El retrato de oro expoliado por los nazis

–  Irene Crespo

Una mirada seria, pero algo inquieta.  Una cara sonrojada probablemente por todos los ojos que rodean su cuerpo envuelto en un vestido de oro y por todos los ojos que sabría que la contemplarían durante siglos. Cuando alguien se pone delante del Retrato de Adele Bloch-Bauer I sabe que está ante una de las obras maestras de la pintura universal, primer cuadro del llamado “estilo dorado” de Gustav Klimt (1862-1918), la cima de su carrera.  Cuando lo hacía María Altman veía a su tía, Adele Bloch-Bauer (1882-1925), una mecenas de la escena cultural vienesa de principios del siglo XX, a quien Klimt convirtió con este retrato en una visión dorada y una celebridad, y cuyo nombre fue casi borrado de la historia por los nazis (1) que, queriendo tachar toda huella judía de la obra la renombraron Woman in Gold  (La dama de oro) (2).

El padre de Adele dirigía uno de los mayores bancos austriacos y ella se casó con Ferdinand Bloch, magnate azucarero, cuando tenía 18 años, uniéndose así dos de las familias más ricas del Imperio Austrohúngaro.  Adele se casó también para ganar libertad. Como mujer avanzada de su tiempo, intentó ir a la Universidad, pero en la sociedad del momento no estaba bien visto y decidió formarse a sí misma. Leía en alemán, inglés y francés, y se convirtió en la anfitriona de un salón cultural, además de apoyar el sufragio femenino.

En 1903, Ferdinand encargó a Klimt un retrato de Adele.  El pintor, que acababa de volver de un viaje inspirador por los mosaicos de Rávena (Italia), la transformó en esa visión dorada que se considera “obra trascendental” en su carrera y que tardó en acabar cuatro años. De salud siempre frágil, Adele murió de meningitis en 1925 a los 43 años, siete después de que falleciera Klimt, a los 55.  El dormitorio en el que estaban Retrato de Adele Bloch-Bauer I, Retrato de Adele Bloch-Bauer II (una versión en verdes y malvas que el vienés terminó en 1912) y otros cuatro paisajes también pintados por él, se convirtió en una suerte de sala en su memoria que siempre tenía flores frescas.

Su vocación de mecenas llevó a Adele a pedir a su marido en su testamento que los dos retratos que le había hecho Klimt fueran donados a la Galería Austriaca en Viena.  Ese documento fue sobre el que el Gobierno de Austria se apoyó durante años para conservar su particular Mona Lisa dentro del país.

De entre todos los casos de restitución del arte robado por los nazis, el del Retrato de Adele Bloch-Bauer I fue uno de los más famosos y dolorosos para Austria.  De los primeros que convirtieron lo que pretendían que fuera un inofensivo lavado de imagen en una caja de Pandora abierta en canal por donde salían el dolor, la culpa y la vergüenza del pueblo austriaco por haber permitido y vitoreado la entrada de Hitler en las calles de Viena en 1938.

En 1998, bajo las presiones de la opinión pùblica de revisar el pasado nazi, el Ministerio de Cultura austriaco abrió sus archivos por primera vez. Fue entonces cuando el periodista Hubertus Czernin descubrió el testamento que había escrito Ferdinand Bloch-Bauer a su muerte en el exilio suizo en 1945.  En él dejaba los seis klimts a sus tres sobrinos.

María Altmann (1916-2011), tras la muerte de su hermana y ya como única superviviente, decidió emprender entonces una lucha judicial con la colaboración del abogado Randol Schoenberg. María tenía entonces 82 años y volvió a Viena para encontrarse con un país que aún quería dejar el pasado en el pasado, que no quería recordar.

Finalmente, en 2006, mediante un arbitraje, Austria devolvía a María las seis obras de Klimt, y Ronald S. Lauder; (Presidente de la Neue Galerie, Nueva York), le compró Retrato de Adele Bloch-Bauer I  por la cifra récord de 135 millones de dólares (el resto se subastó en Christie´s por unos 190 millones), con la condición de que siempre estuviera colgado en la Neue Galerie (3), a la vista de todo aquel que quisiera admirar una obra maestra de la pintura universal y el retrato de su tía, una mujer de oro (4) con un nombre: Adele Bloch-Bauer.

