Venerable Hermano Victorino De La Salle (1885-1966)

  Alberto Sala Mestres

El 6 de abril de 2019, el Santo Padre Papa Francisco refrendó en el Vaticano el Decreto de Virtudes Heroicas del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle, aprobado por unanimidad por la Congregación para las Causas de los Santos, documento que le otorga la condición de Venerable.  Esta noticia fue difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su Boletín de Noticias del 8 de abril de 2019 (BO 297).

La cualidad de Venerable establece una nueva etapa que sitúa al Hermano Victorino De La Salle a las puertas de la Beatificación.  Para que sea designado Beato se requiere que suceda un milagro atribuido a su intercesión, que deberá ser verificado y autenticado de forma fehaciente, y analizado posteriormente por la Congregación para las Causas de los Santos.

Recordar la vida y obra del Hermano Victorino nos sitúa ante una persona que supo entender la sociedad de su época y la misión de apostolado que su vocación le había confiado.

Nuestro Hermano De La Salle nació en Francia y llegó a Cuba en 1905, formando parte de una comunidad de Hermanos que se establecería en la nueva República de Cuba fundada tres años antes. La labor realizada en esos primeros años fue muy eficaz para restablecer el acercamiento de los fieles y sus familias a la Iglesia, mediante la fundación de colegios católicos que ofrecían una educación más moderna, lejos de los cánones de la Metrópoli, impartiendo valores cristianos en una nueva evangelización.

El acertado criterio del Hermano Victorino le hizo ver que hacía falta algo más que las asociaciones o grupos que se formaron entonces para mantener la vigencia de la fe y la práctica de la religión. Era necesario -pensaba- organizar un movimiento diferente, innovador, comprometido y valiente. Así surgió, en 1928, la Federación de la Juventud Católica Cubana, una asociación nacional organizada a través de grupos y coordinada a nivel diocesano, que mantenía y desarrollaba su apostolado como el objetivo de todos los católicos comprometidos con la labor de Iglesia.

El diseño de ese movimiento laico de hombres y mujeres fue abarcando progresivamente en las diferentes ciudades y poblaciones de Cuba a los estudiantes, universitarios, obreros, fieles de las Parroquias y matrimonios, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, quien se adelantó varias décadas en promover el protagonismo que tienen ahora los laicos en la vida de la Iglesia.  Con su proverbial sencillez y humildad, confirmaba siempre un pensamiento que repitió muchas veces de palabra y por escrito:  “Siempre quise hacer obra de Iglesia”.

Estadísticas publicadas en la IV Semana Internacional de la Acción Católica, celebrada en Montevideo (Uruguay) en 1956, indican que la organización fundada por el Hermano Victorino contaba entonces con 1,080 grupos, formados por un total de 32,000 miembros.  En 1953 se había concluido la especialización en cuatro grupos: la Juventud Acción Católica (JAC), integrada por los grupos generales radicados en todas las Parroquias de Cuba;  la Juventud Estudiantil Católica (JEC), formada por los grupos establecidos en los colegios y centros de enseñanza secundaria; la Juventud Obrera Católica (JOC), integrada por los grupos obreros radicados en las distintas localidades; y la Juventud Universitaria Católica (JUC), constituida por los grupos establecidos en  las universidades del país.

Junto a esa significativa organización católica cubana, se fundó también en 1946 por iniciativa del Hermano Victorino el Hogar Católico Universitario, que brindaba acogida a los estudiantes sirviendo a su vez de punto de encuentro de los universitarios.  También impulsó la creación en 1953 de los Equipos de Matrimonios Cristianos, cuya organización y funcionamiento fueron aprobados por el Episcopado cubano, y que tuvo un rápido crecimiento.

El Hermano Victorino De La Salle había recibido una especial gracia de Dios: el peculiar carisma que le acompañó siempre. Su liderazgo participativo, esa manera de expresarse de forma reflexiva y convincente desde el testimonio de su propia vida, sigue siendo un modelo para todos. Su ejemplo sembró numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas entre los jóvenes.

Falleció en Puerto Rico el 16 de abril de 1966 y sus restos se encuentran depositados en una urna funeraria en el Panteón de los Hermanos De La Salle ubicado en el  Cementerio Católico Porta Coeli de Bayamón, ciudad ubicada a 19,4 kilómetros (12 millas) de San Juan.  Es probable que en un futuro próximo los Hermanos De La Salle decidan trasladar, después de obtener las autorizaciones pertinentes, la citada urna funeraria a otro lugar más acorde con la reciente designación de Venerable.

