Alfred Hitchcock y sus prótesis robóticas (ficción)

  Óscar Cerdán Grande

En 1944 Alfred Hitchcock solicitó al Gobierno británico permiso para participar en el conflicto bélico que en esos momentos acontecía en Europa.  Su intención era rodar unos planos con sus propias manos.  El Ejército británico accedió, y le  proporcionó un suboficial y un médico por si se producía algún contratiempo.

El día señalado, Hitchcock, equipado con una cámara Boileau de 16 mm. y unos rollos de película de tres minutos, se internó en el campo de batalla.  Cuando había avanzado tan solo unos pasos, un artefacto detonó justo a su lado amputándole ambas piernas por debajo de la rodilla y el brazo derecho con el que sostenía la cámara.  Por suerte, el médico que los acompañaba pudo aplicarle rápidamente unos torniquetes que, sin duda, le salvaron la vida.  Un camión tipo Leyland le trasladó al Hospital militar más cercano donde lograron estabilizarle.

Su carácter inquieto le impulsó a solucionar cuanto antes el contratiempo.  Había descubierto unas prótesis robóticas que se ajustaban perfectamente a sus necesidades.  El problema surgía en que el laboratorio que las fabricaba era alemán.  Para el Gobierno británico era una vergüenza admitir la superioridad de Alemania en este campo, por lo que habían de mantener esta operación como alto secreto.  Inglaterra tan solo pudo aportar el recubrimiento de las prótesis con látex.

La siguiente película rodada por Hitchcock fue Recuerda (Spellbound) en 1945.  Es evidente en su argumento el trastorno que había sufrido el director.

En otras películas es más notorio aún.  En Yo confieso (I Confess) de 1953 se refleja el conflicto que supone tener que guardar un secreto, al igual que el personaje de Montgomery Clift, un sacerdote que se ve obligado a guardar un secreto de confesión.  En La ventana indiscreta (Rear Window) de 1954 rememoró su tiempo inmovilizado en la silla de ruedas antes de la operación.  Casi todas las películas posteriores al accidente reflejan de algún modo su experiencia.

En abril de 1956 hubo un encuentro entre Hitchcock y Grace Kelly antes de su boda con Rainero de Mónaco.  Aprovechando la fuerza que le proporcionaba la prótesis de la mano, HItchcock apretó con tal energía la mano de Rainero que le fisuró varias falanges.  Ese es el motivo por el que Rainero aparece en gran cantidad de fotos con la mano vendada.

Hubo un encuentro, en agosto de 1962, entre Alfred Hitchcock y François Truffaut para realizar el libro El cine según Hitchcock (Le cinéma selon Hitchcok).  En aquella entrevista Hitchcock le relató con todo detalle lo acontecido en el campo de batalla.  Pero no fue hasta 1966, estando a punto de publicarse el libro, cuando Truffaut recibió una llamada urgente del cineasta británico.  Le instaba a eliminar el capítulo en su integridad.  Hitchcock tenía asumido que el secreto sería revelado al mundo entero, pero la prudencia e insistencia de su mujer, Alma, le obligó a tomar esa decisión.

Truffaut tuvo que salir precipitadamente hacia la imprenta situada en la afueras de París.  Recorrió a la carrera un pasillo infinito llegando exhausto al taller para detener la orden justo cuando iba a comenzar la impresión de los primeros ejemplares.  Hubo que maquetear de nuevo el libro y la edición salió omitiendo el capítulo por completo.

En los rodajes y en su vida cotidiana todo transcurría con aparente normalidad.  Nadie a su alrededor, salvo su esposa, parecía notar la ausencia de sus miembros.  Su modo de andar no había cambiado mucho; después de la operación era incluso más natural que antes.  Las prótesis funcionaban a la perfección, a no ser por algunos chirridos que eran subsanados con aceite industrial al llegar a casa.

La llegada de los escáneres y el control de metales en los aeropuertos supuso un nuevo reto para el maestro del suspense.  Para poder evitar el control de metales ingenió un curioso modo de proceder.  Acudía al aeropuerto con unas latas de película que no habían sido reveladas.  Las latas no podían atravesar el escáner puesto que los rayos podían dañar la película expuesta.  El procedimiento a seguir en estos casos por parte del Departamento de seguridad de los aeropuertos era examinar las latas en una sala completamente a oscuras.

