Nunca regale un reloj a un chino

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–  Pablo M. Díez

En esta sociedad contagiada por las prisas y el estrés, el tiempo es algo tan precioso que nadie quiere perder ni un minuto de su vida.  Pero eso no significa que se valore igual en todo el planeta dividido -además de por sus husos horarios- por unas costumbres tan distintas que no dejan de sorprender ni a los más experimentados viajeros:  diplomáticos, políticos, empresarios, aventureros, periodistas y demás gente de mundo.

Por no conocer las tradiciones orientales, la Ministra de Transportes británica, la baronesa Susan Kramer, quedó en evidencia recientemente en Taiwán y ha visto como el Alcalde de Taipéi, Ko Wen-je, le rechazaba delante de los periodistas el regalo que le había traído expresamente desde el Reino Unido.  Se trataba de un reloj muy valioso y especialmente dedicado por la Cámara de los Lores, pero ni tan aristocrático detalle ha convencido al regidor de Taipéi.

Cuando uno de los periodistas presentes le preguntó qué iba a hacer con el obsequio no dudó en afirmar, delante de la Ministra visitante, que no pensaba ponérselo ni loco. “Se lo daré a un chatarrero, porque para mí es absolutamente inútil” afirmó Ko Wen-je según informaron las agencias de noticias presentes en el acto.

El motivo no es que le disgustara la marca del obsequio (en la imagen supra figura una imagen de un reloj de la marca suiza Omega, ya que el Editor desconoce el fabricante del citado en este artículo) sino que en China y Taiwán está prohibido “regalar un reloj” porque, en el idioma mandarín, la expresión se pronuncia de un modo similar a “despedir a un muerto” en su funeral sòng zhöng.  Por lo tanto, se considera que hacer tal regalo trae mala suerte al obsequiado, que tiene las horas contadas.  Aunque la isla de Taiwán permanece separada de China desde el final de la guerra en 1949, a ambos lados del Estrecho de Formosa comparten esta superstición.

“Lo siento.  No te acostarás sin saber algo nuevo.  No tenía ni idea de que un regalo como éste se pudiera ver de otra forma que no fuera positiva”, confesó azorada Lady Gramer tras enterarse de tan singular hábito oriental.  Intentando arreglar su metedura de pata, señaló que “en el Reino Unido un reloj es algo muy apreciado porque no hay nada tan importante como el tiempo”.  Pero ni aun así logró convencer al Alcalde Ko quien, a su vez, le entregó una réplica del rascacielos Taipéi 101, que en su día llegó a ser el rascacielos más alto del mundo gracias a sus 509 metros de altura (1,670 pies), y que actualmente ha sido rebasado por la Torre Burj Khalifa de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, (828 metros de altura / 2,716 pies).

Aunque la respuesta del citado Alcalde fue totalmente espontánea, algunos medios y políticos taiwaneses le han criticado por su falta de tacto.  “Debería tomar alguna lección de diplomacia”, reconocio Ko Wen-je, quien también se disculpó ante la Ministra de Transportes británica porque, según admitió, “lo que dije fue inapropiado desde la perspectiva del protocolo y la etiqueta”.

No es la primera vez que el Alcalde de Taipéi enciende la polémica con sus palabras. Elegido en los comicios locales celebrados en noviembre de 2014, este candidato independiente de 55 años, que en realidad es un prestigioso cirujano, destaca por su naturalidad que a veces es demasiado brusca pero encaja con sus votantes.

De hecho, Wen-je no hizo más que expresar en público una creencia muy extendida entre los taiwaneses y los chinos, tan supersticiosos que evitan siempre que pueden el número cuatro porque, en mandarín, se pronuncia de forma parecida a la palabra “muerte” (si).  Pero esa es otra historia.

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El “Rolls-Royce” de China

SALÓN DEL AUTOMÓVIL DE PEKÍN

–  Pablo M. Díez

Como una acertada metáfora de los cambios tan rápidos que vive China, el viejo coche comunista de Mao Zedong (1893-1976) compite actualmente con los modelos más lujosos de Rolls-Royce o Bentley.  Así ocurrió recientemente durante el Salón del Automóvil 2014 de Pekín, donde fue presentado el Hongqi L5 (ver foto supra), el vehículo más caro de China, cuyo precio de cinco millones de yuanes (800,000 dólares aproximadamente) pagó un empresario durante la citada exposición.

