El largo viaje de una mariposa

–  Eduardo Punset

He podido contemplar hace unos meses la llegada de millones de Mariposas Monarca (Danaus plexippus) para invernar lejos de la nieve de sus paisajes originarios en Canadá, a 5,000 kilómetros (3,107 millas) de donde me encuentro ahora, en las montañas del Valle de Bravo, en el oeste del Estado de México.

Pienso, al mismo tiempo, en el asombro que nos produce que no se hayan descubierto todavía ciertos misterios de los humanos.  Uno de ellos es la conciencia.  El progreso efectuado en el conocimiento de las conexiones neurológicas no nos ha permitido todavía saber cómo el ser humano se forma la conciencia de sí mismo.

Me inquieta en mayor medida todavía que no hayamos descubierto el secreto del proceso migratorio de organismos como el de la Mariposa Monarca (ver imagen).  Cada año, al iniciarse el invierno, huyen de las praderas nevadas del norte y siguen rumbos, elegidos por sus antepasados, hacia lugares donde el invierno es mucho más soleado y caluroso. Inundan las carreteras bajando de la montaña en busca de sol y agua.  Los conductores, movidos por empatía, disminuyen la velocidad por debajo de los 15 kilómetros (9 millas) por hora para no estrellarlas sobre el pavimento.

Su color rosa/naranja, ribeteado por contornos negros para ahuyentar a los depredadores, llega a ocultar los rayos del sol en las franjas iluminadas de la carretera; en las sombreados no hay ni una Mariposa Monarca.  La mayor parte se extinguirá después de poner los huevos en la flor por ellas elegida.  Pero las recién nacidas descubrirán por sí mismas el camino de regreso, con la única ayuda de sus genes.

¿Cómo es posible que, a pesar de toda nuestra ciencia acumulada, seamos incapaces todavía de saber el secreto que permite regresar al hogar a unas mariposas ignorantes de su destino? Un lugar que, no está de más recordarlo, dejaron atrás sus progenitores a 5,000 kilómetros (3,107 millas) de distancia nada menos.

Me dicen que estamos a punto de desentrañar el secreto de la increíble resistencia de las telas de araña.  ¡Pero vamos a ver!  ¿Ninguno de mis amigos científicos será capaz de descubrir el secreto de las Mariposas Monarca para orientarse y evitarme con ello la desorientación y el sentimiento de pérdida que experimento en cuanto me cambian de barrio, no digamos ya de ciudad?  Si, gracias a la tecnología, hemos aprendido a volar con aviones, ¿tan difícil será orientarse en el espacio como la Mariposa Monarca?

La verdad es que difícilmente se puede vivir un instante más conmovedor que el de estar rodeado por  millones de estas mariposas en pleno bosque.  De ellas se pueden aprender otros muchos secretos transcendentales que estamos muy lejos de comprender. Mientras a nosotros nos ha dado por echar cemento en todos los paisajes, ellas son un factor de equilibrio ecológico: por el camino se alimentan de la planta llamada Lengua de vaca o Algodoncillo (Asclepias curassavica) pero al mismo tiempo la poliniza.  ¡Qué envidia!  ¿Qué le damos nosotros a las vacas o a  los cerdos que cruelmente  nos comemos?

Otra cosa que me han enseñado las Mariposas Monarca en las montañas de México es que, para protegerse de los maleantes, les basta con absorber el alcaloide que sacan del Algodoncillo, fabricando un producto venenoso que ahuyenta, si no  mata, a las otras especies que se empeñen en comérselas, a pesar del mal olor desprendido por el alcaloide.  Nosotros en cambio, para protegernos de los maleantes estamos obligados a crear Cuerpos de Policía y Alianzas Militares.  ¡Qué envidia me dan las Mariposas Monarca!  ¿No podrían mis amigos científicos asimilar para nosotros algunas de sus innovaciones?  Por si fuera poco, viven doce veces más que el resto de las mariposas.

_______________

El sorprendente hemisferio derecho

when-artists-attack-the-king_category

–  Borja Vilaseca

La educación tradicional ha fomentado el pensamiento lógico y racional.  Para afrontar los nuevos desafíos de siglo XXI, es interesante explorar la parte más emotiva y creativa del cerebro humano.

