La Habana cumple 500 años

  Javier Solano

El pasado 9 de abril, el Buque Escuela de la Armada Española Juan Sebastián El Cano entraba en la bahía de La Habana justo el mismo día, 90 años después, de su primera visita a esta ciudad en su primera vuelta al mundo.  Reeditando este viaje inaugural el ìmponente velero fabricado en 1927 había zarpado de “la tacita de plata” (Cádiz) para arribar a “la tacita lejana” (La Habana), uniendo estas dos ciudades que se desarrollaron paralelamente en ambas orillas del Atlántico como hermanas gemelas entre los siglos XVI y XVIII, y que conservan en la actualidad núcleos históricos que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La Española (actualmente la comparten República Dominicana y Haití) fue la base de la colonización de América desde 1492.  Puerto Rico fue conquistada por Ponce de León en 1508.  La conquista de Jamaica, dirigida por Juan de Esquivel, empezó en 1509.  Y aún sin completar el control sobre Jamaica, se abordó la conquista de la isla de Cuba, misión que se encomendó al conquistador Diego Velázquez que, en el verano de 1511 con una flota de cuatro naves y 300 hombres, zarpó de Salvatierra de la Sabana, en el extremo occidental de La Española, rumbo a las costas orientales cubanas.

Entre sus hombres se encontraban Hernán Cortés, Pánfilo de Narváez, Pedro de Alvarado y Fray Bartolomé de las Casas.  La expedición desembarcó en un lugar que Velázquez llamó Puerto de las Palmas, situado entre los actuales Guantánamo y Maisí, y sin tiempo que perder se fundó el 15 de agosto de 1511 el primer asentamiento español en Cuba:  Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

La conquista de la isla no fue difícil.  En pocos meses quedaron fundadas las siete primeras ciudades de Cuba:  después de Baracoa, vinieron San Salvador de Bayamo, Santiago, Trinidad, Sancti Spiritus, Santa María del Puerto del Príncipe, y finalmente San Cristóbal de La Habana, que en su origen se ubicó en la costa sur de Cuba.  A mediados de 1514, la isla ya estaba completamente bajo control.  Esas siete ciudades fueron los primeros asentamientos permanentes de los conquistadores españoles en suelo cubano.  De ellas, solo Baracoa conserva su ubicación original, pues todas ellas fueron trasladadas por diversos motivos.

La inicial villa de San Cristóbal de La Habana sufrió al menos dos traslados desde su lugar de origen.  Aunque fue fundada en 1514 en la costa sur de la isla, finalmente quedó asentada en su ubicación actual (en la costa norte) el 16 de noviembre de 1519.  Esta última fecha es considerada como la de la fundación definitiva de la ciudad.  La Habana se convirtió con el tiempo en el punto clave del sistema de transporte comercial hacia la Metrópoli, y desde 1607 desplazó a Santiago como capital oficial de Cuba.

Desde su fundación hasta 1898, La Habana ha sido una ciudad española, salvo el período de ocupación inglesa durante la denominada Guerra de los Siete Años (1756-1763).  En agosto de 1762 fue tomada por los ingleses tras un asedio de 64 días, siendo la principal plaza conquistada por su Ejército en la América española durante esta guerra.  Con la firma de la paz en París, en febrero de 1763, Inglaterra la devolvió a España y cedió la Luisiana a cambio de Florida y la renovación de los tratados comerciales.

Cuando este año La Habana cumple medio milenio sigue siendo una ciudad impregnada de españolidad, a pesar de los avatares históricos.

Feliz aniversario.

____________________

 

España y la independencia de los Estados Unidos

  Javier Noriega

En los últimos años, la herencia cultural española en los Estados Unidos está cada vez más presente gracias al importante aumento de la comunidad hispana (59.9 millones / datos 2018 PRFT), el grupo étnico más importante del país. Pero es curioso:  la ciudadanía en general de ambos países desconoce importantes acontecimientos y hechos que España protagonizó relacionados con la exploración y el nacimiento de la nación de la libertad.

