De La Salle – 2018 Año del Siervo de Dios Hermano Victorino

–  Alberto Sala Mestres

El calendario de 2018 del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas tiene señalada una cita especial.  La Comisión de Teólogos nombrada por la Congregación para las Causas de los Santos examinará detenidamente en Roma, el próximo 15 de noviembre, la Positio (documento oficial que recoge la trayectoria personal de un candidato a la Beatificación) de un Hermano De La Salle.  Se trata de Augustin Arnaud (1885-1966) conocido como Hermano Victorino De La Salle, que ejerció su apostolado en Cuba y Puerto Rico.  No es frecuente que se produzca un acontecimiento de esa índole, y toda la familia lasallista en unión de oraciones estará presente durante las reuniones que tendrán lugar en Roma.

Nuestro Hermano De La Salle había nacido en Francia y llegó a Cuba en 1905, formando parte de una comunidad de Hermanos que se establecería en la nueva República de Cuba fundada tres años antes.  La labor realizada en esos primeros años fue muy eficaz para restablecer el acercamiento de los fieles y sus familias a la Iglesia, mediante la fundación de colegios católicos que ofrecían una educación más moderna, lejos de los cánones de la Metrópoli, mientras impartían valores cristianos en el curso de una nueva evangelización.

El acertado criterio del Hermano Victorino le hizo ver que hacía falta algo más que las asociaciones o grupos, que se formaron entonces en torno a los colegios católicos, para mantener la vigencia de la fe y la práctica de la religión. Era necesario -pensaba- organizar un movimiento diferente, innovador, comprometido y valiente.   Así surgió, en 1928, la Federación de la Juventud Católica Cubana, una asociación nacional organizada a través de grupos y coordinada a nivel diocesano, que mantenía y desarrollaba su apostolado como el objetivo de todos los católicos comprometidos con la labor de Iglesia.  Los denominados federados recibían una formación que se actualizaba de forma permanente a través de cursos, seminarios y encuentros periódicos, con el apoyo explícito del Episcopado cubano.

El diseño de ese movimiento laico de hombres y mujeres fue abarcando progresivamente en las diferentes ciudades y poblaciones de Cuba a los estudiantes, universitarios, obreros, fieles de las Parroquias y matrimonios, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, quien se adelantó varias décadas en promover el protagonismo que tienen ahora los laicos en la vida de la Iglesia con el impulso del Concilio Vaticano II.  Estadísticas publicadas en la IV Semana Internacional de la Acción Católica, celebrada en Montevideo (Uruguay) en 1956, indican que en esa fecha la organización fundada por el Hermano Victorino contaba con 1,080 grupos, formados por un total de 32,000 miembros.

El Hermano Victorino De La Salle había recibido una especial gracia de Dios: el peculiar carisma que le acompañó siempre. Su liderazgo participativo, esa manera de expresarse de forma reflexiva y convincente desde el testimonio de su propia vida, sigue siendo un modelo para todos.  Su ejemplo sembró numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas entre los jóvenes cubanos.

Tras su fallecimiento, muchas personas que le habían conocido y participado en su labor de apostolado recopilaron datos y testimonios sobre su vida ejemplar.  Así, un número importante de católicos consideraba que existían evidencias suficientes para iniciar el reconocimiento de su santidad.  El Cardenal de Puerto Rico Mons. Luis Aponte Martínez, respaldó esas peticiones y el 30 de marzo de 1999 dictó el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación del ya considerado Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

El Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas designó a Rodolfo Meoli fsc, para el seguimiento de ese tema desde la Casa Generalicia en Roma.  A su vez, las autoridades de la Santa Sede nombraron a Fr. Vincenzo Criscuolo Ofm.Cap., Relator de la Causa de Beatificación, quien concluyó el 17 de noviembre de 2015 la redacción de la Positio (590 páginas) documento oficial que incluye además de los testimonios de los testigos que conocieron al Hermano Victorino, los principales aspectos de su vida y virtudes junto a sus escritos.  Ese texto será examinado por la citada Comisión de Teólogos, designada por la Congregación para las Causas de los Santos, en la reunión convocada en Roma el 15 de noviembre de 2018.

Pedimos a toda la familia lasallista que, en unión de oraciones, acompañe este proceso, invitándoles a conocer la vida y obra del Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle.

