La evolución de la humanidad

Pedro García Cuartango

No hay una fecha precisa sobre la aparición del Homo sapiens del cual descendemos, pero los científicos consideran que hay huesos de hace 300,000 años que se ajustan a nuestra morfología. Por el contrario, sí hay sólidos indicios de que el Homo neanderthalensis desapareció hace 30,000 años.

Todavía no sabemos por qué el Homo sapiens fue capaz de adaptarse al entorno y sobrevivir frente a otras ramas de la Humanidad, pero lo que llama la atención es la lentitud de la evolución. Nuestros antecesores tardaron más de un millón de años en llegar a utilizar las piedras como instrumentos de doble filo para cortar y desgarrar.

Los cuchillos de sílex y el dominio del fuego fueron los dos hallazgos más importantes de la llamada prehistoria y todo el progreso tecnológico que disfrutamos hoy viene de esos dos descubrimientos fundamentales, que permitieron al hombre cazar, alimentarse, vestirse y cobijarse del frío. Y ese proceso tardó al menos un millón y medio de años, tal vez dos millones.

Las fechas son importantes porque el neolítico, caracterizado por el paso del nómada cazador a la agricultura, comenzó hace menos de 100,000 años, lo que supone una pequeña fracción de tiempo en esos dos millones de años de evolución humana. Y si avanzamos hacia el presente, la Revolución industrial se produjo hace dos siglos, lo cual no es nada en relación a la historia del hombre sobre el planeta.

Lo que estos datos ponen de relieve es la impresionante aceleración del cambio tecnológico que hemos experimentado las tres o cuatro últimas generaciones, que ha provocado que nuestro modo de vida no tenga nada que ver con el de nuestros abuelos.

Y no sólo han cambiado los instrumentos y las formas de producción. Se han transformado, sobre todo, la mentalidad y las costumbres. Vivimos en una sociedad mucho más plural en la que la capacidad de elegir es infinitamente superior a la de hace dos siglos.

Lo que caracteriza nuestro tiempo es la heterogeneidad de opiniones políticas, religiosas e identitarias, que han producido un enorme fragmentación social. Por así decirlo, la evolución se ha personalizado. En la Edad Media, sólo había vasallos, monjes y señores. Hoy cada individuo es un ser único.

Muchos de los males que nos aquejan vienen de esa vertiginosa transformación del mundo en la que, por primera vez en su historia, la evolución social y tecnológica va más rápida que la capacidad del hombre para adaptarse al entorno. Eso tendrá un alto coste que tal vez hemos empezado a pagar.

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Los orígenes de un plato singular: la tortilla de papas / patatas

       –  Daniel Samper Pizano

El huevo atravesó momentos difíciles en la Edad Media y se topó con la Iglesia.  Se discutía si una tortilla interrumpía o no la abstinencia de carne que ordenaba la religión católica.  El Concilio de Aquisgrán (917) debatió tan pecaminoso problema y dictaminó que un huevo equivalía al embrión de un animal y, por tanto, quien comiera tortilla en Cuaresma ofendía a Dios.

El huevo bien pudo producir el primer gran cisma dentro de la Iglesia católica:  los fieles desobedecieron el mandato del Concilio de Aquisgrán y los muy herejes siguieron comiendo huevo hasta que el Papa Julio III (1487-1555) declaró, en 1553, que la tortilla era aceptable a los ojos de Dios incluso en tiempos de vigilia.

Orondo con la bendición papal, el huevo estaba listo para llegar al altar.  La papa (1) o patata también.  Lamentablemente, el matrimonio fue secreto.  No se sabe a ciencia cierta quién ni cuándo se elaboró la primera tortilla de papas o patatas.  Ciertamente, es un invento español.  ¿Pero dónde y cuándo en España?

La papa / patata llegó a España en el siglo XVI.  El huevo llevaba muchos siglos aquí.  Fue cuestión de tiempo:  un día se encontraron en el mismo plato y produjeron uno de los matrimonios mas fructíferos de la historia de la gastronomía:  la tortilla de papas / patatas.

Algunos documentos afirman que nació en las montañas de Navarra.  Por su parte, Madrid reclama que en el siglo XVIII ya se conocía en sus tabernas una tortilla que reunía huevo, papa / patata y cebolla.  El tratadista Pancracio Celdrán es escéptico:  “Son muchas las regiones de España que se disputan el invento”, afirma, y no reconoce maternidades.

Han florecido leyendas.  Una de ellas atribuye la ingeniosa mezcla al General Tomás de Zumalacárregui (1788-1835).  Se le atribuye que tomó Vizcaya, Guipúzcua y Navarra en los inicios de la Primera Guerra Carlista (1833-1840), pero no se menciona que hubiera tomado tortilla, y muchísimo menos que la hubiera inventado.

Xavier Domingo matiza la cuestión y sostiene que no fue Zumalacárregui el creador del plato, sino una humilde aldeana a cuya puerta golpeó el militar durante la citada contienda.  “En el caserío solo tenían patatas ya cocidas y huevos -indica Domingo-;  la aldeana hizo con esos ingredientes la  primera tortilla de patatas”.

Lo importante en el fondo no es quién la cocinó por primera vez (2) sino que la tortilla de papas / patatas existe, nos asiste en las hambres y está extendida por todo el mundo, incluso en América adonde regresó (3) con su nueva receta y nacionalidad.  No faltaron allí cocineros que ensayaran versiones nativas derivadas. Uno de ellos fue el legendario Presidente de México Benito Juárez (1806-1872) quien en 1853 produjo una receta que llamó “Tortilla de patatas a  la mexicana” y que no es muy diferente de la habitual.

Ya que a la cultura hispanoamericana se la considera experta en mestizaje, no hay mejor ejemplo de esta virtud que la frugal tortilla, mitad andina y mitad europea, mitad inca y mitad española, mitad hidratos y mitad proteínas.

(1)  El  Solanum tuberosum es una planta herbácea cuyos tubérculos son comestibles. Tiene su origen en el altiplano andino donde se le denominó papa en lengua quechua, nombre con el que se conoce en toda Latinoamérica.  Los conquistadores españoles la llevaron a Europa más como una curiosidad botánica que como una planta alimenticia. Su consumo fue creciendo y el cultivo se expandió a todo el mundo hasta convertirse en la actualidad en uno de los principales alimentos de consumo.  En España se le llama patata excepto en las Islas Canarias y en parte de Andalucía. Los franceses al denominar a esta planta pusieron de relieve su textura similar a la manzana y su característico desarrollo subterráneo, y por este motivo la llamaron pomme de terre (manzana de tierra).

(2)  El científico Javier López Linaje, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), indica en su libro La patata en España – Historia y Agroecología del Tubérculo Andino (2008), que el origen de la tortilla de patatas se sitúa en el siglo XVIII y podría ubicarse en la ciudad de Villanueva de la Serena (Extremadura).  En el transcurso de su investigación encontró un documento fechado en 1797 donde se expone que Joseph de Tena Godoy y el Marqués de Robledo descubrieron el manjar con el objetivo de encontrar un plato barato, a la vez que nutritivo, que pudiera combatir el hambre que acechaba esa región a finales del siglo XVIII.

(3)   En las Crónicas de Indias se encuentra documentado que en el año 1519 ya se conocía la tortilla de huevo tanto en Europa, por los conquistadores españoles, como en América al menos por los aztecas, quienes las preparaban y vendían en los mercados de Tenochtitlan.

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