Hitchcock acompañaba al personal autorizado a la sala, allí se procedía a abrir las latas y únicamente con el sentido del tacto comprobar que el interior de las latas contenía realmente película cinematográfica.  De allí era acompañado directamente a la puerta de embarque, saltándose así tanto el escáner como el control de metales.  En alguna ocasión, debido a su fama internacional, le ofrecieron la posibilidad de acceder al avión sin necesidad de pasar las latas por el escáner, pero tal privilegio era rechazado por Hitchcock con su habitual flema británica.

Lo más curioso del caso es que nadie se ha preguntado nunca por qué, a partir de 1944, no existe ni una sola imagen de Alfred Hitchcock nadando ni jugando al volleyball.

Para evitar que se pudieran descubrir las prótesis, la versión oficial dice que Hitchcock fue incinerado.  Pero esto no es así.

En el año 2010 la empresa alemana situada en Augsburgo, responsable de las prótesis, solicitó al Gobierno británico la exhumación de los restos de Hitchcock para estudiar su estado tras el paso de los años.

Transcurrido cierto tiempo, recibieron una carta con el membrete de la Casa Real Británica.  La respuesta era tan breve como concisa:  No.

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El arte de gastar el dinero

–  Gerver Torres

¿Le cuesta tomar decisiones con respecto a su dinero?  Según Richard Thaler (n. 1945), último premio Nobel de Economía y Profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, la respuesta es afirmativa y la explica en su teoría de la economía del comportamiento.

Para Thaler, los seres humanos no siempre actuamos racionalmente cuando tomamos decisiones que tienen que ver con nuestro bolsillo, sino que ciertas actitudes, la falta de autocontrol y las preferencias sociales pueden afectarnos a la hora de pensar en nuestro dinero más de lo que creemos.

Así, por ejemplo, si alguien nos ofrece 100 dólares hoy y 150 dólares si esperamos un mes, muchos optaremos por tomar los 100 dólares en el momento, a pesar de que el beneficio de esperar, en este caso 30 días, suponga un aumento del 50 por ciento.

El enfoque de Thaler difiere bastante de la teoría de la economía tradicional, que siempre ha sostenido que las personas actúan racionalmente por su propio interés.  Otro de sus méritos es el desarrollo de la teoría de la contabilidad mental, que explica cómo las personas simplifican las decisiones financieras.  Los individuos crean cuentas separadas en sus mentes y toman las decisiones según como afectan a esas cuentas separadas y no al conjunto de sus finanzas.  Un caso claro es cómo el consumidor compra centrándose en los porcentajes que se rebajan y no en las cantidades rebajadas.

Nuestro economista, de 72 años, también sostiene que somos presos de innumerables sesgos cognitivos.  Uno de ellos es el unitario, la tendencia a querer hacer o terminar cosas por unidades redondas:  ya sea escribir o terminar de leer un capítulo de un libro, caminar un kilómetro y no 700 metros, o comer toda la comida que nos sirvan en el plato.  Aunque, como se ve en este último ejemplo, no siempre ese parámetro que aplicamos nos conviene.  Puede que comamos innecesariamente de más.

Dada esa dificultad que tenemos para tomar las mejores decisiones en función de nuestro propio beneficio, tiene sentido que cualquier autoridad, ya sea gubernamental, empresarial o de nuestra propia familia, nos dé un empujoncito para ir por el buen camino.

Así, las cafeterías de muchas escuelas colocan ahora las frutas y no las golosinas en los lugares más visibles y de mayor accesibilidad para los estudiantes.  Todos los demás productos están disponibles, pero la primera opción que se les da es la de los alimentos más sanos.  De la misma manera, muchas compañías ofrecen a sus empleados la alternativa de ahorrar una parte del salario de su nómina.

Con lo que se está jugando aquí es con lo que se ha llamado la “arquitectura de la escogencia”, un término que se refiere a cómo se organizan las elecciones que se le presentan a la gente para que decidan cuál escoger.  La idea ha sido expuesta también como “paternalismo libertario”, un intento de influir sobre las decisiones individuales, pero sin negarle otras preferencias.

Ese planteamiento ha tomado tal fuerza que algunos Gobiernos han creado departamentos que apelan a la economía de la conducta para una mejor gestión de las arcas del Estado.  Desde 2010 el Reino Unido cuenta con el Behavioral Insights Team, una institución que intenta dar ese pequeño empujón a los ingleses para mejorar la sociedad.  Una de sus iniciativas ha sido mandar, a los conductores que no pagan un impuesto especial del vehículo, una fotografía de su propio automóvil con la carta en la que reclaman el importe.  Esa simple innovación produjo aumentos importantes en la recolección impositiva.