Puede verse más información en:   http://www.victorinodelasalle.org

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Pan y aceite

–  Manuel Vicent

Como reacción a las pedantes elucubraciones gastronómicas en que ha caído la nueva cocina, hay una tendencia a volver a los alimentos sustanciales, también llamados platos de cuchara o de fundamento.  Se trata de los pilares de la sabiduría culinaria que han mantenido en pie el antiguo e insobornable placer de la mesa, el pan, las sopas, el cocido, los asados, los arroces y las calderetas de pescado, entre otras maravillas, tal como los cocinaban las abuelas.

Pan es un adjetivo cuantitativo que en griego significa “todo”.  También recibe ese nombre el dios Pan, el dueño de la naturaleza, de modo que comer pan equivale a ingerir a ese dios griego.  A su vez los cristianos convirtieron el pan en el cuerpo de Cristo (Eucaristía) y por eso está  mal visto en la mesa partir el pan con cuchillo y no con la mano.

Compañero significa “el que comparte el pan” (1), en la mesa o en el camino y también como un acto de solidaridad en la desgracia.  En los tiempos de Augusto (63 a.C – 14 d.C) había en Roma más de 300 panaderías gobernadas por maestros griegos, que tal vez amasaban la harina como una forma de hacer filosofía.  Hoy el pan se ha vuelto a poner de moda, después de estar largo tiempo vilipendiado.  En muchas esquinas de la ciudad han surgido panaderías entreveradas de cafeterías con un diseño de Ikea donde se expende pan con toda clase de cereales y semillas.

La rebanada de pan con aceite es el alimento más prImitivo y terrestre de nuestra cultura.  Esa torta de pan está pintada en las paredes de las mastabas de Menfis y de otras tumbas en el Valle de los Reyes (Egipto) y también apareció petrificada dentro de una copa de oro del tesoro de Tutankamón (1345 a.C. – 1327 a.C).  ¿Qué más se necesita para comerla con absoluta devoción y fiabilidad?

El pan con aceite ha pasado de la mesa de los faraones a los restaurantes italianos de moda por todo el mundo.  La primera vez que presencié este nuevo rito, hace ya muchos años, fue en el restaurante Gioco, un establecimiento de lujo, en South Loop, cerca del distrito financiero de Chicago.

Antes de que se acercara el maître, llegó un elegante camarero y puso un plato hondo de cerámica en el centro de la mesa, y en él escanció de una botella, que parecía un frasco de colonia, con mucha ceremonia, aceite virgen de oliva (1) siciliano hasta inundar el recipiente.  Luego dejó al lado un cestillo con diversos panecillos, cada uno de una clase, integrales de trigo y de centeno, amasados con sésamo, orégano, pepitas de calabaza y otras especias.

Los comensales eran gente fina, profesores de literatura, pero todos interrumpieron la conversación sobre los escritores de la generación perdida y comenzaron a mojar.  El tema literario fue sustituido por la ponderación de la calidad, perfume, graduación y origen del aceite, y la conversación  se extendió en su análisis visual, táctil y gustativo, sobre su equilibrio y aroma, con palabras apasionadas de los más entendidos, hasta que, de pronto, llegó el maître con la carta y nos adentramos en el mundo de la pasta.

(1) El término compañero etimológicamente procede del latín “cumpanis” (cum: con – panis: pan), cuya traducción literal es “con pan” dándole el significado de “compartiendo el pan” o “los que comparten el pan”, “comer del mismo pan”, llegando hasta nosotros como “compañero”.

(2)  El aceite de oliva virgen extra es el que se obtiene del fruto del olivo por procedimientos mecánicos o por otros procedimientos físicos en condiciones, especialmente térmicas, que no produzcan la alteración del aceite, que no hayan tenido más tratamiento que el lavado, la decantación, la centrifugación y el filtrado, y cuya acidez libre expresada en ácido oleico es como máximo de 0,8 gramos por 100 gramos.  España, Italia y Grecia superan el 70% de la producción mundial del aceite de oliva.

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Bernini, el escultor y arquitecto favorito de los Papas

–  David Torres

Estoy en pie en una sala de la Galeria Borghese, en Roma, solo e indefenso ante el Apolo y Dafne de Bernini, rodeado de docenas de turistas y solo ante la eternidad, sin poder hacer nada. He visto antes este bloque escultórico decenas de veces, en fotografías, documentales, en ilustraciones de libros de arte, pero realmente nunca lo había visto. Garcilaso lo anticipó en un soneto que leí por primera vez hace treinta y tantos años:  A Dafne ya los brazos le crecían… Pero nada, ni Garcilaso, ni Ovidio, ni los bancos de imágenes, ni las guías de viaje, me habían preparado para la  experiencia de primera mano; nada puede compararse realmente a esta conmoción, a esta explosión de luz, al momento exacto en que una piedra cobra vida.

