Cuadernos de Pozos Dulces no puede superar los cinco mil amigos en Facebook

Cuadernos de Pozos Dulces se aproxima a los 5,000 “amigos” en Facebook.  Las normas de la red social impiden que una página sobrepase esa cantidad.  Así, para mantener un margen adecuado, se revisará la lista con objeto de mantener a las personas comprometidas con los ideales lasallistas que dieron origen a la publicación.  Si este texto lo estás leyendo en Facebook eres parte de nuestra “familia”.

La historia de Cuadernos comenzó con la edición impresa (1994-2012) que abarcó 32 números con 231 artículos de 102 autores diferentes, y se envío por correo, mejorándose con el  paso de los años la calidad de impresión y diseño.

En 2012 comenzó la edición digital en Internet, con la página actual de WordPress  Cuadernos en WordPress  que muchos lectores reciben directamente en su e-mail personal, y a la que también se puede acceder a través de Google y otros sistemas de búsqueda en Internet.

El paso siguiente, complementario del anterior, fue añadir en agosto de 2105 la publicación a Facebook, la red social que registra el mayor número de visitantes en Internet a nivel mundial.

Nuestra página permite acceder libremente a los contenidos de Cuadernos de Pozos Dulces a cualquier usuario de Facebook.  Ese sistema interactúa a través de los denominados “amigos” que, en el caso de Cuadernos de Pozos Dulces, se acerca actualmente a la cifra límite de 5,000 personas.  El número de “amigos” determina el índice de popularidad de cada página en la red social.

El perfil de nuestros usuarios en Facebook, en un porcentaje alto, se identifica con estudiantes universitarios que residen en América Latina.

Agradecemos a todos nuestros lectores en WordPress y Facebook su cordial acogida.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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La evolución de la humanidad

Pedro García Cuartango

No hay una fecha precisa sobre la aparición del Homo sapiens del cual descendemos, pero los científicos consideran que hay huesos de hace 300,000 años que se ajustan a nuestra morfología. Por el contrario, sí hay sólidos indicios de que el Homo neanderthalensis desapareció hace 30,000 años.

Todavía no sabemos por qué el Homo sapiens fue capaz de adaptarse al entorno y sobrevivir frente a otras ramas de la Humanidad, pero lo que llama la atención es la lentitud de la evolución. Nuestros antecesores tardaron más de un millón de años en llegar a utilizar las piedras como instrumentos de doble filo para cortar y desgarrar.

Los cuchillos de sílex y el dominio del fuego fueron los dos hallazgos más importantes de la llamada prehistoria y todo el progreso tecnológico que disfrutamos hoy viene de esos dos descubrimientos fundamentales, que permitieron al hombre cazar, alimentarse, vestirse y cobijarse del frío. Y ese proceso tardó al menos un millón y medio de años, tal vez dos millones.

Las fechas son importantes porque el neolítico, caracterizado por el paso del nómada cazador a la agricultura, comenzó hace menos de 100,000 años, lo que supone una pequeña fracción de tiempo en esos dos millones de años de evolución humana. Y si avanzamos hacia el presente, la Revolución industrial se produjo hace dos siglos, lo cual no es nada en relación a la historia del hombre sobre el planeta.

Lo que estos datos ponen de relieve es la impresionante aceleración del cambio tecnológico que hemos experimentado las tres o cuatro últimas generaciones, que ha provocado que nuestro modo de vida no tenga nada que ver con el de nuestros abuelos.

Y no sólo han cambiado los instrumentos y las formas de producción. Se han transformado, sobre todo, la mentalidad y las costumbres. Vivimos en una sociedad mucho más plural en la que la capacidad de elegir es infinitamente superior a la de hace dos siglos.

Lo que caracteriza nuestro tiempo es la heterogeneidad de opiniones políticas, religiosas e identitarias, que han producido un enorme fragmentación social. Por así decirlo, la evolución se ha personalizado. En la Edad Media, sólo había vasallos, monjes y señores. Hoy cada individuo es un ser único.

Muchos de los males que nos aquejan vienen de esa vertiginosa transformación del mundo en la que, por primera vez en su historia, la evolución social y tecnológica va más rápida que la capacidad del hombre para adaptarse al entorno. Eso tendrá un alto coste que tal vez hemos empezado a pagar.

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Cuadernos de Pozos Dulces, sexto aniversario

Cuadernos de Pozos Dulces celebra el sexto aniversario de nuestro blog Cuadernos

En los seis años de presencia en Internet se han publicado 144 artículos (aproximadamente un artículo cada quince días para no abrumar a los lectores) de 92 autores diferentes. En el transcurso de esos años, los lectores han escrito 331 comentarios al pie de los artículos.

Un total de 143 personas reciben directamente en su e-mail los artículos mediante una sencilla suscripción gratuita y segura. Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco de nuestra página de portada (hacer click en Cuadernos ) que se encuentra ubicado al final de la lista de los artículos publicados durante el año. La suscripción se confirmará respondiendo afirmativamente al mensaje que se recibe minutos después en el e-mail que se haya indicado.

También, a través de Twitter, 55 seguidores acceden puntualmente a todos los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde ya se han registrado cerca de 5,000 “amigos” que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican. El número real de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas que recibimos de esa red social y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios de países de América Latina.