Tras su fallecimiento, quienes habían conocido al Hermano Victorino, participando en su labor de apostolado, recopilaron datos y testimonios sobre su vida ejemplar. Un número importante de católicos consideraba que existían evidencias para iniciar el reconocimiento de su santidad. El Cardenal de Puerto Rico Mons. Luis Aponte Martínez, respaldó las peticiones, y el 30 de marzo de 1999 dictó el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación del ya considerado Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

El Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas designó a Rodolfo Meoli fsc, para el seguimiento de ese tema desde la Casa Generalicia en Roma, y las autoridades de la Santa Sede nombraron a Fr. Vincenzo Criscuolo Ofm.Cap. Relator de la Causa de Beatificación.  Ambos han desarrollado una encomiable labor que ha llevado al reciente dictamen del Papa Francisco de designarle como Venerable Hermano Victorino De La Salle.

Las autoridades eclesiásticas han aprobado el texto de una Oración, para uso privado de los fieles, cuyo texto figura a continuación.

Puede verse más información en: http://www.victorinodelasalle.org

Oración

Señor Dios, que has prometido ensalzar a los humildes y que brillaran como estrellas en perpetuas eternidades los que enseñaren a muchos la justicia, dígnate glorificar a tu siervo Venerable Hermano Victorino De La Salle, trabajador incansable en la parcela de la niñez y de la juventud, haciendo que su nombre resplandezca entre tus santos.

Multiplíquense tus gracias, Señor, en favor de los fieles que te las piden, haciendo presente las virtudes que él practicó en la Tierra, y concédenos que algún día veamos a tu Santa Iglesia honrar su memoria y ofrecernos en él un nuevo modelo que imitar, y un nuevo protector que nos asista desde el cielo, en los trabajos y aflicciones de esta vida, ayudándonos a conseguir la bienaventuranza eterna.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Se ruega a quienes obtengan favores o gracias por intercesión del Venerable Hermano Victorino de la Salle, que lo comuniquen en un breve mensaje dirigido a:  victorino@saintly.com

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Lourdes y el Hermano Victorino De La Salle

–   Alberto Sala Mestres

La mayoría de los candidatos a la santidad han tenido una devoción especial que les ha acompañado durante toda su vida. Algunos incluso lo incorporaron a su nombre al tomar los hábitos como sucedió, por citar sólo un ejemplo, a Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada (1515-1582) que adoptó para siempre el nombre de Teresa de Jesús con el que fue declarada Santa en 1622 y Doctora de la Iglesia Universal en 1970.

En el caso del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle (1885-1966) desde muy joven expresó una singular devoción a Nuestra Señora de Lourdes, y en el transcurso de su vida dio un testimonio personal constante de esa devoción mariana, que se vio también reflejada en diversas manifestaciones públicas a lo largo de los años.

Así, cuando en 1928 se fundó en La Habana la Federación de la Juventud Católica Cubana, por iniciativa del Hermano Victorino, se escogió expresamente la fecha del 11 de febrero, aniversario de la primera aparición en 1858 de la Santísima Virgen María a Bernadette Soubirous (1844-1879) en la ciudad francesa de Lourdes.

Un detalle significativo tuvo lugar en julio de 1954 cuando, con motivo de la celebración del Año Mariano, varios federados (nombre con el que eran conocidos los miembros de la Juventud Católica Cubana) acompañaron al Hermano Victorino en su visita a la Basílica Menor de Lourdes, ocasión en la que se colocó una placa conmemorativa del veinticinco aniversario de la fundación de la Juventud Católica Cubana que se había celebrado el año anterior.  Puede verse en la actualidad esa placa situada a la derecha del altar mayor sobre el marco de la puerta que da acceso a Sacristía.

Hay que señalar que la Juventud Católica Cubana fue el movimiento laico más importante en la historia católica de Cuba, con más de 1,080 grupos, formados por un total que superaba en 1956 los 32,000 miembros, y que abarcaba en las diferentes ciudades y poblaciones, a los estudiantes, universitarios, obreros, fieles de las Parroquias y matrimonios, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, quien se adelantó varías décadas en promover el protagonismo que tienen ahora los laicos en la vida de la Iglesia con el impulso del Concilio Vaticano II.

Otro episodio singular que contó con la iniciativa de Hermano Victorino tuvo lugar en 1958, con la construcción en La Habana de una réplica de la Gruta de Lourdes (ver imagen supra), realizada por el arquitecto Max Borges y ubicada en el lateral derecho de la Iglesia de Jesús Nazareno (conocida también popularmente como Iglesia de Santa Ana o Jesús de Miramar).  Se accede libremente desde la calle y recibe muchas visitas de cubanos y turistas extranjeros.  En su testamento, el Hermano Victorino expresó el deseo de ser enterrado, cuando las circunstancias lo permitan, frente a la Gruta y a los pies de la Virgen de Lourdes, cubierto por una lápida anónima.