Por cierto, haciendo honor a su teoría, Richard Thaler ya ha dicho que piensa gastarse “tan irracionalmente como sea posible” el dinero del galardón de su Premio Nobel.

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Empezar el año sonriendo

–  Carme Chaparro

Más o menos a mitad del embarazo soñé con ella la primera vez.  Era pequeñita, dulce, suave.  Y sonreía.  Sonreía todo el rato.  Tuve el mejor de los despertares en años, de un buen humor con el que me habría comido el mundo.  Días después, en una de esas ecografías maravillosas que nos regala la técnica, la ví y estaba como en mi sueño, sonriendo.  Encogida en mi útero, nadaba feliz en líquido amniótico.  Y sonreía.  Mi pequeña ensayaba lo que iba a ser una de las armas más poderosas en su vida.

Hoy la tengo, la veo, la toco, la huelo, la oigo, pero sobre todo la siento en mi corazón:  la sonrisa que desarma mi mundo, la que hace que todo lo demás me dé igual.  Por eso llevo un par de días escudriñando a mi alrededor.  Mirando caras.  Buscando otras sonrisas.  Pero no encuentro apenas.  Si a un bebé sonreír le da superpoderes, ¿por qué los adultos parecemos reacios a utilizar una de las expresiones humanas más básicas y efectivas?  Ron Gutman (1) estudia las sonrisas como manera de vivir más, mejor y con buena salud.

Por ejemplo, sonreír alarga la vida.  Estudiando imágenes de jugadores de béisbol estadounidenses de los años 50, investigadores de la Universidad de Wayne State descubrieron que los que no sonreían vivieron una media de 73 años.  Sin embargo, los que salieron en las imágenes con sonrisas de oreja a oreja tuvieron una vida de casi 80.

Sonreír mejora la calidad de vida.  En la Universidad de Berkeley compararon las fotos de un viejo anuario de una escuela femenina con la vida, treinta años después, de sus protagonistas.  Las mujeres más sonrientes en la foto del Instituto sacaron puntuaciones más altas en los tests de felicidad.  Sonreír cambia nuestro humor y el de los que nos rodean.  Es muy difícil estar (o seguir) de mal humor cuando tienes a tu lado a alguien que sonríe.  Porque sonreír es como bostezar:  muy, muy contagioso.  Sonreímos porque estamos bien, pero también funciona a la inversa:  la sonrisa ayuda al cuerpo a cambiar su estado de ánimo.  A mejor, claro.  Sonreír adelgaza.  Investigadores británicos han descubierto que una sonrisa, una buena sonrisa, estimula nuestro cerebro igual que ¡2,000 barritas de chocolate!  O que sonreír puede ser tan estimulante como recibir 16,000 libras en efectivo (21,000 dólares).  Ya sabe, si este año otra vez, no le toca la Lotería… ¡sonría!

Sonreír nos hace más competentes.  Un estudio de la Universidad Penn State concluye que las personas con sonrisas sinceras son percibidas como más capacitadas para su trabajo.  Sonreír también nos da valor.  Pruebe a cruzar una multitud con una sonrisa en los labios.  Y además baja nuestra presión sanguínea.  Y provoca un lifting natural en la cara que nos hace parecer más jóvenes.  Y mejora nuestro sistema inmune, que trabaja mejor cuando estamos relajados y felices.  Y aumenta las endorfinas, la serotonina y las hormonas “aniquiladoras” del dolor.  Así que sonreír es, quizá, la mejor de las drogas naturales.

Para fruncir la frente usamos 32 músculos.  Para sonreír, sólo 28.  Prueben porque, una vez que dejamos de ser niños, pasamos de 400 sonrisas diarias a apenas 20.  Quizá algo arreglaríamos, ¿no?

(1) Ron Gutman es el fundador y Director General de Health Tap, una iniciativa interactiva en el campo de la salud ubicada en Palo Alto, California.