Se han recibido en estos seis años más de 24,600 visitas de lectores en nuestro blog en Internet que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y Argentina. Esos datos consolidan, por sexto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Queremos reiterarle a todos nuestros lectores el compromiso de continuar con nuestro propósito de ofrecerles artículos de diversas materias, y autores diferentes, que despierten su interés.

Les recordamos que pueden incluir libremente, siempre que lo deseen, comentarios y sugerencias al pie de los textos publicados. Nos gustaría recibir también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente a nuestro correo electrónico pozosdulces@post.com

Muchas gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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La importancia de disfrutar en familia

–  Susanna Tamaro

En la base de la desesperación actual (esta desesperación densa, destructiva, que adopta cada vez más el rostro de la depresión, de las ideas fijas y de los ataques de pánico) se encuentra una pérdida total del carácter diverso de la condición temporal.  Si nuestro tiempo, el tiempo de nuestra vida, lo empleamos sólo en el consumo, en las posesiones materiales, en el hecho de estar continuamente distraídos por reclamos que nos definen por el mero hecho de la posesión; y si, mientras, la vida irrumpe de repente en esta rutina con sus distintas facetas (la de la enfermedad, la de lo imprevisto, la de la muerte), nos vemos víctimas de una dolorosa perplejidad.  No sabemos cómo hacer frente a lo que se nos viene encima porque hemos perdido la capacidad de reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia y sobre sus complejidades.

Hace apenas unos días, me encontraba yo hablando con una amiga.  Y ella me contaba que su marido y ella habían tomado la decisión de apagar todos los aparatos electrónicos que hay en su casa un día a la semana.  Nada de ordenador, nada de televisión, nada de videojuegos, y nada de Wii u otras consolas,  “Y los niños, ¿cómo han reaccionado?”, le pregunté con cierto miedo.  “Ellos están encantados, no ven la hora de que llegue el sábado para hacer cosas todos juntos.  Jugamos al Monopoly, a las cartas, nos inventamos pasatiempos increíbles.  En cuanto termina un sábado, están deseando que llegue el siguiente”.

Siempre he creído que uno de los grandes problemas que tienen las relaciones actuales entre padres e hijos es el poco tiempo que pasan juntos.  No me refiero a las horas que transcurren en los centros comerciales o, de manera pasiva, delante de la televisión.  Estoy hablando del tiempo que se emplea en hacer algo verdaderamente en común.  Del tiempo que un padre o una madre y sus hijos utilizan para jugar, para inventar, para emplear las manos en un proyecto.

Sólo este tiempo “dedicado” nos permite construir una relación auténtica y profunda con nuestros hijos y dejarles en herencia una verdadera memoria compartida.  Porque esos sábados y esos domingos destinados al puro placer de estar juntos quedarán para siempre, como un oasis de paz, en sus recuerdos.  Serán para ellos un oasis de gratitud por la dedicación exclusiva de sus padres en esos momentos privilegiados.

Y, lo que es casi más importante, ese tiempo empleado en familia les capacitará para, a su vez, saber proponerles un espacio compartido a sus propios hijos.  “¿Te acuerdas de nuestras partidas de Monopoly?”.  ¿Recuerdas cuando Papá se empeñaba en hacer papiroflexia y al final arrugaba todo el papel y lo tiraba a la basura mientras los demás nos reíamos?”.

Educar quiere decir, entre otras cosas, facilitar a nuestros hijos unos recuerdos excepcionales.

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Vivian Maier: la niñera fotógrafa

–  Cristina Morató

La mujer de la imagen es Vivian Maier, una niñera que tenía una doble vida.  En su tiempo libre, además de cuidar niños, hizo cerca de 200,000 instantáneas.  Nunca se las enseñó a nadie, aunque su talento estaba a la altura de genios como Robert Capa (1913-1954) o Diane Arbus (1923-1971), porque la fotografía era su pasión secreta.

Vivian era tímida, obsesiva, solitaria y enigmática.  Cerraba su habitación con llave y no se relacionaba con la gente más que a través de su cámara.  Tras su muerte, pobre y anónima, su magnífico legado ha sido descubierto por casualidad.

En el 2007, un joven estudiante, John Maloof, compró en una subasta un lote de miles de negativos por apenas 400 dólares.  El archivo provenía del guardamuebles donde Maier había depositado todos sus bienes, entre ellos miles de negativos y carretes guardados en cajas de zapatos.  Tras revelar algunas de las fotos, las colgó en Internet.  Fue entonces cuando el prestigioso crítico Allan Sekula (1951-2013) encontró en ellas un gran talento.  En los años siguientes, Maloof se dedicó a revisar todo el material y a descubrir quién era en realidad Vivian Maier, su autora.

Nacida en Nueva York en 1926, Maier vivio en el Bronx, pasó penurias económicas y, para ganarse la vida, trabajó como niñera durante cuatro décadas para familias bien de Chicago y Nueva York.  Los niños que cuidaba también se convirtieron en sus modelos y la acompañaban en sus largos paseos por la ciudad descubriendo lugares, personas, historias y secretos.  Hizo miles de fotos, grabó sonidos urbanos y rodó varias películas con una cámara Super-8.  Y las tres cosas las hizo con una maestría y modernidad impropias de una aficionada.

