Bernini, el escultor y arquitecto favorito de los Papas

–  David Torres

Estoy en pie en una sala de la Galeria Borghese, en Roma, solo e indefenso ante el Apolo y Dafne de Bernini, rodeado de docenas de turistas y solo ante la eternidad, sin poder hacer nada. He visto antes este bloque escultórico decenas de veces, en fotografías, documentales, en ilustraciones de libros de arte, pero realmente nunca lo había visto. Garcilaso lo anticipó en un soneto que leí por primera vez hace treinta y tantos años:  A Dafne ya los brazos le crecían… Pero nada, ni Garcilaso, ni Ovidio, ni los bancos de imágenes, ni las guías de viaje, me habían preparado para la  experiencia de primera mano; nada puede compararse realmente a esta conmoción, a esta explosión de luz, al momento exacto en que una piedra cobra vida.

Roma merece un viaje por muchos motivos, y entre esos motivos siempre estará Bernini.  La presencia del gran escultor y arquitecto napolitano en calles, iglesias y museos es uno de los sellos distintivos de la Ciudad Eterna, como también lo son Bramante, Miguel Ángel o Caravaggio.

Si se escoge el orden cronológico, el recorrido por la Roma de Bernini bien puede empezar por la Galeria Borghese.  Allí se alzan cuatro de las primeras esculturas de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), cuatro obras maestras que realizó cuando sólo era un joven que trabajaba a las órdenes del Cardenal Scipione Borghese.  El Eneas, Anquises y Ascanio parece un verso de Virgilio puesto en pie.  En El rapto de Proserpina, los dedos de Plutón se hunden para siempre en la carne de mármol. Con su David, Bernini se atrevió a seguir los pasos de Miguel Angel: el pastor ya no está detenido en el momento previo al combate, sino que estira la honda entre sus brazos mientras que arquea el cuerpo un segundo antes de lanzar la piedra.  Ese es el momento en el que se instala el arte de Bernini, pleno de tensión, barroco hasta los tuétanos.

Bernini fue el artista favorito de los Papas durante el siglo XVII, y de las muchas obras que atestiguan su talento como arquitecto destaca la Iglesia de Sant’Andrea al Quirinale, una asombrosa síntesis de curvas y elipses.  En el Vaticano, Bernini diseñó la Plaza de forma oval con dos semicírculos ante los que se levanta la columnata rematada por una balaustrada de 140 santos.  En el interior de la Basílica de San Pedro, bajo la cúpula, realizó el inmenso baldaquino de bronce (ver imagen supra) con sus prodigiosas columnas salomónicas. También proyectó la decoración de los cuatro pilares que sustentan la cúpula en forma de nichos que albergan cuatro enormes esculturas, una de las cuales, San Longinos, es obra suya.

El Vaticano guarda también una de sus últimas obras, el sepulcro del Papa Alejandro VII, una majestuosa alegoría donde la figura de la Muerte, agazapada bajo un cortinaje de mármol sanguinolento, muestra un reloj de arena con el tiempo que se acaba.

En la Piazza Navona, Bernini aprovechó el encargo del Papa Inocencio X para levantar la fuente más fastuosa e impresionante de Roma -y en ninguna otra ciudad del mundo hay tanta competencia-.  Coronada por un obelisco egipcio, festoneada de animales y vegetales petrificados, la Fontana dei Quattro Fiumi es una monumental alegoría de los ríos más grandes conocidos en la época:  el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata.  La otra otra gran fuente de esa Plaza, la Fontana del Moro, sigue un diseño de Giacomo della Porta, pero fue Bernini quien esculpió la estatua central.  No muy lejos, casi junto al Panteón, se encuentra el Obelisco della Minerva, cuyo pedestal en forma de elefante, también es de Bernini.

