Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces (1955-2019)

La Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces se fundó en el año 1955 en la habanera Academia De La Salle. Formaron parte de ella determinados alumnos de los últimos cursos de enseñanza secundaria, elegidos por el claustro de profesores en razón de su rendimiento académico y la participación activa en la vida escolar.

El 1 de mayo de 1961, la decisión de las autoridades estatales cubanas de suprimir toda clase de educación privada o religiosa, supuso el cierre de las instituciones docentes de los Hermanos De La Salle en Cuba, que en ese momento contaban con más de seis mil alumnos matriculados en la enseñanza primaria y secundaria en nueve Colegios, así como en la Universidad De La Salle (La Habana, 1957).

En 1994 algunos académicos, con  el apoyo del Dr. Normán González Ferreira y el Dr. José María Granda, plantearon la posibilidad de reagrupar a aquellos jóvenes que en las aulas lasallistas habían formado parte, en el período 1955-1961, de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces, y se comenzó a editar la publicación Cuadernos de Pozos Dulces.  La entusiasta acogida de Cuadernos por sus lectores fue decisiva para la continuidad de la institución académica, y en el período 1994-2012 se publicaron 32 números con un total de 231 artículos de 102 autores diferentes.

En junio de 2012 se inició la edición digital de Cuadernos de Pozos Dulces en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com que concluyó en diciembre de 2019, con 178 artículos de 112 autores diferentes y 35,278 visitas / lectores.  Las personas interesadas pueden seguir viendo este blog en Internet donde figuran todos los artículos que se han publicado.  En las redes sociales su número de “amigos” en Facebook, en la fecha del cierre, llegó a alcanzar los 5,000.  Cuadernos de Pozos Dulces ha sido considerada como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas en los últimos veinticinco años.

Volviendo a los inicios, una vez restablecida la comunicación entre los académicos, se realizó en la ciudad de Miami un primer Encuentro Internacional en el año 1996, ocasión en la que en un solemne y sencillo acto se les impuso nuevamente a los académicos la medalla acreditativa de su condición. La medalla original realizada en 1955 en los talleres del diseñador Ignacio Herrera en La Habana, mide 1.5 pulgadas (3,8 centímetros de diámetro), y la corona el nombre De La Salle. La leyenda Labor improbus omnia vincit (El trabajo tenaz todo lo alcanza) figura en el anverso, y el reverso es una superficie lisa que carece de inscripción o dibujo. Realizada en bronce con un fino baño de oro de 18 quilates, se coloca sobre el pecho mediante una cinta de color azul. De una de las medallas originales se realizó en España un molde en caucho de fundición en los talleres del orfebre madrileño Julián Rey, quien ha confeccionado las medallas actuales.  En las sesiones académicas celebradas en 1998, 2002, 2006, 2008 y 2010 se amplió el número de académicos. 

La necesidad de disponer de una normativa que ordenara y rigiera las actividades de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces en su nueva etapa, condujo al establecimiento de unas Bases, aprobadas el 15 de marzo de 1998, que fueron actualizadas el 15 de mayo de 2007 y el 25 de julio de 2011 respectivamente.  En las Bases se menciona la inspiración lasallista que caracteriza a la Academia, reafirmándose la primacía de la fe, la esperanza y la caridad cristianas. Las Bases establecen la figura del Consejo Rector como órgano colegiado de decisión y gestión, en donde figura un académico elegido por cada promoción. En las citadas Bases se indica que el Consejo Rector lo preside una persona designada al efecto por la autoridad competente del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el Distrito de las Antillas (actualmente Distrito Antillas México Sur).

El Visitador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas adoptó, el 21 de julio de 1999, la decisión de aceptar a la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces como una comunidad cultural miembro de la familia lasallista, que nace y crece en torno al Distrito de las Antillas (actualmente Antillas México Sur). Esta distinción compromete a los académicos a servir con fidelidad a la familia De La Salle.

Entre las actividades desarrolladas han figurado el Encuentro Internacional 1998 convocado en Miami donde tuvo lugar la exposición y desarrollo del tema Cuba ante el próximo milenio en tres charlas coloquio diferenciadas; cuatro años después, el Encuentro Internacional 2002 desarrolló en la misma ciudad el tema El ser antillano; y en 2006 se abordó El legado histórico de la diáspora cubana en los Estados Unidos, con el apoyo de la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, concluyendo la programación en 2008 con una conferencia magistral del Arquitecto Nicolás Quintana con una síntesis de las Ideas y proyectos para la reconstrucción del patrimonio arquitectónico cubano. Posteriormente, en 2010 y 2012, se celebraron nuevas reuniones en la Casa Bacardí, Coral Gables, Fl.

