España y la independencia de los Estados Unidos

  Javier Noriega

En los últimos años, la herencia cultural española en los Estados Unidos está cada vez más presente gracias al importante aumento de la comunidad hispana (59.9 millones / datos 2018 PRFT), el grupo étnico más importante del país. Pero es curioso:  la ciudadanía en general de ambos países desconoce importantes acontecimientos y hechos que España protagonizó relacionados con la exploración y el nacimiento de la nación de la libertad.

Señala el conocido historiador de Massachusetts, Charles F. Lummis (1859-1928), que “si no hubiera existido España hace cuatro siglos, no existirían hoy los Estados Unidos”.  Compañero de promoción de Theodore Roosevelt, el autor señala también en su obra, escrita en 1893, The Spanish Pioneers (1) que “la razón por la que no hacemos justicia a los exploradores españoles es, sencillamente, porque hemos sido mal informados.  Su historia no tiene paralelo, y nuestros libros de texto no han reconocido esta verdad”.

Las naciones siempre se forjan con esfuerzo, genialidad y determinación de muchos hombres y mujeres.  Pues bien, buena parte del ingenio de algunos brillantes españoles forjó el descubrimiento y nacimiento de los Estados Unidos.  El acento español discurría por tierras americanas cuando los exploradores Ponce de León, Hernando de Soto, Francisco Vázquez de Coronado y Lucas Vázquez de Ayllón, allá en el siglo XVI (para ser más exactos 250 años antes de que nacieran los Estados Unidos) dibujaban y descubrían por primera vez buena parte de la Norteamérica meridional, desde Florida a Oklahoma.  Es como si un tal George o un tal Andrew, hubiera descubierto y cartografiado por primera vez nuestras fronteras europeas, desde Cádiz a Berlín, bautizando Tennessee, Houston, Texas o Nueva York, a nuestra Córdoba, Valencia, Pamplona, y más allá París o Berlín.

“El destino de los intereses de las colonias nos importan mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias lo permitan” sentenciaba en 1777 el Conde de Floridablanca (que era el equivalente a Ministro de Exteriores del Rey Carlos III de España).  Con el término “colonias” se refería a los territorios de Inglaterra en Norteamérica, y con “destino” a su libertad.  Ello explica la decisiva actitud política, con la audaz diplomacia del aragonés Conde de Aranda, a la vez que la importante ayuda económica española del momento, en las que fueron pioneros el bilbaino Diego Gardoqui Arriquibar, con la compra de suministros y el pago de la nómina de las tropas (2) por parte del español Francisco de Saavedra en la decisiva batalla de Yorktown (1781).  Qué contar de otras victorias militares, como la toma de Pensacola realizada ese mismo año por el valiente malagueño Bernardo de Gálvez.  Todo ello fue decisivo para el triunfo de los patriotas americanos.

Toneladas de pólvora.  Decenas de cañones.  Fragatas de guerra.  Tejidos para los uniformes.  Una gran ayuda en diferentes materias, incluso el dinero destinado a las Catedrales con aquella misiva del Secretario de Estado de España pidiendo fondos, en forma de préstamo, a los cabildos catedralicios españoles.  Millones de reales de vellón (3) gracias a Toledo, Santiago de Compostela, Zaragoza y Málaga, entre otros.  De nuevo política, finanzas y heroísmo unidos por la causa norteamericana.   Por todo ello, y en reconocimiento, debió ser emocionante poder ver durante el desfile militar del 4 de julio de 1783 en Philadelphia al español Bernardo de Gálvez (4).  Montaba a caballo a la derecha del mismísimo George Washington.  Uno de esos momentos que la historia y el futuro tampoco deberían olvidar.

Y luego existen historias curiosas como la de Pedro Casanave, comerciante navarro que llegó a ser Alcalde de la ciudad de Georgetown, y que fue el encargado de colocar la primera piedra en la Casa Blanca.  La fecha elegida no fue al azar:  el 12 de octubre de 1792, coincidiendo con el centenario del descubrimiento de América.  Y ya que estamos en Washington, en el Capitolio figuran sendos retratos de españoles:  Hernando de Soto (1500-1542) y el citado Bernardo de Gálvez (1746-1786) cuyo nombre ostentan dos ciudades norteamericanas: Galvez (Louisiana) y Galveston [Galvez-town] (Texas).

Quizá sea interesante recordar estas historias.  El pasado siempre está vivo.  Aunque sea para recordar que el antepasado del actual Rey Felipe VI, Carlos III (1716-1788) desde Aranjuez apoyaba firmemente la lucha por el nacimiento de los Estados Unidos.  La historia común de España y los Estados Unidos es más sólida de lo que podamos imaginar, a pesar de los velos que luego tejieron los nuevos imperios interesados en borrar la crónica de España.  Recordemos al citado Charles F. Lummis:  “Si no hubiera existido España hace cuatro siglos, no existirían hoy los Estados Unidos”.

(1)  Puede verse el texto en:  http://www.forgottenbooks.com

(2)  España aportó medio millón de pesos de plata recaudados en La Habana para cubrir los gastos de este episodio bélico.  Una parte significativa del importe fue obtenido gracias a la venta de joyas donadas por damas de la sociedad cubana.

(3)  El real de vellón español es una moneda de plata de 3,35 gramos (0.118 onzas) que empezó a circular en Castllla en el siglo XIV y fue la base del sistema monetario español hasta mediados del siglo XIX.

(4)  En 2014 el Congreso de los Estados Unidos concedió la ciudadanía honorífica norteamericana a título póstumo a Bernardo de Gálvez.  Esta distinción solo se ha concedido en ocho ocasiones en la historia de los Estados Unidos.  Una estatua ecuestre suya se encuentra ubicada, desde 1976,  frente al edificio del United States Department of State en Virginia Avenue, Washington D.C.

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