Si la temática mitológica encumbró a Bernini en sus comienzos, fueron dos encargos religiosos los que representan la cúspide de su arte en la madurez.  El Éxtasis de la Beata Ludovica Albertoni, en la Iglesia de San Francesco a Ripa, una composición horizontal de una ternura insoportable en la que los pliegues de los ropajes son caricias; y el Éxtasis de Santa Teresa, en la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, una obra sublime en la que asistimos a la transverberación de la santa desde lejos, casi a escondidas.  Nuevamente las fotos nos engañan con detalles sacados a través de teleobjetivos y a los que no tenemos ningún derecho.

La Santa Teresa está hecha para asomarse a ella de puntillas;  de igual modo que en Apolo y Dafne hay que girar en torno a la estatua para ver la mujer floreciendo, las ramas brotando, el instante exacto de la metamorfosis.  Ese instante, el de la transfiguración, es el que se atrevió a esculpir Bernini.

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El signo – & –

–   Álex Grijelmo

En el siglo I antes de Cristo (hace más de 2,000 años) nació el signo & y lo inventó un romano a quien se considera el primer taquígrafo de la historia:  el secretario de  Marco Tulio Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.).   Se llamaba Tirón, y tenía la condición de esclavo.   Esclavo pero notario (porque tomaba notas para para reflejar fielmente algo, de ahí viene nuestra palabra).

Tirón se dedicaba sobre todo a dar fe de los discursos del senador romano, y a tal efecto creó un sistema de unas mil fórmulas que resumían en rasgos simples los grupos de letras y las locuciones más usuales en latín.  En uno de esos abreviamientos, Tirón redujo la palabra   ” et ”  ( ” y ” )  juntando en un solo trazo la  e  y la  t  para no levantar el puño de la mesa.

El signo correspondiente, ” & “, lo compuso a partir de una  e  redonda  (similar a la del símbolo del euro) prolongada en una    inclinada.  Para los escribas, un gran avance; sobre todo cuando usaban la letra gótica.

Cicerón le quedó muy agradecido por la eficacia de su taquigrafía y le dio la condición de liberto (sin que dejara de seguir a su servicio).  A partir de entonces, el notario se llamó Marco Tulio Tirón tras adoptar el nombre de pila de su jefe.

El signo  ” & ” (1) se extendió luego a otros idiomas en los cuales resumía dos o tres letras en un solo rasgo, como sucede en el idioma inglés o alemán  (en los que ” y ” se escribe  ” and ”  y  ” und  “.

Por su parte,  el Diccionario académico español de 1791 acogió el signo ” & ” para sustituir a “etcétera”  (con una  c  añadida:  &c  a fin de significar  et  y  cétera).  La  c  se caerá después, en la edición de 1884, y el símbolo ” & ” se mantendrá solitario hasta 1984.  Todo lo cual no impedía que el signo apenas se emplease en español, porque carecía de sentido sustituir  y  por  &,  o escribir &c  en vez de  etc., al tratarse de rasgos más difíciles de trazar.  Sin embargo todavía alcanza a aparecer  ” & ”  en la Ortografía de 1999, para morir por fin en la de 2010 (2).

Los diccionarios ingleses incluyen desde 1830 el símbolo ” & ” con el nombre “ampersand”.  En las cantinelas de los estudiantes de entonces se cerraba el abecedario con un “and, per se, and”  ( “y por sí mismo, &”).  Se trataba de una letra que sólo servía per se, es decir, que no se podía contar con ella para formar ninguna otra palabra: siempre iba sola.  Y ese recitado que terminaba en “and, per se, and” derivó en el nombre “ampersand”.

(1)  Se le conoce también como signo tironiano.

(2)  Véase a este respecto el Diccionario panhispánico de dudas, Apéndice, Símbolos o signos no alfabebizables, RAE, 2005.

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Una mujer en el Vaticano

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–  Nere Basabe

Si hay una institución en el mundo en la que no se aplican cuotas ni listas paritarias, esa es la Iglesia Católica, cuya comunidad la forman, sin embargo, al menos un 50 por ciento de mujeres. Relegadas desde hace más de 2,000 años, parece que también al Vaticano empiezan a llegar finalmente tímidos vientos de cambio.