Señala el conocido historiador de Massachusetts, Charles F. Lummis (1859-1928), que “si no hubiera existido España hace cuatro siglos, no existirían hoy los Estados Unidos”.  Compañero de promoción de Theodore Roosevelt, el autor señala también en su obra, escrita en 1893, The Spanish Pioneers (1) que “la razón por la que no hacemos justicia a los exploradores españoles es, sencillamente, porque hemos sido mal informados.  Su historia no tiene paralelo, y nuestros libros de texto no han reconocido esta verdad”.

Las naciones siempre se forjan con esfuerzo, genialidad y determinación de muchos hombres y mujeres.  Pues bien, buena parte del ingenio de algunos brillantes españoles forjó el descubrimiento y nacimiento de los Estados Unidos.  El acento español discurría por tierras americanas cuando los exploradores Ponce de León, Hernando de Soto, Francisco Vázquez de Coronado y Lucas Vázquez de Ayllón, allá en el siglo XVI (para ser más exactos 250 años antes de que nacieran los Estados Unidos) dibujaban y descubrían por primera vez buena parte de la Norteamérica meridional, desde Florida a Oklahoma.  Es como si un tal George o un tal Andrew, hubiera descubierto y cartografiado por primera vez nuestras fronteras europeas, desde Cádiz a Berlín, bautizando Tennessee, Houston, Texas o Nueva York, a nuestra Córdoba, Valencia, Pamplona, y más allá París o Berlín.

“El destino de los intereses de las colonias nos importan mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias lo permitan” sentenciaba en 1777 el Conde de Floridablanca (que era el equivalente a Ministro de Exteriores del Rey Carlos III de España).  Con el término “colonias” se refería a los territorios de Inglaterra en Norteamérica, y con “destino” a su libertad.  Ello explica la decisiva actitud política, con la audaz diplomacia del aragonés Conde de Aranda, a la vez que la importante ayuda económica española del momento, en las que fueron pioneros el bilbaino Diego Gardoqui Arriquibar, con la compra de suministros y el pago de la nómina de las tropas (2) por parte del español Francisco de Saavedra en la decisiva batalla de Yorktown (1781).  Qué contar de otras victorias militares, como la toma de Pensacola realizada ese mismo año por el valiente malagueño Bernardo de Gálvez.  Todo ello fue decisivo para el triunfo de los patriotas americanos.

Toneladas de pólvora.  Decenas de cañones.  Fragatas de guerra.  Tejidos para los uniformes.  Una gran ayuda en diferentes materias, incluso el dinero destinado a las Catedrales con aquella misiva del Secretario de Estado de España pidiendo fondos, en forma de préstamo, a los cabildos catedralicios españoles.  Millones de reales de vellón (3) gracias a Toledo, Santiago de Compostela, Zaragoza y Málaga, entre otros.  De nuevo política, finanzas y heroísmo unidos por la causa norteamericana.   Por todo ello, y en reconocimiento, debió ser emocionante poder ver durante el desfile militar del 4 de julio de 1783 en Philadelphia al español Bernardo de Gálvez (4).  Montaba a caballo a la derecha del mismísimo George Washington.  Uno de esos momentos que la historia y el futuro tampoco deberían olvidar.

Y luego existen historias curiosas como la de Pedro Casanave, comerciante navarro que llegó a ser Alcalde de la ciudad de Georgetown, y que fue el encargado de colocar la primera piedra en la Casa Blanca.  La fecha elegida no fue al azar:  el 12 de octubre de 1792, coincidiendo con el centenario del descubrimiento de América.  Y ya que estamos en Washington, en el Capitolio figuran sendos retratos de españoles:  Hernando de Soto (1500-1542) y el citado Bernardo de Gálvez (1746-1786) cuyo nombre ostentan dos ciudades norteamericanas: Galvez (Louisiana) y Galveston [Galvez-town] (Texas).

Quizá sea interesante recordar estas historias.  El pasado siempre está vivo.  Aunque sea para recordar que el antepasado del actual Rey Felipe VI, Carlos III (1716-1788) desde Aranjuez apoyaba firmemente la lucha por el nacimiento de los Estados Unidos.  La historia común de España y los Estados Unidos es más sólida de lo que podamos imaginar, a pesar de los velos que luego tejieron los nuevos imperios interesados en borrar la crónica de España.  Recordemos al citado Charles F. Lummis:  “Si no hubiera existido España hace cuatro siglos, no existirían hoy los Estados Unidos”.