Próximamente la Causa de Beatificación del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle tiene una cita importante en Roma. El 15 de noviembre de 2018, una Comisión de Teólogos designada por la Congregación para las Causas de los Santos examinará la Positio (590 páginas) documento oficial que incluye además de los testimonios de los testigos que conocieron al Hermano Victorino, los principales aspectos de su vida y virtudes junto a sus escritos.

Pedimos a  todos los que conocieron en vida al Hermano Victorino y participaron en los movimientos laicos que impulsó, así como a la familia lasallista y a todos los lectores a que, en unión de oraciones, acompañen este proceso.

Oración

Señor Dios, que has prometido ensalzar a los humildes y que brillaran como estrellas en perpetuas eternidades los que enseñaren a muchos la justicia, dígnate glorificar a tu siervo Hermano Victorino De La Salle, trabajador incansable en la parcela de la niñez y de la juventud, haciendo que su nombre resplandezca entre tus santos.

Multiplíquense tus gracias, Señor, en favor de los fieles que te las piden, haciendo presente las virtudes que él practicó en la Tierra, y concédenos que algún día veamos a tu Santa Iglesia honrar su memoria y ofrecernos en él un nuevo modelo que imitar, y un nuevo protector que nos asista desde el Cielo, en los trabajos y aflicciones de esta vida, ayudándonos a conseguir la bienaventuranza eterna.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Nota:  Se ruega a quien obtengan favores o gracias por intercesión del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle, que lo comuniquen en un breve mensaje dirigido a:  victorino@saintly.com

Puede verse más información en:   hacer click aquí  http://www.victorinodelasalle.org

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Hermano Victorino De La Salle: una vida “exagerada”

–  Rodolfo Meoli, fsc

Postulador de la Causa de Beatificación (Roma)

No vamos a referirnos aquí a una película del director Danny Boyle que se estrenó hace años con el título A Life Less Ordinary (en italiano “Una vita esagerata”, ni de la denominada “vida exagerada” que describe la letra de una canción de moda en Italia.  Queremos evocar el paso por la Tierra de un hombre excepcional, una persona providencial que atravesó años difíciles en Francia y posteriormente en Cuba, en los Estados Unidos y en la región de las Antillas.  De las vicisitudes de su tiempo supo extraer frutos luminosos de santidad personal y dejarnos una valiosa herencia.

¿Por qué utilizo la expresión “vida exagerada”?  Simplemente porque el Hermano Victorino De La Salle llevó a cabo a lo largo de su vida tantas iniciativas, grandiosas y hermosas, que habrían podido llenar la vida de varias personas a la vez.

“Hay demasiados sabios, demasiados prudentes. Oh Dios, mándanos locos, envíanos hombres que se comprometan a fondo, que amen de otra forma y no sólo con palabras, que se entreguen verdaderamente hasta el fondo” (1).  El Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle cumple las expectativas que vislumbraba el entonces Monseñor Gianfranco Ravasi, actualmente Cardenal.

Como Hermano De La Salle, el Siervo de Dios siguió la estela del fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), con su testimonio personal de fe y apostolado con los jóvenes y una dedicación plena y total adhesión al espíritu fundacional del Instituto:  “El espíritu de este Instituto es, en primer lugar, el espíritu de la Fe que debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe…  En segundo lugar, el espíritu de este Instituto consiste en el Celo ardiente de instruir a los niños y educarlos en el santo temor de Dios” (2).

El Hermano Victorino hizo suyo ese dictamen de la Regla de los Hermanos De La Salle obteniendo su máximo provecho personal porque “hacerlo todo con espíritu de fe” no es más que buscar la perfección de la vida del cristiano y, en consecuencia, la santidad, completada por el “celo ardiente” que sólo mira servir a Dios en el prójimo, que en el caso particular de nuestro Siervo de Dios son los jóvenes a quienes dedicó su vida.

Sus intuiciones se hicieron una realidad providencial que aportó un decidido impulso a la Iglesia católica en Cuba.  La trayectoria es significativa:  Asociación La Salle (1912), Conferencia de San Vicente de Paúl (1919), Revistas católicas “Blanco y Azul” y “Páginas” (1912-1919), Federación de la Juventud Católica Cubana (1928), Hogar Católico Universitario (1946), Equipos de Matrimonios Cristianos – Movimiento Familiar Cristiano (1953).  Todas ellas fueron iniciativas que tuvieron un enorme éxito y otorgaron una gran popularidad al Hermano Victorino.  Son innumerables los testimonios que podrían citarse y que exaltan sus capacidades creadoras dotadas de una fuerza arrolladora.