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La obesidad, una epidemia mundial

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 Rosa Montero

Ya sé que, desde el principio de los tiempos, todos los individuos creen estar viviendo momentos únicos en la Historia;  todos pensamos con ceguera egocéntrica, que el período que abarca nuestra pequeña vida, es el más decisivo de todos los períodos. Pero creo que, por una vez, y desgraciadamente, es verdad que ahora nos encontramos atravesando cambios colosales nunca jamás vistos; y me refiero por supuesto a los cambios climáticos, pero también a la transmutación de nuestra especie, que para mí está íntimamente relacionada con lo mismo que está originando el cambio climático. Estamos destrozando el equilibrio ambiental y nosotros formamos también parte de ese destrozo.

Todo esto viene a cuento del espeluznante trabajo que publicó recientemente la prestigiosa revista médica The Lancet sobre la epidemia mundial de sobrepeso y obesidad.  Sí, lo llaman epidemia.  Es más, hay expertos que consideran que se trata de la epidemia más importante del siglo XXI.  Pero a mí me parece más una suerte de mutación  Nos estamos transformando en redondos montones de carne.

Explica The Lancet que, en los últimos treinta años, la epidemia se ha disparado.  En 1980 había 857 millones de personas en el mundo con problemas de sobrepeso; Actualmente hay 2,100 millones de personas, casi una tercera parte de la Humanidad. Entre esos 2,100 millones hay 671 millones de obesos, que es el grado más grave de la enfermedad: elefantinos, deformes, inválidos.  Ya hay casi tantos obesos como personas que pasan hambre en el mundo (según la FAO -con sede en Roma- unos 870 millones.

Y, además, es una epidemia desatada que avanza sin control:  en los últimos treinta años, ningún país ha conseguido no ya reducir las cifras, sino detener el aumento.  El 62 por ciento de los obesos viven en los países desarrollados, pero la enfermedad también progresa con rapidez en las sociedades en vías de desarrollo.  Hay naciones en las que las cifras ponen los pelos de punta:  en los Estados Unidos, un tercio de la población es obesa;  en el Reino Unido, la cuarta parte.  Si no se ven más por las calles cuando viajas a esos países (y eso que se ven mucho) es porque la obesidad incapacita y encierra: es una enfermedad muy grave.

Curiosamente, en los países desarrollados hay más hombres gordos, mientras que en los pueblos en vías de desarrollo el mal se ceba en ellas.  En Kuwait, Libia y Qatar, más del 50% de las mujeres son obesas.  Tal vez les interese que sean así:  es una manera más de meterlas  en casa.  En el extremo opuesto, una cifra que produce algo de alivio:  en los Países Bajos, Noruega y Suecia sólo hay un 4% de obesidad.  En España en torno al 17%, o sea, una de cada seis personas;  en cuanto al sobrepeso, afecta a más de la mitad de los españoles.

Esta pandemia aterradora que crece al ritmo de un incendio es además tan nueva que no sabemos cómo comportarnos ante ella.  Por un lado, se tiraniza a las personas, sobre todo a las mujeres, con un modelo estético totalmente imposible, con una delgadez inhumana que contribuye a lanzar a la gente (hombres también) en brazos de la anorexia. Se calcula que hay un 1% de anoréxicos en el mundo, o sea, 72 millones de personas; y no estoy contando a los bulímicos, que son más.

Y es tal la mitificación de la descarnadura, el prestigio social de estar en los huesos (“nunca se es lo suficientemente rica ni lo suficientemente delgada” decía Wallis Simpson, la anoréxica duquesa de Windsor), que a los gordos se les desprecia, se les demoniza, se considera que son unos dejados y unos glotones incapaces de contener sus ansias de tragar.

Pero, por otro lado, y en gran medida como respuesta a ese aborrecimiento, hay toda una campaña para celebrar la gordura: alegría y más alegría, los kilos (o libras) no son nada, seamos felices con sobrepeso.  Y es cierto:  hay que intentar ser felices con sobrepeso, pero también con úlcera de estómago, o con unos tornillos en las vértebras como tengo yo.  Pero los kilos (o libras) sí son algo:  el sobrepeso (el verdadero sobrepeso: no estamos hablando de las curvas normales que las modelos anoréxicas no tienen) puede llevar a más sobrepeso y llegar a ser una enfermedad inhabilitante y gravísima.

Y además, y esto es lo más desolador, la mayor parte de las veces el enfermo puede hacer muy poco, porque se trata de una dolencia social.  Es algo que nos estamos causando con la manipulación de los alimentos, con la alteración del medio en que vivimos.  Por ejemplo, se ha descubierto que los bebés que toman leche artificial enriquecida con demasiadas proteínas son el doble de obesos que los que no.

