El español que descubrió el Océano Pacífico

mapa ortelius 1595

–  Esther Alvarado

Hubo un tiempo en que casi níngún territorio existía a menos que le pusiesen nombre los españoles.  De hecho, el Océano Pacífico llevaba ahí toda la vida, pero tuvo que ser Vasco Núñez de Balboa (1475-1519) el que cruzase el territorio del actual Panamá y, al mar del otro lado lo bautizase como Mar del Sur (1).  Era el 25 de septiembre de 1513 y acababa de comenzar la aventura de colonizar esos mares y las tierras que hubiese más allá, una hazaña que duraría varios siglos.

El primero que tuvo noticias del otro mar fue Cristóbal Colón (1451-1506) en su tercer viaje a América (1498-1500), pero bastante tenía ya con haber descubierto todo un continente como para aventurarse tierra adentro.  Así que fue su antiguo lugarteniente, el citado Vasco Núñez de Balboa, el que se decidiese a explorar la zona de Veraguas (una de las actuales diez provincias de Panamá, y la única que tiene costas en los Océanos Atlántico y Pacífico) hasta que llegó al otro lado y avistó, en 1513, el Mar del Sur.

Cinco años más tarde, en 1518, el portugués Fernando de Magallanes (1480-1521), consumado explorador de las islas del Pacífico siguiendo la ruta portuguesa (rodeando África), se enemista con su rey y acude a Carlos I de España (1500-1558) para exponer su idea:  debía haber un paso entre los Océanos Atlántico y Pacífico bajo América del Sur y así se podría llegar a las Islas Molucas (2) sin violar el Tratado de Tordesillas (3).

Logró Magallanes su intento de llegar a Filipinas, pero murió allí en 1521 y fue su sucesor Juan Sebastián Elcano (1476-1526), quien en lugar de dar media vuelta (como sería lo lógico en aquella época), decidió seguir navegando hacia el Oeste.  Su gesta consistió en dar la primera vuelta al mundo retornando a Sanlúcar de Barrameda (España) el 6 de septiembre de 1522, tras rodear África de sur a norte y hacer una peligrosa escala en Cabo Verde (era colonia portuguesa).  Como prueba de su gesta, en las bodegas de la nao Victoria llevaba 530 quintales (116,845 libras) de la preciada especia denominada clavo de olor.

Lo siguiente era lograr llegar al Pacífico sin tener que dar la vuelta entera a América, así que Carlos I puso al virrey de México, Hernán Cortés (1504-1547) a buscar un paso más rápido entre ambos Océanos, pero mientras tanto, portugueses y españoles, incapaces de ponerse de acuerdo sobre a quién pertenecían las Molucas, se dispusieron cada uno por su parte a ocuparlas.

Francisco Pizarro, Santiago de Guevara, Diego de Almagro, Pedro de Unamuno, Alvar Núñez Cabeza de Vaca…… decenas de marinos, soldados y expedicionarios se aventuraron en busca de rutas más sencillas y tierras más prósperas sin anexionar. Algunos lograron éxitos reseñables, pero muchos no volvían nunca a casa o tardaban años en regresar.  Las expediciones españolas llegaron hasta Alaska, y lucharon contra los ingleses por controlar la zona canadiense de Vancouver.

La navegación, sin poder medir longitudes con exactitud, era todavía casi una cuestión de pericia y suerte hasta que un fraile agustino, Andrés de Urdaneta (1508-1568), antiguo expedicionario en Filipinas, en el viaje de regreso (1565) junto a Miguel López de Legazpi (1503-1572) después colonizar las Islas, sugirió buscar corrientes y vientos en dirección NE, y las encontraron a los 43 grados de latitud.  Se había descubierto el tornaviaje (4) y con esa nueva ruta más rápida se pone en marcha la línea marítima conocida como el Galeón de Manila (5).

Con el inicio del siglo XVIII (denominado Siglo de las Luces) llega una revolución al concepto del conocimiento, y comienzan las expediciones con espíritu científico además de colonizador.  El desarrollo naval es sorprendente y se construyen barcos mucho más fuertes, lo que permite salir de la zona ecuatorial hacia el norte y hacia el sur.

Seiscientos años después de la hazaña, los expertos coinciden en afirmar que el hallazgo del Océano Pacífico, en 1513, fue una de las exploraciones más importantes de la historia de la Humanidad.

Imagen supra:  Mapa del cartógrafo Abraham Ortelius (1595).

(1) Vasco Núñez de Balboa lo identificó oficialmente como Mar del Sur ya que, en relación con el Mar Caribe, se le apareció situado al sur.  Fernando de Magallanes en su viaje a Filipinas, en 1520, le cambió el nombre, denominándolo Mar Pacífico, al considerar tranquilas sus aguas respecto a las del Atlántico Sur.  Con el paso del tiempo los dos, por su extensión y profundidad, se llamaron Océanos.

(2)  Las islas Molucas (en indonesio Maluku), también conocidas como las Islas de las Especias, es un archipiélago de Indonesia. Se compone de numerosas islas que cubren una área extensa delimitada al oeste por las islas Célebes y las islas menores de la Sonda, y al este por la isla de Nueva Guinea.  Las islas Molucas se hicieron famosas durante los siglos XV y XVI, cuando portugueses, españoles, ingleses y holandeses libraron batallas para conquistarlas, debido a que de ellas se obtenían las tan preciadas especias que necesitaba Europa.  Era la única región productora de nuez moscada y, junto con Madagascar, la única donde se recolectaba también el clavo de olor.