Algunas ideas que podrían considerarse como secundarias tienen su atractivo y contribuían a entusiasmar los corazones.  Por ejemplo, los jóvenes tienen un gran interés por la música, y ahí tenemos al Hermano Victorino que se transforma en músico y hacer surgir de su mente, en 1935, la entusiasta y marcial melodía del Himno de la Federación de la Juventud Católica Cubana con la letra del Dr. Julio Morales Gómez.

Es posible llegar a expresar un ideal gráficamente.  Fue también el Hermano Victorino quien diseñó en 1933 la bandera de la Juventud Católica Cubana, representada bajo el símbolo de la “estrella y la cruz”.  La Dra. Teresa Fernández Soneira, autora de la más acreditada publicación sobre la historia de la Federación de las Juventudes de Acción Católica Cubana, tituló los dos volúmenes de su libro “Con la Estrella y la Cruz” (3).

Las referencias sobre su vida que hemos indicamos pensamos que son suficientes para captar en su conjunto la personalidad del Siervo de Dios, así como su vocación, orientada a la santidad personal pero dirigida especialmente a la difusión del mensaje cristiano en Cuba, buscando el verdadero bien de los cubanos, su crecimiento espiritual, la toma de conciencia de la dignidad y de la belleza de ser cristianos, según lo expresa San León Magno (c.390-461):  “Agnosce, cristiane, dignitatem tuam”.

Los reconocimientos que tuvo en vida:  Doctor “honoris causa” Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, La Habana (1951); Cruz “Pro Ecclesia et Pontifice” (1953) concedida por Su Santidad el Papa Pío XII; “Croix de la Légion d’Honneur”, Francia (1955); y el gran pesar del que la prensa se hizo eco tras su fallecimiento en 1966, constituyen el mejor reconocimiento de su gran labor apostólica.  Podemos decir que el Hermano Victorino forma parte, de pleno derecho, del elenco de grandes cubanos; su obra se asemeja, con sus características propias, a la de San Antonio María Claret, el Beato José Olallo Valdés y el Venerable Padre Félix Varela Morales.

En 1990 un grupo numeroso de personas que había conocido al Hermano Vidtorino organizó una Comisión Coordinadora para promover su Causa de Beatificación, y el 8 de septiembre de 1999 S.E. Mons. Roberto González Nieves, Arzobispo de San Juan (Puerto Rico), ciudad en la que había  fallecido el Hermano Victorino el 16 de abril de 1966, presidió la ceremonia de apertura de la Causa.

Terminada la fase diocesana, la Causa de Beatificación continuó en Roma donde, en 2015, se concluyó la redacción de la Positio (documento de 590 páginas que recoge la documentación necesaria) que será examinado el 15 de noviembre de 2018 por una Comisión de Teólogos designada por la Congregación para las Causas de los Santos.  Su esperada decisión positiva declararía Venerable al Hermano Victorino.  Para lograr que sea Beato será necesario un milagro estudiado por los médicos y aprobado por los teólogos.

Esperamos que ese día glorioso no tarde en llegar teniendo en cuenta que el Hermano Victorino De La Salle en toda su trayectoria, y en todos los lugares donde las circunstancias lo condujeron, logró promocionar vocaciones vitales y sugerir experiencias de fe que produjeron resultados sorprendentes, como lo demuestran las más de doscientas vocaciones sacerdotales y religiosas surgidas del movimiento católico que fundó en Cuba, así como la persistente fama de persona inspirada y santamente comprometida que aún le rodea.

(1)  Gianfranco Ravasi, Mattutino, en Avvenire, 24 de septiembre de 1993.

(2)  Reglas y Constituciones de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Roma, 1953, Cap. II, 2.

(3)  Teresa Fernández Soneira, Con la Estrella y la Cruz, Historia de la Federación de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Vols. 1 y 2, Ediciones Universal, Miami, 2002.

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Osvaldo Morales Mustelier fsc (1924-2018) – Un hombre bueno

–  Luis Franco Aguado, fsc

Un hombre es bueno cuando es honrado, sincero, auténtico, digno de confianza.  El Hno. Osvaldo Morales era así, como un jarrón vacío a través del cual Dios se manifestaba, se hacía cercano a  niños, adolescentes, jóvenes y adultos.  Y, además, era un hombre de conciencia, por eso la bondad le seguía como una sombra, y de alguna manera se puede decir que se convirtió en su modo de ser.  Pocas personas como el Hno. Osvaldo han puesto en práctica  la bondad humana a través del ejercicio diario de los valores morales.