También tomó infinidad de autorretratos.  De manera obsesiva, aprovechaba el reflejo de un espejo, de un charco, o el cristal de un escaparate, para jugar con originales composiciones.  Y allí está ella, una sombra alargada e inquietante, de aire andrógino y triste mirada.  Los que la conocieron la tachan de excéntrica y las familias de los niños que cuidaba ignoraban su afición.  Su modesto salario sólo le llegaba para comprar carretes, pero no para revelarlos.

Vivian fue esquiva y misteriosa hasta su muerte.  Falleció en abril del 2009, a los 83 años, en una residencia de ancianos de Chicago.  Hasta sus últimos días vivió de la caridad de aquellos niños que cuidó de joven.  Hoy, la Mary Poppins de la fotografía, como algunos la llaman, ha sido catapultada a una fama que nunca pudo imaginar.

Nota:  Puede verse más información en:  Vivian Maier

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El mito del horóscopo

–  J.M. Mulet

El horóscopo es un invento de los babilonios.  Cada signo hace referencia a la constelación por la que se ve el Sol en el día del nacimiento de una persona.  En el actual siglo XXI mucha gente sigue leyendo su horóscopo y consultando las cartas astrales, en las que escuchan todo tipo de ambigüedades sobre su devenir.

Los psicólogos definen esta actitud como el efecto Forer, es decir, creer que alguien desconocido te describe específicamente y pensar que esa información es útil.  Por cierto, ¿usted cree que todos los que fallecieron en el Titanic compartían signo del zodiaco?  ¿Las cartas astrales les aconsejaban que se fueran mejor de vacaciones al Caribe en vez de a Nueva York?

Ya hemos señalado antes que el origen del horóscopo viene de los babilonios, que, como no tenían televisión ni Internet, pasaban muchas horas mirando al cielo.  Fueron los primeros en asignar unas formas arbitrarias a las estrellas, que llamaron constelaciones.  En el cielo hay una línea imaginaria que llamamos eclíptica.  Su nombre viene de eclipse, ya que cuando se producen la Luna o la sombra de la Tierra transitan por esa línea.  También es por la que pasan los planetas visibles a simple vista.

Esta línea se debe a que todos orbitamos en el mismo plano, pero la Tierra, que tiene una inclinación 23,27 grados respecto a su órbita es la que permite que existan estaciones.  Si nuestro planeta tuviera el ecuador alienado con el plano por el que orbita alrededor del Sol, no existiría la primavera ni el verano.  Pero como está inclinado, si  superpusiéramos el Sol con el cielo nocturno, veríamos que se halla encima de la eclíptica.

Además, como el giro alrededor del Sol dura exactamente un año, las constelaciones de la eclíptica retroceden un grado cada día.  Por eso parece que el Sol aparentemente transita durante el año por todas las constelaciones, aunque realmente somos nosotros los que nos movemos.

Los babilonios tenían un sistema de numeración basado en el número 12, del que hemos heredado la forma de medir los grados en un círculo y el tiempo.  Así que hicieron un poco de trampa y asumieron que la doceava parte del año (aproximadamente un mes) el Sol transitaba sobre cada una de esas constelaciones zodiacales.

Pero el truco no acabó ahí.  Para ver las formas de las constelaciones hay que echarle imaginación, muchas veces interesada.  Así, cuando llegaban las lluvias tocaba el signo de Acuario, los nacidos cuando migraban los uros (1) serían Tauro, la época en la que se esquilaba a los carneros sería para los Aries, o cuando había que recoger la mies, Virgo (por eso se la representa con espigas).  De esta forma se le daba un valor predictivo, aunque utilizaban el viejo truco de saber primero el resultado y hacer luego el pronóstico, lo que era muy útil para reafirmar el poder de la casta sacerdotal.

Por tanto, el signo del zodiaco hace referencia a la constelación por donde se ve el Sol en el día del nacimiento de cada persona.  Los griegos recogieron esta trampa y le pusieron el nombre de zodiaco, que significa “rueda de animales”.

Lo que parece es que a los astrólogos no les preocupa demasiado mirar el cielo, puesto que ni siquiera en el origen la posición del Sol coincidía con las constelaciones.  Además, el sistema solar se mueve alrededor del centro de la galaxia y la Tierra oscila sobre su eje como una peonza, lo que provoca la presencia de los equinoccios.  Por si fuera poco, las estrellas de las constelaciones también se mueven, por lo que la perspectiva del cielo nocturno va cambiando muy lentamente y, milenio a milenio, las variaciones se notan.

Hay que tener en cuenta que los signos no duran todos lo mismo y no son 12 sino 14.  Ahora tenemos el signo de Ofiuco, el portavoz de la serpiente, constelación que representa al dios de la medicina Asclepio o Esculapio.  Y el de Cetus, un monstruo marino del que proviene el término cetáceo y que se cuela durante un día en la eclíptica.

Por tanto, el zodiaco, en tanto que son las constelaciones de la eclíptica, se puede considerar ciencia, pero el horóscopo, la capacidad de predecir el futuro, es pura ficción.

(1)  Mamífero rumiente bóvido muy similar al toro, pero de mayor tamaño; fue el precedente del actual ganado vacuno europeo y habitó en Europa, Asia y el norte de África hasta su extinción en el siglo XVII.

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Cuadernos de Pozos Dulces ¿lustro o quinquenio?

El lenguaje tiene palabras con un uso limitado y quedan relegadas, con el paso de los años, a los diccionarios.  En español, son sinónimas lustro y quinquenio, y ambas identifican un período de cinco años.