Roma merece un viaje por muchos motivos, y entre esos motivos siempre estará Bernini.  La presencia del gran escultor y arquitecto napolitano en calles, iglesias y museos es uno de los sellos distintivos de la Ciudad Eterna, como también lo son Bramante, Miguel Ángel o Caravaggio.

Si se escoge el orden cronológico, el recorrido por la Roma de Bernini bien puede empezar por la Galeria Borghese.  Allí se alzan cuatro de las primeras esculturas de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), cuatro obras maestras que realizó cuando sólo era un joven que trabajaba a las órdenes del Cardenal Scipione Borghese.  El Eneas, Anquises y Ascanio parece un verso de Virgilio puesto en pie.  En El rapto de Proserpina, los dedos de Plutón se hunden para siempre en la carne de mármol. Con su David, Bernini se atrevió a seguir los pasos de Miguel Angel: el pastor ya no está detenido en el momento previo al combate, sino que estira la honda entre sus brazos mientras que arquea el cuerpo un segundo antes de lanzar la piedra.  Ese es el momento en el que se instala el arte de Bernini, pleno de tensión, barroco hasta los tuétanos.

Bernini fue el artista favorito de los Papas durante el siglo XVII, y de las muchas obras que atestiguan su talento como arquitecto destaca la Iglesia de Sant’Andrea al Quirinale, una asombrosa síntesis de curvas y elipses.  En el Vaticano, Bernini diseñó la Plaza de forma oval con dos semicírculos ante los que se levanta la columnata rematada por una balaustrada de 140 santos.  En el interior de la Basílica de San Pedro, bajo la cúpula, realizó el inmenso baldaquino de bronce (ver imagen supra) con sus prodigiosas columnas salomónicas. También proyectó la decoración de los cuatro pilares que sustentan la cúpula en forma de nichos que albergan cuatro enormes esculturas, una de las cuales, San Longinos, es obra suya.

El Vaticano guarda también una de sus últimas obras, el sepulcro del Papa Alejandro VII, una majestuosa alegoría donde la figura de la Muerte, agazapada bajo un cortinaje de mármol sanguinolento, muestra un reloj de arena con el tiempo que se acaba.

En la Piazza Navona, Bernini aprovechó el encargo del Papa Inocencio X para levantar la fuente más fastuosa e impresionante de Roma -y en ninguna otra ciudad del mundo hay tanta competencia-.  Coronada por un obelisco egipcio, festoneada de animales y vegetales petrificados, la Fontana dei Quattro Fiumi es una monumental alegoría de los ríos más grandes conocidos en la época:  el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata.  La otra otra gran fuente de esa Plaza, la Fontana del Moro, sigue un diseño de Giacomo della Porta, pero fue Bernini quien esculpió la estatua central.  No muy lejos, casi junto al Panteón, se encuentra el Obelisco della Minerva, cuyo pedestal en forma de elefante, también es de Bernini.

Si la temática mitológica encumbró a Bernini en sus comienzos, fueron dos encargos religiosos los que representan la cúspide de su arte en la madurez.  El Éxtasis de la Beata Ludovica Albertoni, en la Iglesia de San Francesco a Ripa, una composición horizontal de una ternura insoportable en la que los pliegues de los ropajes son caricias; y el Éxtasis de Santa Teresa, en la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, una obra sublime en la que asistimos a la transverberación de la santa desde lejos, casi a escondidas.  Nuevamente las fotos nos engañan con detalles sacados a través de teleobjetivos y a los que no tenemos ningún derecho.

La Santa Teresa está hecha para asomarse a ella de puntillas;  de igual modo que en Apolo y Dafne hay que girar en torno a la estatua para ver la mujer floreciendo, las ramas brotando, el instante exacto de la metamorfosis.  Ese instante, el de la transfiguración, es el que se atrevió a esculpir Bernini.