Somos un producto más de nuestras bárbaras agresiones a la Naturaleza.  Las abejas están desapareciendo y nosotros estamos mutando a temblorosas bolas de grasa.

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Nunca regale un reloj a un chino

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–  Pablo M. Díez

En esta sociedad contagiada por las prisas y el estrés, el tiempo es algo tan precioso que nadie quiere perder ni un minuto de su vida.  Pero eso no significa que se valore igual en todo el planeta dividido -además de por sus husos horarios- por unas costumbres tan distintas que no dejan de sorprender ni a los más experimentados viajeros:  diplomáticos, políticos, empresarios, aventureros, periodistas y demás gente de mundo.

Por no conocer las tradiciones orientales, la Ministra de Transportes británica, la baronesa Susan Kramer, quedó en evidencia recientemente en Taiwán y ha visto como el Alcalde de Taipéi, Ko Wen-je, le rechazaba delante de los periodistas el regalo que le había traído expresamente desde el Reino Unido.  Se trataba de un reloj muy valioso y especialmente dedicado por la Cámara de los Lores, pero ni tan aristocrático detalle ha convencido al regidor de Taipéi.

Cuando uno de los periodistas presentes le preguntó qué iba a hacer con el obsequio no dudó en afirmar, delante de la Ministra visitante, que no pensaba ponérselo ni loco. “Se lo daré a un chatarrero, porque para mí es absolutamente inútil” afirmó Ko Wen-je según informaron las agencias de noticias presentes en el acto.

El motivo no es que le disgustara la marca del obsequio (en la imagen supra figura una imagen de un reloj de la marca suiza Omega, ya que el Editor desconoce el fabricante del citado en este artículo) sino que en China y Taiwán está prohibido “regalar un reloj” porque, en el idioma mandarín, la expresión se pronuncia de un modo similar a “despedir a un muerto” en su funeral sòng zhöng.  Por lo tanto, se considera que hacer tal regalo trae mala suerte al obsequiado, que tiene las horas contadas.  Aunque la isla de Taiwán permanece separada de China desde el final de la guerra en 1949, a ambos lados del Estrecho de Formosa comparten esta superstición.

“Lo siento.  No te acostarás sin saber algo nuevo.  No tenía ni idea de que un regalo como éste se pudiera ver de otra forma que no fuera positiva”, confesó azorada Lady Gramer tras enterarse de tan singular hábito oriental.  Intentando arreglar su metedura de pata, señaló que “en el Reino Unido un reloj es algo muy apreciado porque no hay nada tan importante como el tiempo”.  Pero ni aun así logró convencer al Alcalde Ko quien, a su vez, le entregó una réplica del rascacielos Taipéi 101, que en su día llegó a ser el rascacielos más alto del mundo gracias a sus 509 metros de altura (1,670 pies), y que actualmente ha sido rebasado por la Torre Burj Khalifa de Dubái, Emiratos Árabes Unidos, (828 metros de altura / 2,716 pies).

Aunque la respuesta del citado Alcalde fue totalmente espontánea, algunos medios y políticos taiwaneses le han criticado por su falta de tacto.  “Debería tomar alguna lección de diplomacia”, reconocio Ko Wen-je, quien también se disculpó ante la Ministra de Transportes británica porque, según admitió, “lo que dije fue inapropiado desde la perspectiva del protocolo y la etiqueta”.

No es la primera vez que el Alcalde de Taipéi enciende la polémica con sus palabras. Elegido en los comicios locales celebrados en noviembre de 2014, este candidato independiente de 55 años, que en realidad es un prestigioso cirujano, destaca por su naturalidad que a veces es demasiado brusca pero encaja con sus votantes.

De hecho, Wen-je no hizo más que expresar en público una creencia muy extendida entre los taiwaneses y los chinos, tan supersticiosos que evitan siempre que pueden el número cuatro porque, en mandarín, se pronuncia de forma parecida a la palabra “muerte” (si).  Pero esa es otra historia.