Cuadernos de Pozos Dulces cumple ahora un lustro o quinquenio en Internet en el blog (hacer click en: cuadernos de pozos dulces).   En esos cinco años de presencia en Internet se han publicado 120 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 85 autores diferentes.  Durante ese período, los lectores han escrito 306 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 150 personas reciben directamente en su e-mail los artículos mediante una sencilla suscripción gratuita y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco de nuestra página de portada en WordPress (hacer click en cuadernos de pozos dulces) que se encuentra al final de la lista de los artículos. La suscripción se confirmará respondiendo afirmativamente al mensaje que se recibe minutos después en el e-mail personal que se haya indicado.

También, a través de Twitter, 54 seguidores acceden puntualmente a todos los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde ya se han registrado 3,688 “amigos”, que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número real de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas que recibimos de esa red social y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios de países de América Latina.

Se han recibido en estos cinco años 18,724 visitas de lectores en nuestro blog en Internet que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y Argentina.  Estos datos consolidan, por quinto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género de la región de las Antillas.

Los cinco dedos de la mano que figuran en la imagen supra, abiertos en un cordial saludo, quieren simbolizar nuestro agradecimiento a todos los lectores de estos cinco años y su especial acogida.  Queremos reiterarles, con ese gesto, el compromiso de continuar con nuestro propósito de ofrecerles artículos de diversas materias y autores diferentes que despierten su interés.

Les recordamos a todos que pueden incluir libremente, siempre que lo deseen, comentarios y sugerencias al pie de los textos publicados.  Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarlos directamente a nuestro correo electrónico pozosdulces@post.com 

Muchas gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Cuadernos de Pozos Dulces supera los 3,000 “amigos” en Facebook

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Desde sus inicios, en 1994, Cuadernos de Pozos Dulces ha intentado actualizar la distribución de los artículos publicados entre sus lectores de diferentes países.

La edición impresa (1994-2012) abarcó 32 números con 231 artículos de 102 autores diferentes, y se envió por correo, mejorándose con el paso de los años la calidad de impresión y diseño.

En 2012 comenzó la edición digital en Internet, con la página actual de WordPress [ https://www.pozosdulces.wordpress.com ], que muchos lectores reciben directamente en su e-mail personal, y a la que también se puede acceder libremente a través de Google y otros sistemas de búsqueda en Internet.

El paso siguiente, complementario del anterior, fue añadir en agosto de 2015 la publicación a Facebook, la red social que registra el mayor número de visitas a nivel mundial.

Nuestra página permite acceder a los contenidos de Cuadernos de Pozos Dulces a cualquier usuario de Facebook.  Ese sistema interactúa a través de los denominados “amigos” que, en el caso de Cuadernos de Pozos Dulces supera actualmente las 3,000 personas. El número de “amigos” determina el índice de popularidad de cada página en la red social. En un porcentaje alto, el perfil de nuestros usuarios en Facebook se identifica con estudiantes universitarios que residen en América Latina.

Agradecemos a todos nuestros lectores en WordPress y Facebook su cordial acogida.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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Cuadernos de Pozos Dulces cumple cuatro primaveras

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Cuadernos de Pozos Dulces celebra su cuarta primavera en Internet en el blog http://www.pozosdulces.wordpress.com .

Cada primavera es un período especial del año en el que los campos florecen, el aire es más puro y nos mostramos más positivos en nuestro estado de ánimo.  Sandro Botticelli le dedicó un famoso cuadro del Renacimiento florentino (ver imagen parcial supra); Ludwig van Beethoven le  compuso una Sonata para violín y piano, y Robert Schumann la Sinfonía número 1 en Si bemol.  A su vez, para Antonio Vivaldi fue la inspiración de su conocido Concierto Nº 1 en Mi mayor. También La consagración de la primavera es una magistral partitura de Ígor Stravinsky, destinada a la compañía de ballet creada por Serguéi Diáguilev, cuyo estreno tuvo lugar en París en 1913; el carácter vanguardista de la música y la coreografía causó una gran sensación en el ambiente artístico de la época.

En estos cuatro años de Cuadernos de Pozos Dulces en Internet se han publicado 96 artículos (un promedio de un artículo cada quince días para no agobiar a los lectores) de 66 autores diferentes.  Durante ese período los lectores han escrito 272 comentarios al pie de los artículos publicados.

Un total de 131 personas reciben directamente en su propio e-mail los artículos mediante una suscripción gratuita (ahora y siempre) y segura.  Para suscribirse sólo hay que incluir el e-mail personal en el recuadro en blanco que figura en el margen derecho de la página principal, ubicado al final de la lista de los artículos publicados.  Además, en Twitter, 50 seguidores acceden puntualmente a los artículos.

Desde agosto de 2015, Cuadernos dispone en Facebook de una página propia, donde se han registrado 1,968 “amigos” que pueden visualizar y leer, si lo desean, todos los artículos que se publican.  El número de nuestros lectores en Facebook no se refleja en las estadísticas y sólo podemos identificar, por sus perfiles, que un porcentaje significativo son universitarios.

Se han recibido en estos cuatro años 13,890 visitas de lectores en nuestra página principal que residen principalmente en los Estados Unidos, México, República Dominicana, Puerto Rico y Colombia.  Esos datos consolidan, por cuarto año consecutivo, a Cuadernos de Pozos Dulces como la publicación lasallista más destacada en su género en la región de las Antillas.