Un ejemplo de ello es Sor Nicoletta (Nicla) Spezatti (n. 1948) Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (uno de los órganos de gobierno del Vaticano) y actual número tres en la jerarquía de la curia romana.

El Papa Francisco, al inicio de su papado, anunció que “Una Iglesia sin mujeres es como el Colegio Apostólico sin María” (1).  Para realizar esa revolución silenciosa uno de los principales báculos en los que se apoya es precisamente esa monja italiana (2), profesora de Universidad, especialista en cine y medios de comunicación (3), y una decidida militante en pro de las mujeres en la Iglesia, que siempre acude a sus audiencias con el Papa con la cabeza descubierta.

Sor Nicla está convencida de que la perspectiva femenina no sólo es necesaria y consustancial al catolicismo sino que, desde dentro, puede ayudar al cambio atajando frontalmente problemas como la pederastia, o la cuestión de los privilegios y su relación con la pobreza.  Una perspectiva, la femenina, que proviene de los propios márgenes de la Iglesia, con una mayor capacidad para la compasión y la empatía para ponerse en el lugar del otro y acompañarlo.

Con este fin, Spezzati reunió recientemente en Roma a 900 Madres Superioras del mundo entero,  De esa reunión surgió una comisión paritaria con el fin de reflexionar sobre el diaconado femenino y, la creación de la D.VA (4), la primera asociación femenina inscrita en el Vaticano.

En la Santa Sede trabajan actualmente 750 mujeres, entre monjas y seglares, y cada vez son más las que ocupan cargos de importancia, como la actual Directora de los Museos Vaticanos, Barba Jatta (n. 1962), o Flaminia Giovanelli (n. 1948), la Subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Hay un cambio posible.  Las palabras de San Pablo exhortando a “que las mujeres guarden silencio  en la asamblea” (1.Corintios 14:34), podrían pasar pronto a la historia.

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(1)   ACI Prensa (Vaticano), 23 de julio de 2013.

(2)  Pertenece a la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo (ASC) [Sorores Adoratrices Pretiossimi Sanguinis], instituto religioso de derecho pontificio y centralizado fundado en 1834, donde ha desempeñado distintos cargos directivos.

(3)  En su tesis doctoral en la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milán) analizó los fenómenos religiosos en la cultura de la comunicación mediática.

(4) D.VA, simplemente “Donne in Vaticano”, es la sigla de la recién creada Asociación exclusivamente femenina, abierta a las mujeres empleadas de la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede y sus instituciones relacionadas, seculares y religiosas, en servicio o ya jubiladas.  Su Estatuto ha sido aprobado por las autoridades competentes y por el Acto Constitutivo, firmado el 1 de septiembre de 2016, en el Gobernatorio del Estado de la Ciudad del Vaticano.  La Presidenta de la Asociación es actualmente Tracey McClure, periodista británica adscrita a Radio Vaticano.

¿Por qué los romanos cambiaron las ánforas de barro por los barriles de roble?

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–  Javier Sanz

La recogida selectiva de residuos, tan en auge en diferentes países industrializados, tiene siglos de existencia.  Comenzó en Roma hace más de dos mil años, y prueba de ello es el Monte Testaccio (ver imagen supra) conocido también como Monte dei Cocci (Monte de los Cascos), una colina artificial con una altura de 50 metros (164 pies) y una base de 22,000 metros cuadrados (237,000 pies cuadrados, aproximadamente) construida con los restos de 25 millones de ánforas de barro en las que se transportaba el aceite de oliva (1) desde la provincia Bética (la actual Andalucía) en el sur de Hispania (España).

La fabricación de las ánforas era sencilla, las asas ayudaban en su manejo y eran fáciles de transportar en los barcos (las bodegas se cubrían con arena y en ella se enterraban parcialmente la parte cónica inferior de las ánforas).  Así que, en Grecia y Roma se convirtieron en los recipientes habituales para el transporte de los líquidos más preciados: el aceite y el vino. Entonces, ¿por qué y cuándo los romanos dejaron a un lado las ánforas de barro y adoptaron los barriles de roble?