(1) Tras la anexión (anschluss) de Austria a Alemania el 12 de marzo de 1938, el cuadro fue expropiado por las autoridades nazis.  Al concluir la II Guerra Mundial el Retrato de Adele Bloch-Bauer I pasó a formar parte del Patrimonio del Estado Austriaco y se incluyó en la colección de la Österreichische Galerie Belvedere (Palacio Belvedere) en Viena.

(2)  En el año 2015 se estrenó la película Woman in Gold (La dama de oro) del director Simon Curtis, que narra la historia de María Altman.

(3)  Véase http://www.neuegalerie.org

4) Véase La dama de oro, Anne-Marie O´Connor, Vaso Roto Ediciones, Madrid 2015, 528 págs.

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El bistec empanizado de Radetzky

roast with sidedishes

–  Cristino Álvarez

Es muy probable que si preguntamos a alguien de qué le suena el apellido Radetzky, mencionará la popular marcha de Johann Strauss (1804-1867) con la que se cierra el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena (1).

Pero por algo se la dedicó, en 1848, el patriarca de los Strauss.  Johann Josep Wenzel Graf Radetzky von Radetz (1766-1858) fue un Mariscal del Imperio Austriaco (1804-1867) que participó en las guerras contra Napoleón y, siendo octogenario y al mando de 70,000 soldados austriacos, venció en 1849 a la numerosa (85,000) tropa italiana en la batalla de Novara, localidad cercana a Milán, en el transcurso del conflicto que llevó a la unificación de Italia con la coronación del rey Víctor Manuel II en 1861.

No lo mencionamos en este texto por sus glorias militares, sino porque los historiadores le atribuyen la introducción en Viena de uno de los platos simbólicos de la cocina vienesa: el Wienerschnitzel (2), derivado de la antiquísima Cotoletta alla milanesa, que el viejo mariscal había llevado a la capital del Imperio austriaco tras su victoria sobre las tropas italianas. La citada Cotoletta, en Viena, perdió grosor eliminándose el hueso, y pasó de freírse en mantequilla a hacerlo en manteca de cerdo.

Un Wienerschnitzel al estilo clásico es un filete de ternera fino y grande, envuelto en pan rallado (antes ha de pasar por harina y huevo, siempre por orden alfabético), que se fríe hasta que la capa exterior queda dorada y crujiente.  Lo tradicional es presentarlo decorado con una rodaja de limón, pero el acompañamiento varía según la costumbre del país o el capricho del cocinero.

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(1)  Véase  http://youtu.be/P9A0cWAm70Q

(2)  Existen variantes del Wienershnitzel en todo el mundo.  En la mayoría de los países de América Latina se denomina milanesa y acostumbra a acompañarse con productos típicos del país. En Cuba se denomina bistec empanizado y suele servirse con arroz, plátanos maduros fritos o congrí.  El nombre más utilizado en España es el de escalope, y se ofrece con ensalada o patatas fritas.  En general, los filetes de carne que se adquieren en los supermercados, ya preparados en bandejas, suelen tener un grosor mayor que el necesario para el Wienerschnitzel tradicional, por lo que es preferible solicitar de un carnicero el corte adecuado.

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Moctezuma y su penacho centenario

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–  Sonia Corona

Abandonó México hace 495 años y es poco probable que vuelva.  El penacho del Emperador azteca Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), decorado con plumas de quetzal e incrustaciones de oro, plata y cobre, no puede ser trasladado  -desde Austria hasta México-  al menos hasta que exista la tecnología adecuada para lograr, durante el largo viaje, un impacto cero de vibraciones en ese valioso objeto.  Así lo han dictaminado los investigadores de ambos países tras dos años de concienzudos estudios sobre el tema.

El citado penacho fue un regalo de bienvenida de Moctezuma al conquistador extremeño Hernán Cortés (1485-1547) a su llegada a México en 1519.