Al celebrar nuestro cuarto aniversario, el Editor expresa su deseo de que la publicación viva una primavera permanente con los lectores. Se podría soslayar entonces el frío que caracteriza al invierno, el agobio propio del verano y la melancolía que acompaña al otoño.

Confiamos en poder mantener así una sintonía vernal con nuestros lectores para seguir ofreciéndoles, con la cercanía y la ayuda de todos, una publicación de marcado perfil lasalllista que despierte interés por sus contenidos.

Nos gustaría obtener también la colaboración de quienes deseen publicar sus textos, que pueden enviarse directamente a nuestro e-mail  pozosdulces@post.com

Gracias a todos.

Alberto Sala Mestres, Editor.

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El pavo real del siglo veintiuno

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–  Carmen Posadas

Tal vez ustedes la recuerden.  En 1993 ganó el Premio Pulitzer una fotografía en la que se ve a un niño sudanés de corta edad, famélico y moribundo, a punto de ser devorado por un buitre.  La opinión pública, en un principio, saludó la instantánea como “una alegoría en la que el niño simbolizada la pobreza; el buitre, el capitalismo; y el fotógrafo, la indiferencia del resto de la sociedad”.

Han pasado los años y aquella foto, que en su tiempo levantó mucha polvareda por la falta de humanidad que denotaba captar una escena así en vez de evitarla, ha pasado a simbolizar la imbecilidad generalizada de fotografiarlo todo, hasta el dolor, el horror, la muerte.  O mejor dicho, sobre todo estas tres cosas.

He aquí mas ejemplos.  En 2013 dos yidahistas degollaron a un soldado británico a plena luz del día delante de testigos.  Uno de ellos se dedicó a grabar con su móvil / cellular la gesta e incluso continuó grabando mientras un terrorista se abalanzaba sobre él, no para matarlo, sino para lanzar su soflama propagandística, sabiendo que poco después se convertiría en trending topic mundial.  Mientras tanto, otro transeúnte grabó a su vez esta escena.

Podría pensarse que el ansia de inmortalizar el horror está relacionado con un egoísmo exacerbado, con una indiferencia cósmica ante el sufrimiento ajeno. Indudablemente existe ese componente, pero la fiebre inmortalizadora” que ha desatado la omnipresencia de las cámaras en nuestras vidas va más allá.  La gente está dispuesta, literalmente, a morir por lograr un selfie o un vídeo que se convierta en viral.  Y muchos lo consiguen.

Hay quien graba, por ejemplo, la hazaña de tumbarse entre las vías del tren y dejar que le pase por encima todo un convoy.  A otros les da por caminar por las cornisas de edificios a cientos de metros de altura.  O la imbecilidad más copiada el año pasado, rociarse el cuerpo con alcohol y prenderse fuego (sic) mientras narra uno en directo a la estupefacta audiencia lo que siente convirtiéndose en chicharrón.

¿Es posible que nuestras vidas estén tan vacías, tan falta de alicientes que haya que recurrir a semejantes disparates?  Kierkegaard decía que el ser humano hace el mal, primero por instinto de supervivencia y luego, cuando aquel ya no está en juego, acaba haciéndolo por tedio.  No voy a enmendarle la plana pero me gustaría añadir otra explicación posible, relacionada con una pulsión tanto más potente que las mencionadas, la vanidad.

Así, en frío parece completamente incomprensible que alguien arriesgue su vida o la de los demás por el magro premio de quince minutos de gloria, tal como profetizaba Andy Warhol, pero lo cierto es que ocurre.  Peor aún, algunos lo hacen no por quince, sino por cinco, por un minuto incluso.

El ser humano es lo más parecido a un pavo real que existe.  No lo puede evitar, tiene que ver con un deseo de perpetuarse, de pasar a la posteridad, de aparearse incluso. Tal pulsión está detrás de todo lo que hace, desde pintar un cuadro o escribir un libro a componer una sinfonía o construir las pirámides.

La vanidad es una fuerza tan arrasadora como eficaz; sin ella (y sin la curiosidad y el miedo), posiblemente no habríamos salido aún de la caverna.  Pero como toda fuerza, no es buena ni mala, depende de cómo se emplee.  También de quién la emplee.  Por eso unos pintan el Guernica y otros pintan la mona, unos se comen el mundo y otros se zampan noventa y siete hamburguesas en siete minutos para figurar en el Guinness de los Récords; unos esculpen La Pietá y otros se dedican a mutilarla a martillazos para entrar en la Historia (y lo peor es que lo consiguen).

Es así, el que no tiene nada de qué presumir presume de imbecilidades. O de maldades. No digo yo que sean malvadas esas personas que, cuando ven un atraco o un incendio, en vez de echar una mano echen mano al móvil / cellular para inmortalizar la escena. Son como todos nosotros, vanamente vanidosas.

Tampoco las nuevas tecnologías nos vuelven más egoístas, insensibles o brutales.  Solo nos descubren tal como somos.  Unos, pavos reales…  otros, pavos a secas.