(1)  Puede verse el texto en:  http://www.forgottenbooks.com

(2)  España aportó medio millón de pesos de plata recaudados en La Habana para cubrir los gastos de este episodio bélico.  Una parte significativa del importe fue obtenido gracias a la venta de joyas donadas por damas de la sociedad cubana.

(3)  El real de vellón español es una moneda de plata de 3,35 gramos (0.118 onzas) que empezó a circular en Castllla en el siglo XIV y fue la base del sistema monetario español hasta mediados del siglo XIX.

(4)  En 2014 el Congreso de los Estados Unidos concedió la ciudadanía honorífica norteamericana a título póstumo a Bernardo de Gálvez.  Esta distinción solo se ha concedido en ocho ocasiones en la historia de los Estados Unidos.  Una estatua ecuestre suya se encuentra ubicada, desde 1976,  frente al edificio del United States Department of State en Virginia Avenue, Washington D.C.

____________________

El monumento a Cuba en el Parque de El Retiro (Madrid)

  Lourdes Morales Farfán

En el Parque de El Retiro (Madrid), al final del Paseo de Colombia, se encuentra en la Plaza del Salvador el Monumento-Fuente dedicado a Cuba (ver imagen supra).  La idea de erigir un monumento en homenaje a la República de Cuba surge como agradecimiento al Gobierno cubano presidido por Gerardo Machado (1869-1939) por la construcción, en 1929, del Monumento al Soldado Español ubicado en las Lomas de San Juan (Santiago de Cuba).  El proyecto fue acogido favorablemente por el Gobierno del General Miguel Primo de Rivera (1870-1930), y el 1 de agosto de 1929 el Ayuntamiento de Madrid autorizó su realización, colaborando generosamente a la financiación del proyecto.

La construcción del Monumento-Fuente progresó rápidamente, encontrándose casi finalizado en 1931 al inicio de la Segunda República Española (1931-1939).  La inauguración se fue retrasando de una fecha a otra hasta llegar al 27 de octubre de 1952, fecha en la que finalmente se procedió oficialmente al acto previsto, coincidiendo con el cuatrocientos sesenta aniversario del descubrimiento de Cuba por Cristóbal Colón.

El monumento presenta en el centro una estructura de tres cuerpos y planta de cruz, delimitada ésta en cada uno de sus frentes por un pilón semicircular de granito.  La cara principal o delantera de la fuente está orientada al Este, y la trasera al Oeste.

De estos cuatro pilones, vamos a resaltar los dos situados en los frentes delantero y trasero del monumento, ya que en ambos aparecen situados sobre sendos pedestales las figuras en bronce de una iguana y un galápago, realizadas por el escultor Mariano Benlliure (1862-1947).  El motivo para emplazar las figuras de estos dos animales se encuentra en el hecho de que ambos forman parte de la más antigua fauna de Cuba, en particular la iguana.  La presencia del galápago se explica además, en base a su conocida longevidad, como una intención de resaltar el largo tiempo transcurrido, más de cuatrocientos años entonces, de la llegada de los españoles a la Isla.

La estructura central y principal de la fuente, de forma rectangular, está realizada en piedra caliza y es de planta rectangular en la que los dos lados mayores corresponden a las caras frontal y trasera del monumento.  Se compone de tres cuerpos superpuestos con forma de paralelepípedos y cuyo tamaño va disminuyendo de manera ascensional.

En el primer cuerpo, reparamos en cada lateral de menor tamaño -los situados al Norte y al Sur-  la proa de una carabela con un mascarón formado por un ángel que porta una cruz.  La embarcación aparece apoyada sobre dos surtidores de agua con forma de delfín y bajo una guirnalda confeccionada con los productos típicos de la agricultura cubana (como si de una corona de laurel se tratase) recordando la gran riqueza que ésta significó para España.

Esas figuras de bronce son también obra del escultor Mariano Benlliure, pudiendo considerarse todo el conjunto formado por éstas y el primer cuerpo de piedra como una columna rostral romana, en la que se nos representa la celebración del triunfo de las naves colombinas al lograr atravesar el Océano Atlántico y llegar hasta las costas cubanas en 1492, sin olvidar la importancia del proceso de evangelización que formó parte de la conquista de América.