Si para el transporte naval las ánforas eran el recipiente adecuado, para el transporte terrestre su forma no facilitaba el traslado en carros.  Sería a mediados del siglo I A.C. cuando Roma sometería la Galia (actual Francia) y los invasores conocieron la forma en que los galos almacenaban y transportaban la cerveza:  en barricas de roble.  Las legiones romanas fueron las primeras en adoptar las barricas de roble para transportar el vino que les acompañaba en sus múltiples expediciones de conquista, abandonando las incómodas ánforas de barro.

Aunque hoy en día el uso del roble francés o americano para el envejecimiento de los vinos es lo habitual por las características y particularidades de la madera, en aquella época la elección del roble no tenía que ver con los métodos de elaboración y crianza del vino, sino con la abundancia de estos árboles en Europa y porque su madera se puede doblar con relativa facilidad para construir los barriles.

Siguiendo el ejemplo de sus ejércitos, los comerciantes de Roma adoptaron rápidamente los barriles de madera en lugar de las ánforas:  eran más resistentes que la arcilla, pesaban menos y se podían mover con menos esfuerzo haciéndolos rodar.  Además, a diferencia de las ánforas de arcilla, los barriles de madera permiten la oxidación y aportan sabores, olores y matices.

De esta forma, comprobaron que los vinos enviados a largas distancias en los barriles de roble mejoraban cuando llegaban a su destino.

Si hace siglos los barriles de roble comenzaron a utilizarse por la facilidad en el transporte y la cantidad de madera disponible entonces, hoy tienen que ver con el olor y el sabor que aportan al vino.

(1) Los arqueólogos calculan que el aceite transportado en esos envases permitió abastecer la mitad del consumo anual (6 litros / 1.60 galón) de aceite de oliva de un millón de personas durante 250 años.

Nota:  Véase en Internet, del mismo autor de este artículo, su interesante blog http://www.historiasdelahistoria.com

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La Salle en San Patricio, la Catedral de Nueva York

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–  Manuel R. de Bustamante

La Catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51, y es la segunda sede catedralicia de Diócesis neoyorquina, convertida en Archidiócesis el 19 de julio de 1850.  La primera Iglesia de San Patricio estaba situada en la calle Mott, en lo que entonces era la zona más exclusiva de la joven ciudad, hoy pleno barrio chino.  En aquella época el cubano Padre Félix Varela (1788-1853) era Vicario de la Diócesis de Nueva York y, con ese rango, asistió en representación del Obispo a un Concilio celebrado en Baltimore.  Detrás del altar mayor de la actual Catedral, dirigiéndose hacia la sacristía, existe una placa situada a la derecha, en la que se hace constar la condición de Vicario alcanzada por el Siervo de Dios Padre Varela, cuya Causa de Beatificación se encuentra actualmente en estudio en Roma.

Al entrar por la puerta principal de la Catedral (1), en la primera Capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el Altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco (véase imagen supra).  Esta Capilla fue consagrada el 10 de diciembre de 1900 (2) por el Arzobispo Corrigan.  Hay que señalar que es la segunda Capilla en todo el mundo (3) que ha sido dedicada a nuestro “Padre y Maestro”.

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados.  En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos De La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.  La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales.  Sobre el citado altar se encuentra el vitral que regalaron los Hermanos con motivo de la Beatificación del Fundador, promulgada el 14 de febrero de 1888 por el Papa León XIII.

Existe otro precioso vitral que representa la aprobación de las Reglas del Instituto, el 26 de enero de 1725, por el Papa Benedicto XII.  En este último se puede apreciar al Papa sentado en su trono recibiendo el documento que le entrega el Superior General Hermano Timothée.  Los vistosos uniformes de la Guardia Suiza junto a los ornamentos de los acompañantes del Santo Padre contrastan con el oscuro hábito de los Hermanos presentes en el solemne acto.