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El signo – & –

–   Álex Grijelmo

En el siglo I antes de Cristo (hace más de 2,000 años) nació el signo & y lo inventó un romano a quien se considera el primer taquígrafo de la historia:  el secretario de  Marco Tulio Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.).   Se llamaba Tirón, y tenía la condición de esclavo.   Esclavo pero notario (porque tomaba notas para para reflejar fielmente algo, de ahí viene nuestra palabra).

Tirón se dedicaba sobre todo a dar fe de los discursos del senador romano, y a tal efecto creó un sistema de unas mil fórmulas que resumían en rasgos simples los grupos de letras y las locuciones más usuales en latín.  En uno de esos abreviamientos, Tirón redujo la palabra   ” et ”  ( ” y ” )  juntando en un solo trazo la  e  y la  t  para no levantar el puño de la mesa.

El signo correspondiente, ” & “, lo compuso a partir de una  e  redonda  (similar a la del símbolo del euro) prolongada en una    inclinada.  Para los escribas, un gran avance; sobre todo cuando usaban la letra gótica.

Cicerón le quedó muy agradecido por la eficacia de su taquigrafía y le dio la condición de liberto (sin que dejara de seguir a su servicio).  A partir de entonces, el notario se llamó Marco Tulio Tirón tras adoptar el nombre de pila de su jefe.

El signo  ” & ” (1) se extendió luego a otros idiomas en los cuales resumía dos o tres letras en un solo rasgo, como sucede en el idioma inglés o alemán  (en los que ” y ” se escribe  ” and ”  y  ” und  “.

Por su parte,  el Diccionario académico español de 1791 acogió el signo ” & ” para sustituir a “etcétera”  (con una  c  añadida:  &c  a fin de significar  et  y  cétera).  La  c  se caerá después, en la edición de 1884, y el símbolo ” & ” se mantendrá solitario hasta 1984.  Todo lo cual no impedía que el signo apenas se emplease en español, porque carecía de sentido sustituir  y  por  &,  o escribir &c  en vez de  etc., al tratarse de rasgos más difíciles de trazar.  Sin embargo todavía alcanza a aparecer  ” & ”  en la Ortografía de 1999, para morir por fin en la de 2010 (2).

Los diccionarios ingleses incluyen desde 1830 el símbolo ” & ” con el nombre “ampersand”.  En las cantinelas de los estudiantes de entonces se cerraba el abecedario con un “and, per se, and”  ( “y por sí mismo, &”).  Se trataba de una letra que sólo servía per se, es decir, que no se podía contar con ella para formar ninguna otra palabra: siempre iba sola.  Y ese recitado que terminaba en “and, per se, and” derivó en el nombre “ampersand”.

(1)  Se le conoce también como signo tironiano.

(2)  Véase a este respecto el Diccionario panhispánico de dudas, Apéndice, Símbolos o signos no alfabebizables, RAE, 2005.

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Una mujer en el Vaticano

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–  Nere Basabe

Si hay una institución en el mundo en la que no se aplican cuotas ni listas paritarias, esa es la Iglesia Católica, cuya comunidad la forman, sin embargo, al menos un 50 por ciento de mujeres. Relegadas desde hace más de 2,000 años, parece que también al Vaticano empiezan a llegar finalmente tímidos vientos de cambio.

Un ejemplo de ello es Sor Nicoletta (Nicla) Spezatti (n. 1948) Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (uno de los órganos de gobierno del Vaticano) y actual número tres en la jerarquía de la curia romana.

El Papa Francisco, al inicio de su papado, anunció que “Una Iglesia sin mujeres es como el Colegio Apostólico sin María” (1).  Para realizar esa revolución silenciosa uno de los principales báculos en los que se apoya es precisamente esa monja italiana (2), profesora de Universidad, especialista en cine y medios de comunicación (3), y una decidida militante en pro de las mujeres en la Iglesia, que siempre acude a sus audiencias con el Papa con la cabeza descubierta.

Sor Nicla está convencida de que la perspectiva femenina no sólo es necesaria y consustancial al catolicismo sino que, desde dentro, puede ayudar al cambio atajando frontalmente problemas como la pederastia, o la cuestión de los privilegios y su relación con la pobreza.  Una perspectiva, la femenina, que proviene de los propios márgenes de la Iglesia, con una mayor capacidad para la compasión y la empatía para ponerse en el lugar del otro y acompañarlo.