En cada lateral del segundo cuerpo vamos a ver un escudo o estatua elaborado en mármol.  Comencemos por el frontal, donde por encima de las palabras dedicatorias “A CUBA” aparece el escudo oficial de la República de Cuba adoptado en 1906.  En el lateral posterior se encuentra representado, con algunas carencias, el escudo de los Reyes Católicos Isabel y Fernando bajo cuyo reinado (Corona de Castilla 1474-1504  Corona de Aragón 1479-1516) las naves españolas llegaron hasta las costas cubanas.  Al estar realizado durante la época del Gobierno (1939-1975) del General Francisco Franco (1892-1975) y ser muy similar al utilizado entonces suelen confundirse.

En el lateral norte (el derecho según miramos al escudo de Cuba) se ubica la estatua sedente de Isabel la Católica (1451-1504), quien ante la posibilidad que se planteaba durante su reinado de poder lograr la cristianización de Asia, decidió apoyar los proyectos de Cristóbal Colón (1451-1506).  Recordemos que Colón navegó rumbo al Oeste con el objetivo de llegar hasta tierras asiáticas, basándose en su creencia de que la Tierra era redonda.  La estatua, obra del escultor Juan Cristóbal (1897-1961), muestra una imagen idealizada de la reina castellana, en la que se ha querido realzar su belleza.  La escultura ha sufrido algunos daños con el paso de los años, y actualmente podemos observar que su mano derecha aparece parcialmente cercenada, habiendo desaparecido la mayor parte de la cruz esculpida por el artista.

La escultura de Cristóbal Colón se encuentra situada al lado opuesto del monumento (el lateral sur) y fue realizada por el escultor Francisco Asorey (1889-1961).  El artista ha esculpido al ilustre navegante como una persona de carácter fuerte, que dirige su mirada firme hacia el horizonte mientras permanece sentado delante de una corona de laurel, sujetando fuertemente un globo terráqueo.

El segundo cuerpo finaliza en una gran cornisa, que da paso al tercero en el que, sobre una base cuadrada, se erige una figura femenina como símbolo de la República de Cuba.  Esta talla, obra del escultor, Miguel Blay Fábregas (1866-1936), es quizás la mejor de todo el conjunto.   La República cubana se nos presenta así como la figura de una mujer joven cubierta por el gorro frigio, símbolo de la república, mirando sosegadamente hacia la derecha mientras, con su mano izquierda, señala hacia un cuerno de la abundancia del que sobresalen diversas flores y frutos como figura alegórica de la enorme riqueza y fertilidad de aquellas tierras.  Con la representación de la orquídea, considerada una de las más bellas y queridas flores de América, el escultor ha querido representar el significado de Cuba para España.

Al elaborarse el proyecto inicial (1) de la Fuente-Monumento, se pensó en colocar también una estatua del Presidente Gerardo Machado, propuesta que no se llegó a realizarse.

__________

(1)  Véase el boceto original de la Fuente-Monumento, en el que figura una estatua del Presidente Gerardo Machado, en Cosmópolis, Revista del Ayuntamiento de Madrid, número extraordinario, septiembre de 1929, página 31.

____________________

Cuba 1898 – Los cuadros del Museo del Prado que nunca regresaron

   Alberto Sala Mestres

En febrero de 1894 llegaron a La Habana, trasladándose después a Santiago de Cuba, dieciséis cuadros del Museo del Prado seleccionados por el Director de la institución Federico de Madrazo y Küntz, según consta en el listado que se conserva en los archivos del Museo.  Los cuadros, entre los que había paisajes, retratos y obras de temática alegórica y mitológica, se cedían en calidad de depósito a la denominada entonces Diputación Provincial de Santiago de Cuba.

Al finalizar la Guerra Hispano-Americana [Spanish-American War] (abril-diciembre 1898), y tras la firma del Tratado de Paz entre el Reino de España y los Estados Unidos de América (París, 10 de diciembre de 1898) los cuadros permanecieron en Cuba.  Cabe interpretar que se traspasaron a los Estados Unidos en virtud del Artículo VIII del Tratado, donde se estipula que “España renuncia en Cuba…. a todos los edificios, muelles, cuarteles, fortalezas, establecimientos, vías públicas y demás bienes inmuebles que con arreglo a derecho son de dominio público, y como tal corresponden a la Corona de España”.