Antes de salir de la Catedral por la puerta que desemboca en la calle 50, podemos contemplar un vitral de grandes dimensiones en el que figura otro detalle lasallista. Está representado el Arquitecto Renwick presentando los planos del edificio al Arzobispo Hugues, que se encuentra sentado ante una mesa.  Rodeándola, se puede ver al Cardenal McCloskey, su Secretario el Rvdo. John M. Farley -quien, posteriormente fue el segundo Cardenal de Nueva York-, M. Lorin, autor del vitral, un franciscano, un Hermano De La Salle, varios religiosos, y un office boy (futuro arquitecto) desplegando un rollo de dibujos con los planos.  A un lado de la mesa podemos ver un portafolio con la inscripción “James Renwick Esq., New York”, junto a los dígitos 1879, correspondientes al año de ejecución del vitral.

(1)  Para más información véase  http://www.saintpatrickscathedral.org

(2)  San Juan Bautista De La Salle fue canonizado el 24 de mayo de 1900 por el Papa León XIII.  El santoral indica que su fiesta se celebra el 7 de abril, el mismo día y mes de su fallecimiento en 1719.

(3  La primera Capilla dedicada a San Juan Bautista De La Salle se encuentra ubicada en el Istituto San Giuseppe-Istituto De Merone (Roma) y fue inaugurada en 1888, año de su Beatificación.  Con motivo del tercer centenario de su nacimiento se le dedicó en 1951 una Iglesia cercana a la Casa Generalicia, y en la Diócesis de Roma tiene otra Iglesia en la zona de Torrino consagrada en el año 2009.  También existen Iglesias dedicadas a San Juan Bautista De La Salle en Canadá (Montreal), Colombia (Bogotá, Cartagena, Medellín y Soledad), España (Jerez y Sevilla), Francia (París), México (León [Guanajuato], Monclova y Monterrey), Panamá (Panamá), Perú (Lima), Puerto Rico (Bayamón), República Dominicana (Santo Domingo) y Lara (Venezuela), entre otros lugares de culto.

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Hermano Victorino De La Salle, guía de la juventud

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–  Alberto Sala Mestres

Hace cincuenta años fallecía en Puerto Rico el Hermano Victorino De La Salle (1885-1966).  Nacido en Francia, había llegado a La Habana junto a otros Hermanos De La Salle en 1905, tres años después de la independencia del país, que contaba entonces con menos de dos millones de habitantes (el censo oficial de 1907 registró 2.048.980 personas).

La situación de la Iglesia en Cuba, a principios del siglo XX, se caracterizaba por el manifiesto rechazo de una gran parte de la población, ya que casi la totalidad del clero era originario de España y la jerarquía eclesiástica no había mostrado mayor entusiasmo por las ansias independentistas de los cubanos.  La labor realizada entonces por las congregaciones religiosas, provenientes de diversos países, que se fueron estableciendo en la Isla en los primeros años de la República, fue muy eficaz para restablecer el acercamiento de los fieles y sus familias a la Iglesia mediante la fundación de numerosos colegios católicos que ofrecían una educación más moderna, lejos de los cánones de la Metrópoli, mientras impartían valores cristianos en el curso de una nueva evangelización.

El acertado criterio del Hermano Victorino le hizo ver que hacía falta algo más que las asociaciones o grupos que se formaban en torno a los colegios católicos para mantener la vigencia de la fe y la práctica de la religión.  Era necesario organizar un movimiento diferente, innovador, comprometido y valiente.

