El arte de simplificar la vida

simplicidad.1

–  Pilar Jericó

No soy feliz, afirmaba rotundamente en una reciente entrevista Jack Ma (n.1964) fundador de la empresa china Alibaba Group, una compañia de éxito en los mercados financieros, a quien se le considera como una de las personas más ricas del mundo. Entre sus argumentos citaba la tensión que ha experimentado en los últimos tiempos con la salida de su empresa en la Bolsa de New York con unos ingresos históricos que superaron los 25,000 millones de dólares, la presión sobre sus expectativas personales, el deseo de no decepcionar a otras personas y, lo más importante, la dificultad para llegar a ser él mismo.

Más allá del hecho de que el dinero no nos haga felices superado un cierto nivel, algo que nos secuestra por dentro es la complejidad de nuestra propia agenda.  Y no hace falta ser un magnate para comprobar, nosotros mismos, que la serenidad interior va muy de la mano de la felicidad, y aquélla no se alcanza si no simplificamos un poco nuestra vida.

Se ha vendido una imagen de éxito que no corresponde con la serenidad interior.  Parece que debemos de estar muy ocupados para sentirnos importantes, o para que otros piensen que trabajamos mucho.  Esa relación es una trampa.  Pretender dar esa imagen nos impide disfrutar de los pequeños momentos con nuestras familias, o simplemente pasear tranquilamente por una calle.  Y lo que es peor, nos obliga a forzarnos a algo que no somos necesariamente.  Es un hecho cierto que traicionarse a uno mismo es una pésima apuesta para ser feliz.

Otro motivo por el que nos embarcamos en tener una vida compleja está relacionado con la búsqueda de la intensidad.  Hay personas que adoran hacer un sinfín de cosas, que no pueden estar paradas y que necesitan una máxima actividad para sentirse vivas.  Este es el comportamiento más habitual que reconocen los ejecutivos y directivos cuando se les pregunta por su principal dificultad.  La intensidad es una respuesta de negación, es decir una forma de tapar problemas.  Cuando una persona corre y corre, está huyendo de conectar consigo mismo.  La búsqueda de la intensidad le obliga a no tener tiempo para ser él mismo y eso, a la larga, le lleva a la infelicidad.

Si queremos ser más felices tendremos que simplificar nuestra vida para disponer de tiempo para nosotros mismos y para saborear momentos, situaciones y experiencias.

Es importante identificar nuestras dificultades.  No podremos simplificar nuestra agenda si no reconocemos nuestras barreras.  Si seguimos necesitando dar una imagen de persona hiperocupada o si la intensidad nos seduce, es difícil desprendernos de la complejidad.  Si una persona tiene una agenda al límite y no encuentra espacio para saborear los momentos (y no importa que sea estudiante, ama de casa o empresario), tiene que detenerse a pensar un momento y preguntarse: ¿de qué estoy huyendo?  En muchas ocasiones la respuesta a esa pregunta es una pareja, un trabajo o un estilo de vida, de la que no sabemos cómo salir y preferimos olvidarnos a través de la acción.

Centrarnos en la esencia de las cosas y en las más importantes es una decisión necesaria.  La simplicidad pasa por aceptar desprenderse de lo superfluo a todos los niveles, desde un email, un artículo, una explicación de por qué hemos hecho algo o, incluso, a la hora de montar una empresa.  Simplicidad es sinónimo de decir no.  Es imposible mantener una vida sencilla si arrastramos miles de compromisos.

A veces nos llenamos de detalles para alcanzar la perfección y en esa búsqueda damos la espalda a lo sencillo, a lo que el otro puede comprender.  No hace falta un sinfín de datos para demostrar que sabemos mucho, como ocurre en muchas organizaciones que llenan páginas y páginas de justificaciones para decir algo que se podría resumir en unas pocas palabras.

De hecho, la inteligencia más elevada se demuestra en la capacidad de hacer sencillo lo complejo, para que pueda ser comprendido por todos y, si no, recordemos lo aprendido en el colegio acerca de las fórmulas de la teoría de la gravedad o la termodinámica.  Son enunciados sencillos que recogen años de estudio.

Si seguimos estrujando el tiempo, como si se tratara de un limón, para llegar a mil y un sitios, nos iremos olvidando de nosotros mismos.  En nuestro día a día debemos encontrar  “colchones de tiempo”  para los pequeños momentos que nos hacen sentirnos plenos.  Y eso sólo depende de nosotros mismos.