Buena persona es “quien de verdad quiere serlo” y, en ese sentido, podría decirse que a él le sobró vocación.  Siempre tuvo una fina sonrisa de comprensión e indulgencia para las debilidades humanas, y la cercanía para quienes necesitaban de sus consejos y su ayuda.  ¡Tiene mérito ser así a los 93 años!

También es verdad que el Hno. Osvaldo era un hombre de certezas, pero en el fondo de su alma estaba convencido de que la verdad de hoy se hace con renuncias a las verdades de ayer y de mañana…;  justamente por eso era un hombre bueno.  En los últimos años de su vida pasó gran parte de su tiempo “acompañando vidas”, muchas de ellas deshilachadas, en su Cuba querida, sobre todo en ese Santiago de Cuba que llevaba tatuado en lo más profundo de su corazón.  Allí encontró, hasta mimetizarse con ella, la buena sombra de la Virgen de la Caridad del Cobre, la mejor entre las sombras.

Y, junto al buen Hermano De La Salle y la buena persona el buen amigo.  La amistad  es la más libre y la más gratuita entre todas las vinculaciones que se puedan establecer entre las personas.  Decía Aristóteles que en la amistad se concreta la inteligencia, la libertad y la dignidad del hombre, teniéndola por “lo más necesario para la vida”.  Y es que la amistad consiste, cuando se reduce a su quintaesencia, en dejar que el otro sea lo que es y quiere ser, ayudándole delicadamente a encaminarse hacia lo que debe ser.  Sabedor de todo ello, el Hno. Osvaldo Morales Mustelier trató de cosechar con paciencia campesina las espígas de las que se alimenta la amistad:  la benevolencia, la beneficencia, la benedicencia y la confidencia.  Fue el caminante que hizo camino al andar; el romero que solo llevaba a cuestas un zurrón repleto de bondad para descargarlo en las posadas de la amistad y dar cuanto tenía o hacía, también lo que era.  Quizás nunca la pronunció, pero seguramente sentía como suya aquella frase que un día escribió en un relato  Álvaro Pombo:  “Yo soy mi corazón y tú también”.  Nadie sabe cuántas palabras caben en el silencio del amigo.

Muchos nos hemos quedado atrapados en la tela de araña de su ausencia.  Han pasado apenas unos días, no se han escrito obituarios ni elegías de quien tan solo fue -nada más y ¡nada menos!- que un buen Hermano De La Salle, un hombre bueno.  Creo que a su tumba tardará en llegar la sentencia implacable del olvido, la que nos convierte a todos en verdaderos muertos.  Si, como asegura Emilio Lledó, “somos necesariamente en el otro y cuanta más memoria guardan los demás de nosotros más somos”, entonces el Hno. Osvaldo aún está entre nosotros, aún sigue vivo.  Para muchos, ha resultado muy duro seguir moviendo el corazón todos los días casi cien veces por minuto sin su ayuda, pero la huella de su voz cordial, de su palabra comprensiva, no se ha borrado de su memoria, de sus amigos, de su hermana María, de su familia religiosa, de todos aquellos con los que supo hacer la pequeña gran historia de cada día.

Ahora seguimos necesitando oír el susurro de su voz bajo ese disfraz de caracola que un buen día parece que encontró en el rodar de la vida.  Ese susurro a muchos nos ha ayudado a entender el mundo por lo sencillo, por la grandeza de las pequeñas cosas:  el trabajo bien hecho, el apretón de manos que siente el corazón, la palabra dialogada e interpretada en el otro, el ser condoliente con el que sufre, el tratar de dar amor -nunca la ira- siempre que se pueda… y, cuando la ocasión sea propicia, regalar sonrisas y no malhumorarse con demasiada frecuencia.

Definitivamente el Hno. Osvaldo fue un “hombre bueno”.

Supo a lo largo de su dilatada vida celebrar las virtudes de los otros, de muchos a los que nadie valoraba.

Su apariencia podía hacer que, de partida, sintieras el aleteo de mariposas en el estómago, pero con el tiempo ese aleteo se desvanecía, y la risa afloraba como fuente recién nacida.

Le gustaba tener la razón, pero estaba dispuesto a ir mano a mano contigo y hacerte saber cuándo estabas siendo difícil o cuándo estabas viendo el mundo con tus lentes de poeta.