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Historia breve del sacacorchos

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–  Jessica Nieto

Aunque en la actualidad su uso se relaciona exclusivamente con el mundo del vino, lo cierto es que el primer sacacorchos surgió en el siglo XVII como un utensilio de belleza que se utilizaba para extraer los tapones de pequeños frascos de perfumes, lociones y preparados farmacéuticos de cosmética.  Estos primeros modelos eran de bolsillo y las damas de la época los llevaban en sus bolsos para retocarse.

Hasta el siglo XVIII el vino se transportaba en barriles y vasijas artesanales, lo que reducía su conservación.  A mediados de ese siglo aparecieron las botellas alargadas y verdes de vidrio soplado que se cerraban con un corcho.  Este nuevo diseño permitía el almacenamiento en horizontal, que ayudaba a evitar que el contenido se estropease. De esta forma nace el comercio del vino.

A partir de ese momento, la evolución del sacacorchos se centra en el desarrollo del método más cómodo para realizar la operación de apertura, es decir, en el perfeccionamiento del mango y del sistema metálico.  “Fue en ese momento cuando el invento comienza a adquirir una mayor repercusión”, afirma Paolo Annoni, Director del Museo del Sacacorchos de Barolo, ubicado en la región de Piamonte, Italia (1).

En 1795 el clérigo inglés Samuel Henshall (1765-1807) presentó la primera patente de sacacorchos que tenía forma de  T  y un pequeño cepillo para quitar los restos de corcho de la botella (véase imagen supra).

A comienzos del siglo XIX tuvo lugar un boom en todo el mundo: inventores procedentes de Francia, Canadá y los Estados Unidos diseñaron sus propios modelos. Sólo en el Reino Unido se contabilizaron hasta 400 distintos.  A lo largo de sus 300 años de historia, este ha sido uno de los inventos que más patentes ha registrado. Se calcula que, en la actualidad, hay unos 50,000 modelos diferentes: de mecanismo simple, de tornillo, monomando, dos palancas, de mayor tamaño para descorchar barriles, etc.  Cada uno de ellos está determinado por las preferencias de cada país. Por ejemplo, en Francia se diseñó uno específico para descorchar las botellas de champán sin que perdieran su efervescencia.

Paralelamente al desarrollo técnico tiene lugar una estilizaciòn.  “Junto a los modelos tradicionales de madera, latón o hierro, también se empiezan a fabricar en oro, plata, marfil, nácar, e incluso con piedras preciosas y elementos decorativos” añade Paolo Annoni. Con su evolución, surgieron también los accesorios, como cuchillas o escobillas para limpiar las botellas.

El español Jacinto Presa Eguren decide, en 1995, diseñar un instrumento rápido y fácil de usar para ayudar a su mujer en la tarea de descorchar una botella.  Lo llamó el Sacacorchos Perfecto y consiguió la Medalla de Oro en el Salón Internacional de Inventos de Ginebra (Suiza), el más importante del mundo en este sector.  “Disfruto con el hecho de inventar”, afirma su creador.  En la actualidad se vende en más de 40 países de todo el mundo.

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(1)  Para más información véase en Internet  http://www.museodeicavatappi.it

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Cuadernos de Pozos Dulces cumple dos años en Internet

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Cuadernos de Pozos Dulces celebra su segundo aniversario en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com

En estos dos años se han publicado  43  artículos (un promedio de un artículo cada quince días aproximadamente para no agobiar a los lectores) de  33  autores diferentes. Durante ese período los lectores han escrito libremente  122  comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 125 personas reciben directamente en su propio e-mail todos los artículos que se publican mediante una suscripción gratuita (ahora y siempre) y segura.  Para suscribirse sólo hay que seguir las sencillas instrucciones que figuran, en el margen derecho de la publicación, debajo de la lista de los artículos publicados.

Además, 71 personas se conectan directamente a través del enlace permanente de Cuadernos con Facebook.

Se han recibido en estos dos años más de 6,000 visitas de los lectores.  Los principales países donde residen son:  los Estados Unidos, España, México, Puerto Rico y el Reino Unido.  A pesar de las dificultades, varias decenas de personas han leído la publicación en Cuba.   Estos datos consolidan a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Confiamos en poder seguir ofreciendo, con la ayuda de todos, una publicación de marcado perfil lasallista que despierte el interés general de los ya numerosos lectores.

A su vez, nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente al e-mail  pozosdulces@post.com

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Anécdota estadística:  La cifra de 6,000 visitas / lectores multiplica por diez el número de alumnos matriculados (600) que tenía la Academia De La Salle en el año 1960.

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