.

Se han recibido en estos cinco años 18,724 visitas de lectores en nuestro blog en Internet que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y Argentina.  Estos datos consolidan, por quinto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género de la región de las Antillas.

Los cinco dedos de la mano que figuran en la imagen supra, abiertos en un cordial saludo, quieren simbolizar nuestro agradecimiento a todos los lectores de estos cinco años y su especial acogida.  Queremos reiterarles, con ese gesto, el compromiso de continuar con nuestro propósito de ofrecerles artículos de diversas materias y autores diferentes que despierten su interés.

Les recordamos a todos que pueden incluir libremente, siempre que lo deseen, comentarios y sugerencias al pie de los textos publicados.  Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarlos directamente a nuestro correo electrónico pozosdulces@post.com 

Muchas gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Palomear, el pequeño signo

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–  Rosa Montero

El periodista y escritor Jesús Marchamalo me habló en Panamá, durante el reciente VI Congreso de la Lengua,  de un verbo genial que le oyó decir a un mexicano para expresar la acción de marcar con un pequeño signo las casillas de un formulario:  palomear.  “¿Ya palomeaste el documento?”.

Es una palabra ingeniosa y elocuente porque el pequeño trazo suele tener, en efecto, la silueta de un ave; y escoger que sea una paloma le da un toque modesto, doméstico, risueño.  He aquí una lengua vibrando de vida.

La lengua es como una piel que recubre el cuerpo social y se estira y encoge siguiendo sus mudanzas.  Algo tan orgánico no se puede modificar por decreto:  el voluntarismo no funciona (esos espeluznantes “ciudadanos y ciudadanas”, por ejemplo).  Sólo un cambio real de la sociedad puede hacer evolucionar el manto de palabras que la recubre.  Por eso no me extraña que ahora sean los países latinoamericanos los más capaces de mostrar esa vitalidad creativa, mientras Europa se tambalea y España apura su crisis. Latinoamérica parece estar en un momento de despegue.

Todo eso se refleja en nuestra lengua.  Ya se sabe que el español lo hablan 400 millones de personas, que es el segundo idioma materno del planeta, tras el mandarín, y que hay expertos que sostienen que, para 2045, será la lengua mayoritaria (aunque yo creo que para entonces hablaremos todos chino).

A veces alardeamos demasiado triunfalmente de estas cifras, aunque tampoco viene mal para contrarrestar el irritante complejo de inferioridad hispano.  Pero para mí la mayor riqueza del español no reside en su enorme implantación, sino en su diversidad, en sus muchas versiones y matices.

En este mundo crispado, sectario y excluyente, emociona poder celebrar una lengua común llena de diferencias que no sólo no desunen, sino que potencian.  Palomeando se vuela hacia el futuro.  Ser distintos nos hace más fuertes.

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Nota del Editor:  La última edición del  Diccionario de la Lengua Española (DRAE) [2001] indica para el verbo palomear dos definiciones: 1)  Andar a la caza de palomas; y  2) Ocuparse mucho tiempo en cuidarlas.  Añadir en ese Diccionario una nueva definición del citado verbo es un largo camino, que requiere el reconocimiento de que se utiliza de forma generalizada.   En el caso de palomear, su uso frecuente en México para expresar la acción de marcar con un pequeño signo las casillas de un formulario, podría dar lugar a que se incluyera en una edición actualizada del Diccionario Breve de Mexicanismos publicado por la Academia Mexicana de la Lengua (última edición, 2001).

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