Así surgió, en 1928, la Federación de la Juventud Católica Cubana (ver escudo supra), una asociación organizada a través de grupos y coordinada a nivel diocesano, que mantenía y desarrollaba el apostolado como objetivo de los católicos comprometidos con la labor de la Iglesia.  Los denominados federados recibían una formación que se actualizaba de forma permanente a través de cursos, seminarios y encuentros periódicos, con el apoyo explícito del Episcopado cubano.  El diseño de ese movimiento laico y sus actuaciones, siguiendo las pautas del Hermano Victorino, se adelantaron en años al protagonismo que tienen los seglares en la vida de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II.

En 1943 la Federación se integró en la Acción Católica Cubana, organización creada a nivel global por el Papa Pío XI mediante la encíclica Ubi Arcano Dei.  Se denominó entonces Federación de la Juventud Masculina y Femenina de Acción Católica Cubana.

Con el paso de los años los federados se fueron organizando en cuatro movimientos especializados:  la Juventud Acción Católica (JAC), integrada por los grupos generales radicados en todas las Parroquias de Cuba; la Juventud Estudiantil Católica (JEC), formada por los grupos establecidos en los colegios y centros de enseñanza secundaria; la Juventud Obrera Católica (JOC), integrada por los grupos obreros radicados en las distintas localidades; y la Juventud Universitaria Católica (JUC), constituida por los grupos establecidos en las Universidades de Cuba.

Al cumplirse, en 1953, los veinticinco años de su fundación, la expansión alcanzaba a todo el país con una eficaz coordinación territorial en ciudades y provincias, bajo una dirección nacional a la que pertenecía como guía y mentor el Hermano Victorino.  Se le consideraba entonces como la organización de jóvenes más importante de Cuba.

En la IV Semana Internacional de Acción Católica, celebrada en Montevideo (Uruguay) en octubre de 1956, la delegación cubana señalaba en su informe que la Acción Católica Cubana contaba en esas fechas con 1,080 Grupos, formados por un total de 32,000 miembros, la mayoría de ellos federados.

El Hermano Victorino había recibido una especial gracia de Dios:  el peculiar carisma que le acompañó toda la vida.  Esa forma de ser y convencer, fue decisiva en la siembra de vocaciones sacerdotales y religiosas, surgidas en su mayoría entre las filas de sus queridos federados. La cifra documentada que nos ofrece la historiadora Teresa Fernández Soneira (1) asciende a un total de 238 sacerdotes y religiosos / religiosas de diferentes congregaciones y órdenes. Hay que señalar que, teniendo en cuenta las dificultades para obtener esa información, la cifra podría ser incluso mayor.

Una labor paralela, en la década de 1950, fue la creación de los Equipos de Matrimonios Cristianos, inspirados en los Équipes Notre-Dame (END) fundados en Francia en 1939 por el P. Henri Caffarel.  A su vez, en las cercanías de la Universidad de La Habana se fundó el Hogar Católico Universitario, punto de reunión de los miembros de la Juventud Universitaria Católica (JUC), que servía también de alojamiento a los universitarios que se trasladaban a la capital para realizar sus estudios.

El 1 de mayo de 1961, las autoridades estatales cubanas decidieron suprimir toda clase de educación privada o religiosa.  Por citar sólo un dato, para los Hermanos De La Salle significaba el cierre y nacionalización de nueve colegios y una universidad, con un total de más de seis mil alumnos matriculados.

A partir de esa fecha, la expulsión de numerosos sacerdotes y religiosos, unida a  las restricciones impuestas a la Iglesia cubana para desarrollar su labor pastoral y social, supuso el paulatino declive de la obra fundada por el Hermano Victorino.  En 1967, el Episcopado cubano tomó la decisión de disolver oficialmente la Acción Católica Cubana con sus estructuras y líneas de trabajo conocidas. Años más tarde, el Hermano. Victorino escribía a un federado  “… Los designios de Dios son inescrutables, pero Él mismo nos ha recomendado la Fe y la confianza.  Lo que sembramos no se perdió… las raíces quedan en buena tierra y algún día el árbol volverá a ser frondoso.  Si no lo vemos, otros lo verán, y tal vez se acuerden de los sembradores”.