Con este fin, Spezzati reunió recientemente en Roma a 900 Madres Superioras del mundo entero,  De esa reunión surgió una comisión paritaria con el fin de reflexionar sobre el diaconado femenino y, la creación de la D.VA (4), la primera asociación femenina inscrita en el Vaticano.

En la Santa Sede trabajan actualmente 750 mujeres, entre monjas y seglares, y cada vez son más las que ocupan cargos de importancia, como la actual Directora de los Museos Vaticanos, Barba Jatta (n. 1962), o Flaminia Giovanelli (n. 1948), la Subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Hay un cambio posible.  Las palabras de San Pablo exhortando a “que las mujeres guarden silencio  en la asamblea” (1.Corintios 14:34), podrían pasar pronto a la historia.

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(1)   ACI Prensa (Vaticano), 23 de julio de 2013.

(2)  Pertenece a la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo (ASC) [Sorores Adoratrices Pretiossimi Sanguinis], instituto religioso de derecho pontificio y centralizado fundado en 1834, donde ha desempeñado distintos cargos directivos.

(3)  En su tesis doctoral en la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milán) analizó los fenómenos religiosos en la cultura de la comunicación mediática.

(4) D.VA, simplemente “Donne in Vaticano”, es la sigla de la recién creada Asociación exclusivamente femenina, abierta a las mujeres empleadas de la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede y sus instituciones relacionadas, seculares y religiosas, en servicio o ya jubiladas.  Su Estatuto ha sido aprobado por las autoridades competentes y por el Acto Constitutivo, firmado el 1 de septiembre de 2016, en el Gobernatorio del Estado de la Ciudad del Vaticano.  La Presidenta de la Asociación es actualmente Tracey McClure, periodista británica adscrita a Radio Vaticano.

¿Por qué los romanos cambiaron las ánforas de barro por los barriles de roble?

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–  Javier Sanz

La recogida selectiva de residuos, tan en auge en diferentes países industrializados, tiene siglos de existencia.  Comenzó en Roma hace más de dos mil años, y prueba de ello es el Monte Testaccio (ver imagen supra) conocido también como Monte dei Cocci (Monte de los Cascos), una colina artificial con una altura de 50 metros (164 pies) y una base de 22,000 metros cuadrados (237,000 pies cuadrados, aproximadamente) construida con los restos de 25 millones de ánforas de barro en las que se transportaba el aceite de oliva (1) desde la provincia Bética (la actual Andalucía) en el sur de Hispania (España).

La fabricación de las ánforas era sencilla, las asas ayudaban en su manejo y eran fáciles de transportar en los barcos (las bodegas se cubrían con arena y en ella se enterraban parcialmente la parte cónica inferior de las ánforas).  Así que, en Grecia y Roma se convirtieron en los recipientes habituales para el transporte de los líquidos más preciados: el aceite y el vino. Entonces, ¿por qué y cuándo los romanos dejaron a un lado las ánforas de barro y adoptaron los barriles de roble?

Si para el transporte naval las ánforas eran el recipiente adecuado, para el transporte terrestre su forma no facilitaba el traslado en carros.  Sería a mediados del siglo I A.C. cuando Roma sometería la Galia (actual Francia) y los invasores conocieron la forma en que los galos almacenaban y transportaban la cerveza:  en barricas de roble.  Las legiones romanas fueron las primeras en adoptar las barricas de roble para transportar el vino que les acompañaba en sus múltiples expediciones de conquista, abandonando las incómodas ánforas de barro.

Aunque hoy en día el uso del roble francés o americano para el envejecimiento de los vinos es lo habitual por las características y particularidades de la madera, en aquella época la elección del roble no tenía que ver con los métodos de elaboración y crianza del vino, sino con la abundancia de estos árboles en Europa y porque su madera se puede doblar con relativa facilidad para construir los barriles.

Siguiendo el ejemplo de sus ejércitos, los comerciantes de Roma adoptaron rápidamente los barriles de madera en lugar de las ánforas:  eran más resistentes que la arcilla, pesaban menos y se podían mover con menos esfuerzo haciéndolos rodar.  Además, a diferencia de las ánforas de arcilla, los barriles de madera permiten la oxidación y aportan sabores, olores y matices.

De esta forma, comprobaron que los vinos enviados a largas distancias en los barriles de roble mejoraban cuando llegaban a su destino.

Si hace siglos los barriles de roble comenzaron a utilizarse por la facilidad en el transporte y la cantidad de madera disponible entonces, hoy tienen que ver con el olor y el sabor que aportan al vino.