El Beatle John Lennon (1940-1980) nos dejó una frase muy ilustrativa sobre el comportamiento del ser humano:  “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”.

____________________

Anuncios

Recuperar la ilusión

Reyesmagos

 Pilar Jericó

En la pasada Noche de Reyes, cuando acostamos a los niños, el de seis años estaba intranquilo porque no había incluido en su carta un regalo que quería.  Su padre le dijo que no se preocupara, que cerrara los ojos y que pensara intensamente en lo que deseaba, ya que los Reyes -que también eran Magos- sabrían leer su mente.

Cuando el niño así lo hizo, nos sorprendió una lágrima que comenzó a discurrir por su mejilla.  Era una expresión de ilusión, de pensar que un sueño podría conseguirlo con solo pensarlo.

Es posible que las Navidades emocionen de un modo especial cuando tienes niños pequeños porque te conectan con una parte de tu propia infancia, y con la ilusión que teníamos cuando esperábamos los regalos o cuando soñábamos con la magia.  Pero más allá de esas fechas, es también posible que la ilusión sea una de las emociones que los adultos más necesitamos recuperar en nuestra vida.

En el mes de enero nos llenamos de objetivos, muchos de ellos parecidos año tras año: que si ir al gimnasio, que si buscar un nuevo trabajo o un nuevo proyecto, que si aprender esa afición que se nos resiste…  Pero no sé cuántos de nosotros incluimos en nuestra lista de buenos propósitos recuperar la ilusión con la que nos enfrentamos a las cosas.

A veces parece que estar ilusionado no tiene buena prensa.  De hecho, hasta la propia palabra tiene una acepción negativa, como recoge el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, que la define como “un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad”.  El concepto iluso proviene de ahí.  Sin embargo, el mismo Diccionario aporta una segunda acepción como “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”.  Dicha esperanza está íntimamente relacionada con la felicidad.

La materia de la ilusión es puramente emocional.  Se escapa de explicaciones racionales o justificaciones de ningún tipo.  Simplemente se está, y esa sensación es de fuerza, una fuerza que es capaz de darnos argumentos más que sobrados para explorar aquello que nos ilusiona.  La ilusión, por sí sola, no construye proyectos o relaciones, o nuevas empresas, o nos lleva a realizar ese viaje con el que soñamos, pero sí que es el motor para movernos a conseguirlo.

Es posible que lo que realmente nos envejezca, más allá de lo que diga nuestro certificado de nacimiento, sea la pérdida de la ilusión en lo que hacemos, lo que tenemos o lo que somos.  Por ello, es una buena idea incluir la ilusión como una de las intenciones para alcanzar o mantener a lo largo de este año que comienza.

¿Y cómo recuperar la ilusión si sentimos que la hemos perdido en algún momento? Como hemos dicho, es puramente emocional, por lo que tenemos que responder a una pregunta muy sencilla:  ¿Qué es lo que realmente queremos, qué es lo que nos hace vibrar por dentro?  Esa respuesta ha de ser pura, más allá de lo que podamos alcanzar con nuestros recursos o alejados de nuestros miedos.  No hay que responder pensando a priori:  “Total, si no lo voy a lograr…”.  Respóndete a ti mismo con sinceridad.  Luego, ya vendrán las estrategias para conseguirlo.

La ilusión está íntimamente muy relacionada con la capacidad de sorprendernos. Recuerda por qué son emocionantes los Reyes Magos:  porque llevan magia.  Y dicha magia la podemos incorporar cada uno de nosotros en nuestra vida si somos capaces de asombrarnos, con los ojos de un niño, de todo cuanto somos y tenemos.  La sensación de rutina, aburrimiento o hastío porque ya lo sabemos, es la antítesis a la ilusión y, por supuesto, a la felicidad.  Tampoco se ha de centrar en los grandísimos proyectos, sino en cada uno de los pequeños pasos que logremos.

Y, por último, la ilusión es una actitud que reside en todos nosotros.  Nacemos con ella, por lo que simplemente hemos de aprender a recuperarla.  Los niños son unos buenos maestros en este reto, y recuperar las sensaciones amables de nuestra infancia o adolescencia, cuando nos dejábamos sorprender por todo cuanto nos sucedía, es un buen camino para aprender a ser felices ya de mayores.

____________________