En 1961 el Hermano Victorino viaja a Nueva York, para trasladarse después a Canadá y establecerse en 1962 en Puerto Rico donde pasaría los últimos años de su vida.  Nunca regresaría a Cuba. Durante estos pocos años mantuvo una correspondencia frecuente con sus antiguos federados y viajó ocasionalmente a Miami para reunirse con ellos. En sus cartas se percibía su estado de ánimo decaído y triste, aunque siempre solícito para responder a quienes le escribían confiándole sus preocupaciones.

A medida que avanzaba el año 1966 la salud del Hermano Victorino se fue debilitando progresivamente.  En el mes de abril fue ingresado en un Hospital a causa de una neumonía y, a pesar de una atención médica constante, falleció al amanecer del día 16. En septiembre de ese año iba a cumplir 81 años de edad.  Sus restos, depositados en una pequeña urna, se encuentran en el Panteón de los Hermanos De La Salle en el Cementerio Porta Coeli ubicado en Bayamón (Puerto Rico).  Dentro de la urna, junto a sus restos, se depositaron una pequeña bandera cubana, el escudo de la Federación de la Juventud Católica Cubana y un rosario, cumpliendo así su deseo testamentario. Cuando se considere el momento adecuado la urna con sus restos mortales se trasladará a La Habana, siguiendo así sus indicaciones testamentarias, para enterrarla frente a la réplica de la Gruta de Lourdes que, por iniciativa suya, se construyó en 1958 en el lateral derecho de la fachada de la Iglesia conocida popularmente como Jesús de Miramar (su nombre original es Jesús Nazareno).

Tras su fallecimiento, las personas que le conocieron recopilaron datos y testimonios sobre su vida ejemplar.  Un número importante de católicos consideraba que existían evidencias suficientes para iniciar el reconocimiento de su santidad.  El Cardenal de Puerto Rico, Mons. Luis Aponte Martínez, respaldó esas peticiones y el 30 de marzo de 1999 dictó el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación del ya considerado Siervo de Dios Hermano Victorino De La Salle (2).

Se siguió entonces el procedimiento habitual en estos casos, otorgándosele el 6 de mayo de 2005 validez jurídica a la documentación enviada a Roma.  El Relator de la Causa de Beatificación, Fr. Vincenzo Criscuolo Ofm.Cap. concluyó el 17 de noviembre de 2015 la redacción de la Positio (documento de 590 páginas que incluye, además de los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos del Siervo de Dios) que será examinado por una Comisión de Teólogos consultores nombrados por la Congregación para las Causas de los Santos.

Según la normativa vigente, con posterioridad, en sesión solemne de Cardenales y Obispos, la Congregación para las Causas de los Santos analizará esas conclusiones y, si aprueba la Positio, el Papa dictará el Decreto de Heroicidad de Virtudes estableciendo que el, hasta entonces Siervo de Dios, pase a ser considerado como Venerable.

Un milagro atribuido al Venerable, debidamente investigado y certificado lo convertiría en Beato.  Un segundo milagro lo confirmaría como Santo.

El Hermano Victorino, ese Hermano De La Salle de voz pausada y aspecto tímido, pero de una gran tenacidad en su decidida vocación de guía y formador de la juventud, ha iniciado su camino hacia la santidad.  Ora pro nobis.

(1)  Teresa Fernández Soneira, Con la estrella y la cruz (Vol. 1, 488 págs. Vol. 2, 399 págs.),  Ediciones Universal, Miami (Fl.),  2002.

(2)   Véase  http://www.victorinodelasalle.org

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La llave de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén

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–  David Alandete

Con peculiar orgullo Adeeb Joudeh asegura que “esta llave se la dio a mi familia Saladino (1138-1193) en persona”.  Haciendo honor a tan añejo linaje, la llave forjada en el año 1149 es grave, larga y negra de tan oxidada.  Se abren con ella las dos formidables puertas de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén que, según la tradición cristiana, alberga entre otras reliquias parte de la roca del Gólgota, el lugar donde Jesucristo fue crucificado.