La polémica en torno a la pertenencia del preciado adorno se inició en 1991, cuando el Gobierno mexicano exigió al de Austria la devolución del penacho que había pertenecido a Moctezuma, y que se encontraba en el Museo de Etnología de Viena, sin obtener respuesta alguna.

En 2011 la diplomacia mexicana matizó su petición y ofreció un intercambio del atavío con la carroza dorada del Emperador Maximiliano I de México (1) que se exhibe en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en la capital del país.

Recientemente el documental Penacho de Moctezuma, plumaria del México antiguo, estrenado en la televisión pública de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desvela las investigaciones que confirman el frágil estado del adorno.

La ciencia ha desplazado a la diplomacia:  aunque México y Austria llegasen a un acuerdo no sería viable un traslado aéreo, marítimo o terrestre sin dañar al objeto.  Una de las expertas consultadas, María Olvido Moreno, Conservadora de la UNAM, afirma categóricamente que “las vibraciones provocarían que las barbas de las plumas se desprenderían de su cañón; también provocarían que el filo de los discos de oro al moverse cortaran las plumas”.

El penacho de Moctezuma ha marcado la historia del antiguo México.  Fue parte de una serie de objetos que el Emperador azteca ofreció a Hernán Cortés en 1519 a su llegada a Tenochtitlán (antiguo nombre de la ciudad de México).  Moctezuma fascinado por la apariencia de los españoles (a los que consideraba como semi dioses) entregó objetos de gran valor, entre ellos el codiciado penacho que Cortés envió a España como un regalo al Rey Carlos I (1500-1558), sucesor en 1516 del Rey Fernando el Católico.

No existe una versión fidedigna de como llegó el penacho de Moctezuma a Austria, pero ya figuraba en el inventario realizado en 1596 del Castillo de Ambras, perteneciente al Archiduque Fernando II del Tirol.

Con los años el cuidado del tocado ha sido extremo, pero no siempre fue así.  La Conservadora de la UNAM, María OIvido Moreno, señala que los análisis realizados han permitido identificar que, en una restauración realizada en 1878, se le añadieron pequeñas plumas en la parte inferior, reemplazándose algunas piezas metálicas de oro por otras de latón y se hizo un control de plagas a las plumas.  La técnica de restauración no fue la ideal, pero la investigadora mexicana reconoce su valor ya que “si no se hubiera hecho, hoy no tendríamos el penacho”, afirma.

El reciente estudio y restauración (2010-2012) del penacho de Moctezuma aportó información inédita sobre la pieza que, a pesar de su tamaño (1.20 metros de alto por 1.78 de largo / alrededor de 3 pies 11.25 pulgadas por 5 pies 10 pulgadas), tenía una estructura suficiente para colocarse sobre la cabeza de una persona.  El tocado conserva actualmente todas sus plumas azules, rojas y marrones (carmelitas), así como 1,544 piezas metálicas (85% de oro).  El conjunto de plumas ha sufrido el paso del tiempo, e incluso la rapiña de algunas de sus piezas metálicas. Sin embargo, los investigadores han detectado que su mayor debilidad está en la estructura: en las 27 varillas que sostienen la estructura existen 29 fracturas.

La conclusión del reciente análisis y la evaluación realizada es contundente:  el penacho de Moctezuma no tiene, por el momento, fecha de retorno a México.

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(1) El Emperador Maximiliano (1832-1867) fue un personaje singular en la historia de México a finales del siglo XIX.  A Maximiliano de Austria, hermano del emperador Francisco José, le fue ofrecida en 1863 la corona, para sí y sus descendientes, al adoptarse en México como forma de gobierno la monarquía moderada y hereditaria, con un príncipe católico, bajo la fuerte presión ejercida por Napoléon III. Su reinado, bajo el título de Emperador de México, duró apenas cuatro años. Maximiliano fue fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867, y sus restos reposan en la Cripta Imperial de Viena (Kaisergruft).

(2)  Para más información sobre este tema, véase en Internet http://www.youtube.com/watch?v=sE0osIv78po

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