El 12 de febrero de 1899 se funda en Santiago de Cuba el Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau.  Durante las dos primeras décadas el Museo, denominado ya como Museo Municipal, se instaló en varios inmuebles que eran inapropiados para su función, y en 1922 se inició la construcción de un edificio (ver imagen supra) con características idóneas, que fue inaugurado el 27 de octubre de 1927.  El Museo consta actualmente de tres salas de exposición que coinciden con los tres niveles del edificio:  Arte, Historia y Arqueología (1).

En la sala de Arte (situada en el segundo nivel) se exponen entre otras obras de pintura europea doce obras (2) de las dieciséis que llegaron a Cuba en 1894.  Cuatro de ellas (3) no han sido localizadas y es probable que se encuentren en colecciones particulares fuera del país.

Los catálogos y la información proporcionada por el Museo Municipal Emilio Bacardí Moreau indican expresamente que esas doce obras provienen del Museo del Prado, pero no se especifica que se encuentran en depósito.  Por el momento, España no ha reclamado su pertenencia, aunque en los últimos años varias obras del Museo del Prado cedidas en depósito a Museos e instituciones culturales de diferentes países (4) han regresado paulatinamente a su ubicación original.

Cabe destacar que Cuba es el único país donde puede verse actualmente una colección permanente de obras del Museo del Prado, que celebra este año el bicentenario de su fundación (1819-2019).

(1)  Como un dato curioso se indica que en la sala de Arqueología se exhibe una momia egipcia originaria de Luxor (antigua Tebas), adquirida por Emilio Bacardí Moreau en un viaje a Egipto realizado en 1912.  Los expertos han datado la momia en el período ptolemaico (323 – 30 a.C).

(2)  Paisaje con montaña y río, Paisaje con caza de oso y Paisaje con río (Matías Jimeno, ?-1657), David con la cabeza de Goliat (Guino Reni, 1575-1642), Retrato de la reina Margarita de Austria (Juan Pantoja de la Cruz, 1553-1608), Retrato de la reina María Josefa Amalia de Sajonia [esposa de Fernando VII] (Johann Carl Rössler, 1775-1845), La Primavera, El Verano, El Otoño y El Invierno (José de Madrazo (1781-1859), Retrato de Amadeo I (Salvador Martínez-Cubells (1845-1914) y el Asunto Mitológico [en la actualidad se titula Arco Iris] (Rafael Tegeo Díaz, 1800-1856).

(3)  Retrato de la Reina Mariana de Neoburgo, Jan Van Kessel (1626-1679), El sueño de Diana (César Álvarez Dumont, 1866-1945), Paisaje con figuras (Rafael Tegeo Díaz, 1798-1856) y Retrato de Fernando VII (autor desconocido).

(4) Los historiadores denominan a estos cuadros como El Prado disperso.

____________________

El último viaje

  Gastón Baquero

Uno de los mayores beneficios de la vejez es la serenidad con que recibimos la noticia del fallecimiento de un ser querido.

A partir de cierta edad se tiene inevitablemente la sensación de estar de paso, de hallarnos a punto de seguir viaje en cualquier momento.  Al saber que uno de los compañeros de excursión, ¡uno más!, ha reemprendido el peregrinaje, dejándonos por un rato más en la prolongada visita iniciada con el nacimiento, sentimos, sí, pena por la ausencia (la pasajera ausencia), pero comprendemos que teníamos olvidada nuestra condición principal:  la de ser fugaces viajeros por un largo camino.

No hubo ni hay religión que desatienda pagar los gastos de los suyos que emprenden el viaje.  Una moneda entre los labios, una carta dirigida a Dios, recomendándole la persona y suplicándole una amable acogida, unas oraciones por su alma, un amuleto para entregarlo al guía acompañante, un rito, alguna ceremonia que se juzga auspiciosa, son en verdad el equipaje apropiado para el viajero.  Al moribundo el sacerdote le lleva el viático, los romanos ponían sobre el corazón una rama de ruda (1).

