Centenario de la Academia De La Salle (1915-2015)

Acad.DLS.1

–  Alberto Sala Mestres

La Academia De La Salle se inauguró en La Habana el 3 de febrero de 1915, en un edificio ubicado en la calle Aguiar número 108 1/2 entre Teniente Rey y Amargura. Había transcurrido una década desde la llegada, en 1905, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (De La Salle) a Cuba.

La joven República, que había alcanzado la independencia en 1902, comenzaba a desarrollar una industria y comercio nacionales que necesitaba de la participación de personas preparadas en esa faceta de la economía, y así la Academia De La Salle se especializó, desde sus inicios, en la formación de jóvenes con una calificada formación en temas comerciales, que se impartían en un segundo ciclo de cuatro años a continuación de la educación primaria.  La Comunidad estaba formada, en sus inicios, por seis Hermanos De La Salle y su primer Director fue el Hno. José Crisóstomo (Víctor Renaud fsc).

El creciente número de alumnos de la Academia determinó su traslado a un edificio de mayores dimensiones, denominado La Quinta Toca, situado en la Avenida de Carlos III (ver imagen supra), donde se inició el curso 1922-1923.  En esa época había 300 alumnos matriculados y su primer Director fue el Hno. Ángel Pedro (Emilio Juan B. Wick fsc.). Los jardines originales, en dos niveles, fueron cubiertos de cemento para utilizarlos como amplios patios en los alrededores del edificio principal, y entre las innovaciones se contaba con un eficiente comedor para los alumnos que permanecían entre el horario de la mañana y el de la tarde, y un servicio de autobuses escolares propio para el traslado de los alumnos desde sus respectivos domicilios, con diferentes rutas que recorrían la ciudad.

Una vez más, debido al aumento del número de alumnos y la necesaria modernización de los locales para responder a un sistema de enseñanza más actualizada, la Academia De La Salle se trasladó en el curso 1953-1954 a un nuevo edificio, construido siguiendo criterios de eficacia y amplitud, ubicado en la calle Bellavista entre Tulipán y Lombillo, (ver imagen en color supra), en un sector de la ciudad de reciente urbanización denominado Centro Cívico.  En la entrada principal se colocó la vieja verja, un artístico cerramiento de hierro forjado que se encontraba en la fachada del edificio anterior, y que permanece en su sitio, inalterable a pesar de los años transcurridos desde su fundición original.   El 20 de mayo de 1956, el Ayuntamiento de La Habana otorgó a la calle Panorama (paralela a la calle Bellavista) el nombre de San Juan Bautista De La Salle, que es la única calle dedicada en Cuba al Santo Fundador.

Esa última etapa de la Academia De La Salle fue la más fecunda en cuanto a iniciativas, proyectos y realizaciones en el ámbito de la educación.  Con horarios diferentes a las enseñanzas de educación primaria y el ciclo de cuatro años siguientes especializado en formación de técnicas comerciales, se estableció a partir de 1953 en los edificios de la Academia el Centro de Altos Estudios Comerciales (CAEC), de nivel superior y vocación investigadora, al que se añadió posteriormente la rama especializada del Instituto Superior de Estudios de Crédito (ISEC).

Ambas instituciones de educación superior fueron el antecedente de la Universidad Social Católica San Juan Bautista, que obtuvo su reconocimiento oficial como Universidad privada por el Ministerio de Educación el 13 de marzo de 1957, comenzando su actividad académica en el curso 1957-1958, siendo reconocida como primera Universidad De La Salle en América Latina por el Superior General Hno. Nicet Joseph en su visita a Cuba realizada en el otoño de 1958.

Durante varios años las aulas de la Academia De La Salle acogieron a dos generaciones diferentes de lasallistas: en horario diurno a los estudiantes de primaria y estudios comerciales; y en horario nocturno a los jóvenes universitarios.

El 1 de mayo de 1961 se nacionalizó la totalidad de la educación privada en Cuba, con inclusión de todos los Colegios y Universidad De La Salle.  En ese momento había 600 alumnos matriculados en la Academia De La Salle y la Comunidad estaba formada por 20 Hermanos.  Su último Director fue el Hno. Pablo (Enrique Pizarro fsc) que actualmente, con 96 años de edad, reside en México en el Internado Infantil Guadalupano, que atiende a niños y jóvenes en situación de alto riesgo social, del que fue nombrado Director en 1985 y donde ha permanecido 25 años, los últimos once como Hermano retirado.