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Enredados

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–  Ana García-Siñeriz

Acabo de leer espeluznada que los reclutadores de las empresas, no contentos con filtrar a los candidatos a base de másteres, niveles de inglés hablado y escrito y preguntas trampa, hurgan ya de forma habitual en el Facebook, Twitter e Instagram de sus candidatos.  Y es que uno se hace una idea muy clara de lo que puede esperar de un futuro empleado sólo con cotillear sus redes sociales en plan stalker (1).

No hace falta ser Sherlock Holmes para conocer las veleidades políticas del entrevistado. Con echar un  vistazo a su timeline (2) sabrán de qué pie cojea y si conviene a los intereses de la empresa.  También se puede anticipar si el candidato va a llamar muchos viernes diciendo que le ha sentado mal la comida de la noche anterior.  No hay más que mirar las publicaciones de unos cuantos jueves seguidos y comprobar si abundan las fotos de parranda en plan amigos para siempre.  Si es así, ¡bingo!, absentismo laboral asegurado.

Por último, en los trabajos en los que cuenta el tejido social -en una entrevista nunca se expondrá de manera tan cruda- hay un método infalible:  fotos, fotos y más fotos. ¿Veranos en Cancún o en la piscina municipal?  ¿En un hotel de cinco estrellas en South Beach (Miami) o en el apartamento de los suegros?  Las fotos del verano aportan más información sobre las conexiones del candidato que un tercer grado, aunque este lo hiciera Larry King (3).

En un mundo cada vez más competitivo y en el que todo deja huella, uno tiembla pensando en estos angelitos que suben fotos.  La mirada esperanzada, una mano sujetando una cerveza y en la otra el signo de la victoria.  Ellos no lo saben, pero esa foto puede decidir su futuro.

(1)  En español:  alguien que acosa.

(2)  En español:  cronología.

(3)  Larry King (n. 1933) es un periodista y escritor norteamericano que tuvo una gran popularidad, en el período 1985-2010, con su programa de entrevistas Larry KIing LIve emitido por la cadena de televisión CNN.

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La imagen de las palabras

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–  Álex Grijelmo

Las redes sociales (1), el correo electrónico y los mensajes de móvil / cellular han obligado a millones de personas a relacionarse cada dos por tres con un teclado y, por lo tanto, a reflexionar sobre las palabras y a plantearse dudas ortográficas o gramaticales.

Hasta hace sólo unos años, la escritura habitual formaba parte de determinados ámbitos profesionales, pero no alcanzaba a la inmensa mayoría de la población del mundo avanzado.  Mucha gente podía pasar semanas y meses sin necesidad de escribir nada (aunque sí de leer).  Ahora, sin embargo, se escribe más que nunca en la historia de la humanidad.

Eso ha dotado de un nuevo rasgo a las personas.  Su imagen ya no reside sólo en su aspecto, sus ropas, su higiene, el modelo de su automóvil, acaso la decoración de la casa.  Ahora también transmitimos nuestra propia imagen a través de la escritura.

El grupo de WhatsApp de la Asociación de Padres, los mensajes de Twitter, los comentarios de Facebook o los argumentos de un correo electrónico constituyen un escaparate que exhibe a la vista de cualquiera la ortografía de una persona, su léxico, su capacidad para estructurar las ideas.

Si alguien lleva una marcha en la camisa, el amigo a quien tenga cerca en ese momento le advertirá amablemente para que se la limpie.  Incluso puede decírselo el desconocido con el que acaba de entablar una conversación.

Sin embargo, los fallos de escritura en esos ámbitos se dejan estar sin más comentario. Los vemos y los juzgamos, sí, pero miramos para otro lado.  Ni siquiera avisamos en privado para que el otro tome conciencia de sus errores.  Es un examen silencioso, del que a veces se derivan decisiones silenciosas también.

Tememos dañar al corregido.  ¿Por qué?  Tal vez porque un lamparón en la blusa se puede presentar como accidental y no descalifica a la persona, mientras que la escritura constituye una prolongación de la inteligencia y de la formación recibida.  Y por tanto las refleja.

El que observe en silencio esas faltas frecuentes exculpará, por supuesto, a quien no haya tenido a su alcance una educación adecuada.  Quizás no sea tan benevolente, en cambio, con los demás:  con quienes han malversado el esfuerzo educativo que se hizo con ellos; y con todos aquellos que lo consistieron.  El deterioro de la escritura en el sector bien escolarizado es lo que realmente provoca el escándalo.  Un escándalo silencioso que a veces se denuncia con energía, como lo ha hecho recientemente Víctor García de la Concha, Director del Instituto Cervantes (2).

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(1)  El español es la tercera lengua más utilizada en Internet por detrás del inglés y el chino.  A su vez, ocupa el segundo puesto en Facebook y Twitter.  Se prevé que en el año 2030 el 7.5 % de la población mundial hablará y escribirá en español.  En la actualidad alcanza el 6.7% de todos los idiomas, porcentaje superior al de quienes utilizan el ruso (2.2 %) o se expresan en alemán o en francés (1.1 %).

(2)  Véase  https://youtube.com/watch?v=GSeGWbOR1E0

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Internet: ¿mirar o leer?

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–  Patricio Pron

Si usted está leyendo este artículo en Internet, lo más factible es que deje de hacerlo después del siguiente punto y aparte.  Según un estudio de Microsoft la capacidad de atención del lector medio en la Red es de ocho segundos.