Hay que señalar que, en julio de 2005, en el transcurso de los actos conmemorativos del centenario de la llegada de los Hermanos De La Salle a Cuba en 1905, el Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, expresó su confianza en la labor que realiza la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos, que ha cumplido actualmente 64 años de existencia desde su fundación, siendo la única institución cultural fundada en las aulas De La Salle en Cuba que ha permanecido todo ese tiempo en activo. 

El Consejo Rector, en la última reunión celebrada el 31 de mayo de 2019, acordó de acuerdo con la normativa vigente, disolver la citada institución cultural y estableció que su publicación Cuadernos de Pozos Dulces concluyera la trayectoria editorial publicando su último artículo en diciembre de 2019.  A su vez, la página de Cuadernos en Facebook y la cuenta de Twitter @pozosdulces se cerrarán en enero de 2020.

En la fecha de disolución de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales Conde de Pozos Dulces contaba con 71 académicos, de los cuales 52 residen en los Estados Unidos, 10 en Cuba, 5 en España, 2 en Puerto Rico, 1 en la República Dominicana y 1 en Suiza.

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Centenario de la Academia De La Salle (1915-2015)

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–  Alberto Sala Mestres

La Academia De La Salle se inauguró en La Habana el 3 de febrero de 1915, en un edificio ubicado en la calle Aguiar número 108 1/2 entre Teniente Rey y Amargura. Había transcurrido una década desde la llegada, en 1905, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (De La Salle) a Cuba.

La joven República, que había alcanzado la independencia en 1902, comenzaba a desarrollar una industria y comercio nacionales que necesitaba de la participación de personas preparadas en esa faceta de la economía, y así la Academia De La Salle se especializó, desde sus inicios, en la formación de jóvenes con una calificada formación en temas comerciales, que se impartían en un segundo ciclo de cuatro años a continuación de la educación primaria.  La Comunidad estaba formada, en sus inicios, por seis Hermanos De La Salle y su primer Director fue el Hno. José Crisóstomo (Víctor Renaud fsc).

El creciente número de alumnos de la Academia determinó su traslado a un edificio de mayores dimensiones, denominado La Quinta Toca, situado en la Avenida de Carlos III (ver imagen supra), donde se inició el curso 1922-1923.  En esa época había 300 alumnos matriculados y su primer Director fue el Hno. Ángel Pedro (Emilio Juan B. Wick fsc.). Los jardines originales, en dos niveles, fueron cubiertos de cemento para utilizarlos como amplios patios en los alrededores del edificio principal, y entre las innovaciones se contaba con un eficiente comedor para los alumnos que permanecían entre el horario de la mañana y el de la tarde, y un servicio de autobuses escolares propio para el traslado de los alumnos desde sus respectivos domicilios, con diferentes rutas que recorrían la ciudad.

Una vez más, debido al aumento del número de alumnos y la necesaria modernización de los locales para responder a un sistema de enseñanza más actualizada, la Academia De La Salle se trasladó en el curso 1953-1954 a un nuevo edificio, construido siguiendo criterios de eficacia y amplitud, ubicado en la calle Bellavista entre Tulipán y Lombillo, (ver imagen en color supra), en un sector de la ciudad de reciente urbanización denominado Centro Cívico.  En la entrada principal se colocó la vieja verja, un artístico cerramiento de hierro forjado que se encontraba en la fachada del edificio anterior, y que permanece en su sitio, inalterable a pesar de los años transcurridos desde su fundición original.   El 20 de mayo de 1956, el Ayuntamiento de La Habana otorgó a la calle Panorama (paralela a la calle Bellavista) el nombre de San Juan Bautista De La Salle, que es la única calle dedicada en Cuba al Santo Fundador.

Esa última etapa de la Academia De La Salle fue la más fecunda en cuanto a iniciativas, proyectos y realizaciones en el ámbito de la educación.  Con horarios diferentes a las enseñanzas de educación primaria y el ciclo de cuatro años siguientes especializado en formación de técnicas comerciales, se estableció a partir de 1953 en los edificios de la Academia el Centro de Altos Estudios Comerciales (CAEC), de nivel superior y vocación investigadora, al que se añadió posteriormente la rama especializada del Instituto Superior de Estudios de Crédito (ISEC).

Ambas instituciones de educación superior fueron el antecedente de la Universidad Social Católica San Juan Bautista, que obtuvo su reconocimiento oficial como Universidad privada por el Ministerio de Educación el 13 de marzo de 1957, comenzando su actividad académica en el curso 1957-1958, siendo reconocida como primera Universidad De La Salle en América Latina por el Superior General Hno. Nicet Joseph en su visita a Cuba realizada en el otoño de 1958.

