Robert T. Hill: Descripción geográfica de Cuba en 1898

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–  José Manuel Santé

Resumir en pocas palabras la geografía y la geología de un país no es una tarea fácil, y se requiere amplios conocimientos en ambas materias para ofrecer una síntesis que sea de interés para los lectores.

Robert Thomas Hill (1858-1941) fue una figura importante en el desarrollo de la Geología en los Estados Unidos, donde realizó importantes estudios sobre el subsuelo de Texas. Entre los notables trabajos geológicos realizados en esa zona, descubrió y nombró la serie Comanche del Cretácico inferior (una división de la escala temporal geológica ubicada hace 105-120 millones de años).

Su labor de investigación se amplió a la región de las Antillas publicando a finales del siglo XIX  “Cuba and Porto Rico, with Other Islands of the West Indies:  Their Topography, Climate, Flora, Products, Industries, Cities, People and Political Conditions” (New York, Century, 1898, 430 páginas).  Al referirse a Cuba, realizó una detallada descripción de su geografía y geología que conserva todo su interés a pesar del tiempo transcurrido, y cuyo texto (1) reproducimos a continuación.

“Cuba, la mayor y más occidental de las cuatro Antillas mayores, es la más fértil y diversificada de las islas tropicales; su desarrollo económico ha justificado plenamente el título de Perla de las Antillas, aunque su Capital no pueda ya considerarse como “la llave del Nuevo Mundo” como reza en su escudo.

No posee sino una pequeña proporción de las áreas rocosas e incultivables que se encuentran en Nueva Inglaterra;  no se encuentran en ella extensiones de lava volcánica desnudas de vegetación como en la América Central, ni zonas áridas como las que ocupan tanta extensión en México, ni dilatadas regiones arenosas y estériles como las de la Florida y otros Estados meridionales de los Estados Unidos.  Su proporción de terrenos cenagosos es menor que el promedio de los Estados costeros del sur de Norteamérica.

La isla está cubierta de suelos valiosos, los cuales bajo constante humedad brindan en abundancia las formas de vegetación útil de los climas subtropicales.  La configuración y las formaciones geológicas son variadas;  hay igualmente variedad de recursos económicos, tanto agrícolas como minerales, convenientes a un litoral extenso con numerosas bahías que ofrecen excelente anclaje.”

(1)  Este texto en español aparece traducido del inglés en el libro “Geografía de Cuba” del Profesor Leví Marrero (1911-1995), Editorial Selecta, La Habana, 1957.

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El Conde de Villanueva y su época

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–  José Manuel Santé

Claudio Martínez de Pinillos (1780-1853) Conde de Villanueva, nombrado en 1825 Superintendente de la Hacienda de Cuba, tuvo un especial protagonismo en la historia de Cuba por su activa participación en el movimiento reformista y el conocido enfrentamiento a José Antonio Saco que tuvo lugar en 1832.  No cabe duda alguna sobre su eficaz labor como Presidente de la Junta de Fomento (fundada en 1830), que realizó en la ciudad de La Habana importantes transformaciones.

Su hábil administración de la Hacienda de Cuba, bajo el polémico reinado de Fernando VII (1784-1833), y posteriormente con los polìticos que se turnaron en el Gobierno de la Metrópoli, duplicaron los ingresos en el período 1825-1841. Las críticas a su afán recaudatorio se vieron atenuadas por la prosperidad de los negocios en la Isla, favorecida por iniciativas de Villanueva tan plausibles como la creación del Depósito Mercantil, que permitía resarcir las cuantiosas anticipaciones obtenidas por el comercio de La Habana mediante pequeñas y eficaces erogaciones, que se destinaban a la financiación del suministro a otros mercados de productos nacionales y extranjeros.

Por su valor desde el punto de vista sanitario debe citarse la construcción, llevada a cabo en el período 1831-1835 por la Junta de Fomento presidida por Villanueva, del Acueducto de Fernando VII que sustituyó a la primitiva Zanja Real construida en 1592, y que fue por espacio de 243 años el único acueducto habanero. A su vez, el citado Acueducto de Fernando VII fue sustituido en 1893 por el Acueducto de Albear (que lleva el nombre de su constructor el ingeniero Francisco de Albear) que suministra a la ciudad el agua que proviene de los manantiales de Vento.

Pero quizás la obra más importante de Villanueva al frente de la Junta  de Fomento fue la construcción del ferrocarril de La Habana a Güines.

Las obras comenzaron en 1835, y se tuvieron que superar muchas dificultades debido a la complejidad de los trabajos, como la perforación del túnel del Socavón (primer túnel construido en Cuba, con 14 pies de ancho, 16 de alto y 325 de longitud), o el puente de sillería sobre el río Almendares sostenido por 200 pilares de cantería.  El primer tramo desde La Habana a Bejucal se inauguró el 19 noviembre de 1837, y un año después se completaba el recorrido hasta su destino final en Güines. La terminal de La Habana llevaba el nombre de Estación Ferroviaria de Villanueva (ver imagen supra de la Estación en 1910), en honor al Conde de Villanueva, y estaba ubicada en el espacio que ahora ocupa el Capitolio Nacional.  El 30 de noviembre de 1912 se inauguró la Estación Central de Ferrocarriles situada en la calle Egido, cercana a la bahía, dejando entonces de funcionar la Estación Ferroviaria de Villanueva.

En la actualidad, el pequeño Museo Ferroviario de Bejucal (Municipio cercano a La Habana) recuerda la historia del primer ferrocarril que funcionó, no sólo en Cuba, sino también en España y en toda la América Latina.

Entre los monumentos que para el embellecimiento de La Habana se deben al Conde de Villanueva, se encuentran entre sus fuentes dos de singulares características: la de Los Leones (1836) situada en la Plaza de San Francisco, y la de La India, conocida tambíén como La Noble Habana (1837), símbolo de la ciudad, que está ubicada a un costado del Parque de la Fraternidad en las inmediaciones del Capitolio Nacional.  Ambas fueron realizadas por el escultor italiano Giuseppe Gaggini.

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El lasallista José Manuel Santé publicó también, en la versión impresa de Cuadernos de Pozos Dulces (1994-2012), un artículo sobre el Conde de Pozos Dulces.

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Cóctel Cuadernos de Pozos Dulces 2012 – Reportaje gráfico

Imagen

Las fotos están ordenadas en tres columnas:  A,  B  y  C   (de arriba a abajo).

A.1    Juan Manuel Álvarez, Ernesto Roche, Aleida Dorta y Antonio Dorta.

A.2    Julio C. Fernández y Mercedes Fernández.

A.3    Alberto Sala, Editor de los Cuadernos de Pozos Dulces, pronuncia las palabras de despedida.

A.4    Ángel Salas, Teresa Salas, Norma Iturriaga, Manuel Iturriaga y Alfredo Bernal Jr.

B 1   Francisco Aramendía M.D., Eugenia Legorburu M.D., Alberto Sala, Silvia Urréchaga y José Luis Urréchaga.

B.2  Carlos Manuel Santana, Antonio Sala, José Pérez Gil, Ángel Vega, Emilio Baños y José Manuel Santé.

C.1  José Alvariño, Silvia Sánchez y Gonzalo Sánchez.

C.2  Wilfredo Pérez de Utrera fsc clausura el acto.

B.3 / C.3  Vista general de los asistentes.

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