Vivimos tiempos veloces, en los que saltamos de una información y de una tarea a otra con rapidez y algo de angustia.  Amazon ha anunciado recientemente que modificará los criterios de su plataforma de autopublicación para pagar a los autores por página leída.

Un tiempo atrás, una editorial inglesa evaluó los hábitos de lectura de los compradores de sus libros electrónicos de no ficción, y descubrió que estos no solían pasar de la página 60.  Consiguientemente, produjo una serie de sólo 59 páginas.

¿Por qué estudiar cuánto tiempo puede uno concentrarse?  Para determinar si todavía es posible acelerar aún más el tráfico.

Según indica Microsoft, somos más hábiles que en el pasado para apuntar hechos sueltos, pero estamos incapacitados para ponerlos en contexto.  El problema, por supuesto, es que del contexto depende la interpretación del texto (un hecho aislado nunca significa nada).

Es precisamente allí donde radican nuestras esperanzas:  toda tendencia genera una resistencia en un momento u otro.  Y la resistencia ante la sumisión a la velocidad, a la fugacidad de la información y su aceptación acrítica y pasiva está dentro y fuera de la Red.

La resistencia se ubica en la actitud vigilante de ciertos lectores y en unas empresas periodísticas de calidad; es decir, un periodismo que provea a su lector de información, pero también de las herramientas para el ejercicio crítico.

Que haya llegado usted hasta aquí -en particular si está leyendo este artículo en Internet- es, por todo esto, una razón para tener esperanzas.

Por mi parte, lo / la  felicito por haberse pasado a la resistencia.

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Cuadernos de Pozos Dulces en Facebook

CPD FACEBOOK

Facebook fue una idea creada y desarrollada por estudiantes de la Universidad de Harvard en 2004.  Originalmente era un sitio para los estudiantes de esa Universidad donde pudieran intercambiar una comunicación fluida y compartir contenidos de forma sencilla a través de Internet. Los creadores de ese proyecto, liderados por Mark Zuckerberg (n. 1984), fueron tan innovadores que con el tiempo se extendió hasta estar disponible para cualquier usuario de Internet.

En la actualidad Facebook tiene más de 1,350 millones de usuarios registrados, de los cuales el 56 por ciento son adolescentes, superando en casi un 60 por ciento a YouTube, su competidor mas cercano.

Con objeto de ampliar el número de lectores potenciales, Cuadernos de Pozos Dulces que, desde su incorporación a Internet en 2012 ya ha superado las 11,000 visitas/lectores, ha decidido formar parte de Facebook con la página Cuadernos Pozos Dulces, de reciente creación, donde se publicarán todos los artículos.

Las personas que deseen recibir puntualmente los artículos de  Cuadernos de Pozos Dulces  en su e-mail personal, sin coste alguno ahora y siempre, pueden indicarlo en el recuadro correspondiente que figura en la página de inicio de Cuadernos en Internet http://www.pozosdulces.wordpress.com

Desde sus comienzos, en la versión impresa realizada en el período 1994-2012, Cuadernos de Pozos Dulces  se ha consolidado como la publicación lasallista más destacada en género en la región de las Antillas.

Agradecemos a todos los lectores su colaboración y apoyo en esta labor, que tiene como objetivo la publicación de artículos, de materias diversas y autores diferentes, con un marcado perfil lasallista.

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“Selfies”, la búsqueda del reconocimiento público

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–  Isabel Menéndez

Los “selfies”  forman parte actualmente de nuestra vida social.  Esta autofoto es un espejo donde el autor se mira.  Pero, entre la imagen del espejo y la que tenemos de nosotros mismos siempre hay diferencias.  ¿Qué vemos cuando nos miramos en estas imágenes?  ¿Quién podría certificar que lo que allí encontramos es lo mismo que creemos ser?  Más allá de esa impresión somos seres llenos de deseos, carencias y limitaciones, y hasta que no reconocemos todos esos factores no podemos compartir con los demás.

Las autofotos en las redes sociales están encaminadas a construir un “yo” nuevo y mejorado.  En ellas, esencialmente, se muestran situaciones en las que el protagonista lo pasa bien.  Nadie enseña situaciones desagradables, por lo que el “yo” puede acabar convirtiéndose en una construcción vacía de contenido.  Con los “selfies” se puede llegar a editar una existencia ficticia, en la que su autor crea un “yo falso” construido de acuerdo a sus deseos, no a la realidad.

El fotógrafo japonés Keisuke Jinushi se tomó varios “selfies” que colgó en Instagram en los que se veía a una mujer dándole de comer (1).  Pero era un montaje.  No había nadie cuidándole amorosamente, sino que él mismo se había pintado las uñas con esmalte y se las había ingeniado para que pareciera que estaba acompañado porque estaba harto de verse rodeado de parejas.

Todos queremos y necesitamos la aceptación social.  Otra cuestión es que esa necesidad nos lleve a mentir y a negar lo que nos hace más humanos:  las limitaciones y la palabra. Una palabra que cada día está más devaluada a favor de la imagen que favorece un narcisismo, y que puede llegar a convertirse en patológico cuando ahoga al “yo” ensimismado en su reflejo y niega las limitaciones propias y ajenas.