(3)  El Tratado de Tordesillas fue el compromiso suscrito en la localidad de Tordesillas (Valladolid, España), el 7 de junio de 1494, entre los representantes de Isabel y Fernando, Reyes de Castilla y de Aragón, por una parte, y los del Rey Juan II de Portugal, por la otra, en virtud del cual se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del Océano Atlántico y del Nuevo Mundo mediante un meridiano, situado 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, a fin de evitar conflictos de intereses entre la Monarquía Hispánica y el Reino de Portugal

(4)  La palabra tornaviaje, que significa viaje de regreso, está unida a Andrés de Urdaneta, y en los libros de Historia se conoce como tornaviaje de Urdaneta el éxito de su búsqueda, en 1565, de vientos y corrientes que acortaran la duración del trayecto entre Filipinas y México.

(5)  El Galeón de Manila era el nombre con el que se conocían las grandes naves españolas que cruzaban el Océano Pacífico, una o dos veces al año, entre Manila (Filipinas) y los puertos de Nueva España (actualmente México).  La línea Manila-Acapulco-Manila fue una de las rutas comerciales más larga de la historia y funcionó durante 250 años.  El último barco zarpó de Acapulco en 1815 cuando la Guerra de Independencia de México interrumpió el servicio.

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Moctezuma y su penacho centenario

moctezuma,2

–  Sonia Corona

Abandonó México hace 495 años y es poco probable que vuelva.  El penacho del Emperador azteca Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), decorado con plumas de quetzal e incrustaciones de oro, plata y cobre, no puede ser trasladado  -desde Austria hasta México-  al menos hasta que exista la tecnología adecuada para lograr, durante el largo viaje, un impacto cero de vibraciones en ese valioso objeto.  Así lo han dictaminado los investigadores de ambos países tras dos años de concienzudos estudios sobre el tema.

El citado penacho fue un regalo de bienvenida de Moctezuma al conquistador extremeño Hernán Cortés (1485-1547) a su llegada a México en 1519.

La polémica en torno a la pertenencia del preciado adorno se inició en 1991, cuando el Gobierno mexicano exigió al de Austria la devolución del penacho que había pertenecido a Moctezuma, y que se encontraba en el Museo de Etnología de Viena, sin obtener respuesta alguna.

En 2011 la diplomacia mexicana matizó su petición y ofreció un intercambio del atavío con la carroza dorada del Emperador Maximiliano I de México (1) que se exhibe en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en la capital del país.

Recientemente el documental Penacho de Moctezuma, plumaria del México antiguo, estrenado en la televisión pública de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desvela las investigaciones que confirman el frágil estado del adorno.

La ciencia ha desplazado a la diplomacia:  aunque México y Austria llegasen a un acuerdo no sería viable un traslado aéreo, marítimo o terrestre sin dañar al objeto.  Una de las expertas consultadas, María Olvido Moreno, Conservadora de la UNAM, afirma categóricamente que “las vibraciones provocarían que las barbas de las plumas se desprenderían de su cañón; también provocarían que el filo de los discos de oro al moverse cortaran las plumas”.

El penacho de Moctezuma ha marcado la historia del antiguo México.  Fue parte de una serie de objetos que el Emperador azteca ofreció a Hernán Cortés en 1519 a su llegada a Tenochtitlán (antiguo nombre de la ciudad de México).  Moctezuma fascinado por la apariencia de los españoles (a los que consideraba como semi dioses) entregó objetos de gran valor, entre ellos el codiciado penacho que Cortés envió a España como un regalo al Rey Carlos I (1500-1558), sucesor en 1516 del Rey Fernando el Católico.

No existe una versión fidedigna de como llegó el penacho de Moctezuma a Austria, pero ya figuraba en el inventario realizado en 1596 del Castillo de Ambras, perteneciente al Archiduque Fernando II del Tirol.

Con los años el cuidado del tocado ha sido extremo, pero no siempre fue así.  La Conservadora de la UNAM, María OIvido Moreno, señala que los análisis realizados han permitido identificar que, en una restauración realizada en 1878, se le añadieron pequeñas plumas en la parte inferior, reemplazándose algunas piezas metálicas de oro por otras de latón y se hizo un control de plagas a las plumas.  La técnica de restauración no fue la ideal, pero la investigadora mexicana reconoce su valor ya que “si no se hubiera hecho, hoy no tendríamos el penacho”, afirma.

El reciente estudio y restauración (2010-2012) del penacho de Moctezuma aportó información inédita sobre la pieza que, a pesar de su tamaño (1.20 metros de alto por 1.78 de largo / alrededor de 3 pies 11.25 pulgadas por 5 pies 10 pulgadas), tenía una estructura suficiente para colocarse sobre la cabeza de una persona.  El tocado conserva actualmente todas sus plumas azules, rojas y marrones (carmelitas), así como 1,544 piezas metálicas (85% de oro).  El conjunto de plumas ha sufrido el paso del tiempo, e incluso la rapiña de algunas de sus piezas metálicas. Sin embargo, los investigadores han detectado que su mayor debilidad está en la estructura: en las 27 varillas que sostienen la estructura existen 29 fracturas.

La conclusión del reciente análisis y la evaluación realizada es contundente:  el penacho de Moctezuma no tiene, por el momento, fecha de retorno a México.

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(1) El Emperador Maximiliano (1832-1867) fue un personaje singular en la historia de México a finales del siglo XIX.  A Maximiliano de Austria, hermano del emperador Francisco José, le fue ofrecida en 1863 la corona, para sí y sus descendientes, al adoptarse en México como forma de gobierno la monarquía moderada y hereditaria, con un príncipe católico, bajo la fuerte presión ejercida por Napoléon III. Su reinado, bajo el título de Emperador de México, duró apenas cuatro años. Maximiliano fue fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867, y sus restos reposan en la Cripta Imperial de Viena (Kaisergruft).

(2)  Para más información sobre este tema, véase en Internet http://www.youtube.com/watch?v=sE0osIv78po

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