Puede que todos nos hayamos olvidado, pero todos hemos sido niños.  Por aquel entonces veíamos la vida con asombro y la disfrutábamos jugando con la imaginación. Pero tarde o temprano nuestras ilusiones chocaron contra el muro que los adultos llaman  “realidad”  que comenzamos a construir al iniciar nuestra andadura académica y profesional.  ¿Cuántas veces nos han dicho que no podemos ganarnos la vida haciendo lo que nos gusta?  De tanto oírlo, la mayoría lo terminamos creyendo, dejando nuestros sueños de lado.

Pero si cada uno de nosotros nace con un potencial, con un talento y con una misión determinados, ¿por qué en general nos dedicamos a profesiones que poco o nada tienen que ver con nuestros verdaderos valores?  La respuesta se encuentra en nuestro cerebro.  Este órgano está dividido en dos:  el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho.  Curiosamente, cada hemisferio procesa la información que recibe del exterior de forma distinta.  Cada uno está relacionado con áreas y funciones diferentes. Podría decirse que ambos cuentan con su propia personalidad.

El hemisferio izquierdo, por ejemplo, es el responsable del lenguaje verbal, de la habilidad lingüística, de la capacidad de análisis, de la resolución de problemas matemáticos, así como de la memoria y el pensamiento lógico y racional.  Es el más intelectual, formal y convencional de los dos; se le da muy bien absorber y almacenar información teórica y numérica, como nombres, definiciones o fechas.  Por el contrario, tiende a controlar e inhibir sus sentimientos.  Es el encargado de la organización, el orden, la estructura y la planificación, y se rige por medio de normas, reglas, protocolos, leyes y procedimientos estandarizados.  Y utiliza el miedo para protegernos y mantenernos a salvo de potenciales amenazas y peligros.

Este hemisferio busca certezas y solamente se fija en la dimensión física, cuantitativa, tangible y material de las cosas.  Y le cuesta mucho percibir los infinitos matices que se encuentran entre los extremos blanco y negro.  El hemisferio izquierdo sólo considera válida aquella información que pueda demostrarse a través de hechos irrefutables, resultados medibles y datos estadísticos.

El hemisferio derecho, por otra parte, está más vinculado con la experiencia cenestésica y sensorial de todo aquello que sabemos que no puede expresarse con palabras, y que no por ello es menos real.  Nos brinda la habilidad de interpretar señales, signos y metáforas, así como la capacidad de soñar y de comprender el significado oculto de las cosas.  Este hemisferio nos conecta con la dimensión emocional y espiritual de nuestra condición humana; nos permite sentir la parte cualitativa, inteligente e inmaterial de las cosas.  Es el más artístico, original y rebelde de los dos; le gusta salirse de la norma e ir más allá de lo socialmente establecido.  No tiene sentido del tiempo y está totalmente centrado y arraigado en el momento presente.

Es experto en relacionarse con los demás.  Destaca por su empatía, su compasión y su destreza para detectar los aspectos no verbales de la comunicación.  Se le dan muy bien la percepción espacial, el movimiento y la orientación. Tiene una visión holística de la realidad, concibiéndola como una unidad donde todo está integrado e interconectado. Entre otros dones, el hemisferio derecho nos permite desarrollar la intuición, la imaginación, la innovación y el pensamiento creativo, tiene facilidad para visualizar ideas e inventar cosas que no existían y que aparentemente no eran posibles.  Y en definitiva, nos nutre de confianza para atrevernos a seguir nuestra propia voz interior y, en consecuencia, recorrer nuestro propio camino.

Los neurólogos han descubierto que ambos hemisferios actúan a la vez.  Los dos presentan cierta actividad neurológica -en mayor o menor medida-, independientemente del tipo de tareas que llevemos a cabo.  Ninguno de los dos es más importante que el otro; más bien son complementarios.  Hoy por hoy, la mayoría de nosotros estamos tiranizados por el hemisferio izquierdo, y es esta descompensación con nuestro hemisferio derecho lo que impide que muchos conozcamos la forma de cultivar la intuición y la creatividad necesaria para reinventarnos profesionalmente.

El hemisferio izquierdo del cerebro sigue siendo el único protagonista en las aulas. La inteligencia y el valor de las nuevas generaciones se siguen midiendo con la puntuación que los estudiantes sacan en los exámenes, colegios, institutos y universidades.  Y es que seguimos creyendo que el pensamiento lógico y el conocimiento racional son superiores a la intuición, la imaginación y la creatividad.

____________________

Imagen:   El pasado, el presente y el futuro (Grabado).                                                Honoré Daumier (1808-1879). Museo Picasso, Málaga (España)

____________________