Razones tenía Saladino para entregar a familias musulmanas la llave y el control de las puertas.  Entre ellas, la de evitar que el templo volviera a manos de los cruzados.  En la actualidad, los descendientes de aquellos musulmanes mantienen la tradición, con la complicada misión de evitar enfrentamientos inútiles entre las diversas denominaciones cristianas que custodian el recinto.

Una pequeña escalera de madera reposa desde principios del siglo XIX bajo el alféizar de una de las ventanas ubicadas en el primer piso.  Como es una zona de administración común todos deben ponerse de acuerdo para quitarla, algo que no ha sucedido hasta el día de hoy.

Los Joudeh, depositarios de la llave desde el siglo XII, velan por la tradición y el orden junto a otra familia musulmana, los Nuseibeh, encargados de custodiar las puertas en sí mismas,  Cada día repiten el mismo ceremonial.  A las cuatro de la mañana el guardián de las puertas -o quien él designe- las golpea con los nudillos.  En la situada a la derecha se abre un ventanuco (ver imagen supra), por el que un monje hace pasar una escalera de madera de mano con ocho travesaños. La utiliza entonces el depositario de la llave para poder abrir un elevado cerrojo ubicado en la puerta izquierda. Desde dentro se empuja la citada puerta y el custodio abre entonces la que se halla a la derecha.  Se cierran de forma inversa al anochecer.  Una veintena de monjes pernocta en el interior.

Los Nuseibeh y los Joudeh han tenido en el transcurso de los años sus más y sus menos.  Los Nuseibeh sostienen que la custodia de las puertas fue suya desde los tiempos de Omar, el segundo califa, que tomó Jerusalén en el siglo VII.  Por su parte, los Joudeh afirman que poseen la llave desde los días en que el sultán Saladino devolvió a manos musulmanas Jerusalén.  Las dos familias poseen documentación histórica que valida sus enfrentadas tesis.

Ambas partes han llegado a un acuerdo que delimita sus funciones, y que ha sido refrendado por los líderes religiosos que comparten el recinto.  Se resume en una simple división de un mismo objeto:  las puertas en cuestión las custodian la familia Nuseibeh, pero la llave que las abre la posee la familia Joudeh.  Esta forma de gestionar el acceso a través de las citadas puertas se denomina statu quo.

La curiosa forma de administrar la puertas de entrada de la Basílica del Santo Sepulcro se compiló en los años del Imperio otomano, la asumió Gran Bretaña cuanto tomó posesión de estas tierras, y las han respetado posteriormente Jordania e Israel.

Por la solemne carga de estas ceremonias las dos familias no reciben retribución alguna. “Es una cuestión de honor. Somos custodios de la entrada al Santo Sepulcro. Es pago suficiente”, afirma Adeeb Joudeh depositario de la legendaria llave de las puertas.  Es cierto, pero también deben de trabajar para alimentar a sus familias. Por eso él y Wajeen Nuseibeh pagan a su vez a Omar Sumrin, de 40 años, que duerme en la lonja del histórico edificio y que, cuando ellos no pueden hacerse cargo del ritual, asume la prosaica labor de abrir y cerrar las puertas sin tanta solemnidad, a pesar de que su nombre no aparece en ninguno de los documentos que detallan el complejo statu quo ratificado por ambas familias.

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La Basílica del Santo Sepulcro (véase imagen supra) fue construida por el Emperador Constantino (272-337) en el año 326, ubicada en el lugar donde según la tradición se encuentra el Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado, y la tumba de José de Arimatea en la que se fue enterrado y donde resucitó.  Eusebio de Cesarea (265-340), conocido como “padre de la historia de la Iglesia”, describe con detalle la veracidad de estos hallazgos.  Para realizar una visita virtual de la Basílica del Santo Sepulcro véase en Internet  http://www.santosepulcro.custodia.org/default.asp?id=4330 

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