Sabía respetar a los que acudían a él, incluso cuando no tenían razón, cuando la emoción no les permitía descubrir el camino correcto… y entonces, sobre todo entonces, nunca caía en la tentación de manipular tus sentimientos.

Cuando se dialogaba con él, uno´tenía la sensación de que era alguien en que se podía confiar.  Le decías cosas y él no las repetía.  Te equivocabas y pedías perdón y él realmente lo dejaba ir…

Era el primero en admitir que no sabía todo acerca de la vida, pero eso no le impedía ser empático  El hecho de que no le tocara enfrentar los mismos desafíos ni problemas que tú, no significaba que para él fueran menos importantes.

En fin, el Hno. Osvaldo supo predicar con el ejemplo.  Ésa fue una de sus mayores virtudes.  Sabía bien que de nada sirve dar discursos profundos, motivadores, que les lleguen a las personas, si luego, de manera incongruente, no los practicas.  Con su ejemplo, supo ganarse el cariño y el respeto de aquellos con los que se cruzó a lo largo de sus 93 años…  porque cuando fue necesario se arremangó las mangas, y demostró el coraje y la pasión que eran necesarios para mover, sobre todo los corazones.

Quiero concluir con aquel pensamiento que se le atribuye a Bertolt Brecht:  “Hay hombres que luchan un día y son buenos.  Hay otros que luchan un año y son mejores.  Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.  Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.  El Hno, Osvaldo era de los imprescindibles, por eso alcanzó el cielo, porque no tenía miedo a volar.

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De La Salle – 2018 Año del Siervo de Dios Hermano Victorino

–  Alberto Sala Mestres

El calendario de 2018 del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas tiene señalada una cita especial.  La Comisión de Teólogos nombrada por la Congregación para las Causas de los Santos examinará detenidamente en Roma, el próximo 15 de noviembre, la Positio (documento oficial que recoge la trayectoria personal de un candidato a la Beatificación) de un Hermano De La Salle.  Se trata de Augustin Arnaud (1885-1966) conocido como Hermano Victorino De La Salle, que ejerció su apostolado en Cuba y Puerto Rico.  No es frecuente que se produzca un acontecimiento de esa índole, y toda la familia lasallista en unión de oraciones estará presente durante las reuniones que tendrán lugar en Roma.

Nuestro Hermano De La Salle había nacido en Francia y llegó a Cuba en 1905, formando parte de una comunidad de Hermanos que se establecería en la nueva República de Cuba fundada tres años antes.  La labor realizada en esos primeros años fue muy eficaz para restablecer el acercamiento de los fieles y sus familias a la Iglesia, mediante la fundación de colegios católicos que ofrecían una educación más moderna, lejos de los cánones de la Metrópoli, mientras impartían valores cristianos en el curso de una nueva evangelización.

El acertado criterio del Hermano Victorino le hizo ver que hacía falta algo más que las asociaciones o grupos, que se formaron entonces en torno a los colegios católicos, para mantener la vigencia de la fe y la práctica de la religión. Era necesario -pensaba- organizar un movimiento diferente, innovador, comprometido y valiente.   Así surgió, en 1928, la Federación de la Juventud Católica Cubana, una asociación nacional organizada a través de grupos y coordinada a nivel diocesano, que mantenía y desarrollaba su apostolado como el objetivo de todos los católicos comprometidos con la labor de Iglesia.  Los denominados federados recibían una formación que se actualizaba de forma permanente a través de cursos, seminarios y encuentros periódicos, con el apoyo explícito del Episcopado cubano.

El diseño de ese movimiento laico de hombres y mujeres fue abarcando progresivamente en las diferentes ciudades y poblaciones de Cuba a los estudiantes, universitarios, obreros, fieles de las Parroquias y matrimonios, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, quien se adelantó varias décadas en promover el protagonismo que tienen ahora los laicos en la vida de la Iglesia con el impulso del Concilio Vaticano II.  Estadísticas publicadas en la IV Semana Internacional de la Acción Católica, celebrada en Montevideo (Uruguay) en 1956, indican que en esa fecha la organización fundada por el Hermano Victorino contaba con 1,080 grupos, formados por un total de 32,000 miembros.

El Hermano Victorino De La Salle había recibido una especial gracia de Dios: el peculiar carisma que le acompañó siempre. Su liderazgo participativo, esa manera de expresarse de forma reflexiva y convincente desde el testimonio de su propia vida, sigue siendo un modelo para todos.  Su ejemplo sembró numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas entre los jóvenes cubanos.