El deterioro creciente de los edificios de la Academia De La Salle hace pensar que no podrán ser utilizados en el futuro.  No obstante, su céntrica ubicación delimitada por cuatro calles, y el amplio espacio edificable, deberían tenerse en cuenta para futuros proyectos educativos cuando las circunstancias lo permitan.

En el transcurso de su centenario (de los cuales 46 años activos en el período 1915-1961) ejercieron su magisterio en la Academia De La Salle un total de 96 Hermanos de las Escuelas Cristianas, junto a un numeroso grupo de profesores seglares.  Los antiguos alumnos les reiteran que  siempre serán fieles al credo aprendido.

____________________

Anuncios

Vivir como Hermano De La Salle en Cuba

montaje

–  Luis Franco Aguado, fsc

Vivir como Hermano De La Salle en Cuba es una vida plena.  Las cosas de Dios son como son, a su estilo, con muchos imprevistos, con caminos que se van perfilando sin que uno los haya programado. Dios siempre sobrepasa cualquier programa y termina sorprendiéndonos.

En mayo de 1987 el Hno. John Johnston (1933-2007), Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, me preguntó si estaba disponible para ir a trabajar a Cuba. Le comenté que, a mi edad, iniciar una nueva andadura supondría un esfuerzo adicional de inculturación, de estudio de la Historia del lugar (Historia con mayúscula, la de los grandes acontecimientos y la de la letra pequeña, donde se cuenta la vida de los más pobres), y con ello el descubrimiento de la idiosincrasia del pueblo, el acercamiento al corazón -sobre todo de aquellos a quienes el Sistema margina sistemáticamente- y prepararme más a fondo en sociología y teología. Él me dijo que me diera un tiempo para pensarlo, pero que dejaba la decisión en mi mano. Después de meditarlo en la presencia de Dios le comuniqué que dispusiera de mí, pues a fin de cuentas había hecho un voto de obediencia y ya era hora de que lo pusiera en práctica.

En septiembre de 1989 –después de estar solicitándolo durante 15 años- el Estado Cubano permitió la entrada de tres Hermanos a la Isla. Uno de los tres fuí yo. Tenía 45 años, veinte de los cuales vividos con intensidad e ilusión en Nicaragua, donde dejaba muchos y buenos amigos.

Me dijeron que la experiencia sería por tres años. Fueron en total 24, acompañando a los hombres y mujeres de Cuba, intentando alegrarme con sus alegrías, soñar sus “sueños” y proyectar futuro junto con ellos.

Quizá a algunos les extrañe que, al pensar en mi experiencia cubana, me venga a la mente eso de “vida plena”. Lo cierto es que es así, a pesar de las limitaciones y la escasez con que ahí se vive a diario, uno termina entendiendo que la sensación de plenitud depende de las pequeñas decisiones con la que alimentamos nuestro día a día, las que dependen, a su vez, de nosotros mismos.

Los veinticuatro años de mi vida en Cuba, el contacto diario con tantas personas de corazón dispuesto, de acogida franca y cercanía espiritual, me permitió ir creciendo como persona, como cristiano, como Hermano de La Salle y como amigo.

Comparto con ustedes algunos regalos que me he traído de esa bendita tierra de “Cachita”.

Capacidad de ser agradecido:  Es difícil ser feliz si no valoramos lo que tenemos. Pensar con gratitud nos ayuda a saborear las experiencias positivas, a reforzar la autoestima y el amor propio. Además, la gratitud es el antídoto para evitar la queja. Desde mis años en Cuba, antes de dormir reviso tres cosas buenas que me han sucedido durante el día, y esto me ayuda a ser agradecido.

Mirar la vida con optimismo Cada día, a pesar de mis 70 años, me pregunto cómo me gustaría ser en un futuro. Por supuesto que no pienso en cosas materiales, sino en la vida misma, en los valores que quisiera vivir y transmitir, en el comportamiento que querría desarrollar en un tiempo. Por ejemplo, poder vivir más espacios de ternura, tener más paciencia, o entusiasmarme más con mis proyectos. Esto me ayuda a ser optimista.