Con frecuencia sucede que cuanto peor sea el momento por el que se está pasando, más fotos se cuelgan figurando que estamos pasándolo bien.  Como dice el refrán:  “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

El psicoanalista argentino Juan Eduardo Tesone señala que “los  selfies  son una muestra más del auge que están adquiriendo las imágenes y el mundo virtual; una virtualidad que nos brinda una ilusión de control.  A través de estas autofotos se solicita la mirada del otro buscando un reconocimiento y una afirmación de la identidad.  El “pienso luego existo” ha sido sustituido por el “miro y soy mirado, por lo tanto existo”.

Tesone afirma que, con esa publicación de los autorretratos en la Red, se intenta recubrir el vacío que puede generar el temor al anonimato, a no existir para el otro.  Así se intenta confirmar la propia identidad.

Los “selfies” son escenas cotidianas de todo tipo.  Con esta biografía digital se pone al descubierto la intimidad.  Todo se exhibe y aparece el ahogo del espacio íntimo y quizás de la identidad.  La fantasía, la intimidad, pierden espacio ante lo explícito, lo inmediato. La compulsión a enviar y ver  “selfies”  no tiene que ver con ser hombre o mujer, sino con poseer una personalidad frágil que necesita un reconocimiento público.

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(1)  Pueden verse esta serie de fotos en Internet en la dirección http://blog.instagram.com/post/58178769416/getting-the-perfect-couple-photo-even-when

Imagen supra:  Caricatura del dibujante Ángel Idígoras, humorista gráfico.

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Isabel Menéndez, psicóloga y psicoanalista española, alterna la práctica de la psicología clínica con la divulgación de los grandes temas relacionados con el psicoanálisis.  Para más información sobre la autora véase en Internet  http://www.isabelmenendez.es

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No soy nadie

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– Julia Navarro

Siguiendo las huellas de Ulises, estoy a punto de decir, como él, que no soy “nadie”.  Y es que ya he escuchado decir a personas de lo más diversas -y algunas las tengo por muy inteligentes- que quienes no están en Twitter no son nadie.  Bueno, pues yo no estoy ni tengo intención de estar.  No tengo nada contra las redes sociales, pero estar en ellas supone dedicarles un tiempo que no tengo y que, si lo tuviera, destinaría antes a un montón de cosas.  En más de una ocasión, he estado con un amigo que mientras habla está “tuiteando”.  Hace unos días, en un programa de televisión, el tertuliano que estaba a mi lado no dejaba de teclear en su tableta.  En el descanso le pregunté si aprovechaba para escribir un artículo, pero me dijo que estaba “tuiteando”, explicando lo que hacía en ese momento.  Me quedé atónita.  Y no es el único.  Días después quedé con una amiga para almorzar y, según llegó al restaurante, sacó la tableta y se puso a teclear.  Me estaba poniendo tan nerviosa que no pude menos que pedirla que parara.  “Es que estoy “tuiteando” que estamos aquí y que el restaurante merece la pena”, respondió.

La verdad es que no logro comprender ese afán por explicar al mundo lo que haces en cada momento, y lo que opinas sobre todo lo que sucede.  Siempre me pareció redicha la frase de Andy Warhol (1928-1987) de que todo el mundo quiere tener su minuto de gloria, pero tenía razón.  Hay millones de personas en el mundo que dedican parte del día a contar en la Red lo que hacen y por qué.  Lo preocupante es que hay mucha gente, muchísima, enganchada a Twitter, que no paran de teclear compulsivamente estén donde estén y con quién estén.  En ocasiones, este afán les lleva a ser claramente maleducados.

No siento la necesidad de saber qué hace el prójimo, salvo que sea alguien cercano.  Y aún así tengo escaso interés en ciertas cosas.  Tampoco siento la necesidad de comunicar lo que hago o dejo de hacer, o lo que opino sobre lo que sucede a mi alrededor.  Ojo, no estoy diciendo que Twitter no sea un instrumento de comunicación eficaz, lo que pongo en cuestión es el ansia de comunicar hasta qué comen.  Otra cosa es la utilidad de las redes sociales para movilizarse y dar información:  han tenido un papel importante en las “primaveras árabes” y sabemos qué pasa en Siria gracias a la valentía de sus ciudadanos, que cuentan en ellas los horrores que padecen.  Son también un instrumento eficaz para lanzar ideas y proyectos, o para que los ciudadanos den su opinión.  En el mundo de hoy son imprescindibles.  Pero me rebelo contra ese ansia compulsiva de retransmitir al mundo lo que uno hace.

Otro intruso que se ha colado es WhatsApp, otra manera de comunicarse rápida y eficaz, pero que comienza a resultar agobiante.  Hace poco he tenido una bronca con mi hijo a cuenta de él.  Salimos a dar un paseo a nuestro perro Argos y no había manera de hilar una conversación porque cada dos minutos sonaba un aviso de que alguien estaba en línea para hablar con él.  Al final, el paseo terminó como el rosario de la aurora.  Y no hace mucho tuvimos otra agarrada a cuenta de lo mismo, porque no había manera de comer tranquilos sin que el WhatsApp interrumpiera el almuerzo.  Así que, haciendo de madre represora, le he dicho que cuando nos sentemos a comer deje el móvil en su habitación.

Las redes sociales me parecen imprescindibles en la sociedad de hoy, pero me preocupa ver a tantas personas con síntomas clarísimos de dependencia.  En cuanto a mí, creo que por ahora voy a seguir optando por no ser nadie.  A Ulises no le fue nada mal.  Al final llegó a Itaca.  Yo no aspiro a más.

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