Tras su fallecimiento, muchas personas que le habían conocido y participado en su labor de apostolado recopilaron datos y testimonios sobre su vida ejemplar.  Así, un número importante de católicos consideraba que existían evidencias suficientes para iniciar el reconocimiento de su santidad.  El Cardenal de Puerto Rico Mons. Luis Aponte Martínez, respaldó esas peticiones y el 30 de marzo de 1999 dictó el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación del ya considerado Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

El Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas designó a Rodolfo Meoli fsc, para el seguimiento de ese tema desde la Casa Generalicia en Roma.  A su vez, las autoridades de la Santa Sede nombraron a Fr. Vincenzo Criscuolo Ofm.Cap., Relator de la Causa de Beatificación, quien concluyó el 17 de noviembre de 2015 la redacción de la Positio (590 páginas) documento oficial que incluye además de los testimonios de los testigos que conocieron al Hermano Victorino, los principales aspectos de su vida y virtudes junto a sus escritos.  Ese texto será examinado por la citada Comisión de Teólogos, designada por la Congregación para las Causas de los Santos, en la reunión convocada en Roma el 15 de noviembre de 2018.

Pedimos a toda la familia lasallista que, en unión de oraciones, acompañe este proceso, invitándoles a conocer la vida y obra del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

Puede verse más información en:   http://www.victorinodelasalle.org

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La Salle en San Patricio, la Catedral de Nueva York

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–  Manuel R. de Bustamante

La Catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51, y es la segunda sede catedralicia de Diócesis neoyorquina, convertida en Archidiócesis el 19 de julio de 1850.  La primera Iglesia de San Patricio estaba situada en la calle Mott, en lo que entonces era la zona más exclusiva de la joven ciudad, hoy pleno barrio chino.  En aquella época el cubano Padre Félix Varela (1788-1853) era Vicario de la Diócesis de Nueva York y, con ese rango, asistió en representación del Obispo a un Concilio celebrado en Baltimore.  Detrás del altar mayor de la actual Catedral, dirigiéndose hacia la sacristía, existe una placa situada a la derecha, en la que se hace constar la condición de Vicario alcanzada por el Siervo de Dios Padre Varela, cuya Causa de Beatificación se encuentra actualmente en estudio en Roma.

Al entrar por la puerta principal de la Catedral (1), en la primera Capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el Altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco (véase imagen supra).  Esta Capilla fue consagrada el 10 de diciembre de 1900 (2) por el Arzobispo Corrigan.  Hay que señalar que es la segunda Capilla en todo el mundo (3) que ha sido dedicada a nuestro “Padre y Maestro”.

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados.  En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos De La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.  La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales.  Sobre el citado altar se encuentra el vitral que regalaron los Hermanos con motivo de la Beatificación del Fundador, promulgada el 14 de febrero de 1888 por el Papa León XIII.

Existe otro precioso vitral que representa la aprobación de las Reglas del Instituto, el 26 de enero de 1725, por el Papa Benedicto XII.  En este último se puede apreciar al Papa sentado en su trono recibiendo el documento que le entrega el Superior General Hermano Timothée.  Los vistosos uniformes de la Guardia Suiza junto a los ornamentos de los acompañantes del Santo Padre contrastan con el oscuro hábito de los Hermanos presentes en el solemne acto.

Antes de salir de la Catedral por la puerta que desemboca en la calle 50, podemos contemplar un vitral de grandes dimensiones en el que figura otro detalle lasallista. Está representado el Arquitecto Renwick presentando los planos del edificio al Arzobispo Hugues, que se encuentra sentado ante una mesa.  Rodeándola, se puede ver al Cardenal McCloskey, su Secretario el Rvdo. John M. Farley -quien, posteriormente fue el segundo Cardenal de Nueva York-, M. Lorin, autor del vitral, un franciscano, un Hermano De La Salle, varios religiosos, y un office boy (futuro arquitecto) desplegando un rollo de dibujos con los planos.  A un lado de la mesa podemos ver un portafolio con la inscripción “James Renwick Esq., New York”, junto a los dígitos 1879, correspondientes al año de ejecución del vitral.

(1)  Para más información véase  http://www.saintpatrickscathedral.org

(2)  San Juan Bautista De La Salle fue canonizado el 24 de mayo de 1900 por el Papa León XIII.  El santoral indica que su fiesta se celebra el 7 de abril, el mismo día y mes de su fallecimiento en 1719.