Durante varios años las aulas de la Academia De La Salle acogieron a dos generaciones diferentes de lasallistas: en horario diurno a los estudiantes de primaria y estudios comerciales; y en horario nocturno a los jóvenes universitarios.

El 1 de mayo de 1961 se nacionalizó la totalidad de la educación privada en Cuba, con inclusión de todos los Colegios y Universidad De La Salle.  En ese momento había 600 alumnos matriculados en la Academia De La Salle y la Comunidad estaba formada por 20 Hermanos.  Su último Director fue el Hno. Pablo (Enrique Pizarro fsc) que actualmente, con 96 años de edad, reside en México en el Internado Infantil Guadalupano, que atiende a niños y jóvenes en situación de alto riesgo social, del que fue nombrado Director en 1985 y donde ha permanecido 25 años, los últimos once como Hermano retirado.

El deterioro creciente de los edificios de la Academia De La Salle hace pensar que no podrán ser utilizados en el futuro.  No obstante, su céntrica ubicación delimitada por cuatro calles, y el amplio espacio edificable, deberían tenerse en cuenta para futuros proyectos educativos cuando las circunstancias lo permitan.

En el transcurso de su centenario (de los cuales 46 años activos en el período 1915-1961) ejercieron su magisterio en la Academia De La Salle un total de 96 Hermanos de las Escuelas Cristianas, junto a un numeroso grupo de profesores seglares.  Los antiguos alumnos les reiteran que  siempre serán fieles al credo aprendido.

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Vivir como Hermano De La Salle en Cuba

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–  Luis Franco Aguado, fsc

Vivir como Hermano De La Salle en Cuba es una vida plena.  Las cosas de Dios son como son, a su estilo, con muchos imprevistos, con caminos que se van perfilando sin que uno los haya programado. Dios siempre sobrepasa cualquier programa y termina sorprendiéndonos.

En mayo de 1987 el Hno. John Johnston (1933-2007), Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, me preguntó si estaba disponible para ir a trabajar a Cuba. Le comenté que, a mi edad, iniciar una nueva andadura supondría un esfuerzo adicional de inculturación, de estudio de la Historia del lugar (Historia con mayúscula, la de los grandes acontecimientos y la de la letra pequeña, donde se cuenta la vida de los más pobres), y con ello el descubrimiento de la idiosincrasia del pueblo, el acercamiento al corazón -sobre todo de aquellos a quienes el Sistema margina sistemáticamente- y prepararme más a fondo en sociología y teología. Él me dijo que me diera un tiempo para pensarlo, pero que dejaba la decisión en mi mano. Después de meditarlo en la presencia de Dios le comuniqué que dispusiera de mí, pues a fin de cuentas había hecho un voto de obediencia y ya era hora de que lo pusiera en práctica.

En septiembre de 1989 –después de estar solicitándolo durante 15 años- el Estado Cubano permitió la entrada de tres Hermanos a la Isla. Uno de los tres fuí yo. Tenía 45 años, veinte de los cuales vividos con intensidad e ilusión en Nicaragua, donde dejaba muchos y buenos amigos.

Me dijeron que la experiencia sería por tres años. Fueron en total 24, acompañando a los hombres y mujeres de Cuba, intentando alegrarme con sus alegrías, soñar sus “sueños” y proyectar futuro junto con ellos.

Quizá a algunos les extrañe que, al pensar en mi experiencia cubana, me venga a la mente eso de “vida plena”. Lo cierto es que es así, a pesar de las limitaciones y la escasez con que ahí se vive a diario, uno termina entendiendo que la sensación de plenitud depende de las pequeñas decisiones con la que alimentamos nuestro día a día, las que dependen, a su vez, de nosotros mismos.

Los veinticuatro años de mi vida en Cuba, el contacto diario con tantas personas de corazón dispuesto, de acogida franca y cercanía espiritual, me permitió ir creciendo como persona, como cristiano, como Hermano de La Salle y como amigo.

Comparto con ustedes algunos regalos que me he traído de esa bendita tierra de “Cachita”.

Capacidad de ser agradecido:  Es difícil ser feliz si no valoramos lo que tenemos. Pensar con gratitud nos ayuda a saborear las experiencias positivas, a reforzar la autoestima y el amor propio. Además, la gratitud es el antídoto para evitar la queja. Desde mis años en Cuba, antes de dormir reviso tres cosas buenas que me han sucedido durante el día, y esto me ayuda a ser agradecido.

Mirar la vida con optimismo Cada día, a pesar de mis 70 años, me pregunto cómo me gustaría ser en un futuro. Por supuesto que no pienso en cosas materiales, sino en la vida misma, en los valores que quisiera vivir y transmitir, en el comportamiento que querría desarrollar en un tiempo. Por ejemplo, poder vivir más espacios de ternura, tener más paciencia, o entusiasmarme más con mis proyectos. Esto me ayuda a ser optimista.