La exorbitante cifra, todo un récord para la marca Hongqi, que significa Bandera Roja y es la más antigua del país, ya que su fundación se remonta a 1958 cuando fue inaugurada por Mao Zedong.  En aquella época el “Gran Timonel” viajaba a bordo de sus imponentes limusinas negras. que estaban reservadas para la élite del Partido Comunista, y cuyo diseño se basaba en los modelos ZIL de la Unión Soviética.

Inmortalizados en numerosas películas de la “Guerra Fría”, los siniestros y elegantes automóviles representaban el poder omnipresente del Estado, y su paso por las calles despertaba en el humilde pueblo chino miedo y admiración a partes iguales.

A bordo de un Hongqi descapotable, Mao se daba baños de masas en Tiananmen durante la  “Revolución Cultural” (1966-1976).  Y este fue también el automóvil que paseó por Pekín al entonces Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, durante su histórica visita realizada en 1972, a raíz de la cual se congelaron definitivamente las ya frías relaciones entre China y la Unión Soviética.

A pesar de sus orígenes revolucionarios, y de que aún sigue siendo utilizada por los dirigentes chinos en ocasiones especiales, la marca Hongqi se ha aburguesado refinando sus vehículos y, sobre todo, los ha encarecido para beneficiarse de su gigantesco mercado.

Superando a los Estados Unidos, China es actualmente el país donde se venden más automóviles en todo el mundo, muchos de ellos de alta gama, que adquieren los millonarios que han surgido como consecuencia del extraordinario crecimiento económico del país en las tres últimas décadas.

Con un sublime diseño cuidado hasta el más mínimo detalle, el Hongqi L5 es la versión civil de aquellas viejas limusinas estatales, pero actualizada a los gustos del siglo XXI y con las más punteras innovaciones tecnológicas.  Según indican los expertos, incorpora un motor de seis cilindros y 408 HP, tiene un cambio automático de seis velocidades y mide 5.5 metros de largo (aproximadamente 18 pies).

En su espacioso interior, que parece un despacho más que el habitáculo de un automóvil, destacan los sillones de cuero blanco, las incrustaciones de madera, los tiradores de las puertas con un baño de jade, y hasta una consola para colocar el computer o la tablet y poder seguir por Internet las cotizaciones de la Bolsa, mientras el chófer conduce camino de la oficina.

Aparte de todas estas filigranas, el Hongqi L5 sigue brillando por su estilo “retro”, como se aprecia en su parrilla frontal, que no desmerecería en los Cadillacs más suntuosos de los años 50 y 60.  Y, por supuesto, no olvida lucir con orgullo en su reluciente carrocería la “Bandera Roja” que simboliza su marca, ya que lo más probable es que muchos de los magnates que lo compren pertenecerán al Partido Comunista.

En definitiva, el Hongqi L5 es el automóvil ideal para que los nuevos multimillonarios chinos se sientan al volante exactamente igual que si estuvieran conduciendo un Rolls-Royce, pero de fabricación casera.  O más bien para guardarlo junto al Rolls o al Bentley (auténticos) que seguramente ya poseerán, para completar así su colección de automóviles lujosos.

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Nota al margen:   Según indican los expertos basándose en las cifras proporcionadas por el Banco Mundial, en los próximos meses China se convertirá estadísticamente en el primer país del mundo en producción de riqueza, desbancando a los Estados Unidos del primer lugar que venían ocupando desde el año 1872.  La mayor sorpresa no es este dato, previsto y esperado, sino la rapidez con el que llega.  China es el primer país del mundo en una gran variedad de clasificaciones económicas: mercado de trabajo, exportaciones, productos agrícolas, materias primas muy diversas, automóviles o electricidad.  Lo es, fundamentalmente  -y eso ya explica mucho-  por su población (actualmente supera los 1,300 millones de personas), dato que matiza su riqueza, ya que su renta per cápita lo sitúa entre los países pobres, ocupando el puesto 99 en el ranking mundial.  Además, como nota discordante, las organizaciones internacionales que analizan la vigencia de las libertades públicas y los derechos humanos no consideran que en China se apliquen de manera aceptable.

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