Evitar darle vueltas a las cosas y las comparaciones con otros:  Creo que el compararnos con otros es siempre como optar por la infelicidad. Creernos mejores nos da un sentimiento de superioridad insano. Si nos consideramos peores, desmerecemos nuestro trabajo y el progreso que hayamos conseguido. Por eso, lejos de compararme con otros, cada día me pongo un reto:  convertirme en la mejor expresión de mí mismo al margen de lo que hagan otros. Y es que, cuando pensamos demasiado, o damos vueltas a las cosas de forma innecesaria, nos desgastamos profundamente. De hecho, cuando me asalta una idea negativa, busco un recuerdo bonito, una imagen o una canción que me da paz.  En definitiva, es uno mismo quien alimenta o no unos pensamientos u otros.

Intentar cada día ser amable:  En Cuba descubrí que ser generoso y atento con los demás, aunque sea un solo día a la semana, me permite registrar un incremento de felicidad considerable.  Ahora intento rodearme de personas con comportamientos agradables, así mis niveles de estrés se reducen considerablemente.  Descubrir eso me ha llevado a incorporar la amabilidad  -también la ternura-  en mi día a día para disponer de una vida plena.

Cuidar las relaciones sociales:  Quienes me conocen saben que me gusta estar siempre ocupado. Los cubanos me enseñaron que dedicar tiempo a comunicarme, manifestar apoyo y lealtad, son algunas de las actividades que han demostrado eficacia para incrementar mis niveles de felicidad.  La amistad es una de las grandes riquezas que he cultivado en la Isla.

Ponerle cara a la vida:  Es algo que va con mi persona.  Cuando uno afronta la realidad de cada día siente que el dolor o el estrés provocados por un acontecimiento negativo se alivian.  La negación es una actitud que alimenta el conflicto.  Ahora, siempre recomiendo a aquellos a los que acompaño que busquen canales para expresar lo que les duele y, así, poder afrontarlo.

Aprender a perdonar:  Muy nuestro, de los cristianos.  En estos años de Cuba me encontré con personas que, a pesar de los sufrimientos que otros les habían causado, perdonaban de corazón.  Con esa actitud tan cristiana, les disminuían sus emociones negativas y aumentaba su autoestima y su esperanza.  Ahora me es más fácil perdonar, y aprecio el ser perdonado.

Saborear las alegrías de la vida:  Por esa hiperactividad, tan propia de mi temperamento, he pasado bastantes veces de largo por las alegrías de la vida sin disfrutarlas. Ahora, actividades como saborear las experiencias comunes, disfru­tar y rememorar con familiares y amigos, festejar las buenas noticias o permanecer abierto a la belleza y la excelencia, permiten incrementar mi sensación de plenitud.  Por cierto, ¿hace cuánto que los lectores de Cuadernos no celebran un éxito por pequeño que sea?

Comprometerme con los muchos “sueños” que Dios me regala a diario:  Creo que cuando se me agoten los “sueños”, la posibilidad de iniciar nuevos proyectos en la vida, me iré marchitando sin remedio.  La Iglesia Cubana –y en particular el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle)- me regalaron infinidad de oportunidades para “soñar”, y me ofrecieron medios para hacer realidad esos “sueños”. A lo largo de los 24 años, la sorpresa se ha topado conmigo en infinidad de esquinas, por eso le doy gracias a Dios y a todos los que lo hicieron posible.

Ponerle sonrisa a la vida:  Algo muy propio de los cubanos, que aprendí también en esa bendita tierra. Y ponen esa sonrisa a pesar de las dificultades, de los “sueños” truncados, de las esperanzas a punto de marchitarse.  Ahora me es más fácil actuar como una persona feliz  -es decir, expresar las emociones positivas con gestos como reír o sonreír-  y se lo debo a ellos.

Todos esos “regalos cubanos” me han permitido vivir allí una vida plena.

Por todo ello,  ¡Gracias a todos, muchas gracias!

___________________

Durante su estancia en España, en el año 2000, Luis Franco Aguado fsc (ver imagen supra) impulsó la creación en Madrid de la ONGD (non profit organization) Hombre Nuevo Tierra Nueva  de apoyo a la labor de los Hermanos De La Salle en Cuba (véase en Internet http://www.ongayudacuba.org   Entre sus promotores se encontraba el Dr. José María Granda (1921-2003), Rector de la Universidad San Juan Bautista De La Salle (La Habana, 1957), primera Universidad de los Hermanos De La Salle en América Latina.

___________________