Para que el cuerpo vaya limpio está el baño funeral que no falta en ninguna religión.  Para que no padezca hambre en el más allá, los deudos y los amigos comen y beben antes del entierro; y los sabios chinos ponen comida sobre las tumbas.  Eso para lo material, lo del cuerpo.  Para purificar y limpiar hasta la raíz el alma, tienen prescritas las religiones normas y costumbres que varían con las épocas y las civilizaciones, pero giran todas alrededor de la misma idea:  hay que sacudirse el polvo interior que se nos deposita durante nuestra visita a la tierra.

Los santos óleos de la extremaunción, y la confesión y comunión antes de partir, no tienen otro sentido.  La confesión limpia el cuerpo y la comunión limpia el alma.  Comulgar es lavarse el alma con la sangre de Dios.  Queda así el viajero puesto en camino con todas sus deudas pagadas.  Al estar limpio por dentro y por fuera se le llama en religión “tener la maleta hecha”.

Recuerdo cuando en el campo nos llevaban a niños y mayores cerca de quien moría para decirle la oración llamada El camino recto (2).  Siempre la conciencia del morir entendido como un viaje.  “No murió, partió primero” es fórmula perfecta de la antigüedad.  La barca en el río, el vuelo hacia el cielo, la vuelta a la Casa del Padre, el adiós, ligándose siempre la imagen del morir con la de partir de viaje.  Egipcios y aztecas lo sabían muy bien, y los viejos tártaros enterraban a sus héroes con el caballo, para que siguiera jineteando por las llanuras del cielo.

Los griegos, a quienes no agradaba la idea de la muerte como destrucción y aniquilamiento, tenían un puñado de metáforas para no emplear jamás la palabra vitanda.  Todo lo que decían era aplicable a un viaje.  “Ahora está en otra estrella”, era uno de los modos maravillosos que empleaban para dar la noticia tremenda.  En inglés “he is gone” cumple también el papel de metáfora de la muerte.  Y las poesías más antiguas de la humanidad, en Occidente, como en Oriente, en las civilizaciones precolombinas de América, como en las arcaicas asiáticas, quieren inculcarle al hombre la noción de lo fugaz de la visita a este planeta.

Aquí estamos de paso y muy de paso, en visita breve.  Nos quedan muchos mundos por recorrer.  Darnos compañía unos a otros nos libra de sentir el pavor del vacío que media entre la tierra y los cielos.

(1) La ruda es un arbusto perenne de la familia de las rutáceas oriundo del Mediterráneo, de hojas muy divididas y flores amarillas, que se utiliza con fines medicinales con el peligro de que su toxicidad es extrema en dosis elevadas.

(2)  San Antonio María Claret (1807-1870), Camino recto y seguro para llegar al cielo, Devocionario, primera edición, Palma de Mallorca 1845, Imprenta Esteban Trías, 530 págs.  Desde esa fecha se han publicado 185 ediciones en castellano.

Nota:  El escritor, poeta y periodista cubano Gastón Baquero [1914-1997] (véase imagen supra en la ultima etapa de su vida) residió desde 1959 en Madrid donde colaboró en el Instituto de Cultura Hispánica y en la emisora Radio Exterior de España, publicando numerosos artículos en diferentes periódicos del país.  En la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander) ejerció como Profesor de Historia y Literatura de América Latina.  Tras su fallecimiento, el Ayuntamiento de Madrid colocó una placa en la fachada del edificio donde había vivido (véase imagen supra).  La Residencia de Mayores de la Comunidad de Madrid en la localidad de Alcobendas, donde residió en sus últimos años, lleva actualmente su nombre.  Una parte de su biblioteca, así como documentos, correspondencia y manuscritos se encuentran depositados en la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami (Reference code 5033).

___________________

 

 

El origen del traje masculino

–  María Luisa Funes

Europa es la responsable de que actualmente podamos ver a presidentes de países tan distintos como los Estados Unidos, Rusia o China saludarse vestidos con trajes idénticos:  chaqueta y pantalón oscuros, camisa blanca y corbata.  Es un símbolo de conformidad, de acuerdo con las normas establecidas por Occidente.

