La Habana cumple 500 años

  Javier Solano

El pasado 9 de abril, el Buque Escuela de la Armada Española Juan Sebastián El Cano entraba en la bahía de La Habana justo el mismo día, 90 años después, de su primera visita a esta ciudad en su primera vuelta al mundo.  Reeditando este viaje inaugural el ìmponente velero fabricado en 1927 había zarpado de “la tacita de plata” (Cádiz) para arribar a “la tacita lejana” (La Habana), uniendo estas dos ciudades que se desarrollaron paralelamente en ambas orillas del Atlántico como hermanas gemelas entre los siglos XVI y XVIII, y que conservan en la actualidad núcleos históricos que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La Española (actualmente la comparten República Dominicana y Haití) fue la base de la colonización de América desde 1492.  Puerto Rico fue conquistada por Ponce de León en 1508.  La conquista de Jamaica, dirigida por Juan de Esquivel, empezó en 1509.  Y aún sin completar el control sobre Jamaica, se abordó la conquista de la isla de Cuba, misión que se encomendó al conquistador Diego Velázquez que, en el verano de 1511 con una flota de cuatro naves y 300 hombres, zarpó de Salvatierra de la Sabana, en el extremo occidental de La Española, rumbo a las costas orientales cubanas.

Entre sus hombres se encontraban Hernán Cortés, Pánfilo de Narváez, Pedro de Alvarado y Fray Bartolomé de las Casas.  La expedición desembarcó en un lugar que Velázquez llamó Puerto de las Palmas, situado entre los actuales Guantánamo y Maisí, y sin tiempo que perder se fundó el 15 de agosto de 1511 el primer asentamiento español en Cuba:  Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

La conquista de la isla no fue difícil.  En pocos meses quedaron fundadas las siete primeras ciudades de Cuba:  después de Baracoa, vinieron San Salvador de Bayamo, Santiago, Trinidad, Sancti Spiritus, Santa María del Puerto del Príncipe, y finalmente San Cristóbal de La Habana, que en su origen se ubicó en la costa sur de Cuba.  A mediados de 1514, la isla ya estaba completamente bajo control.  Esas siete ciudades fueron los primeros asentamientos permanentes de los conquistadores españoles en suelo cubano.  De ellas, solo Baracoa conserva su ubicación original, pues todas ellas fueron trasladadas por diversos motivos.

La inicial villa de San Cristóbal de La Habana sufrió al menos dos traslados desde su lugar de origen.  Aunque fue fundada en 1514 en la costa sur de la isla, finalmente quedó asentada en su ubicación actual (en la costa norte) el 16 de noviembre de 1519.  Esta última fecha es considerada como la de la fundación definitiva de la ciudad.  La Habana se convirtió con el tiempo en el punto clave del sistema de transporte comercial hacia la Metrópoli, y desde 1607 desplazó a Santiago como capital oficial de Cuba.

Desde su fundación hasta 1898, La Habana ha sido una ciudad española, salvo el período de ocupación inglesa durante la denominada Guerra de los Siete Años (1756-1763).  En agosto de 1762 fue tomada por los ingleses tras un asedio de 64 días, siendo la principal plaza conquistada por su Ejército en la América española durante esta guerra.  Con la firma de la paz en París, en febrero de 1763, Inglaterra la devolvió a España y cedió la Luisiana a cambio de Florida y la renovación de los tratados comerciales.

Cuando este año La Habana cumple medio milenio sigue siendo una ciudad impregnada de españolidad, a pesar de los avatares históricos.

Feliz aniversario.

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Ser generosos siempre sale a cuenta

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–  Gerver Torres

Regalar tiempo o dinero, sabiduría o afecto no sólo beneficia a quien lo recibe.  También favorece a quien lo da, porque ser desprendidos hace que nos sintamos más alegres, mejores personas e incluso más sanos.

La mayoría de nosotros, cuando oye hablar de generosidad, piensa inmediatamente en dinero que se regala a otros o se dona a causas sociales diversas.  Sin duda, esta es tal vez la forma más universal y simple de desarrollar tal cualidad.  De acuerdo con las encuestas anuales de Gallup (1), alrededor del 29 % de la población mundial practica ese tipo de altruismo.

Este es el porcentaje de las respuestas afirmativas a la pregunta de si se ha donado dinero para alguna causa social.  Y se ha mantenido estable durante los últimos 10 años. Aunque varía mucho dependiendo de los países, existen cifras tal altas como las de Myanmar [Asia] (90%), y tan bajas como las referentes a Georgia [Europa oriental] (4 %). Un dato interesante es que entre los países con alta proporción de donaciones figuran algunos de los más pobres del mundo como Haití (44%) y Laos (63%), lo cual sugiere que esta práctica no está determinada únicamente por la capacidad económica.

Pero existen otras formas de ser dadivosos.  Una de ellas es el voluntariado: entregar parte de nuestro tiempo a causas de interés social.  Las mismas encuestas mencionadas anteriormente señalan que el 20% de la población mundial hace algún tipo de voluntariado. Los números reflejan por tanto que la gente es más desprendida con su dinero que con su tiempo.

Pero la formas de demostrar generosidad son muy variadas.  También existe una de tipo relacional y emocional que incluye la hospitalidad hacia los otros, la disponibilidad para ejercer de tutores, la capacidad de reconocer los logros y méritos de los demás o la de abrirse afectivamente para compartir penas y sufrimientos. Hay miles de formas de ser generosos sin tener que relacionarlo con nuestra disponibilidad económica.

Tendemos a identificar ser dadivosos como un acto de desprendimiento que significa un costo de algún tipo, normalmente de tiempo o de dinero, pero estudios de diversa índole demuestran que ser espléndidos también reporta grandes beneficios a quien lo practica. Una de estas investigaciones se recoge en un libro de reciente publicación, The Paradox of Generosity (2), escrito por los sociólogos estadounidenses Christian Smith y Hilary Davidson, de la Universidad de Notre Dame (3).  En esa publicación, documentan amplios análisis que realizaron sobre una muestra de 2,000 habitantes en su país, centrándose en los efectos de quien practica la generosidad y no de quien la recibe.

Una de las conclusiones es que los norteamericanos que son más hospitalarios y desprendidos afectivamente tienden a ser mas saludables, a tener una mayor sensación de crecimiento personal, a ser más alegres y felices.  De la misma manera, estudios de neurociencia que examinan el comportamiento de nuestros cerebros, cuando damos y recibimos, sugieren que la alegría de dar es mayor que la de recibir.

No se trata de restarle bondad para equipararla a un acto interesado pero sí conviene saber, especialmente cuando existen dudas para ejercerla, que posiblemente cuesta menos de lo que creemos, porque al tener esta actitud obtenemos beneficios de los que tal vez no seamos conscientes.  Al ser más espléndidos, no sólo estaremos contribuyendo a construir un mundo mejor, que ya es razón suficiente, sino además esta acción impactará de forma positiva en nuestro propio bienestar.

Por ello tiene todo el sentido asumir el propósito de convertirnos en personas más generosas. No hay que esperar a tener más dinero o más tiempo para hacerlo, porque al final nos beneficia a nosotros mismos.

Y, además, considerarlo así no implica cargo de conciencia porque, como dijo el escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009)  “la generosidad es el único egoísmo legítimo”

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(1)  Para más información sobre Gallup, Inc. véase en Internet  http://gallup.com

(2)  The Paradox of Generosity, Oxford University Press, New York 2014, 280 págs.

(3)  Véase en Internet  https://generosityresearch.nd.edu