Evitar darle vueltas a las cosas y las comparaciones con otros:  Creo que el compararnos con otros es siempre como optar por la infelicidad. Creernos mejores nos da un sentimiento de superioridad insano. Si nos consideramos peores, desmerecemos nuestro trabajo y el progreso que hayamos conseguido. Por eso, lejos de compararme con otros, cada día me pongo un reto:  convertirme en la mejor expresión de mí mismo al margen de lo que hagan otros. Y es que, cuando pensamos demasiado, o damos vueltas a las cosas de forma innecesaria, nos desgastamos profundamente. De hecho, cuando me asalta una idea negativa, busco un recuerdo bonito, una imagen o una canción que me da paz.  En definitiva, es uno mismo quien alimenta o no unos pensamientos u otros.

Intentar cada día ser amable:  En Cuba descubrí que ser generoso y atento con los demás, aunque sea un solo día a la semana, me permite registrar un incremento de felicidad considerable.  Ahora intento rodearme de personas con comportamientos agradables, así mis niveles de estrés se reducen considerablemente.  Descubrir eso me ha llevado a incorporar la amabilidad  -también la ternura-  en mi día a día para disponer de una vida plena.

Cuidar las relaciones sociales:  Quienes me conocen saben que me gusta estar siempre ocupado. Los cubanos me enseñaron que dedicar tiempo a comunicarme, manifestar apoyo y lealtad, son algunas de las actividades que han demostrado eficacia para incrementar mis niveles de felicidad.  La amistad es una de las grandes riquezas que he cultivado en la Isla.

Ponerle cara a la vida:  Es algo que va con mi persona.  Cuando uno afronta la realidad de cada día siente que el dolor o el estrés provocados por un acontecimiento negativo se alivian.  La negación es una actitud que alimenta el conflicto.  Ahora, siempre recomiendo a aquellos a los que acompaño que busquen canales para expresar lo que les duele y, así, poder afrontarlo.

Aprender a perdonar:  Muy nuestro, de los cristianos.  En estos años de Cuba me encontré con personas que, a pesar de los sufrimientos que otros les habían causado, perdonaban de corazón.  Con esa actitud tan cristiana, les disminuían sus emociones negativas y aumentaba su autoestima y su esperanza.  Ahora me es más fácil perdonar, y aprecio el ser perdonado.

Saborear las alegrías de la vida:  Por esa hiperactividad, tan propia de mi temperamento, he pasado bastantes veces de largo por las alegrías de la vida sin disfrutarlas. Ahora, actividades como saborear las experiencias comunes, disfru­tar y rememorar con familiares y amigos, festejar las buenas noticias o permanecer abierto a la belleza y la excelencia, permiten incrementar mi sensación de plenitud.  Por cierto, ¿hace cuánto que los lectores de Cuadernos no celebran un éxito por pequeño que sea?

Comprometerme con los muchos “sueños” que Dios me regala a diario:  Creo que cuando se me agoten los “sueños”, la posibilidad de iniciar nuevos proyectos en la vida, me iré marchitando sin remedio.  La Iglesia Cubana –y en particular el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle)- me regalaron infinidad de oportunidades para “soñar”, y me ofrecieron medios para hacer realidad esos “sueños”. A lo largo de los 24 años, la sorpresa se ha topado conmigo en infinidad de esquinas, por eso le doy gracias a Dios y a todos los que lo hicieron posible.

Ponerle sonrisa a la vida:  Algo muy propio de los cubanos, que aprendí también en esa bendita tierra. Y ponen esa sonrisa a pesar de las dificultades, de los “sueños” truncados, de las esperanzas a punto de marchitarse.  Ahora me es más fácil actuar como una persona feliz  -es decir, expresar las emociones positivas con gestos como reír o sonreír-  y se lo debo a ellos.

Todos esos “regalos cubanos” me han permitido vivir allí una vida plena.

Por todo ello,  ¡Gracias a todos, muchas gracias!

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Durante su estancia en España, en el año 2000, Luis Franco Aguado fsc (ver imagen supra) impulsó la creación en Madrid de la ONGD (non profit organization) Hombre Nuevo Tierra Nueva  de apoyo a la labor de los Hermanos De La Salle en Cuba (véase en Internet http://www.ongayudacuba.org   Entre sus promotores se encontraba el Dr. José María Granda (1921-2003), Rector de la Universidad San Juan Bautista De La Salle (La Habana, 1957), primera Universidad de los Hermanos De La Salle en América Latina.

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