(1) Los arqueólogos calculan que el aceite transportado en esos envases permitió abastecer la mitad del consumo anual (6 litros / 1.60 galón) de aceite de oliva de un millón de personas durante 250 años.

Nota:  Véase en Internet, del mismo autor de este artículo, su interesante blog http://www.historiasdelahistoria.com

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La Salle en San Patricio, la Catedral de Nueva York

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–  Manuel R. de Bustamante

La Catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51, y es la segunda sede catedralicia de Diócesis neoyorquina, convertida en Archidiócesis el 19 de julio de 1850.  La primera Iglesia de San Patricio estaba situada en la calle Mott, en lo que entonces era la zona más exclusiva de la joven ciudad, hoy pleno barrio chino.  En aquella época el cubano Padre Félix Varela (1788-1853) era Vicario de la Diócesis de Nueva York y, con ese rango, asistió en representación del Obispo a un Concilio celebrado en Baltimore.  Detrás del altar mayor de la actual Catedral, dirigiéndose hacia la sacristía, existe una placa situada a la derecha, en la que se hace constar la condición de Vicario alcanzada por el Siervo de Dios Padre Varela, cuya Causa de Beatificación se encuentra actualmente en estudio en Roma.

Al entrar por la puerta principal de la Catedral (1), en la primera Capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el Altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco (véase imagen supra).  Esta Capilla fue consagrada el 10 de diciembre de 1900 (2) por el Arzobispo Corrigan.  Hay que señalar que es la segunda Capilla en todo el mundo (3) que ha sido dedicada a nuestro “Padre y Maestro”.

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados.  En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos De La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.  La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales.  Sobre el citado altar se encuentra el vitral que regalaron los Hermanos con motivo de la Beatificación del Fundador, promulgada el 14 de febrero de 1888 por el Papa León XIII.

Existe otro precioso vitral que representa la aprobación de las Reglas del Instituto, el 26 de enero de 1725, por el Papa Benedicto XII.  En este último se puede apreciar al Papa sentado en su trono recibiendo el documento que le entrega el Superior General Hermano Timothée.  Los vistosos uniformes de la Guardia Suiza junto a los ornamentos de los acompañantes del Santo Padre contrastan con el oscuro hábito de los Hermanos presentes en el solemne acto.

Antes de salir de la Catedral por la puerta que desemboca en la calle 50, podemos contemplar un vitral de grandes dimensiones en el que figura otro detalle lasallista. Está representado el Arquitecto Renwick presentando los planos del edificio al Arzobispo Hugues, que se encuentra sentado ante una mesa.  Rodeándola, se puede ver al Cardenal McCloskey, su Secretario el Rvdo. John M. Farley -quien, posteriormente fue el segundo Cardenal de Nueva York-, M. Lorin, autor del vitral, un franciscano, un Hermano De La Salle, varios religiosos, y un office boy (futuro arquitecto) desplegando un rollo de dibujos con los planos.  A un lado de la mesa podemos ver un portafolio con la inscripción “James Renwick Esq., New York”, junto a los dígitos 1879, correspondientes al año de ejecución del vitral.

(1)  Para más información véase  http://www.saintpatrickscathedral.org

(2)  San Juan Bautista De La Salle fue canonizado el 24 de mayo de 1900 por el Papa León XIII.  El santoral indica que su fiesta se celebra el 7 de abril, el mismo día y mes de su fallecimiento en 1719.

(3  La primera Capilla dedicada a San Juan Bautista De La Salle se encuentra ubicada en el Istituto San Giuseppe-Istituto De Merone (Roma) y fue inaugurada en 1888, año de su Beatificación.  Con motivo del tercer centenario de su nacimiento se le dedicó en 1951 una Iglesia cercana a la Casa Generalicia, y en la Diócesis de Roma tiene otra Iglesia en la zona de Torrino consagrada en el año 2009.  También existen Iglesias dedicadas a San Juan Bautista De La Salle en Canadá (Montreal), Colombia (Bogotá, Cartagena, Medellín y Soledad), España (Jerez y Sevilla), Francia (París), México (León [Guanajuato], Monclova y Monterrey), Panamá (Panamá), Perú (Lima), Puerto Rico (Bayamón), República Dominicana (Santo Domingo) y Lara (Venezuela), entre otros lugares de culto.

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