El traje de chaqueta masculino fue uno de esos inventos paneuropeos que son tan poco frecuentes, ya que su creación tuvo influencias directas durante varios siglos de países como España, Francia, Inglaterra y los Países  Bajos.  En el caso de España, aportó el color negro y la chaqueta; Holanda, la camisa de hilo blanco; Francia, los pantalones largos y los ingleses perfeccionaron la combinación y la hicieron oficial.

Un cambio importante en la difusión de la moda tuvo su base en la sociedad industrializada:   la revolución industrial hizo que el hombre renunciase a los avances del juego de la moda, adoptando la mentalidad “protestante” y dejando a la mujer el rol de aficionada a la ropa.

Esa austeridad se unió al color negro, tan utilizado por la Corte española desde la época de Carlos I (1500-1558) y Felipe II (1527-1598).  La afición de los monarcas españoles por ese color no fue casual:  tenían tantos  familiares, que debían guardar luto por la muerte de algún pariente con mucha frecuencia, lo que les hizo adoptar el color negro casi en permanencia.  La austeridad de la chaqueta de color negro se unió a su vez a la tradicional camisa blanca de hilo de Holanda, traída desde los Países Bajos e instaurada como un clásico ya en el siglo XVI.

Durante el reinado de Luis XIV (1638-1715) se establece el pantalón como vestido usual para el hombre, siendo cortos, ceñidos y con medias blancas para los caballeros; y largos para los trabajadores durante las horas de labor, más expuestos a la suciedad.

En el siglo XVIII en Francia, se adopta también el negro en la chaqueta y el blanco en la camisa.  A esto se le añaden los pantalones largos por primera vez.  En el transcurso de las Guerras Napoleónicas (1803-1815) muchos soldados utilizaban pantalones que cubrían la bota, algo que habían comenzado a hacer los soldados de la Europa del Este.  A la vuelta de la guerra, les supuso a todos una gran comodidad seguir con ese hábito y continuaron con el largo extendido hasta la altura del pie.

Por esas fechas, Arthur Wellesley (1769-1852), primer Duque de Wellington, al regreso de las batallas napoleónicas adoptó el pantalón largo incluso para situaciones de etiqueta.  Su influencia en la corte británica hizo que se popularizara alargar la pernera.

George Bryan Brummell (1778-1840) conocido como Beau Brummell (“el bello Brummell”), personaje coetáneo del Duque de Wellington y con gran influencia en la corte inglesa, comenzó también a usar pantalones largos, en su caso con una tira bajo el pie para evitar pliegues.  El Rey Jorge IV (1762-1830) siguió esa costumbre, así como parte de la Corte y, de forma progresiva todo el pueblo británico.

Brummel desarrolló, con el apoyo del Rey, una curiosa carrera como “ministro de la moda y el gusto”, creando dictados ingeniosos y nuevas normas de vestido e higiene personal.  Este verdadero dandy hizo las delicias del Rey Jorge IV y sus súbditos, y marcó para siempre el mundo de la moda occidental, aportando también la corbata o pañuelo anudado al cuello en el traje formal.

Desde entonces, la sastrería inglesa de caballero es un referente en el mundo occidental.  Los sastres de Savile Row en Londres heredaron el know-how de sus predecesores en cuanto a diseño militar, médico y de deportes, ya que el traje masculino actual tiene mucho de los antiguos uniformes y de los trajes de equitación.

En particular, la influencia del sector de los cirujanos en el traje occidental llega al punto de que las mangas de las mejores chaquetas a medida tienen una botonadura que se puede abrir, algo que los antiguos médicos reclamaban para poder remangarse en las visitas a sus pacientes.  Los puños a veces se asemejan también a los de los trajes militares y las aberturas laterales en la parte trasera vienen de las exigencias de comodidad durante la equitación, al igual que los bolsillos oblicuos, a los que se tiene más fácil acceso durante la monta.

En el caso de la corbata, proviene del antiguo pañuelo al cuello, que tuvo una gran aceptación durante la corte de Luis XIV, y que copiaba en cierto modo la manera de anudar un pañuelo que tenían los soldados croatas que lucharon en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).  Del nombre “croata” derivó “cravate” en francés, y en español “corbata”.  Alrededor de 1860 se populariza su uso en Inglaterra con distintos colores y dibujos.