(3  La primera Capilla dedicada a San Juan Bautista De La Salle se encuentra ubicada en el Istituto San Giuseppe-Istituto De Merone (Roma) y fue inaugurada en 1888, año de su Beatificación.  Con motivo del tercer centenario de su nacimiento se le dedicó en 1951 una Iglesia cercana a la Casa Generalicia, y en la Diócesis de Roma tiene otra Iglesia en la zona de Torrino consagrada en el año 2009.  También existen Iglesias dedicadas a San Juan Bautista De La Salle en Canadá (Montreal), Colombia (Bogotá, Cartagena, Medellín y Soledad), España (Jerez y Sevilla), Francia (París), México (León [Guanajuato], Monclova y Monterrey), Panamá (Panamá), Perú (Lima), Puerto Rico (Bayamón), República Dominicana (Santo Domingo) y Lara (Venezuela), entre otros lugares de culto.

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Mensaje desde Roma

 

 –  Álvaro Rodríguez Echeverría fsc

Un fraternal saludo desde Roma a los lectores y colaboradores de Cuadernos de Pozos Dulces en Internet.  La decisión de mantener la publicación, ahora en forma digital, supone un nuevo esfuerzo y demuestra que los lasallistas siempre estamos abiertos al futuro.  Felicitaciones.

Quisiera compartir con todos los lectores, en este Año de la Fe, una breve reflexión sobre los jóvenes y la Nueva Evangelización, resaltando la frescura y el entusiasmo con los que algunos jóvenes animan las comunidades cristianas.

Personalmente pienso que las nuevas generaciones, sin distinción de continentes o diferencias culturales, deben ser el campo privilegiado de la Nueva Evangelización, no simplemente como receptores pasivos de la misma, sino como agentes activos, recordando las palabras de Juan Pablo II cuando afirmaba que los jóvenes son los mejores apóstoles de los jóvenes, y esto me parece, por su generosidad innata, por su apertura al futuro, porque están en la misma sintonía de onda y tienen una sensibilidad muy especial parta captar las dificultades de sus coetáneos, comparten sus mismas carencias, y pueden comprender mejor sus ideales y proyectos.

De nuestra parte, es importante conocer su mundo y hacer un esfuerzo de inculturación en el mismo;  conocer sus necesidades, sus angustias, interrogantes, anhelos, esperanzas, y ofrecerles el Evangelio, que siempre es Buena Nueva.  Es importante partir de la vida porque los jóvenes se desinteresan del mensaje cristiano en la medida en que se le presenta a su mente como una ideología, impuesta desde el exterior por vía de autoridad, o deductivamente partiendo de principios sin relación con la vida concreta.  Los jóvenes de hoy, viviendo en culturas globalizadoras caracterizadas por el incesante cambio de perspectivas, y en una sociedad marcada no pocas veces por la inseguridad económica, por la glorificación de la violencia, por las satisfacciones inmediatas, encuentran difícilmente puntos de apoyo para articular un relato de su propia vida, que dé sentido, dirección y propósito a sus sueños juveniles.  Por eso nuestra principal función es ayudar a cada joven a sentirse amado, valorado, bendecido, importante y necesario para los demás.

La Nueva Evangelización para los jóvenes, y para los que los acompañamos, debe ser una llamada a volver al Evangelio y descubrir que el  núcleo central de nuestra fe es un encuentro personal con Jesucristo que conduce a una comunidad de discípulos.  Y constatar que una comunidad de fe no se cimienta solamente en instituciones doctrinales, litúrgicas o morales sino, sobre todo, en personas que han hecho una misma experiencia. Esta es lo que los discípulos anuncian: lo que hemos visto, lo que hemos oído…  De ahí la importancia del encuentro entre las personas por encima de cualquier proyecto institucional.

Nuestra misión para con los jóvenes es ser compañeros de búsqueda, guías humildes que ayudan a descubrir un camino y a encontrar un sentido a la vida.  Más que maestros que enseñan desde arriba o jueces que juzgan y condenan desde afuera, estamos llamados a ser hermanos y hermanas que acompañan desde dentro a los jóvenes, compartiendo con ellos la experiencia fundante de un Dios siempre mayor que nuestros pensamientos y que escapa a nuestras definiciones, pero que en Jesús de Nazaret se manifestó como cercanía, ternura, afecto y entrega a los más necesitados.

Los jóvenes son una buena noticia para el mundo, pero debemos preguntarnos cómo hacer para que la Buena Noticia de Jesús sea buena noticia para ellos.  En una época, como la nuestra, en la que los jóvenes buscan algo más y están abiertos a la espiritualidad, debemos educarlos al encuentro con Dios en su propio interior, lo que llenará su vacío existencial y les permitirá, como hizo Jesús:  ver la realidad, conmoverse ante ella y comprometerse en una acción transformadora.

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El Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría es el Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.  Reside en la  Casa Generalicia (ver foto) ubicada en Roma.

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