A finales del siglo XIX los empleados de oficina estadounidenses reclamaban ya ese traje “moderno” como atuendo habitual.

____________________

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Belén, el buey y la mula

–  Juan Manuel de Prada

En la detallada descripción evangélica del nacimiento de Jesús, llena de rasgos asombrosos de observación que nos permiten figurarnos minuciosamente lo que ocurrió en Belén, no aparecen ni por asomo los controvertidos buey y mula (1).  ¿Cómo se explica, entonces, que la tradición haya querido incorporarlos a tan conmovedora escena?  Porque cuando una tradición es inveterada e insistente algún significado verdadero y hondo tiene que esconder.

Siempre se ha pensado que el buey y la mula estarían en la cueva o pesebre donde nace el Hijo de Dios para darle calor.  Pero, de la lectura del Evangelio, ni siquiera se desprende que aquella noche hiciese frío en Belén; mas bien al contrario, se nos especifica que “había en la región unos pastores que pernoctaban al raso”, de donde hemos de colegir que la noche sería tibia y serena, pues de lo contrario los pastores se habrían recogido en una majada (2).  Y si los pastores dormían al raso tan panchos hemos de suponer que a Jesús le bastaría, para combatir el fresco de la madrugada, con los pañales en que lo había envuelto su Madre, a quien imaginamos -como todas las madres que en el mundo han sido- temerosa de que su Hijo recién nacido pille un resfriado y propensa a abrigarlo incluso en demasía.

Además, por el lugar revoloteaban los ángeles, que se habrían preocupado de envolver al niño con sus alas si hubiese hecho frío (pues las alas de los ángeles deben de abrigar más que las mantas eléctricas).

El buey y la mula parecen, pues, convidados superfluos, incluso intempestivos, en tan gozosa escena.  Y, sin embargo, la bendita tradición iconográfica, erre que erre, los mete invariablemente en el ajo.  ¿Por qué?

Algunos Santos Padres interpretan que el buey y la mula representan la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento;  otros, proponen que simbolizan la unión de judíos y gentiles.  Y, desde tiempos muy antiguos, circuló una leyenda según la cual San Jósé habría llevado el buey a Belén para pagar el tributo al César, mientras que la mula habría servido de cabalgadura a la Virgen, pues entre Nazaret y Belén hay cuatro días de camino a pie, trecho excesivo para una mujer en trance de dar a luz.  Pero, como algún comentarista bíblico ha observado, no parece verosímil que a un hombre que llega conduciendo un buey y a una mujer que viene subida en una mula se les niegue sitio en la posada;  pues tan pobres no habrían de ser.

Hay un versículo en Isaías 1,3 que viene como de molde para explicar la presencia de estos dos humildes animales en el pesebre:  “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”.  Buey y mula representarían, pues, ese conocimiento misterioso de las cosas que sólo los animales poseen, esa suerte de sexto sentido que les hace recogerse ante la inminencia de una tormenta, mientras a los hombre los pilla el chaparrón desprevenidos.

Y eso simbolizan las dos figuras que seguimos colocando en nuestros belenes (3)  – ¡ y que no falten nunca ! -:  lo que había ocurrido en aquel pesebre había pasado inadvertido al común de los hombres, pero los animales lo presagiaban en el aire:  sabían que el universo acababa de ser restaurado, sabían que la Creación entera había sido renovada.  Habían reconocido en ese Niño al Señor de la Historia.

Imagen supra: Doménikos Theotokópoulos, El Greco (1541-1614), Adoración de los pastores (1614), Museo del Prado, Madrid.

(1)  En su libro La infancia de Jesús (Ed. Planeta, Barcelona, 2012, 144 págs. Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) señala:  “Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen.  En el Evangelio no se habla en este caso de animales.  Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3”.

(2)  Majada:  Lugar donde se recoge de noche el ganado y se albergan los pastores.

(3)  En España la representación del nacimiento de Jesús a través de figuras se denomina Belén, y Nacimiento Pesebre en la mayoría de los países de América Latina.  En México tiene el nombre de Posadas, en Ecuador Changalos y en Costa Rica Pasitos.

____________________